A Uxue Barkos Berruezo (Pamplona, 5 de julio de 1964) siempre la he incluido entre esos compañeros de generación a los que nos unen muchos puntos en común. En su caso, al ejercicio del periodismo y la política hay que sumar que somos los primogénitos de nuestras respectivas familias numerosas y que hemos mamado la política en casa, como ella reconoce a lo largo de esta entrevista. Un diálogo fruto de un encuentro que tuvo lugar hace unos meses en un hotel de la Plaza de las Cortes, en Madrid, junto al Congreso de los Diputados, en una soleada mañana en la que iba a celebrarse uno de los grandes debates políticos del año. Uxue desborda energía por todos los poros, una energía que le llevó a una arriesgada apuesta desde su cómoda corresponsalía de la televisión pública vasca en la capital del Reino a jugar un papel en la política vasco-navarra como diputada de la mano de una coalición de partidos nacionalistas que marcaron distancia con la violencia de ETA. Y una energía que le conduce a luchar desde hace tres años contra el cáncer de la mano de su marido, y ante las miradas de su madre y de su hijo Xabier.

Entrevista publicada el 28 de julio 2013
Fotografías: JERÔME VAN PASSEL
Uxue Barkos afirma sentirse una privilegiada por vivir su segunda legislatura como diputada al Congreso. En la imagen, un momento de la entrevista celebrada en un hotel de la Plaza de las Cortes. / JERÔME VAN PASSEL

Uxue Barkos afirma sentirse una privilegiada por vivir su segunda legislatura como diputada al Congreso. En la imagen, un momento de la entrevista celebrada en un hotel de la Plaza de las Cortes.

No sé si para empezar esta conversación coincides en la hipótesis de que los nacidos en el 64 formamos parte de una generación que podemos llamar ‘generación perdida’, entre la de los que protagonizaron o vivieron el contexto del Mayo del 68 y las nuevas generaciones que quieren asumir su protagonismo. ¿Qué piensas al respecto? ¿De qué generación te sientes?
– Pues no me lo había planeado en esos términos, pero es verdad que sí podemos formar parte de una generación puente, un poco perdida, si acaso, como generación en presencia social, con fuerza. Y sí es cierto que seguimos la estela de aquella generación poderosa, que en el caso del conflicto con el Estado arranca con la toma de los poderes de decisión al final de la Dictadura y que todavía hoy vive, y vive activamente en política. Estamos en medio de aquella que hoy está ocupando el mayor de nuestros anhelos e intereses, a esa que tenemos que ayudar a abrir camino porque la cosa viene dura. Es verdad que quizá somos esa generación colchón, en la que unos no acaban de terminar su recorrido vital –digo socialmente- y en la que otros tenemos que ayudarles a entrar. Con una suerte de ausencias y protagonismos que quizá no me lo había planteado nunca, pero es verdad que hay algo de eso.

– En tu caso quizá sí se han cumplido los objetivos que te habías propuesto, como el que querer ser periodista, y después política, ¿no?
-Yo sí tenía muy claro muy pronto que quería ser periodista. Más allá de aquella fase infantorrara de querer ser médico, ayudar al mundo, salvar a la gente… desde muy cría tenía claro que quería contar historias, contar lo que fuera… y me sigue gustando. Es un maravilloso oficio que engancha y tengo claro que volveré a él. Y por supuesto, siempre me ha encantado la política. La hemos mamado en casa, especialmente con mi padre que era un hombre profundamente apasionado con la política, que seguía muy de cerca la actualidad. Y eso creo que a todos nos impregnó. ¿He cumplido, por tanto, los objetivos que me marqué? Pues no creo, porque nunca he sido una persona de marcarme objetivos, y además las cosas definitivas me horrorizan. No me gustan los caminos con metas, los caminos cerrados. Es verdad que al hilo de lo que una mismo se va procurando y las circunstancias ofrecen, pues no sé si estoy donde quería, pero sí estoy disfrutando mucho donde estoy.

– ¿Cómo ha sido tu ambiente familiar?
– Mis recuerdos más lejanos, los primeros en ese sentido, son de una época en la que todo lo impregnaba la Dictadura. De aquello no tengo un recuerdo muy nítido, si acaso las referencias que he podido escuchar en casa, pero sin embargo tengo un recuerdo muy intenso de la Transición. Como espectadora, como una cría. De escuchar comentarios en casa, entre grupos de amigos, de esperanzas… Unido a una época de crisis económica brutal, con unos grandes miedos a pensar el coste que pudiera tener el hecho de romper con el Régimen, el miedo de lo que económicamente podía suponer con respecto al paro, sobre todo cuando lo vemos con los ojos de hoy con cifras dramáticas. Yo creo que esos acontecimientos se vivieron con una enorme intensidad. Pero era una época muy hermosa, trepidante, además especialmente como espectadora-aprendiz.

– Y encima en un contexto especial, como es el vasco o el vasco-navarro…
– Claro, recuerdo con 15 ó 16 años aquellas cargas policiales, aquellas manifestaciones con una tensión agudizada por el drama de ETA. Siempre me ha tocado estar en la oposición. Ser nacionalista vasca en Navarra es pertenecer a una parte menor en la sociedad, y dentro de mi ámbito, además, ser contundentemente contraria al uso de la violencia. Y si le sumas que eso empecé a vivirlo cuando tenía 14 ó 15 años, pues hay que tener un par de narices para posicionarse, porque lógicamente los momentos de la efervescencia de la adolescencia te lleva a justificar lo injustificable más fácilmente. Pero yo siempre tuve las ideas muy claras. Quien me conoce lo sabe bien y siempre fui una persona en ese sentido que en la medida en que me ha tocado vivir mucho en la oposición… ¡Jo, siempre en la oposición! Yo no conozco otra realidad. Bien, pues aquello imprime carácter, casi como el sacerdocio.

– Pero, ¿no tienes la sensación de que estar siempre en la oposición nos hace sentirnos siempre del lado de los perdedores? Porque yo tengo esa sensación y me viene a la memoria cuando en el año 1986 perdimos el referéndum de la OTAN, cuando parecía que lo íbamos a ganar los partidarios del ‘no’, y llegamos a la conclusión de que siempre estamos en el lado de los perdedores…
– Pero yo de mi padre, que era un hombre magnífico, aprendí una cosa hermosísima. Decía que ‘seremos perdedores, pero nunca derrotados’.

– Y volviendo a la tensión añadida de esos años de la transición en un ambiente como el navarro, ¿crees que ya se ha dado paso a otro contexto o aún perduran las posiciones extremas? Porque recordamos el caso de la condena a una ex concejala de UPN (Unión del Pueblo Navarro) por haber vulnerado tu honor durante el transcurso de un agrio debate en un Pleno del ayuntamiento pamplonés.
– Mira, yo siempre digo que estoy cansada de ver carlistas en mi tierra, fusil al hombro derecho o fusil al hombro izquierdo. Tenemos unas herencias complicadas. Navarra es una tierra convulsa para lo bueno y para lo malo. Cuando una sociedad ha avanzado además con un bienestar social muy grande, con una dimensión de las cosas distintas a otros territorios, uno es heredero de lo mejor y de lo peor de los suyos, pero uno está obligado también en el curso de los años, con el curso del bienestar… a revisar lo peor de los suyos. Y no se puede vivir de la confrontación política y electoral, porque esa situación lleva a una fractura social. Y una imagen de una sociedad fracturada fue el incidente que tuve con esa concejala, que por cierto es una mujer con una formación más que sólida, de creencias cristianas -yo no lo soy, pero sí he vivido en un ambiente familiar con el ejemplo de mis padres, y sé lo que supone ser cristiano o católico, como este caso- y francamente me sorprende y me indigna, es inadmisible. Pero se ha llegado a una fractura que explica que se pueda llegar a ese ejercicio de miseria humana. Aquello ocurrió, fui a juicio, todo el mundo me dijo que iba a perder… y sin embargo gané. No es fácil, porque a veces parece que un político tiene más difícil defender su honor que cualquier otro ciudadano.

“Siempre he tenido claro que me ha gustado mucho contar historias”.

– ¿Cómo has vivido el paso del periodismo a la política?

–  Pues es una suerte de circunstancias que se precipitaron todas en muy poco tiempo, y quizá si lo hubiera pensando antes…(Risas). No, hablemos en serio. Mira, la sociedad civil que no está dedicándose activamente a la política, por decirlo de alguna manera, tiene mucho que aportar, y es una manera de trabajar y escenificar ese compromiso. Yo sí creo en la política como herramienta y arma para construir una sociedad, aunque es verdad que el partidismo, y fundamentalmente el bipartidismo que hemos vivido estos años en el conjunto del Estado, ha hecho mucho daño. La sensación de alternancia, el ‘te quistas tú para ponerme yo, pero ya volveré yo’, ese juego que finalmente lleva a comprenderse hasta en los errores más miserables, como los que estamos viviendo ahora, o como vivimos aquella última etapa del ‘felipismo’ en el 94 y 95… fue dramático. Todo eso hace un enorme daño a la política, por lo que creo que es muy positivo aportar desde una posición modesta como la nuestra, desde la dimensión de lo que Navarra puede aportar al conjunto del Estado, y en un momento en el que se podían conseguir ámbitos por nuestra propia división. en ese contexto de finales de 2003, Aralar, que es una escisión de HB, hace una apuesta por la política en contra del uso de la violencia. Nos permitía hacer unos números diferentes, fruto del esfuerzo conjunto, con la posibilidad de un resultado hasta entonces diferente. Y en ese escenario no era fácil encontrar una persona que quisiera meterse en este berenjenal, y siempre en el caso de que las cosas fueran bien. Yo entonces estaba viviendo aquí en Madrid, como corresponsal de ETB [la televisión pública vasca], y recuerdo el día que se anunció que nacía Nafarroa Bai y una compañera me trajo un teletipo y me dijo ‘mira esto es algo de lo que tú siempre sueles hablar…’. Y en el momento en el que me llamaron unas semanas después lo compartí con mi marido, porque era una decisión a dos, teníamos un niño muy pequeño entonces (con un año y medio) y él me animó diciéndome que ‘si no lo intentaba no te lo vas a perdonar nunca’.

Apasionante etapa política

– Y en ese momento empiezas a verte como una periodista metida en la política…
– Sí, es cierto. Yo siempre he dicho que los periodistas que hacemos información política estamos metido de lleno en la propia política. Lo que no podemos hacer es partidismo, pero es que la política está en nuestro ADN, en la manera de construir una sociedad y la apuesta que hacemos. Y con toda la modestia, y sin saber si lo íbamos a hacer conforme a las expectativas que teníamos en ese momento entre esa parte importante de la población de Navarra, yo sí pensé que podría hacer algo con dignidad.

– ¿Cómo te has visto, después de estos años, en ese encaje del mundo de la política y del periodismo? Sobre todo ante esa generación de la que hablábamos al principio que ya estaba en la política y en el periodismo cuando tú llegaste…
– Mi experiencia televisiva me permitió a que por lo menos en las formas tuviera un cierto rodaje. El 14 de marzo de 2004 me presenté por primera vez a unas elecciones, y en abril me presenté en la tribuna del Congreso en un Debate de Investidura de José Luis Rodríguez Zapatero. Era una situación verdaderamente kafkiana. Pero ha sido una etapa apasionante. Me fascinaba de aquellos años primeros del 92 al 95 que estuve en Madrid, del final del gobierno de Felipe González, que alguno de sus ministros me los he cruzado ahora aquí en el Congreso, y pienso que no terminan nunca. Al mismo tiempo yo sí creo que debe haber personas que dediquen toda su vida a la política y esa circunstancia no tiene por qué ser negativa. No quita, sin embargo, que cuando en ese lapso tan largo de tiempo están los mismos dirigentes, es verdad que algo falla.

– ¿Hay alguna persona que te haya marcado especialmente en tu vida? ¿Quizá tu padre?
– Hombre, mi padre y mi madre. He mamado de ellos lo mejor que tenían. Seguro que también  algunas cosas que no eran tan buenas. Siguen siendo un referente fundamental. La verdad es que creo que es propio de familias numerosas. Yo soy la mayor de seis hermanos y me imagino que eso marca en gran medida. Mis padres nunca han pretendido ser amigos de sus hijos… De mi padre sí que he heredado que somos unas personas de mucho carácter, muy efervescentes, nerviosas y combativas. De mi madre, quizá, su sentido común. Es una mujer excepcional. Volviendo a mi padre, creo que he aprendido su pasión por el hecho de convivir, su empeño en hacer sociedad, en la forma de comprender al prójimo, al otro. Mi madre le ha tocado tirar del carro, con los pies en la tierra. Mi padre ha sido un gran educador de adolescentes, mientras que mi madre ha sido excepcional en criar bebés, niños, adolescentes… De mi madre aprendo todos los días, y me sorprendo aún de su gran capacidad retórica, que yo he heredado, pero no a su nivel. Ella sigue contando cuentos a sus nietos y todavía se nos cae la baba a los hijos… con el mérito de tener una formación muy básica, muy de las mujeres de su época. A mí me tiene maravillada.

– En todo ese contexto y trayectoria periodística, política, familiar… llega tu enfermedad.
– Pues un cáncer es un susto. Yo siempre digo que en un mundo como el nuestro, donde somos los ricos del planeta, se nos olvida que tenemos que gestionar recursos de ricos, es verdad que de ricos venidos a menos, pero de ricos, hay algún momento que tienes que enfrentarte a un desafío. En esa sociedad nuestra, un cáncer, en una edad como la mía -tenía 46 años- es la primera vez que te asomas al vértigo de la muerte, y recuerdas lo que le susurraban al oído a los emperadores romanos: ‘no olvides que eres mortal’.

– ¿Hasta entonces no habías tenido que enfrentarte a una posibilidad de una situación de muerte cercana?
– No, más allá a lo que la naturaleza te va marcando, como la muerte de una abuela, de un tío un tanto joven…

– ¿Y en esos momentos de dónde coges fuerzas?
– Pues simplemente de querer seguir viviendo. Fíjate, yo creo que nunca pasas miedo. Si acaso los momentos más dolorosos los he vivido por el dolor que he visto en los otros, en mi hijo o en mi madre, que ha sido la gran compañera en todo este recorrido. Y sobre todo con mi marido, que hemos sido los dos verdaderamente fuertes para asumirlo y seguir adelante. Porque mi padre no se encuentra en una situación como para vivirlo conscientemente, y además esta situación te hace volver a la infancia. En este proceso hay mucho para aprender, ¡sobre todo cuando sale bien, claro!

– Tú ahora sigues tus controles con relativa normalidad, ¿no?
– Sí, paso periódicamente las ITV como yo les llamo, y no te niego que son un proceso duro… Yo digo que no pasa nada, que estoy fuerte, que todo va a ir bien… pero cuando va llegando el momento esperas con impaciencia los resultados de los análisis, miras a la cara del radiólogo o del oncólogo a ver si adivinas algo… Es inevitable, es humano, pasas miedo.

Entrevista con Uxue Barkos en el hotel Villa Real, Madrid, el 20 de febrero 2013

“El carácter se forja en la oposición”

–  Un acontecimiento…
– El más hermoso, el nacimiento de mi hijo.

– Aparte de tus padres, alguna persona que sea referente en tu vida…
– Siempre guardas recuerdo de algunos profesores. Yo recuerdo a mis profesores de la ikastola, de la educación desde pequeñita hasta los 17 años. A muchos, y muy importantes, porque se dejaban la piel en aquellos años finales de los 60, y sobre todo por lo valiente que fueron aquellos padres que crearon una cooperativa y tiraron hacia delante. La dedicación de aquel profesorado, su convicción, la entrega a la educación de esas generaciones, como eran la nuestra… se dejaban notar. Hoy también, porque sigue siendo el mismo centro al que va mi hijo, pero ahora es otra historia, un centro reputado, reconocido… Pero sigo viendo a alguno de esos profesores y me siento una privilegiada al recordarlos. Quizá tengo especialmente marcada a una profesora de francés que me dijo “no te preocupes, que el carácter se forja en la oposición”. Y la oposición entendida en todos los órdenes de la vida. Se moldea y se modela el carácter.

 – Me imagino que esto te ha servido para lo momentos más difíciles.
– Sí, fíjate, cuando mi marido Jesús y yo decidimos que debíamos contarle a nuestro hijo lo de mi enfermedad, él tenía 8 años, y se iba hacer público y salir con pañuelo por la calle, me preocupaba que el primer embate en su vida fuese este, que no supiera reaccionar, porque Xabier no había sufrido nada hasta entonces, ni en el parto, ya que vino con cesárea. Luego ha sido un valiente, que cuando ha pasado miedo lo ha contado después, a su manera, lógicamente. Lloraba, pero se tapaba con la almohada para que no lo viera. Pues bueno, ya ves, el carácter se forja en la oposición, en la dificultad, en los momentos difíciles…

– Imagino, entonces, que otra persona fundamental es tu marido…
– Por supuesto, mi marido, mi compañero… que hemos sido parejas tardías en los dos casos. Desde el primer momento ha sido un magnífico compañero.

– ¿Y recuerdas algún momento periodístico muy especial, con intensidad?
– Recuerdo uno muy visual, muy cinematográfico, que condensa muchas cosas. En aquel final del gobierno de Felipe González, recuerdo estar cubriendo para Euskal Telebista una entrada a la Audiencia Nacional de varios altos cargos del PSOE para una comparecencia por el tema de los GAL y el uso de los fondos reservados. La gente que estaba agolpada en la puerta de la Audiencia les gritaba “¡ladrones, ladrones!”… Y yo decía, ‘ladrones, no; es peor’. Es que se habían utilizado las herramientas del Estado de Derecho para asesinar. Aquello me impactó y luego entendí que ante ETA se justifica lo injustificable, que lo que más nos preocupa es el bienestar general y que ante esos hechos se era muy comprensivo. Y yo pienso que no, que hay que ser implacables.

– ¿Algún momento singular de la política?
– Sobre todo cuando subí a la tribuna de oradores del Congreso por primera vez, pero hay un momento hermosísimo que tiene que ver con nuestro proyecto político, de carácter muy local. Cuando en noviembre de 2011 sacamos el escaño de Geroa Bai, fue un escaño conseguido voto a voto. Recuerdo que el día de las elecciones recibí una llamada poco después de las 9 de la mañana de una persona que no conocía, de Peralta, un pueblo de Navarra. Me dijo: ‘tú no me conoces, pero quiero que sepas que a estas horas del 20 de noviembre ya tienes cuatro votos en Peralta’. Esa zona no es tradicionalmente de nuestro voto, y me emocionó de una manera especial. Además la noche electoral fue épica, en pequeñito, eso sí… Este escaño sí está construido por la pasión, por la convicción política. Me parece algo tan hermoso… que me siento muy privilegiada y, por supuesto, responsabilizada por hacerlo bien. Estoy obligada a trabajar mucho y bien.

– Un dolor…
– Las miradas de mi madre y de mi hijo durante el tratamiento de la quimio.

– ¿Y un libro que te haya emocionado profundamente, que te haya marcado?
– Hay muchas lecturas, pero quizá porque era muy cría, me impactó “La verdad sobre el caso Savolta”…

…que leímos todos en el instituto.
– La disfruté por la estructura narrativa… y es verdad que siempre me ha gustado mucho la novela con raíz histórica. La historia de aquella Barcelona convulsa de principios del siglo XX era un momento apasionante. Pero también disfruto mucho con el cine…