Hasta que la muerte nos separe

Hasta que la muerte nos separe

Tengo que confesarlo: las lágrimas de Esperanza Aguirre por su sucesor Ignacio González me han conmovido. No me había recuperado aún de la confesión de Fernando López Miras tras su elección por el dedo de Pedro Antonio Sánchez (quien a su vez lo había sido por el dedo europeo de Ramón Luis) cuando llega esta Grande de España y, zas, echa por tierra de nuevo mi convalecencia. Lealtades y fidelidades varias que son o han sido premiadas en diferentes momentos encuentran su máxima expresión en hechos como los vividos en los últimos días. Lealtades y fidelidades que ya conocemos en el seno del PP con aquellos SMS de Rajoy a Bárcenas y demás gestos de cariño. ¡Ay, perdonen! Que esos son temas antiguos y no aportan nada nuevo. ¡Qué cabeza la mía! (más…)

Resurrección

Resurrección

Aterrizar en lo concreto, en lo real, en lo palpable, en lo palmario… es la mayor muestra posible de que pisar el terreno afianza la personalidad /

Siempre había querido pasar desapercibido. Esas miradas torvas que acompañaban cada uno de sus pasos deseaban herirle en lo más profundo de su interior. A él no le importaban. Había descubierto, como Saint-Exupéry, que lo esencial es invisible a los ojos, que sólo con el corazón se puede ver bien. El camino no había sido fácil, porque no hay nada peor que tratar de cumplir alguna profecía. La que te marcan tus mayores. La que fijan tus antepasados. La de responder al mundo de las expectativas. Las de los otros y, aún más extremas que aquéllas, las que uno sitúa en la mente para encauzar cualquier comportamiento, por inane que parezca. (más…)

Donde las dan, las toman

Donde las dan, las toman

Corría el año 1993 y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía, finalizaba su segundo mandato al frente de la Conferencia Episcopal Española. Los obispos participaban en unos ejercicios espirituales previos a la Asamblea Plenaria en la que tenían que elegir a su nuevo presidente y entre ellos se encontraba un representante diplomático muy especial: el nuncio Mario Tragliaferri. Las crónicas de información religiosa del momento contaban que el candidato que Roma veía con mejores ojos para asumir la cabeza de ese órgano del episcopado español era el arzobispo de Barcelona, el valenciano Ricard María Carles. Y por él ‘hizo campaña’ el nuncio entre los pastores durante esos días con el fin de guiar su voto unas jornadas después. Pero llegó la sorpresa: el elegido fue Elías Yanes, a la sazón arzobispo de Zaragoza y representante del sector más progresista del episcopado. (más…)

Un pacto para la ERE

Un pacto para la ERE

Hablar de la religión en la escuela, de la Enseñanza Religiosa Escolar (ERE) es mentar la bicha en esta nuestra sociedad tan marcada por la experiencia del nacional-catolicismo. Porque cualquier referencia a tratar de colocar en el espacio público el debate sobre el hecho religioso se asocia a esa imagen negativa de ‘las dos Españas’, la alianza de la corona, la espada y la cruz y, desgraciadamente, a una forma de entender la fe y las creencias vinculada a la experiencia personal que hayamos tenido con la Iglesia católica. Una percepción que, en muchas ocasiones, solo tiene en cuenta una sesgada visión unívoca de la realidad. (más…)

Palabra de honor

Palabra de honor





No quiero pensar que si el ex presidente murciano Alberto Garre ocupase hoy una plaza en el Senado hubiera guardado en un cajón su carta a Mariano Rajoy en la que anuncia su baja en el PP y le acusa de tapar la corrupción. No lo pienso a la vista de las iniciativas que impulsó en su breve etapa en el Palacio de San Esteban y a sus actuaciones en temas como el del aeropuerto de Corvera, la desaladora de Escombreras, la imputación de su consejero Juan Carlos Ruiz por la operación Púnica o la invitación que le hizo a su compañero de partido, Joaquín Bascuñana, a la sazón delegado del Gobierno, para que abandonase su puesto por el caso Novo Carthago. (más…)

#esmicura, son nuestros curas

#esmicura, son nuestros curas

Con la etiqueta #esmicura la Diócesis de Cartagena ha invitado a través de las redes sociales a sacar a la luz aquellos curas que han formado parte de nuestra vida. La iniciativa surge en torno a la fiesta de San José, la de los Pepes, Pepas, Pepitas y señoras Josefas que mañana celebramos. Una jornada que en la Iglesia española está asociada a la conmemoración del día del Seminario, o lo que es lo mismo, a la campaña en favor de las vocaciones sacerdotales. (más…)

Públicos comportamientos

Públicos comportamientos

Clamaba hace unos días el gerente de la empresa concesionaria del servicio de alquiler de bicicletas de Murcia por el maltrato que sufrían estos vehículos. Una situación que había obligado a cerrar algunas estaciones o que no se encontraran bicis en otras a lo largo del día. Soy uno de esos usuarios que en innumerables ocasiones me quedo con un palmo de narices cuando voy a utilizarlas o aspiro a jugarme la vida si quieres desplazarte con muchas de las que hay por el lamentable estado en la que se hallan.

Al margen de que pueda evaluarse si el servicio de mantenimiento de MuyBici es el más adecuado, lo que resulta innegable es que las mínimas normas cívicas brillan por su ausencia a la hora de usarlas. Parece que como están al alcance de todos en la calle, pues no hay que cuidarlas, ni respetarlas, ni pensar que otras personas las van a utilizar. Algo similar a lo que sucede con el mobiliario urbano de nuestras ciudades y pueblos. Como es de todos… no es de nadie. Y esta máxima se puede trasladar a cualquiera de los escenarios de nuestra vida.

La lista puede ser interminable. Desde las instalaciones de nuestros colegios e institutos, el material que se utiliza en sus aulas, hasta los recursos sanitarios, pasando por la limpieza en nuestras calles y plazas, el uso del agua, los libros de nuestras bibliotecas municipales… y un largo etcétera cuya relación no podría abarcarse en esta página.

Lo jodido del caso, y permítaseme la expresión, es que en los pequeños gestos del día a día podríamos alcanzar cotas inimaginables de cordura, bienestar y buen hacer. Sí, como suena. Pongo un caso que, de simple, dice mucho: aparcar en doble fila. ¿No pensamos que una simple parada con nuestro vehículo puede repercutir en el resto del tráfico, en un atasco, o en generar mala leche a otras personas que se desplazan con sus vehículos? O aparcar en un paso de peatones o en una plaza para personas con discapacidad. “Si es solo un momento” o “si puede pasar sin problemas”, suelen ser los argumentos esgrimidos para justificar lo injustificable. Pero es que la vida puede ser más agradable y armónica sin esos pocos instantes en los que entorpecemos los momentos de los otros.

En definitiva, se trataría de estrechar lazos entre las mínimas normas de urbanidad con el sentido de que lo público, los espacios de convivencia comunes, son de todos. Y que ponerse en el lugar del otro es un buen punto de partida para entender que hacer la vida más agradable al prójimo, y a la prójima, nos llena de mejores sensaciones y nos alimenta de energía para afrontar la vida. Son los pequeños detalles los que construyen nuestra vida social. La respuesta con una sonrisa y no con un estufido, la escucha activa antes de la respuesta reactiva, y sobre todo, ser consciente en si mi pequeño gesto, actitud o comportamiento tiene presente al de enfrente, que no es alguien ajeno sino otra persona como yo que aspira a hacer la vida más agradable a quien tiene al lado.

No es país para niños

No es país para niños

Además de la escuela, las consultas de Pediatría son la ITV donde a diario podemos comprobar el estado de nuestros niños, los más pequeños de la casa. Tengo una amiga pediatra que hace unos días concluía una reflexión sobre lo que ve día tras día en su trabajo con la frase que encabeza este artículo. Si en la película de los Cohen, Ethan y Joel, un Javier Bardem conmueve al espectador al bordar el papel de un asesino a sueldo, esa perturbación la podemos trasladar al malestar que produce ser testigo de lo que los críos están viviendo en esta sociedad que camina al colapso, como nos advierte Carlos Taibo. (más…)

La corrupción no puede ser perdonada

La corrupción no puede ser perdonada

Y no puede serla, como afirma el papa Francisco, porque no es un acto, sino una condición, un estado personal y social en el que uno se acostumbra a vivir. En una conversación con el periodista Andrea Tornelli que dio lugar hace un año al muy recomendable libro El nombre de Dios es misericordia, Jorge María Bergoglio afirma que el corrupto está tan encerrado y saciado en la satisfacción de su autosuficiencia que no se deja cuestionar por nada ni por nadie. Ha construido una autoestima que se basa en actitudes fraudulentas: pasa la vida en mitad de los tajos del oportunismo, a expensas de su propia dignidad y de la de los demás. (…) El corrupto no conoce la humildad, no se considera necesitado de ayuda y lleva una doble vida.

El problema se agrava en la medida en que la corrupción va unida a ser justificada por todos los medios. como escribí hace unos años, la mentira nunca puede ser bien comunicada, y si encima afecta a casos de corrupción, se comete un doble atropello al atentar a la ética y al sentido común. A la razón de ser y a frustrar la confianza depositada en nuestros responsables políticos o de otras instituciones económicas, culturales, sociales o religiosas. Permítaseme en este momento recomendar el reciente trabajo del teólogo Bernardo Pérez Andreo que titula este artículo en parte, La corrupción no se perdona, al analizar de forma crítica la corrupción en la Iglesia, tras repasar este fenómeno en la Biblia, en el mundo de hoy como problema social y en España como un caso peculiar.

La corrupción contamina nuestra existencia. Le hace perder su sentido más profundo. Es el abuso de poder otorgado para obtener un beneficio privado, o para transgredir las normas establecidas, o para pudrir el fin que persiguen nuestras instituciones. La corrupción se extiende en todas las esferas de la vida. Es un pecado estructural, por tanto, que se puede perseguir desde las actitudes personales y las pequeñas decisiones del día a día, porque nadie está a salvo de él. Desde el momento en el que no se mira para otro lado, desde el instante en el que cada uno y cada una se enfrenta a la injusta tolerancia de quien se cree en poder de la verdad y la impunidad.

Un combate, por tanto, en el que andan embarcadas también instituciones como la Justicia (que no está exenta, desgraciadamente tampoco, de caer en sus garras) o entidades como Transparencia Internacional o los propios medios de comunicación, aunque muchos de sus profesionales sufran presiones y amenazas. Hablamos de una ofensiva en la que el fin nunca puede justificar los medios, en la que hay gradaciones distintas según el nivel de responsabilidad que se ocupe en nuestra sociedad, pero en la que nadie puede quedarse al margen. Por eso es tan importante no perder de vista el horizonte del objetivo a conseguir: la lógica de nuevas relaciones basadas en la entrega y el servicio al bien común, la misericordia (que no es más que ponerse en lugar del otro) y la justicia. La lógica del don y el amor, en su más amplio sentido. Ah, y por cierto, me aseguran que la persona corrupta sí puede ser perdonada cuando reconoce lo que ha hecho, restituye la robado o la confianza y asume su responsabilidad.

Por qué no nos callamos

Por qué no nos callamos

Te propongo un ejercicio muy sencillo. Cuando estés en tu lugar de trabajo deja lo que estés haciendo. Aparta la mirada de la pantalla del ordenador, pon el móvil en silencio (el de verdad, no en vibración), cierra la puerta de tu despacho, aula o habitación en la que estés; aparca tu vehículo, descuelga el teléfono de la mesa… Detén la actividad e intenta que tus pensamientos no te distraigan. Si tienes que cerrar los ojos, hazlo. Respira profundamente y no te pelees con las imágenes que pasen a través de tu mente. Estás en tu minuto sabático. Es tuyo. De nadie más. Al cabo de un breve tiempo, vuelve poco a poco a la acción. Regresa a tus cometidos.

Como afirma Pablo D’Ors, meditar no es difícil, lo difícil es querer meditar. Haz puesto en práctica un primer intento. Si a lo largo de la jornada vuelves a repetir esa acción, la del minuto sabático, te aseguro que la sorpresa que te vas a llevar es mayúscula. Algo tan simple como no mirar de forma compulsiva el teléfono por si ha llegado un mensaje por Whatsapp que se nos puede escapar permite algo tan simple, y a la vez tan revolucionario, como ser conscientes de lo que tenemos alrededor.

Ahora, otro ejercicio que aconsejan psicólogos y entrenadores personales. Dedica un rato a apuntar las actividades que haces a lo largo de un día, en períodos de diez o quince minutos. Toma nota durante varias jornadas. Nueva sorpresa mayúscula. Si agrupamos el tiempo dedicado a cada actividad diariamente o a la semana comprobaremos que la percepción que tenemos sobre en qué empleamos nuestro tiempo no se corresponde con la realidad. Algo similar a lo que le ocurre a los alumnos de los cursos on line, que alucinan cuando la plataforma de tele formación les dice el tiempo real que han dedicado a desarrollar las actividades frente a lo que ellos creían.

Si además nos preguntamos por qué hacemos las cosas, pero con sinceridad de la buena, volvemos a caer en el desconcierto al hallar la respuesta: normalmente actuamos atendiendo a demandas externas, a lo que se supone que debemos hacer, a responder a lo que el/los otro/s espera/n. Por tanto, habitualmente no funcionamos desde nuestros deseos profundos y nuestros actos indican que no son el resultado de decisiones libres y meditadas.

Porque saber las razones que nos llevan a hacer lo que hacemos nos da más claridad a la hora de distinguir entre lo urgente y lo importante. Y entre lo importante se encuentran esos momentos de los que hablaba al principio: los de ganar espacios para la contemplación, que no son otra cosa que momentos nuestros, auténticos, en los que dejamos de lado los prejuicios que nos esclavizan. Entre estos, el de ser consciente del engaño en el que caemos al pensar que nos gustan los problemas porque nos dan la impresión de que gracias a ellos podremos ser. Sin embargo, descubriremos que el verdadero problema son nuestros falsos problemas. Respiraremos entonces de verdad, con la satisfacción de un deber cumplido: el de ser protagonistas de nuestra vida. O al menos ser alumnos aventajados en este camino que es para toda la existencia.