Navidad y Año Nuevo

Navidad y Año Nuevo

Citas de amistad

Citas de amistad

El juego de la amistad se repite cada verano. Aunque hayan transcurrido meses y meses sin saber uno del otro, la cita es obligada. Desde hace años, Consuelo, una de las mejores amigas de quien esto suscribe, acude a un lugar del centro -hasta que cerró, era en Ipanema, en pleno corazón universitario de la ciudad- para intercambiar un libro. Es la ofrenda prevista que salda deudas de tiempo de silencio, de distancias impuestas por vidas cruzadas, de paréntesis imprevistos que se abren y cierran de nuevo cada doce meses. Así es el solaz afecto que renace en cada instante en el que los textos escritos por otros reflejan el estado de ánimo de cada uno de los protagonistas de esta historia de cariño cómplice. Se trata, en suma, de adivinar sobre qué historias y personajes puede uno sentirse parte de una relación a tres, en la que se cuela esa celestina que es la literatura. (más…)

Nadie es profeta

Nadie es profeta

Quienes acudan este fin de semana a sus parroquias o participen en cualquier misa dominical se encontrarán con las duras experiencias que atravesaron en su devenir los llamados profetas. No lo tuvieron fácil, porque eran esos pepitos grillo que denunciaban a los cuatro vientos las tropelías de quienes gobernaban esa parte del planeta de donde arranca la cultura occidental judeocristiana. Jeremías fue uno de ellos y sufrió persecución. Vamos, que se la jugó. Lo gracioso del tema del evangelio de Lucas del domingo (si es que acaso tiene alguna) es que cuando a Jesús le tratan de subir el ego en la sinagoga tras su predicación va el chaval y les suelta aquello de que “ningún profeta es aceptado en su pueblo”, los pone frente al espejo de sus contradicciones nacionalistas y de nación supuestamente elegida y el público se cabrea de lo lindo: ni cortos ni perezosos lo sacan de la ciudad con intención de despeñarlo en un precipicio. Lindezas del momento.

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Morirse es normal y acaba bien

Morirse es normal y acaba bien

En las últimas semanas me ha tocado vivir la experiencia de la muerte de dos familiares y varios amigos y conocidos. Como seguro que le ha ocurrido a usted, porque resulta que la muerte es una de las experiencias que a diario compartimos el común de los mortales. Por obvia, no le damos apenas importancia y resulta que es de las pocas cosas claras que tenemos en nuestra existencia: que nacemos y morimos. Así de simple… y así de complejo lo hacemos los humanos.

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Obras por pagar para todos

Obras por pagar para todos

Dentro de unos días será inaugurado el Aeropuerto Internacional de la Región de Murcia. Uy, cómo suena esto. Aeropuerto internacional, ni más ni menos. Una infraestructura donde las haya, para loor y gloria de nuestros gobernantes y empresarios. Eso sí, como dice nuestro consejero de Fomento, un aeropuerto que antes era de una concesionaria y ahora es de todos los murcianos y murcianas. Vamos, como si no lo hubiésemos pagado de una u otra forma, incluso antes de proyectarlo, y más ahora cuando tuvo que ser ‘rescatado’ por el papá Estado en forma de Aena, ese al que se le echaban pestes al comienzo del proyecto.

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Mi otra Carta a los Reyes

Mi otra Carta a los Reyes

Queridos Reyes Magos. Hoy tenéis un día muy complicado. No en balde, tratar de responder y atinar con las ilusiones de niños y mayores es una tarea ardua para concentrarla en tan pocas horas. Cada año que pasa os lo ponemos más difícil.  En mi caso, no quiero una tarjeta regalo, ni un teléfono móvil nuevo, ni unos pañuelos, calcetines o pijamas. Voy a tratar de aliviaros un poco.

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“Hay países donde el ‘MeToo’ se ha quedado en el nivel de las famosas” | Sociedad | EL PAÍS

La sueca Åsa Charlotte Regnér (Malmberget, 1964) salió en marzo del primer Gobierno feminista de la historia, el de Suecia, para ejercer como directora ejecutiva adjunta de ONU Mujeres. Como ministra vivió el MeToo sueco que estalló en la academia del Nobel, que suspendió la entrega del galardón de Literatura.

Origen: “Hay países donde el ‘MeToo’ se ha quedado en el nivel de las famosas” | Sociedad | EL PAÍS

El miedo que nos acompaña

El miedo que nos acompaña

Que el miedo paraliza es un hecho innegable. Desde las experiencias de los primeros homínidos hasta que el ser humano es tal siempre hemos vivido acompañados del temor a lo desconocido, a lo que puede acabar con nuestra vida, a lo inexplicable. De ahí que el miedo forme parte de la existencia, en especial cuando los compañeros vitales de viaje lo transmitan al comienzo de la vida, como los padres y las madres lo hacemos con nuestros descendientes desde la cuna. Gracias al miedo sobrevivimos. Pero también gracias al miedo hay quienes sustentan su dominación.

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Igualdad, mérito y capacidad

Igualdad, mérito y capacidad

Gracias a la Fundación Civio, y en concreto a la periodista Eva Belmonte, hemos sabido que el Boletín Oficial del Estado (BOE) del pasado martes publicaba la evaluación de méritos y proyectos de los 95 candidatos al Consejo de Administración de RTVE. Tras esas valoraciones ofrecía la lista de 20 finalistas, que serán los que pasen por Las Cortes para que el Congreso elija a seis consejeros y, el Senado, a cuatro. De esos diez saldrá quien ocupe la Presidencia de la radio televisión pública. (más…)

Orfandad política

Orfandad política

Dentro de unos días se cumplen los diez años de la muerte de José Ramón Jara Vera. El periodista de Alguazas, Manuel Segura, lo recordaba hace una semana con una semblanza sobre su vecino de Ceutí. Al leer sus palabras afloraron las imágenes que hace poco más de una década provocaron una de las decisiones personales y profesionales que han marcado mi trayectoria en esta etapa de la vida. Decisiones que siempre he unido a los compromisos con personas que han sido referentes en los recorridos vitales que a todos nos persiguen.

En 2008 José Ramón Jara era vicesecretario general y portavoz del Partido Socialista en este territorio comanche en el que las complicidades y el caciquismo imperantes nos han llevado al lugar en el que estamos, con los mismos problemas, cuando no agravados, que hace casi treinta años. Acepté la invitación a sumarme al proyecto de cambio político que pretendía liderar, con respeto a los procesos y procedimientos del partido en el que militaba desde casi adolescente, pero con la clara perspectiva de romper con la esclerosis sempiterna que el PSRM-PSOE adolecía desde que le entregó al PP el Gobierno regional en 1995. Una entrega en la que, además del contexto nacional, influyeron especialmente las luchas intestinas entre las diferentes familias políticas del socialismo murciano. 

Pasé al lado oscuro con la ilusión de quien encuentra sentido a una decisión arriesgada que daba sentido a la inquietud política con la que había crecido desde niño. Dejé a un lado las ambiciones profesionales para apostar por una puerta que, estaba seguro, implicaba cerrar otras, como más tarde comprobé. Por supuesto que había otro tipo de ambiciones, pero en este caso ligadas a los ideales de un compromiso personal con lo que representaba la figura de José Ramón, junto a un proyecto de cambio político. Hasta entonces apenas lo había tratado, pero me bastaba lo que sabía de él a través de uno de sus hermanos y amigos comunes, sus posiciones ante la UCAM o su talante conciliador. La valía de su trayectoria en su pueblo, en la universidad, soporte en su familia y recorrido como servidor público. Políglota y, sobre todo, conocedor profundo del camino que había que impulsar, de manera transversal, para dignificar la política en esta nuestra Comunidad, desde una izquierda no excluyente.     

No me equivoqué cuando le dije que sí, pero tuve la desdicha de trabajar junto a él poco más de tres meses. Aún recuerdo su imagen en el garaje de la Asamblea Regional, andando con su maletín en dirección al coche tras haber intervenido en un debate sobre el agua ante el Pleno. Al día siguiente ofreció una rueda de prensa en la sede de Princesa, pero ya se sintió indispuesto y se marchó pronto a casa, de la que ya no salió apenas hasta ese fatídico 18 de diciembre.

Sentí su muerte como experimenté la de mi padre. Al igual que la orfandad que, en este caso, traspasaba los lazos de sangre a los del vínculo político. O lo que es lo mismo, a la invisible red de una utopía de transformación social frente a la que aún profeso la ausencia. Nada sucede por casualidad y los tiempos han deparado escenarios distintos. Con sus luces y sus sombras, pero con aprendizajes que apuntan a mostrar qué mueve a las personas y a las organizaciones de las que formamos parte. Las expectativas no pueden guiar el mundo.

Adiós a la cinofobia

Adiós a la cinofobia

Acabo de enterarme de que durante casi cuarenta años he sufrido una fobia a la que me costaba ponerle nombre. Se trataba de la cinofobia o el temor desmedido a los perros. No podía con ellos. Cuando los veía cerca me ladraban, trataba de eludirlos, escapaba y me alejaba cuanto más podía. Paralelamente, no entendía cómo había personas que los adoraran, que fueran capaces de dar su vida por ellos o que lloraran su muerte. Desconocía por completo las sensaciones de afecto y de los vínculos que podían establecerse entre los canes y los humanos, y quizá por mi exceso de racionalidad desconfiaba de quien trataba de humanizarlos hasta extremos insospechados.

Bien es cierto que no he llegado a sufrir ataques de pánico o de ansiedad al estar cerca de un perro, pero sí he sentido un miedo intenso y desproporcionado ante su presencia y he evitado situaciones cotidianas en las que podía interactuar con un cánido. Hablamos de un miedo irracional, que carece por tanto de una explicación lógica, de padecer un terror que en ocasiones se volvía casi insoportable. No era capaz de controlarme ante este miedo, sufría mucho al cruzarme a un perro y llegué a experimentar, en su momento, determinados síntomas físicos, como náuseas, sudores y taquicardia.

Bien pronto descubrí que la principal razón de esta cinofobia se debía a la experiencia traumática que sufrió mi madre en su infancia con un perro que le mordió el extremo de un abrigo, en plena calle, y que le marcó para el resto de su vida.

Thera.

Pero todo se acabó, de manera progresiva, cuando conocí a Thera, una labradora de piel canela, hace doce años. Entró en mi vida, como en la de la familia de amigos que ha compartido su existencia en todos y cada uno de los acontecimientos del día a día. Los expertos en tratar la cinofobia hablan de la terapia de la exposición gradual al contacto con los perros como una de las mejores técnicas para vencer ese temor irracional. Y yo sin saberlo durante casi toda la vida, conseguí ir dominando esa desconfianza hasta establecer una relación de igual a igual (salvando la distancia de que somos dos especies distintas) y despertar sensaciones y dimensiones que hasta entonces habían permanecido ocultas. Thera me abrió el camino a Bruno, mezcla de braco y bóxer, a Kadó y al resto de invitados a los encuentros perrunos del Monte Liso y a las marchas senderistas por el Valle, Carrascoy, El Sabinar, Campo de San Juan, Benizar y Bajil.

Con Thera fui capaz de saborear la felicidad que siente un labrador cuando chapotea en las frías aguas de riachuelos del Pirineo. También de aquellos momentos en los que transmiten confianza y alegría cuando hay alguien triste y desanimado a su lado. Al dejar a un lado la fobia a los perros me he reconciliado con el amor y la sensibilidad al resto de los animales, seres vivos unidos a la especie humana a lo largo de la historia. De ahí que cuando coincido con gente que aún no ha podido afrontar esos miedos siento una cierta nostalgia y el deseo de invitarles a saborear lo que supone vencer esos recelos. Thera murió esta semana, y con ella siento se han ido una parte de esas desconfianzas que estaban difuminadas. La he llorado en silencio. Como el de las excavaciones de las que ha sido testigo todos estos años.