Navidad y Año Nuevo

Navidad y Año Nuevo

Citas de amistad

Citas de amistad

El juego de la amistad se repite cada verano. Aunque hayan transcurrido meses y meses sin saber uno del otro, la cita es obligada. Desde hace años, Consuelo, una de las mejores amigas de quien esto suscribe, acude a un lugar del centro -hasta que cerró, era en Ipanema, en pleno corazón universitario de la ciudad- para intercambiar un libro. Es la ofrenda prevista que salda deudas de tiempo de silencio, de distancias impuestas por vidas cruzadas, de paréntesis imprevistos que se abren y cierran de nuevo cada doce meses. Así es el solaz afecto que renace en cada instante en el que los textos escritos por otros reflejan el estado de ánimo de cada uno de los protagonistas de esta historia de cariño cómplice. Se trata, en suma, de adivinar sobre qué historias y personajes puede uno sentirse parte de una relación a tres, en la que se cuela esa celestina que es la literatura. (más…)

A golpes, y no de calor

A golpes, y no de calor



Verano de 1970. La escena tiene lugar en el barrio de La Dulzura, en Ibi, a la sombra de una pequeña arboleda al caer del campo de fútbol del colegio de los Salesianos. Un grupo de chavales, ninguno supera los diez años, ata una cuerda a los troncos de cuatro de los árboles e improvisan un ring. En mitad del cuadrilátero (por llamarlo de alguna manera), Pedro Carrasco se enfrenta a José Manuel Urtain, animados por los gritos del respetable que incitan a no eludir los golpes. No hay árbitro. El combate es hasta que uno de los contendientes resista. El bautizo de los púgiles se corresponde con su nombre de pila. Así nos divertíamos los críos de esa época durante las vacaciones. En la calle. A golpes que no dolían y disfrutando alejados de los mayores. Yo estaba orgulloso de ser aquel Pedro, vitoreado por un público fiel.

Verano de 2019. La geolocalización de los teléfonos móviles (inteligentes, les llamamos) nos permite tener siempre controlados a los críos. Gritan, pero siempre pueden callar, porque ya los hemos acostumbrado a que miren a una pequeña pantalla y queden imbuidos de su encanto digital. Ya no pintan, ni leen tebeos, ni juegan a las chapas, a las bolas o a las cartas de las parejas. No se separan de los adultos, o cuando lo hacen, previamente han sido teletransportados a los destinos previstos, no vaya a ser que descubran su autonomía y no nos echen de menos.

En este verano del calentamiento global, del calentamiento postelectoral y de las mentes calenturientas que tratan de irritar a las del resto, ha muerto un boxeador de los de verdad. Un joven Hugo Dinamita Santillán, argentino e hijo de boxeador -que a la sazón era su entrenador- no ha podido resistir las consecuencias de los golpes que le asestó un armenio el 15 de junio en Hamburgo, y poco más de un mes después, el 20 de julio, los fatales del combate que apuntaba a empate contra el uruguayo Eduardo Abreu. Cuatro días después de desplomarse en la lona no se despertó del coma al que entró mientras iba en la ambulancia camino del hospital.

Recuerdo veladas veraniegas de boxeo en mi pueblo, la patria de El Tigre de Yecla y compañero de generación, José Ortega Chumilla. Pero sobre todo la nobleza y la seriedad con la que vivía este deporte una saga familiar, la de los hermanos y sobrinos del escultor yeclano Manolo Puche. Pese a los múltiples detractores que ha tenido y tiene esta disciplina, siempre he creído que ha estado por encima de los intereses cruzados de quienes solo han visto billetes e influencia en su entorno.  El escritor Sergio del Molino entendía “su juego de seducción literaria” en Lo que a nadie le importa al rememorar a un púgil en declive que llegó a ser campeón del mundo en 1974, aquel hombre también llamado Pedro, aquel Perico Fernández, que acabó sus días aquejado de alzhéimer y que había pasado de la gloria al ostracismo social en la capital aragonesa que le había visto nacer.  

Las únicas refriegas que quedan en la canícula son las de echar unas palas en la orilla de la playa. Pero cualquier parecido con un cuadrilátero y la rivalidad es pura coincidencia. Más golpes da la vida.



En modo vacaciones

En modo vacaciones

Uno es mortal y también tiene derecho a llegar al estado natural de las personas humanas que tienen vacaciones. Desde hace años no las ansiaba tanto. Estoy como Pedro Sánchez, que no sé lo que va a pasar desde hace meses. Y lo que te rondaré, morena. Aquí nadie da un paso, porque el contrario nos puede pillar desprevenidos. Moverse, lo que se dice moverse, sólo avanzan un poco las estrellas de los diferentes Sálvame, porque con las conexiones con Cantora y los reencuentros amargos de amistades pasadas y vueltas a empezar, nos enfrentamos a un bucle que amenaza con no dejar títere con cabeza.

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Y ahora, ¿quién lava la bandera?

Y ahora, ¿quién lava la bandera?

Carlos Alberto Rivera debe de estar que se sube por las paredes. ¿Cómo se les ha escapado a mi gente de Murcia una iniciativa sin igual?, se pregunta contrariado estos días. ¿De qué me sirve hacer un Consejo de Administración de la franquicia a mi imagen y semejanza si luego nos perdemos las mejores? Está claro que el autodenominado líder de la oposición, se empeñen Casado y Teo de hacérselo ver, no le va a perdonar a su portavoz Mario Gómez, enjugascado como está con la cartera de Fomento y adalid de las antiredes clientelares de los contratos menores, que una iniciativa como la de Vox se les haya ido de las manos en el Ayuntamiento de Murcia

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Al rincón de pensar

Al rincón de pensar

Este fin de semana voy a dormir más tranquilo. La altura de miras de Vox, Ciudadanos y, lógicamente, del PP, han desbloqueado el acuerdo de investidura en la Región de Murcia. A la Comunidad de Madrid le quedan horas. Ya hay garantes contra el adoctrinamiento político en las aulas. Mis sobrinos y sus compañeros y compañeras de clase serán formados en aquellos valores patrios que ansían, bajo la supervisión de la Inspección educativa. Qué grandes son. Si es que no puedo evitarlo. Me emocionan. Sinceramente era lo que todo el mundo quería. Lo que reclamábamos en las calles, en los talleres, en los hospitales y en nuestras casas. Lo acordado en los hoteles va a misa, porque la derecha, cuando dice de ponerse de acuerdo, lo hace hasta en la cama.  

Permítaseme, sin embargo, que visto lo visto en las últimas semanas, pueda desear enviar al rincón de pensar a mucha gente de distinto pelaje y condición. No solamente por el espectáculo político vivido aquí, en esta tierra, sino en otros lugares del país y, si me apuran, del mundo mundial. Al rincón de pensar para eso, para pensar, reflexionar, meditar, rezar, hacer mindfulness… lo que quieran según sus creencias.

En primer lugar, por la inmediatez del momento, quiero remitir a ese espacio a quienes han venido diciendo en campaña electoral que harían unas cosas y han hecho otras. Por coherencia de la buena. Por el valor de su palabra y porque no se inmutan y creen que la cosa no va con ellos. Modelo de virtud y virtuosismo. 

Expido a ese retiro a quienes no hablan de la precariedad, del valor de la negociación colectiva, de la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades o la transmisión intergeneracional de la exclusión social. Pero eso sí, son todos muy emprendedores y quieren aligerar las trabas administrativas para el dinero porque han redescubierto que el liberalismo es lo mejor de lo mejor. Vamos, anda.

Se trata de despachar al rincón de pensar, en definitiva, a toda esa tribu de individuos que precisan un alto en el camino para comprobar que sus vidas las controlan realmente ellos.

Deseo facturar a ese escondite a quienes solo tienen ojitos para su ombligo, los del yo, mí, me, conmigo… y si queda algún hueco, pues vuelta a empezar. Aquellos que miran con soberbia por encima del hombro, que son clasistas y que, por tanto, son sumisos con los poderosos y crueles con los débiles. Quienes se creen sus propias mentiras y viven en un permanente dualismo entre lo que dicen creer, lo que realmente profesan y lo que hacen. Personas con creencias delirantes y comportamientos confusos. Patologías más comunes de lo que cabría pensar.

Se trata de despachar al rincón de pensar, en definitiva, a toda esa tribu de individuos que precisan un alto en el camino para comprobar que sus vidas las controlan realmente ellos. Con sus luces y sus sombras y, lógicamente, con sus certezas y contradicciones. En un habitáculo en el que no está excluido nadie que tenga dos dedos de frente y sepa mirar a los ojos y afrontar las consecuencias de sus actos. Yo me apunto el primero, sin dudarlo. No vaya a ser que lo esté necesitando sin falta y aún no me haya dado cuenta. Allí aguardo a quienes estén dispuestos, permítaseme de nuevo, a un examen de conciencia ciudadano y laico. Pero eso sí, absténganse de tomarnos el pelo más de lo que ya lo han hecho.   

Mentiras a bajo precio

Mentiras a bajo precio

Solo recuerdo dos ocasiones en las que mi padre perdió los nervios y me dio sendas bofetadas en mi infancia. La primera, cuando crucé con mi hermano la autopista de La Coruña, la A6, en el verano de 1973, durante una estancia en el municipio madrileño de Las Rozas. La segunda, cuando le rompí su máquina de fotos Voigtländer que se había comprado en París en su etapa de emigrante, a principios de los años 60, y que era una joya preciada con la que plasmó los recuerdos de sus primeros años de matrimonio.

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Donde comen dos no comen tres

Donde comen dos no comen tres

Siempre se ha dicho lo contrario, esto es, que donde comen dos, comen tres. Pero ahora las cosas han cambiado. Ya no hay sitio para uno más, porque lo que hay que repartir es escaso y no se puede permitir que pasen hambre los tres. Máxime cuando puede llegar uno de enfrente curtido en la resistencia (y en la resiliencia, no lo olvidemos) y se lo lleve todo. Por tanto, o dejamos que la ley del más fuerte impere a sus anchas, o que ellos se pongan de acuerdo antes de que intervenga alguien por arriba y dictamine quién sobra y quién se queda.

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Orgullo

Orgullo

Uno de los días más felices de mi vida que recuerdo fue aquel en el que mi primo José Manuel me confesó su condición homosexual. Reveló un secreto guardado desde su adolescencia y juventud, y lo hizo con lágrimas en los ojos (al menos a mí así me parecieron). Se quitó un gran peso de encima al compartir ese secreto, tal y como expresó en ese instante hace ya casi dos décadas. No sé quién se sintió más liberado: si él o yo. Porque en las relaciones humanas siempre existen espacios vedados a la complicidad. Son lugares en los que anida lo secreto, lo recóndito, lo escondido. Son territorios resguardados a lo evidente, a lo explícito, a lo palmario y manifiesto. Por muchos sobrentendidos que existan, hay circunstancias vitales que permanecen hibernando y, al cabo del tiempo, si hay suerte y actúan los hados, salen a la luz.

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Un comisario maduro

Un comisario maduro

La novela negra del Sur de Europa tiene a dos destacados veteranos del género: el italiano Andrea Camilleri y el griego -pero de origen turco- Petros Márkeris. Uno es el padre del comisario siciliano Salvo Montalbano, en homenaje al creador de Pepe Carvalho, y el otro es el descubridor del comisario Kostas Jaritos. Si al primero hemos tenido oportunidad de abrirle nuestras casas a través de la serie televisiva que se emitía en La 2 emitida hace unos años, el policía griego aún no es muy conocido, pese a disponer en las librerías de más de una docena de entregas de su serie.

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El verdadero riesgo

El verdadero riesgo

En plena tormenta de los pactos post electorales, la constitución de los ayuntamientos, la lucha sin cuartel por el control de la tecnología 5G y la súper boda de Sergio Ramos y Pilar Rubio ha pasado sin pena ni gloria la publicación del VIII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España. El conocido como Informe Foessa lleva como subtítulo el de “una lectura de la transición de nuestro modelo social, los riesgos sociales y sus consecuencias, las políticas que les dan respuesta, los valores que subyacen a las mismas y los dilemas a los que nos enfrentamos”.

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El poder del perro

El poder del perro

La tristeza de los últimos días solo la puedo combatir con la literatura. El desolador panorama que va a quedar en las comunidades autónomas y ayuntamientos que continuarán gobernados por el PP, con la herencia de la corrupción y el clientelismo, se deberá a la complicidad de Ciudadanos. A una estrategia inspirada por Alberto Carlos, el franquiciante de la marca naranja, que ejecuta de manera obediente y sin mácula los franquiciatarios de turno. Uno actúa como dueño del producto partidario, de la marca en toda regla, del servicio a los gobiernos en los que perviva el modelo de negocio político del centro derecha. Los otros, como receptores del producto a explotar. Y en medio de ellos, en muchos casos, junto a esos hijos que siempre estuvieron en la casa de los padres y en los últimos tiempos habían querido buscar su camino por su cuenta. Pero al fin y a la postre, quien siempre pone la cazuela al centro son los progenitores. Por eso ha sido tan fácil recuperar la habitación que habían dejado provisionalmente desocupada.

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