Antonio Manzini, uno de los nuestros

Antonio Manzini

Antonio Manzini

Antonio Manzini (Roma, 1964), actor, director de cine y teatro y escritor, fue alumno de Andrea Camilleri en la Accademia Nazionale d’Arte Drammatica. Ha publicado las novelas Sangue marcioLa giostra dei criceti y Sull’orlo del precipizio, así como varios libros de relatos, dos de ellos a cuatro manos con Niccolò Ammaniti. De las cinco entregas dedicadas al subjefe Rocco Schiavone, las tres primeras —Pista negraLa costilla de Adán y Una primavera de perros— se han publicado en Salamandra. Sol de mayo es la cuarta novela de la serie.

LIBROS PUBLICADOS POR SALAMANDRA

  • La costella d'Adam
  • La costilla de Adán
  • Pista negra
  • Sol de maig
  • Sol de mayo
  • Temps boig
  • Una primavera de perros

 

 

Origen: Manzini | Ediciones Salamandra

Jane Teller, activista social

Jane Teller, activista social

Janne Teller (1964) no forma parte del hit parade de la intelectualidad europea y, sin embargo, su nombre y su influencia como escritora y activista han dejado huella, especialmente con una campaña de apoyo a Edward Snowden, quien denunció la política de escuchas masivas de Estados Unidos, y con dos libros impactantes. Uno, titulado Nada, cuenta la experiencia de un adolescente que concluye que la vida no tiene sentido. Sus compañeros le intentarán hacer entender que se equivoca. La novela causó tal revuelo que incluso fue censurada en Dinamarca, su país, y Noruega, faros de la democracia moderna.

“Las cosas se pondrán aún más feas en Europa antes de mejorar”

Texto de Felip Vivanco y foto de Anita Schiffer
Publicado en MAGAZINE 07/08/2016

El otro libro (ambos publicados por Seix Barral) se llama Guerra y es un pequeño cuaderno que aborda el tema de los refugiados, pero cambiando papeles. Esta vez, los europeos son los que tienen que huir de las bombas, buscar refugio en el pacífico Oriente Medio afrontando una vida de penalidades y desarraigo. Magazine conversó con Teller, durante una visita a Bilbao, sobre el impacto de su obra y el futuro de Europa.

“La guerra siempre está cerca, aunque parezca que esté lejos y que los refugiados son los otros. Hay que pensar que lo de Siria nos podría pasar a nosotros”

Guerra se publicó en el 2001, pero es tan actual que parece escrito hace unas semanas.
Es extraño, pero es así. Nunca escribí Guerra como una predicción, sino porque era un texto necesario en un momento en el que el gobierno danés no era la habitual coalición de centro sino una de conservadores y extrema derecha. Desde entonces el país cambió y el gobierno expresó su rechazo a los extranjeros. Todo se puso muy feo. La última ley que habla de requisar objetos de valor y dinero a los recién llegados es la última gota de un vaso lleno de leyes horrendas.

¿Qué sucedió?
Los refugiados se convirtieron de un día para otro en gente odiada, de tercera categoría. Fue una reacción política muy provocada. Pensé que escribir otra historia sobre iraquíes refugiados no tendría el impacto deseado, porque los protagonistas siempre son otra gente. Así que decidí que los refugiados fueran los propios daneses.

En la versión de aquí, España está en guerra con Francia e Italia… 
La versión danesa se centraba en unos países escandinavos que son lo más parecido a la ex Yugoslavia en guerra, los noruegos contra los suecos, una familia danesa haciendo las maletas… Apareció como un reportaje largo, nunca pensé que sería un libro.

En realidad tiene el formato y los dibujos de un pasaporte.
Sí, y es una idea que se ha conservado en todas las ediciones.

Si se sigue publicando es buena y mala señal, ¿no cree?
Sí es muy paradójico para mí. Estoy encantada de que se lea y de que tenga su impacto en la sociedad, pero a la vez me siento mal por que vivamos en un mundo en el que este texto se necesita cada vez más.

En el sur de Europa aún persiste la idea de una Escandinavia perfecta, como la Suecia de Olof Palme en los ochenta.
Todo ha cambiado, pero aun así Suecia está mucho mejor que Dinamarca. Han acogido a miles de refugiados. Es extraño, porque el libro se vende muy bien, pero preferiría vivir en un mundo en el que mis libros no se leyeran, que no se necesitaran. Creo que, por desgracia, todavía falta mucho tiempo para eso.

“Los europeos también hemos sido refugiados, pero cuando la vida de uno es confortable, es muy humano no querer pensar que tu familia también tuvo que emigrar en el pasado”

En Guerra, el refugiado es español y huye a Egipto, pero si se mira al pasado, es lo que sucedió hace 70 años, la gente emigró a Argentina, México, Francia y ahora a Londres a trabajar de de lo que sea por culpa de la crisis.
Hablé con un mujer que se puso a llorar cuando me contaba que había abandonado España hacia Francia tras la Guerra Civil. Le habían robado todo lo que tenía… Es estremecedor que una historia de hace 15 años en Dinamarca pudiera tocarle tanto la fibra y conectara con sus vivencias. Para la generación de españoles más viejos ser un refugiado no es tan extraordinario. Sí lo es para los jóvenes.

La guerra, geográficamente, no está nunca muy lejos.
Sí, aunque parezca que esté lejos y que los refugiados son los otros. Hay que pensar: “Esto de Siria me podría pasar a mí”.

En Escandinavia también guerrearon hasta hace poco.
Ya lo creo. Noruega y Finlandia fueron colonias de Dinamarca durante cientos de años y los daneses no fueron lo que se dice muy amables. Noruega sólo fue independiente en 1905. Parece que esté muy lejano y no.

¿Cómo busca los detalles para cada versión?
Lo que siempre hago es intentar huir de conflictos más o menos recientes que sí han sucedido o están todavía sin resolver. No quiero que el tema de discusión sea ese. Por ejemplo, cuando hice la versión alemana me cuidé mucho de dibujarla con un dictador que recordara a la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en la versión alemana, el país abandona la Unión Europea.

¿Por qué cree que queremos olvidar que una vez fuimos nosotros los refugiados? 
Creo que, cuando tu vida es muy confortable, es muy humano no querer pensar que en tu familia también hubo emigrantes. Porque el confort ya no lo es tanto. La mayoría de los europeos están cómodos y seguros. Sé que para países como Grecia o España, la situación de los últimos años no lo ha sido tanto, con la crisis económica, así que la situación que planteo es más imaginable: tienes que irte a otro país a buscar trabajo. La gente que está cómoda tiene miedo a perder ese confort.

Y creen que el refugiado se la quitará. 
Algunos pueden decir que esta gente viene de fuera, con otra cultura, hábitos, costumbres, me pueden quitar el trabajo. Bueno, puedes entenderlo, pero lo que veo en muchas ocasiones es casi una agresión que llega de gente de las capas altas de la sociedad, que no pueden estar amenazados. Es como si no quisieran que nadie les recordara cómo es vivir sin comodidades. Es alucinante que se ponga en cuestión a una gente no puede vivir en sus ciudades aunque sobrevivan a las bombas. Habla­mos de familias normales que lo arriesgan todo por sus hijos, incluida la vida, y que pagan lo que sea a estos contrabandistas estúpidos que les cruzan a través del Mediterráneo hacia un destino incierto en Europa.

“Los europeos también hemos sido refugiados, pero cuando la vida de uno es confortable, es muy humano no querer pensar que tu familia también tuvo que emigrar en el pasado”

La xenofobia es rampante en todo el continente.
Hay países en los que no hablamos del 2% que se declara racista, sino del 25% de la población en algunos casos. Los partidos de extrema derecha utilizan al refugiado como chivo expiatorio de problemas que su sociedad padece por otros motivos.

¿Cómo se corrige?
El gran desafío de las sociedades europeas hoy en día es el apetito voraz por el dinero. Desde que cayó el Muro ya no hay ese equilibrio con el comunismo. Desde ese momento, se abre una especie de caja de Pandora que se ha cargado todos los esquemas y sólo ha dejado uno: el de de sacar tajada.

Y la crisis ha ahondado esas disparidades.
Hoy en día hay más esclavos que en la era de la esclavitud: 32 millones de personas, según las estimaciones. En talleres de confección, en industrias pesqueras… Tenemos que recuperar el discurso de la convivencia y no dejarlo a los ultras. ¿Cuánta gente que hoy acude a manifestaciones de extrema derecha estará avergonzada de ello en 20 años? Tenemos una obligación de luchar e impedir que gane esa retórica del “nos lo quitan todo”.

¿Por qué cree que la Unión Europea (UE) está actuando de manera tan pobre con el tema de los refugiados?
De entrada yo prefiero ver la UE como un éxito inmenso. Hasta muy recientemente teníamos una Europa sin fronteras. Estudias en un país y te reconocen el título en el otro. Puedes cobrar tu pensión donde quieras… ¡funcionan tantas cosas! Si los padres fundadores vieran lo que se ha conseguido…

De acuerdo, pero ahora mismo está paralizada.
Necesitamos una visión de futuro para los próximos 50 o 60 años. Por supuesto, Europa no ha estado a la altura, lo que sucede es que muchos políticos en su país saben que ganan poder yendo contra la UE y los extranjeros, los refugiados. A veces, ser proeuropeo no es sexy. La gente cree que no habría que manifestarse en la calle a favor de Europa, yo sí. Nuestros grandes desafíos comunes ya no se pueden solventar país por país. Ni el cambio climático, ni el de los refugiados. Yo espero una revolución de jóvenes para una nueva Europa del futuro, que no sea tecnocrática, ni adoradora del capitalismo.

Optar por Turquía como patio trasero fue una solución fácil pero…
En ese sentido tiene toda la razón. No hemos estado finos resolviendo toda esta problemática y tampoco creo que la solución de refugiar a los refugiados en Turquía sea buena.

La opción turca se puede volver en contra de Europa. 
Ya se está volviendo en contra y lo estamos viendo. Hace 20 años, cuando el mundo estaba más calmado, el debate en Europa era si Turquía debía entrar o no. Aquella Turquía era diferente, se estaba modernizando, los turcos querían ser europeos y elpaís se estaba democratizando. Aquel hubiera sido el momento de acogerlos.

Ahora…
Ahora no puede ser, creo que los turcos vieron que Europa no les quería en su club privado de tenis. Ahora ellos han creado el suyo, que no es de tenis sino de squash, con lo que pueden golpear la pelota más fuerte, es decir, aplicar las políticas que les interesan.

¿A pesar de todo es optimista?
Sí, pero no optimista inocente. Las cosas se pondrán aún más feas en Europa antes de mejorar. Con las últimas sacudidas, tenemos la oportunidad de acometer grandes cambios, el poder que tiene el individuo para echar abajo gobiernos, como en las primaveras árabes.

Usted lideró una campaña de apoyo a Edward Snowden y de denuncia de las escuchas masivas. ¿Estamos ahora más protegidos?
Sí y no. La gente es mucho más consciente de lo que sucede y ese era uno de los objetivos de la campaña. Los secretos que revela Snowden son de una magnitud increíble. EE.UU. ha intentado vilipendiarlo, pero Snowden está limpio, también su pasado, no ha intentado sobornar a nadie ni ganar dinero ni incrimina a nadie.

¿Qué se ha conseguido?
Que la UE regule más estrictamente sobre escuchas y vigilancia cibernética, que es una gran victoria, y que Naciones Unidas haya establecido que entre las normas de privacidad se incluya la que puede verse afectada por espionaje digital. Creo que eso es muy significativo.

Aunque puedan seguir espiándonos…
En este momento, no me da tanto miedo la vigilancia de los gobiernos, que ha sido más o menos regulada, como la vigilancia privada, la de compañías telefónicas, proveedoras de servicios…, estas sí que tienen acceso a todo lo que hacemos y no estamos hablando de una compañía abstracta. Tienen acceso, pueden intervenir en el correo electrónico, son cosas que no me invento: Snowden demostró que se hacen.

Y no hace falta que seas un experto.
Qué va, por 100 euros alguien te hackea una cuenta de correo de un ordenador concreto, se mete en la cámara del ordenador. Es muy fácil, es alucinante, pero es así. La privacidad se ha esfumado. Lo que antes afectaba sólo a muy poca gente famosa, ahora nos afecta a todos todo el tiempo.

Usted llama a este fenómeno “Pequeño Hermano”.
Sí, es el poder de los nuevos medios y da verdadero miedo. Eso es algo que me preocupa sobremanera. Los gadgets que vemos en las antiguas películas de James Bond ahora están al alcance de cualquiera. Empezando por el móvil, claro. Pueden saber dónde estás, incluso saber qué has escrito aunque lo hayas acabado borrando. Ya sabemos que las grandes compañías de internet trabajan con los servicios secretos, desde Facebook hasta Yahoo o AT&T, que dan información sobre sus suscriptores. Hoy en día el espiado puede ser un terrorista, pero mañana pueden vigilar a un activista del medio ambiente o aquellos que luchan contra grandes corporaciones. Hasta yo me he puesto a escribir más a mano ciertas cosas en vez de dejarlas en el ordenador.

Uxue Barkos, luchadora vital

Uxue Barkos, luchadora vital

A Uxue Barkos Berruezo (Pamplona, 5 de julio de 1964) siempre la he incluido entre esos compañeros de generación a los que nos unen muchos puntos en común. En su caso, al ejercicio del periodismo y la política hay que sumar que somos los primogénitos de nuestras respectivas familias numerosas y que hemos mamado la política en casa, como ella reconoce a lo largo de esta entrevista. Un diálogo fruto de un encuentro que tuvo lugar hace unos meses en un hotel de la Plaza de las Cortes, en Madrid, junto al Congreso de los Diputados, en una soleada mañana en la que iba a celebrarse uno de los grandes debates políticos del año. Uxue desborda energía por todos los poros, una energía que le llevó a una arriesgada apuesta desde su cómoda corresponsalía de la televisión pública vasca en la capital del Reino a jugar un papel en la política vasco-navarra como diputada de la mano de una coalición de partidos nacionalistas que marcaron distancia con la violencia de ETA. Y una energía que le conduce a luchar desde hace tres años contra el cáncer de la mano de su marido, y ante las miradas de su madre y de su hijo Xabier.

Entrevista publicada el 28 de julio 2013
Fotografías: JERÔME VAN PASSEL
Uxue Barkos afirma sentirse una privilegiada por vivir su segunda legislatura como diputada al Congreso. En la imagen, un momento de la entrevista celebrada en un hotel de la Plaza de las Cortes. / JERÔME VAN PASSEL

Uxue Barkos afirma sentirse una privilegiada por vivir su segunda legislatura como diputada al Congreso. En la imagen, un momento de la entrevista celebrada en un hotel de la Plaza de las Cortes.

No sé si para empezar esta conversación coincides en la hipótesis de que los nacidos en el 64 formamos parte de una generación que podemos llamar ‘generación perdida’, entre la de los que protagonizaron o vivieron el contexto del Mayo del 68 y las nuevas generaciones que quieren asumir su protagonismo. ¿Qué piensas al respecto? ¿De qué generación te sientes?
– Pues no me lo había planeado en esos términos, pero es verdad que sí podemos formar parte de una generación puente, un poco perdida, si acaso, como generación en presencia social, con fuerza. Y sí es cierto que seguimos la estela de aquella generación poderosa, que en el caso del conflicto con el Estado arranca con la toma de los poderes de decisión al final de la Dictadura y que todavía hoy vive, y vive activamente en política. Estamos en medio de aquella que hoy está ocupando el mayor de nuestros anhelos e intereses, a esa que tenemos que ayudar a abrir camino porque la cosa viene dura. Es verdad que quizá somos esa generación colchón, en la que unos no acaban de terminar su recorrido vital –digo socialmente- y en la que otros tenemos que ayudarles a entrar. Con una suerte de ausencias y protagonismos que quizá no me lo había planteado nunca, pero es verdad que hay algo de eso.

– En tu caso quizá sí se han cumplido los objetivos que te habías propuesto, como el que querer ser periodista, y después política, ¿no?
-Yo sí tenía muy claro muy pronto que quería ser periodista. Más allá de aquella fase infantorrara de querer ser médico, ayudar al mundo, salvar a la gente… desde muy cría tenía claro que quería contar historias, contar lo que fuera… y me sigue gustando. Es un maravilloso oficio que engancha y tengo claro que volveré a él. Y por supuesto, siempre me ha encantado la política. La hemos mamado en casa, especialmente con mi padre que era un hombre profundamente apasionado con la política, que seguía muy de cerca la actualidad. Y eso creo que a todos nos impregnó. ¿He cumplido, por tanto, los objetivos que me marqué? Pues no creo, porque nunca he sido una persona de marcarme objetivos, y además las cosas definitivas me horrorizan. No me gustan los caminos con metas, los caminos cerrados. Es verdad que al hilo de lo que una mismo se va procurando y las circunstancias ofrecen, pues no sé si estoy donde quería, pero sí estoy disfrutando mucho donde estoy.

– ¿Cómo ha sido tu ambiente familiar?
– Mis recuerdos más lejanos, los primeros en ese sentido, son de una época en la que todo lo impregnaba la Dictadura. De aquello no tengo un recuerdo muy nítido, si acaso las referencias que he podido escuchar en casa, pero sin embargo tengo un recuerdo muy intenso de la Transición. Como espectadora, como una cría. De escuchar comentarios en casa, entre grupos de amigos, de esperanzas… Unido a una época de crisis económica brutal, con unos grandes miedos a pensar el coste que pudiera tener el hecho de romper con el Régimen, el miedo de lo que económicamente podía suponer con respecto al paro, sobre todo cuando lo vemos con los ojos de hoy con cifras dramáticas. Yo creo que esos acontecimientos se vivieron con una enorme intensidad. Pero era una época muy hermosa, trepidante, además especialmente como espectadora-aprendiz.

– Y encima en un contexto especial, como es el vasco o el vasco-navarro…
– Claro, recuerdo con 15 ó 16 años aquellas cargas policiales, aquellas manifestaciones con una tensión agudizada por el drama de ETA. Siempre me ha tocado estar en la oposición. Ser nacionalista vasca en Navarra es pertenecer a una parte menor en la sociedad, y dentro de mi ámbito, además, ser contundentemente contraria al uso de la violencia. Y si le sumas que eso empecé a vivirlo cuando tenía 14 ó 15 años, pues hay que tener un par de narices para posicionarse, porque lógicamente los momentos de la efervescencia de la adolescencia te lleva a justificar lo injustificable más fácilmente. Pero yo siempre tuve las ideas muy claras. Quien me conoce lo sabe bien y siempre fui una persona en ese sentido que en la medida en que me ha tocado vivir mucho en la oposición… ¡Jo, siempre en la oposición! Yo no conozco otra realidad. Bien, pues aquello imprime carácter, casi como el sacerdocio.

– Pero, ¿no tienes la sensación de que estar siempre en la oposición nos hace sentirnos siempre del lado de los perdedores? Porque yo tengo esa sensación y me viene a la memoria cuando en el año 1986 perdimos el referéndum de la OTAN, cuando parecía que lo íbamos a ganar los partidarios del ‘no’, y llegamos a la conclusión de que siempre estamos en el lado de los perdedores…
– Pero yo de mi padre, que era un hombre magnífico, aprendí una cosa hermosísima. Decía que ‘seremos perdedores, pero nunca derrotados’.

– Y volviendo a la tensión añadida de esos años de la transición en un ambiente como el navarro, ¿crees que ya se ha dado paso a otro contexto o aún perduran las posiciones extremas? Porque recordamos el caso de la condena a una ex concejala de UPN (Unión del Pueblo Navarro) por haber vulnerado tu honor durante el transcurso de un agrio debate en un Pleno del ayuntamiento pamplonés.
– Mira, yo siempre digo que estoy cansada de ver carlistas en mi tierra, fusil al hombro derecho o fusil al hombro izquierdo. Tenemos unas herencias complicadas. Navarra es una tierra convulsa para lo bueno y para lo malo. Cuando una sociedad ha avanzado además con un bienestar social muy grande, con una dimensión de las cosas distintas a otros territorios, uno es heredero de lo mejor y de lo peor de los suyos, pero uno está obligado también en el curso de los años, con el curso del bienestar… a revisar lo peor de los suyos. Y no se puede vivir de la confrontación política y electoral, porque esa situación lleva a una fractura social. Y una imagen de una sociedad fracturada fue el incidente que tuve con esa concejala, que por cierto es una mujer con una formación más que sólida, de creencias cristianas -yo no lo soy, pero sí he vivido en un ambiente familiar con el ejemplo de mis padres, y sé lo que supone ser cristiano o católico, como este caso- y francamente me sorprende y me indigna, es inadmisible. Pero se ha llegado a una fractura que explica que se pueda llegar a ese ejercicio de miseria humana. Aquello ocurrió, fui a juicio, todo el mundo me dijo que iba a perder… y sin embargo gané. No es fácil, porque a veces parece que un político tiene más difícil defender su honor que cualquier otro ciudadano.

“Siempre he tenido claro que me ha gustado mucho contar historias”.

– ¿Cómo has vivido el paso del periodismo a la política?

–  Pues es una suerte de circunstancias que se precipitaron todas en muy poco tiempo, y quizá si lo hubiera pensando antes…(Risas). No, hablemos en serio. Mira, la sociedad civil que no está dedicándose activamente a la política, por decirlo de alguna manera, tiene mucho que aportar, y es una manera de trabajar y escenificar ese compromiso. Yo sí creo en la política como herramienta y arma para construir una sociedad, aunque es verdad que el partidismo, y fundamentalmente el bipartidismo que hemos vivido estos años en el conjunto del Estado, ha hecho mucho daño. La sensación de alternancia, el ‘te quistas tú para ponerme yo, pero ya volveré yo’, ese juego que finalmente lleva a comprenderse hasta en los errores más miserables, como los que estamos viviendo ahora, o como vivimos aquella última etapa del ‘felipismo’ en el 94 y 95… fue dramático. Todo eso hace un enorme daño a la política, por lo que creo que es muy positivo aportar desde una posición modesta como la nuestra, desde la dimensión de lo que Navarra puede aportar al conjunto del Estado, y en un momento en el que se podían conseguir ámbitos por nuestra propia división. en ese contexto de finales de 2003, Aralar, que es una escisión de HB, hace una apuesta por la política en contra del uso de la violencia. Nos permitía hacer unos números diferentes, fruto del esfuerzo conjunto, con la posibilidad de un resultado hasta entonces diferente. Y en ese escenario no era fácil encontrar una persona que quisiera meterse en este berenjenal, y siempre en el caso de que las cosas fueran bien. Yo entonces estaba viviendo aquí en Madrid, como corresponsal de ETB [la televisión pública vasca], y recuerdo el día que se anunció que nacía Nafarroa Bai y una compañera me trajo un teletipo y me dijo ‘mira esto es algo de lo que tú siempre sueles hablar…’. Y en el momento en el que me llamaron unas semanas después lo compartí con mi marido, porque era una decisión a dos, teníamos un niño muy pequeño entonces (con un año y medio) y él me animó diciéndome que ‘si no lo intentaba no te lo vas a perdonar nunca’.

Apasionante etapa política

– Y en ese momento empiezas a verte como una periodista metida en la política…
– Sí, es cierto. Yo siempre he dicho que los periodistas que hacemos información política estamos metido de lleno en la propia política. Lo que no podemos hacer es partidismo, pero es que la política está en nuestro ADN, en la manera de construir una sociedad y la apuesta que hacemos. Y con toda la modestia, y sin saber si lo íbamos a hacer conforme a las expectativas que teníamos en ese momento entre esa parte importante de la población de Navarra, yo sí pensé que podría hacer algo con dignidad.

– ¿Cómo te has visto, después de estos años, en ese encaje del mundo de la política y del periodismo? Sobre todo ante esa generación de la que hablábamos al principio que ya estaba en la política y en el periodismo cuando tú llegaste…
– Mi experiencia televisiva me permitió a que por lo menos en las formas tuviera un cierto rodaje. El 14 de marzo de 2004 me presenté por primera vez a unas elecciones, y en abril me presenté en la tribuna del Congreso en un Debate de Investidura de José Luis Rodríguez Zapatero. Era una situación verdaderamente kafkiana. Pero ha sido una etapa apasionante. Me fascinaba de aquellos años primeros del 92 al 95 que estuve en Madrid, del final del gobierno de Felipe González, que alguno de sus ministros me los he cruzado ahora aquí en el Congreso, y pienso que no terminan nunca. Al mismo tiempo yo sí creo que debe haber personas que dediquen toda su vida a la política y esa circunstancia no tiene por qué ser negativa. No quita, sin embargo, que cuando en ese lapso tan largo de tiempo están los mismos dirigentes, es verdad que algo falla.

– ¿Hay alguna persona que te haya marcado especialmente en tu vida? ¿Quizá tu padre?
– Hombre, mi padre y mi madre. He mamado de ellos lo mejor que tenían. Seguro que también  algunas cosas que no eran tan buenas. Siguen siendo un referente fundamental. La verdad es que creo que es propio de familias numerosas. Yo soy la mayor de seis hermanos y me imagino que eso marca en gran medida. Mis padres nunca han pretendido ser amigos de sus hijos… De mi padre sí que he heredado que somos unas personas de mucho carácter, muy efervescentes, nerviosas y combativas. De mi madre, quizá, su sentido común. Es una mujer excepcional. Volviendo a mi padre, creo que he aprendido su pasión por el hecho de convivir, su empeño en hacer sociedad, en la forma de comprender al prójimo, al otro. Mi madre le ha tocado tirar del carro, con los pies en la tierra. Mi padre ha sido un gran educador de adolescentes, mientras que mi madre ha sido excepcional en criar bebés, niños, adolescentes… De mi madre aprendo todos los días, y me sorprendo aún de su gran capacidad retórica, que yo he heredado, pero no a su nivel. Ella sigue contando cuentos a sus nietos y todavía se nos cae la baba a los hijos… con el mérito de tener una formación muy básica, muy de las mujeres de su época. A mí me tiene maravillada.

– En todo ese contexto y trayectoria periodística, política, familiar… llega tu enfermedad.
– Pues un cáncer es un susto. Yo siempre digo que en un mundo como el nuestro, donde somos los ricos del planeta, se nos olvida que tenemos que gestionar recursos de ricos, es verdad que de ricos venidos a menos, pero de ricos, hay algún momento que tienes que enfrentarte a un desafío. En esa sociedad nuestra, un cáncer, en una edad como la mía -tenía 46 años- es la primera vez que te asomas al vértigo de la muerte, y recuerdas lo que le susurraban al oído a los emperadores romanos: ‘no olvides que eres mortal’.

– ¿Hasta entonces no habías tenido que enfrentarte a una posibilidad de una situación de muerte cercana?
– No, más allá a lo que la naturaleza te va marcando, como la muerte de una abuela, de un tío un tanto joven…

– ¿Y en esos momentos de dónde coges fuerzas?
– Pues simplemente de querer seguir viviendo. Fíjate, yo creo que nunca pasas miedo. Si acaso los momentos más dolorosos los he vivido por el dolor que he visto en los otros, en mi hijo o en mi madre, que ha sido la gran compañera en todo este recorrido. Y sobre todo con mi marido, que hemos sido los dos verdaderamente fuertes para asumirlo y seguir adelante. Porque mi padre no se encuentra en una situación como para vivirlo conscientemente, y además esta situación te hace volver a la infancia. En este proceso hay mucho para aprender, ¡sobre todo cuando sale bien, claro!

– Tú ahora sigues tus controles con relativa normalidad, ¿no?
– Sí, paso periódicamente las ITV como yo les llamo, y no te niego que son un proceso duro… Yo digo que no pasa nada, que estoy fuerte, que todo va a ir bien… pero cuando va llegando el momento esperas con impaciencia los resultados de los análisis, miras a la cara del radiólogo o del oncólogo a ver si adivinas algo… Es inevitable, es humano, pasas miedo.

Entrevista con Uxue Barkos en el hotel Villa Real, Madrid, el 20 de febrero 2013

“El carácter se forja en la oposición”

–  Un acontecimiento…
– El más hermoso, el nacimiento de mi hijo.

– Aparte de tus padres, alguna persona que sea referente en tu vida…
– Siempre guardas recuerdo de algunos profesores. Yo recuerdo a mis profesores de la ikastola, de la educación desde pequeñita hasta los 17 años. A muchos, y muy importantes, porque se dejaban la piel en aquellos años finales de los 60, y sobre todo por lo valiente que fueron aquellos padres que crearon una cooperativa y tiraron hacia delante. La dedicación de aquel profesorado, su convicción, la entrega a la educación de esas generaciones, como eran la nuestra… se dejaban notar. Hoy también, porque sigue siendo el mismo centro al que va mi hijo, pero ahora es otra historia, un centro reputado, reconocido… Pero sigo viendo a alguno de esos profesores y me siento una privilegiada al recordarlos. Quizá tengo especialmente marcada a una profesora de francés que me dijo “no te preocupes, que el carácter se forja en la oposición”. Y la oposición entendida en todos los órdenes de la vida. Se moldea y se modela el carácter.

 – Me imagino que esto te ha servido para lo momentos más difíciles.
– Sí, fíjate, cuando mi marido Jesús y yo decidimos que debíamos contarle a nuestro hijo lo de mi enfermedad, él tenía 8 años, y se iba hacer público y salir con pañuelo por la calle, me preocupaba que el primer embate en su vida fuese este, que no supiera reaccionar, porque Xabier no había sufrido nada hasta entonces, ni en el parto, ya que vino con cesárea. Luego ha sido un valiente, que cuando ha pasado miedo lo ha contado después, a su manera, lógicamente. Lloraba, pero se tapaba con la almohada para que no lo viera. Pues bueno, ya ves, el carácter se forja en la oposición, en la dificultad, en los momentos difíciles…

– Imagino, entonces, que otra persona fundamental es tu marido…
– Por supuesto, mi marido, mi compañero… que hemos sido parejas tardías en los dos casos. Desde el primer momento ha sido un magnífico compañero.

– ¿Y recuerdas algún momento periodístico muy especial, con intensidad?
– Recuerdo uno muy visual, muy cinematográfico, que condensa muchas cosas. En aquel final del gobierno de Felipe González, recuerdo estar cubriendo para Euskal Telebista una entrada a la Audiencia Nacional de varios altos cargos del PSOE para una comparecencia por el tema de los GAL y el uso de los fondos reservados. La gente que estaba agolpada en la puerta de la Audiencia les gritaba “¡ladrones, ladrones!”… Y yo decía, ‘ladrones, no; es peor’. Es que se habían utilizado las herramientas del Estado de Derecho para asesinar. Aquello me impactó y luego entendí que ante ETA se justifica lo injustificable, que lo que más nos preocupa es el bienestar general y que ante esos hechos se era muy comprensivo. Y yo pienso que no, que hay que ser implacables.

– ¿Algún momento singular de la política?
– Sobre todo cuando subí a la tribuna de oradores del Congreso por primera vez, pero hay un momento hermosísimo que tiene que ver con nuestro proyecto político, de carácter muy local. Cuando en noviembre de 2011 sacamos el escaño de Geroa Bai, fue un escaño conseguido voto a voto. Recuerdo que el día de las elecciones recibí una llamada poco después de las 9 de la mañana de una persona que no conocía, de Peralta, un pueblo de Navarra. Me dijo: ‘tú no me conoces, pero quiero que sepas que a estas horas del 20 de noviembre ya tienes cuatro votos en Peralta’. Esa zona no es tradicionalmente de nuestro voto, y me emocionó de una manera especial. Además la noche electoral fue épica, en pequeñito, eso sí… Este escaño sí está construido por la pasión, por la convicción política. Me parece algo tan hermoso… que me siento muy privilegiada y, por supuesto, responsabilizada por hacerlo bien. Estoy obligada a trabajar mucho y bien.

– Un dolor…
– Las miradas de mi madre y de mi hijo durante el tratamiento de la quimio.

– ¿Y un libro que te haya emocionado profundamente, que te haya marcado?
– Hay muchas lecturas, pero quizá porque era muy cría, me impactó “La verdad sobre el caso Savolta”…

…que leímos todos en el instituto.
– La disfruté por la estructura narrativa… y es verdad que siempre me ha gustado mucho la novela con raíz histórica. La historia de aquella Barcelona convulsa de principios del siglo XX era un momento apasionante. Pero también disfruto mucho con el cine…

Generaciones

Generaciones

Los hijos del “baby boom” de mediados de los 60 no entendemos prácticamente nada. Nacimos cuando el Madrid paseaba sus glorias por Europa con media docena de trofeos que, para mayor gloria de los que somos merengues, ahora hemos vuelto a conquistar. Observamos a nuestros vecinos de generación apuntarse a los deseos de cambios políticos y sociales, y hemos tenido que ir a remolque de sus lúcidas visiones de lo que era políticamente correcto. Ahora estamos hechos un  lío, con este mar de dudas sobre lo que es o no es la actividad pública. En realidad llevamos ya varios años intentando comprender el porqué nos meten en un saco para el que no hemos sido llamados. Es decir, conocer de verdad las razones mediante las cuales se alzan en nuestra representación pública sin apenas habernos dejado decir “esta boca es mía”.

Desde finales de los 70 han variado muy poco las caras de nuestros políticos y representantes varios. No sólo en el ámbito nacional, sino en el regional y local. También podemos decir casi lo mismo en las diversas instituciones de la cultura, la economía, las finanzas y todo lo que tiene que ver con la “cosa pública”. Nosotros no hemos cambiado casi nada. Ellos, mejor dicho, algunos de ellos, han sido capaces de, o bien defender posiciones que antes criticaban, o cambiar hasta de partido, institución y de siglas sin sonrojarse. Eso sí, después de haber alcanzado algún puesto allí donde están. Cumplen perfectamente aquello de “si quieres conocer a fulanico, dale un carguico”. ¡Y mira que resulta difícil hacerles llegar el mensaje de que ya está bien!

Cuando menos, intentan contentarnos con dejar pasar a alguno de nosotros a disfrutar las mieles del reconocimiento público. Algo sucede así en la literatura. Pero dentro de una esfera marginal, fruto de estos tiempos y sin proyección de futuro. Y lo más grave de todo ello es que los recambios están ya algo caducados. Apatía, desinterés, cuando no fatalismo, son rasgos que podrían definir el futuro a corto plazo. No es pesimismo, no, lo que pretendo transmitir con esta breve reflexión, sino realismo del puro. De ese que permite observar la realidad desde una cierta distancia pero con deseos de que levantemos la voz para gritar que ya es hora de que demos un paso hacia delante. De transmitirles el mensaje de que ya no hablen más de nosotros con su actitud paternal.

Los hijos descarriados tenemos que ejercer como tales. Que no nos sigan engañando con sus batallas dialécticas en los medios y sus acuerdos de salita de estar. Que no hablen de renovación y regeneración  mientras no practiquen de manera palpable una retirada a tiempo. Que  no nos bombardeen de lo que bien que va todo, mientras una de cada tres familias sigue apretándose el cinturón para llegar a fin de mes. Que se dejen de monsergas y de prepararnos un futuro apacible, y sean incapaces de dar un salto adelante a la hora de construir una democracia más participativa en todos los niveles de la vida. Que, en definitiva, no continúen creyéndose poseedores de las verdades absolutas cuando muestran sus debilidades hasta en las esferas más íntimas de su propio ser.

Jorge Drexler: “Vivimos en un presente muy estrecho”

Jorge Drexler: “Vivimos en un presente muy estrecho”

Jorge Abner Drexler Prada (Montevideo, 21 de septiembre de 1964) llegó a España de la mano de Joaquín Sabina en 1995. Diez años después me cautivó con su canción  Todo se transforma y cuando descubrí que era de la generación del 64 no dudé en que tenía que formar parte de este proyecto que ahora empieza a tomar cuerpo. Azares del destino llevaron a que cerrara su gira Mundo Abisal en Murcia (España) y esta circunstancia  permitió que tuviera lugar nuestro encuentro, en una sala anexa al Teatro Circo. Muy afectado por la muerte de Roque Bergareche con quien le unía muchos lazos de amistad -al igual que con su hermano Jacobo– en esta primera entrevista de la Gente del 64 nos cuenta su recuerdos de infancia, sus inicios en el mundo de la música, cómo Twitter le ha permitido volver a la poesía y lo que ha supuesto la paternidad en su vida. Los del 64 formamos parte de una generación intermedia. No somos de la generación hippy, la que protagonizó la transición española, la que nos ha gobernado en la mayor parte de nuestra vida -y aún hoy lo hace- y la nueva, la tecnológica. Quizá estamos a medio camino. Las imágenes son de Jerôme Van Passel.

En un momento de la entrevista, Jorge Drexler muestra algunos de sus tuits, en Twitter, donde se ha reencontrado con la poesía.

¿De qué generación te sientes?
Pues la verdad es que creo que mi realidad es muy diferente a la de ustedes en España. Vengo del Uruguay y cuando aquí empezaba la libertad, allí lo hacía la dictadura. No me resuenan ninguna de esas experiencias. Yo entré en la Facultad de Medicina en el año 1983, que fue el año en el que empezó la cultura política para que volviera la democracia en el 84. Yo soy de la generación de la dictadura. Viví la dictadura en el 73, con 9 años, y salí con 19, y a mí eso me marcó generacionalmente, pero no creo que haya mucha conexión con lo que pasaba aquí. La dictadura en Uruguay detuvo todos los procesos de evolución social. El país quedó sin década de los 80. Mi sensación es de que se pasó de los 70 a los 90 y tampoco tuvo claramente una década de los 70. Tuvo como los 60… y de golpe estábamos terminando en los 80. Yo que soy muy abierto a escuchar música de todos los lados, era tal la presión que generan las dictaduras que estuve más concentrado en ese momento en buscar una identidad, en quitarnos de encima la dictadura, que estar en alerta a lo que pasaba en el mundo. En pleno 83 y 84 estábamos escuchando a The Cure, tomando la música folklórica del Río de la Plata como un emblema. Para mí fue una pérdida, yo me perdí mucho de los 80. Y me sentí fuera de lugar en esa década, hasta llegar a los 90 en los que me sentí muy cómodo.

Un momento del ensayo en el Teatro Circo de Murcia. /Foto: Jerôme Van Passel

Creo que en esos momentos en España conocíamos poco de Uruguay, al que se citaba como “la Suiza de América Latina. y Quizá algunos referente con Mario Benedetti o cantautores como Daniel Viglietti
Había más de un país al que se le denominaba así, como a Chile o Costa Rica. Es un país muy razonable, con una cultura de diálogo dentro de la sociedad y laico, con poca presencia de la religión y un espíritu que luego descubrí cuando llegué aquí: antireligioso.

Pero sin embargo tus orígenes sí están marcados por la religión, ¿no? Porque tus orígenes son judíos…
Sí, mi familia es judía pero me crié en un ambiente laico, fui a la escuela pública, que es laica y gratuita desde el siglo XIX, porque en 1879 Uruguay separó la religión de la educación. Tiene ley de divorcio desde mucho antes que otros países del mundo. Los primeros sindicatos legales… Es un país muy avanzado en derechos sociales.

¿Y qué recuerdos tienes de tu infancia que te hayan marcado?
Había mucha agitación política cuando yo era chico…

¿Eso marcaba que fuérais precoces en el conocimiento de la realidad?
La política era un elemento más de juego entre los niños. Antes del 73 vivía en El Prado, tendría 6 ó 7 años, y sabía lo que votaban todos los niños de la escuela. Pero no lo sabía porque me lo dijeran, sino porque jugábamos al enfrentamiento político. Éramos un eco de lo que pasaba en la sociedad. Sabía que la de la esquina votaba a… Que nosotros votábamos a los del Frente Amplio. Los niños, con la ausencia de los padres, pintábamos todo el jardín con los colores del Frente Amplio.  Jardín que después hubo que tapar, porque pasó a ser clandestino. Éramos muy consicentes de todo lo que pasaba. Quemábamos libros en el jardín. Había un clima de violencia, y mis padres eran médicos, y quitaban el cartel de la puerta de casa, destornillándolo, porque ser médico, en cualquier tiroteo, si alguien estaba clandestino no iba al hospital, y buscaban chapas de médico. Luego estaba la disyuntiva de atenderlo y claro, no lo ibas a denunciar, por lo que pasabas tú también a ser sospechoso contra el régimen. Recuerdo toda esa tensión en mi casa. Y cuando comienza la dictadura, la conciencia infantil.

Los ciclos van y vienen

Una realidad muy distinta a la realidad que se vivía en Europa, cuando llegas aquí…
Entonces no había tanta diferencia, porque me vine aquí en el 95, y Uruguay llevaba ya diez años de democracia. Y esa, por tanto, no fue la diferencia. La diferencia fue que yo pensaba que la decadencia económica era una variable, una constante en todas las sociedades… Y aquí era lo contrario. Era un país que llevaba veinte años de crecimiento y estaba en pleno desarrollo… Las aceras estaban cuidadas, la arquitectura urbana se hacía con excesos, pero con muchos excesos, como en Uruguay. En Montevideo nos cagamos toda la arquitectura de principios del siglo XX. La salud pública funcionaba aquí y había una sensación de igualdad en la distribución de la riqueza que no tiene ningún país latinoamericano, a pesar de que Uruguay era diferente.

Quizá nosotros estamos viviendo parte de lo que vosotros vivisteis en los 90…
Sí, yo creo que lo que se está viviendo es un gran desencanto, que no me ha pillado con sorpresa. Yo siempre supe que esos ciclos van y vienen. Lo normal en mi país era que uno viviera en la casa que habían tenido los abuelos, la casa de veraneo que se usaba tres o cuatro veces al año, y que luego esa casa la usaran dos o tres familias, fragmentada, porque la familia se había empobrecido. Era lo habitual. Mis amigos vivían en casas que se habían derruido, y que luego se habían fragmentado. Eran casas familiares muy grandes. Y aquí era al revés. Los abuelos vivían en casas chiquitas en el pueblo y los hijos tenían unas supercasas, y los nietos tenían cada uno su piso y su coche… Y no lo podía entender. Yo me licencié de médico con 27 años, y cuando vine aquí con 30, ninguno de mis amigos médicos tenía coche, vivíamos en un mundo material muy restringido. Y no nos importaba, la verdad. Ahí siempre tuve claro que entré tarde en el consumo, lo suficientemente tarde para entrar, en los 90 y primera década del siglo veintiuno, siempre consciente de que eso era efímero… y pasó y va a seguir pasando. Y creo que ese es el aspecto positivo de la crisis, que es aprender a verla con perspectiva. En los 90 realmente nadie en España lo imaginaba. Nadie recordaba que hace 30 años había habido una oleada de emigración gallega, en los 50, enorme, con hambrunas, con mucho atgraso en las zonas rurales y la última inmigración en Uruguay, en los 50, fue una emigración gallega muy importane. Y la gente no lo recordaba. Y sus nietos volvían a España a coger el pasaporte… Espero que eso sea una lección de vida muy importante. Los ciclos son pendulares.

Es posible que perdamos la memoria y la dejamos al lado cuando tenemos esas experiencias de tanto contraste… Como hijo de la emigración, ya que mis padres fueron a Francia a comienzos de los 60, observo con sorpresa que a la sociedad española le ha costado integrar la realidad de la emigración…
Yo creo que somos entidades preparadas para olvidar la gran verdad, que está toda la vida presente, que la vida es efímera. Aprendemos a olvidar eso, vivimos en un presente muy estrecho. Si fuéramos conscientes de dónde venimos y hacia dónde vamos, de esa sensación -aunque conozco a personas que lo hacen- descubriríamos que todos estamos hechos para esa noche, a pesar de todo, sentarnos con los amigos y levantar una copa de vino. Estaría bien recordar que este es un país de emigrantes, que ha viajado todo el tiempo. Y lo más importante es que todos los países han estado abiertos a la inmigraciñón. Nadie puede tirar la primera piedra.

Una brasa que empezó a arder

¿En qué momento decides que lo tuyo va a ser la música y dejas aparcada la medicina?
En el 87 tuve la primera duda, cuando estando en la Facultad de Medicina gané un concurso literario, tanto en poesía como en cuento. Fue como un shock. Fue la primera vez que tuve un reconocimiento artístico. Y me dije: igual tengo algo que decir el mundo artístico. Y ese germen, esa brasa, empezó a arder muy lentamente, pero también es verdad que  sistemáticamente me encargué de avivarla y mantenerla viva… hasta que se quemó todo el resto y acabé en España.

¿Cómo viviste ese momento? ¿Con ilusión, con grandes expectativas, con contradicción…?
Durante años mi conflicto principal era el conflicto vocacional. Estuve muchos años preguntándome qué hago, qué debo hacer, cómo lo hago. Mi cabeza se íba a buscar qué debía hacer con la profesión. Una vez que tomé la decisión ya no tuve más conflicto vocacional. Y no le he dado vueltas. Ni un instante. Nunca me arrepentí de eso. Es verdad que todas las cosas que hago suelo repensarlas mucho después, pero esta no. Era muy claro, muy evidente, y además lo hice estratégicamente, lo monté muy bien como para que no hubiera vuelta atrás. Quemé las naves. Eso sí, lo estuve pensando mucho, mucho, mucho… dentro de mí, dejándolo crecer en secreto… y cuando llegó el momento fue simplemente un paso, de un barco a otro, y ya sin otra elección.

Foto: Jerôme Van Passel.

¿Hubo alguna persona que en ese momento fuese un referente para tomar la decisión, que le confirieras una autoridad especial a la hora de decidir?
En ese momento mi deuda principal fue con Joaquín Sabina. Él me vio tocando en Uruguay y me dijo ‘¿qué haces tocando aquí?, vente a España’. Tenía una cosa de la que yo carecía en absoluto: mundo y perspectiva. Él sabía más de Montevideo que los que vivíamos allí, en el sentido de que como conocía Lima, Santiago, Asunción, Buenos Aires, Badajoz, Guadalajara… y Murcia, él conocía todo el contexto, y te veía y ya sabía en lo que estabas. Evidentemente era la época de oro de la industria discográfica española, era increíble. Ahora es impensable, pero entonces uno llegaba y si podías rimar casa con taza tenías un contrato discográfico. Y con que tocaras más o menos bien y fueras para adelante… también se generaba mucha cosa que no duraba más que un disco. Yo estuve a punto de no durar más que un disco, porque fui un pésimo vendedor.  Cuando empecé a vender alguno se hundió la industria discográfica. Eso me pasó en 2005 con Eco, cuando llevaba medio año en el mercado. Vine a España y me di cuenta de que podía vivir de la música y que había una receptividad muy generosa para lo que yo hacía. La gente te escuchaba con atención y podías tocar la guitarra y no necesitábamos tener, como decimos en Uruguay, un power man. Yo era un músico de músicos, uno quería demostrar que podía tocar con muchos tambores, con bajo y hacer cosas complejas rítmicamente. Llegué aquí y la gente prestaba atención a las letras. Yo hasta entonces siempre escribía primero la música. No obstante me consideraba músico más que letrista, y esta situación empezó a invertirse cuando llegué aquí.  Empezaron a pedirme letras, como cuando empecé a trabajar con los flamencos y yo me decía ¡qué curioso, les interesan las letras. Ahora hago una cosa y otra, aunque últimamente escribo muchos textos sueltos. He vuelto a escribir poesía gracias a Twitter.

¿Cómo lo ha hecho esta red social?
Yo no sé a los demás, probablemente Twitter sea una basura el 98 por ciento de lo que se escribe, pero hay un 2 por ciento que a mí me interesa y que rescato. Y luego tiene una propiedad, y es que al tener que resumir en 140 caracteres lo que estás diciendo se limpia de paja y determina un género literario. Se busca las cosas que pueden hacer gracia con textos breves, la agudeza de pensamiento, el sentido del humor, las rimas, la estructura del texto, los palíndromos. Hay mucha gente escribiendo palíndromos, los mejores que he visto en mi vida en el idioma español. Epigramas, aforismos… todo lo que sean estructuras de versos corto, cuartetas, quintetos, hasta sextinas o sextillas. Una sextina de seis octosílabos puede entrar en 140 caracteres si tiene muchas terminaciones agudas. Las quintillas entran todas. Yo con Twitter tengo una relación no muy diferente como la que mantengo con los discos. En los discos uno habla de su propia vida pero no hago de eso el eje, en el sentido de que no estoy aquí ni siquiera para opinar o para narrar. Tengo el mismo tipo de diálogo, expreso mi realidad con códigos que me lleva más tiempo escribirlos que leer más de uno. Me lleva más de 40 minutos cada tuit. Casi siempre hago las quintillas. Escribo algo así y sublimo algo, haces algo a partir de un dolor, generas una pequeña célula creativa y eso alivia un poco.

Emociones humanas

El momento creativo ¿va a menudo unido al dolor? ¿Una canción compuesta  en esta situación llega más a la gente?
Hay una diferencia muy grande entre estar feliz y estar triste. La felicidad es una experiencia autosuficiente, no precisa de otra cosa. Si encaja con otra cosa, con una canción como Good Day sunshine de The Beatles se potencia, pero no se precisa. El dolor y la tristeza buscan permanentemente un alivio. Todas las disciplinas artísticas son puentes de un estado u otro. No es que se escriba mejor con dolor, es que la gente lo busca más, lo precisa, y uno encuentra más resonancia. También cuando está con dolor, uno escribe y se alivia. Y cuando uno está con alegría, uno escribe y eso potencia. Y a veces es más importante aliviar que potenciar un sentimiento. Siempre fui muy enemigo de que uno escribe mejor cuando está triste o sufre desamor. Todas las emociones humanas me son naturales, dependen más de la intensidad y del foco que haga uno. Me cuido mucho de las dosis de dolor.

¿Qué ha supuesto la paternidad en tu vida?
Pues es la experiencia más determinante. Cambia mucho tu cotidianidad. Pierdes un montón de cosas y ganas otras. La gente suele destacar las que pierdes, en una dirección. Pero he aprendido a dosificar mucho tiempo. Cuando tenía mucho, tardaba meses en componer una canción. Cuando nació Pablo, mi primer hijo, y tenía que componer un disco, escribía una canción por día. Escribí todo el disco en diez días. De las diez de la mañana a la hora de comer me ponía, y pim, pim, pim… salía la canción. Con la paternidad te vuelves mucho más vulnerable y tienes sacar tiempo para otras cosas  que antes no tenías en cuenta. Una experiencia maravillosa para mí… y por eso la repetí tres veces (risas).

 

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Brevemente…

Un acontecimiento en tu vida.
La llegada del hombre a la luna. ¿Creo que fue en el 69? Es el primer recuerdo que tengo… Volvíamos de La Paloma y lo recuerdo porque no llegábamos a casa y paramos en la casa de un tío que vivía en la carretera para ver la llegada del hombre a la luna. No sé si lo recuerdo porque me lo contaban tanto que tengo esa imagen guardada. También la caída del Muro de Berlin, en el 89, ya que estaba en Europa. Intenté llegar a Berlín pero había grandes colas para acceder a la ciudad.

Una persona.
Borges, soy fanático de Borges.

Un beso.
Bueno, uno que nunca dí pero que conté en una canción, La Luna de espejos. No lo dí pero lo conté.

Un sonido.
Hay un tipo de pájaro que sólo está en el paisaje de la Pampa., el Uruguay y el sur de Brasil, que cuando lo escucho en una película es como si me transportara de vuelta allí. Porque el del mar es más internacional y el de los pájaros es más específico.

Un dolor.
El primero de cuando uno es chico y pierde un familiar.

Una canción.
My Sweet Lord de [George] Harrison.

Un libro, una obra de arte, una pieza de creación…
Revolver, de los Beatles.

…Y una mirada
Aprendí mucho de la mirada de Daniel Burman, cuando trabajaba como actor con él [en La suerte en tus manos]. Fui entrenándome para ver a traées de sus ojos durante un mes. Resulta muy curioso cómo se mete uno a través de la mirada de otro.

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