De lo que no quiero hablar

De lo que no quiero hablar

No quiero hablar de La Manada, de la sentencia, del tribunal y de la prepotencia para agredir en grupo a una chica de 18 años y que todo quede en un simple caso de abusos sexuales y no de agresión sexual. Tampoco de que la tipificación de estos delitos responda a una cultura patriarcal, machista y sin sentido. Ni que dos de los culpables manchen con sus bailes, borracheras, grabaciones, tatuajes, chulería y delincuencia a la Benemérita y a la UME. O que para divertirse haga falta perder el control y que las fiestas populares se conviertan en botellones a lo bestia. No voy a hablar de ello. (más…)

Por qué la izquierda se pelea y la derecha se ama

Por qué la izquierda se pelea y la derecha se ama

Semana genial para quien trata de disputarse el escenario de la izquierda de este país. Geniales son los episodios vividos en Podemos, con ese despiste de que en el canal de Telegram apareciera un plan perfecto para descabalgar a Pablo de la montura del caballo de Vistalegre II, o en el PSOE, con la oferta (o no) a Carmena para que siga en la Plaza de Cibeles, pero con el cobijo de las siglas del partido del Pablo Iglesias que se la jugó de verdad en momentos difíciles. Ni el mejor estratega al servicio del presidente Mariano es capaz de bordarlo de la manera que la izquierda lo hace para destapar sus cuitas internas. Desconsuelo es el que vuelve a anidar en miles de personas que precisan de referentes claros a la hora de sentirse identificadas con un proyecto y unos liderazgos diferentes a los dominantes. (más…)

Cuando la verdad no importa

Cuando la verdad no importa

Una de las máximas que han inspirado a Cristina Cifuentes y a su corte de asesores en la fase final de su escándalo ha sido la que se atribuye a Sun Tzu en El arte de la guerra: no hay mejor defensa que un buen ataque. En la versión de Thomas Cleary no he conseguido encontrar esa cita, achacada también a Napoleón, uno de tantos inspirado como Maquiavelo o Mao Tse Tung por ese tratado de estrategia del general chino de hace más de dos mil años. No obstante, el manuscrito sí recoge que “la defensa es para tiempos de escasez, el ataque para tiempos de abundancia”. Cambien escasez por mentira y abundancia por verdad, y tendrán resuelto el enigma. (más…)

¡Al suelo, que vienen los nuestros!

¡Al suelo, que vienen los nuestros!

Que el paso de los años deja huellas indelebles en nuestra historia personal es tan evidente como que en la Región de Murcia tenemos lo que nos merecemos. ¿O no parece un despropósito que el designado presidente del Gobierno acuse al resto del mundo mundial de ser el responsable de inferir una ´estocada de muerte´ al Mar Menor con unas enmiendas aprobadas anteayer en la Asamblea Regional? Olé, olé€ y olé. Madre mía, ´mi arma´, cómo tiene que estar el patio por dentro como para acusar a los otros de los despropósitos de dos décadas de inacción, miradas hacia otro lado, apuestas imposibles y especulación al galope. (más…)

Caciques y siervos

Caciques y siervos

En el tiempo que me reste de vida no quiero perder ni un momento en el que deje espacio a la insensibilidad frente a las injusticias. Frente a la sinrazón. Frente a quienes se encargan de ejemplificar la peor faceta del ser humano que, a mi juicio, no es otra que la figura que representa el abusón, quien ejerce el poder del fuerte frente al débil, quien se cree superior y hace ostentación de ello. De los caciques. Por eso siempre me he rebelado contra las iniquidades, las ilegalidades, los desafueros. Todo lo que tiene que ver con el disfrute de una posición privilegiada para someter al otro. Con el engaño, la manipulación, la mentira.

Admiro siempre por eso a quien es capaz de encarnarse en las realidades más duras de la vida, quien decide mojarse por quienes no tienen voz, por los olvidados, los que callan, los sometidos. Las buenas personas que no se resignan con lo que hay. Las buenas personas de andar por casa, que no presumen de ello, ni condenan a quien sigue otro camino. Las buenas personas que se la juegan.

Esa rebeldía que considero innata es la que aún hoy bulle en el interior de mucha gente que no quiere inmunizarse ante la soberbia, la chulería, la prepotencia y el caciquismo que pueblan los comportamientos de nuestra sociedad. Soberbia, chulería, prepotencia y caciquismo que están arraigados desde las más íntimas relaciones humanas, como las encontramos en la pareja, en la que la mujer se lleva la peor parte, o en las familias, donde niños y ancianos son el eslabón débil de la cadena.

Los caciques dejarán de serlo cuando los siervos se conviertan en amos de su destino.

Las hallamos también en las relaciones laborales, donde el callar y asentir de manera mecánica parece ser la única solución para garantizar un salario de miseria. Por supuesto que también en los injustos intercambios económicos de una sociedad en la que el poder del más fuerte sigue siendo la ley que marca la actividad lucrativa. En una economía que ha conseguido hacernos creer, a través de la cultura y la educación, que es la única posible. No digamos nada de la política, contaminada por una corrupción que no deja ver los árboles del buen gobierno, de la ética en los comportamientos, del sentido de la responsabilidad y el servicio público para el bien común.

josemdelaa / Pixabay

Nada de lo humano es ajeno a lo que sucede. De ahí que las medias tintas, como las medias verdades, causan a veces más dolor que los propios hechos en sí. Porque justifican comportamientos injustificables. Porque excusan acontecimientos que ya de por sí son reprobables. Porque afirmaciones como las de que “todos son iguales” o “no se puede hacer nada” han servido de pretextos para que los abusones sigan haciendo de las suyas. Ocupen una concejalía, la presidencia de un consejo de administración, una cátedra de universidad, el sillón principal del salón de una casa o un cargo electo o por designación.

Y no hablamos de colores políticos, sino de colores humanos, porque el mal uso del poder no entiende de siglas, puestos, equipos o clubes. El verdadero color es el de la rebeldía ante las injusticias, para el que cualquier pincel debe estar preparado a manchar. Ese bullir en las tripas es el que nos mantiene vivos, con esperanza y en actitud permanente de alerta. Los caciques dejarán de serlo cuando los siervos se conviertan en amos de su destino.


La imagen que encabeza esta entrada es una caricatura satírica del semanario La Flaca que ironiza sobre la farsa electoral. Con Sagasta al frente, aparece una comitiva de caciques, sicarios, fuerzas del orden público, campesinos y obreros prisioneros y la manipulación de las papeletas haciendo votar a los muertos.