Pobre y precaria lluvia

Pobre y precaria lluvia

Entre las innumerables escenas que hace un mes se vivieron con motivo de la gota fría en nuestros vulnerables pueblos, barrios y campos, hay una que me dejó pasmado y, lamentablemente, es posible que les haya pasado desapercibida. Mientras caía la tromba de agua, en muchas de nuestras calles, se jugaban la vida esos grandes emprendedores y agentes de la nueva economía, de la economía circular, llevando a casa la cena a bordo de una bici. Cena que habíamos pedido, pese a todo. No nos sorprendemos, porque es verdad que hace ya tiempo que la precariedad viaja en bicicleta, moto o furgoneta de reparto con un carné de falso autónomo para ganarse la vida. También se mancha en la cocina de un restaurante o sirviendo mesas, cuidando a nuestros viejos, limpiando nuestras viviendas y oficinas o recogiendo las frutas o verduras en las explotaciones agrícolas.

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