Este año estoy viviendo de manera muy especial las Fiestas de la Virgen en mi pueblo, Yecla, ya que dos miembros de la familia asumen el protagonismo de dos figuras significativas de estos días: la Mayordomía de la Insignia de la Bandera, mi primo Juan Navarro Ibáñez, y el Clavario de la Bandera, su hermano José Francisco. Mi familia paterna es conocida en Yecla como “Los Luna”, y una de las Escuadras de las fiestas lleva ese nombre, el apodo familiar, y fue fundada en el año 1905 por el abuelo de mi padre. Por tanto, estamos muy unidos a las tradiciones y a la devoción a la Virgen del Castillo, que es como se conoce en Yecla la advocación mariana de la Inmaculada Concepción.

Las Fiestas de la Virgen son una expresión de la religiosidad popular, que más o menos entendidas o aceptadas, son una muestra de la fe de un pueblo, tan respetable como otras. A mi juicio, esa manifestación de la religiosidad popular no debe quedarse limitada a lo puramente folclórico o externo, pero quién soy yo para juzgar los sentimientos, las emociones y, sobre todo, las motivaciones, que cada persona tiene acerca de las mismas. Este año todo son emociones y recuerdos familiares: desde la tarde del día 5, con la visita de los ‘tíos de las punchas’ a la casa de mi tía Paqui -donde les esperaba la familia del Clavario-, pasando por la Misa de los Pajes, la comida con mis primos y el resto de miembros de la Escuadra de Los Luna, el beso de la Bandera, la Alborada, la Bajada, la Ofrenda, la Misa del Día de la Virgen, la Proclamacion del Clavario y la procesión de la tarde.

Una cosa más. Comparto contigo el Pregón de las Fiestas del año 2008 que pronuncié con orgullo y con recuerdos muy sentidos a mi extirpe familiar.