Maravillosa precariedad

Maravillosa precariedad

El año que acabé mis estudios en el Madrid de finales de los 80 prácticamente todos mis compañeros y compañeras de curso encontramos trabajo. Sí, sí, encontramos trabajo, como suena, y teníamos poco más de 22 tacos y una vida por delante, amén de una profesión para la que habíamos estudiado. Sí, sí, créanselo. No eran empleos de camareros o repartidores, camareras o reponedoras de supermercado, tampoco ocupaciones para captar clientes dispuestos a traicionar a su seguro de toda la vida en busca de mejores condiciones. No se trataba de oficios para atar a nuevos parroquianos en las incipientes compañías de telefonía móvil, ni siquiera para ser comerciales de inmobiliarias, que para eso ya llegarían el boom y la burbuja años después. (más…)

Héroes de cuidado(s)

Héroes de cuidado(s)

Ha tenido que llegar una moción de censura para que nos diésemos cuenta, con luz, taquígrafos y lecturas varias, que nuestro gran macho alfa de la extrema derecha da de sí lo que da de sí. En general, lo que ofrece esa generación de políticos que acaba de cumplir poco más de los cuarenta y que parece que antes que ellos nunca hubo nada que mereciera la pena. Incluso, algunos ni alcanzada esa edad, como nuestro querido Teo García Egea, con modos y maneras que más parecen las de un procurador de las Cortes franquistas que de un treintañero como recuerdan sus biografías. (más…)

El trabajo no es una maldición

El trabajo no es una maldición

No sé si Pere Sánchez y Joaquim Torra se lo pasaron bien en su encuentro del jueves en el Palau de la Generalitat. Escenas no han faltado, y no precisamente de matrimonio. Más bien de pretendientes a un noviazgo mediático, bendecido por San Severo y San Honorato, que dan nombre a las calles -junto a la de Obispo- entre las que se ubica el antiguo edificio medieval. Un amago de flirteo en el que no estuvo de carabina, menos mal, Cayetana Álvarez de Toledo. Con todo, y con ganas, debió de quedarse Agnès Arrimadas en la galería gótica del Patio Central para lanzarles como hace a menudo esos improperios que ya cansan. No en vano, convertirse en un espectro de lo que fue y pudo haber sido es el precio ante tanto error, por mucho atractivo que creía derrochar.     

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