Empieza a ser costumbre que cada 8 de marzo nos despertemos con cifras que ya no sorprenden a nadie, pero que siguen doliendo como si fueran nuevas. Que si las mujeres cobrรกis un 20 por ciento menos que nosotros los varones, que si tres de cada cuatro contratos a tiempo parcial llevan vuestro nombre, que si los cuidados siguen siendo ese agujero negro donde desaparecen horas, carreras y oportunidades. Pero este aรฑo, ademรกs, la desigualdad viene con un nuevo envoltorio: el digital. Mรกs moderno, mรกs silencioso, mรกs limpioโฆ y, por lo visto, igual de injusto.
La tecnologรญa se ha convertido en portero de discoteca. Decide quiรฉn pasa y quiรฉn se queda en la calle. Y claro, si no tienes conexiรณn, si el mรณvil es de los que ya no aceptan ni las actualizaciones, o si las plataformas parecen diseรฑadas por alguien que nunca ha tenido que pedir una ayuda pรบblica, pues apaga y vรกmonos. Literalmente: โapagรณn digitalโ, lo llama el Informe FOESSA, y que recoge la plataforma Iglesia por el Trabajo Decente. Un tercio de los hogares vulnerables, muchos encabezados por mujeres, viven asรญ. Y en los mรกs pobres, mรกs de un tercio no tiene conexiรณn estable y otro tercio no tiene destrezas digitales.
Brecha de dignidad
A esto se suma otro detalle que parece menor, pero que es dinamita pura: apenas estรกis presentes en el diseรฑo de las plataformas y la inteligencia artificial. Y claro, si quienes programan el mundo no se parecen a la mitad del mundo, luego pasa lo que pasa: sesgos, filtros que excluyen, decisiones automatizadas que reproducen desigualdades de toda la vida pero con estรฉtica futurista. La brecha digital no es tรฉcnica: es una brecha de dignidad.
Nos encanta hablar de innovaciรณn, de transformaciรณn digital, de que el futuro ya estรก aquรญ. Pero ese futuro, si no se cuida, llega con peaje. Y como siempre, lo pagรกis las mismas. Las que trabajรกis a tiempo parcial sin quererlo. Quienes dedicรกis 55 horas semanales a cuidados mientras nosotros dedicamos 38, cuando lo hacemos. Las que sostenรฉis hogares con menos ingresos y mรกs responsabilidades. Las que, encima, ahora tenรฉis que aprender a navegar por plataformas que parecen diseรฑadas para que solo las entienda quien no necesita usarlas.
Mensaje de cambio
Y es que, en el fondo, tenemos miedo. Os tenemos miedo. Nos sentimos seres diminutos porque hemos crecido en un mundo en el que todo ha girado en torno a nuestro ombligo. Y claro, cuando solo hemos mirado ese resto de apรฉndice es muy difรญcil descubrir que estabais ahรญ. Nos lo recordรกis cada 8M y el mensaje es como esa gota malaya que cae sin avisar sobre nuestros prejuicios, sobre las ideas preconcebidas, sobre una visiรณn sesgada del mundo en la que hemos crecido.
Nuestras madres, y antes, las suyas, han intentado en algรบn momento de sus vidas romper con ese lastre. Pero esa pesada carga ha sido muy difรญcil de mover. Y ahora, cuando estos รบltimos aรฑos os hemos visto dar pasos, tenemos miedo. Como lo tienen los hombres de la serie Riot Women cuando esas mujeres que rondan los 60 se empoderan con la mรบsica punk y dejan de ser invisibles. Siempre lo hemos tenido, pero ese temor se hace mรกs palpable porque habรฉis dicho basta. No solo salรญs a las calles, sino que habรฉis abandonado el final de la cola para reclamar lo que por justicia os corresponde: un lugar de igualdad y dignidad.
La Iglesia ha difundido desde hace siglo dos estereotipos sobre la mujer: la sumisa Virgen Marรญa o Eva la pecadora
Frente a estos movimientos nos resistimos como animales heridos y preferimos colocarnos un velo en los ojos para negar la realidad. Incluso caemos en las trampas de quienes nos hacen creer que os habรฉis pasado de frenada. Jรณvenes y mayores compramos el discurso contra vosotras, con el fin de tratar de relegaros a ese lugar de la historia en el que nos hemos sentido cรณmodos.
Estructuras patriarcales
Os tiene miedo la estructura patriarcal y misรณgina de la Iglesia que ha difundido a lo largo de los siglos dos estereotipos de la mujer: la cรกndida y sumisa de la Virgen Marรญa y la de la pecadora Eva, esa que tentรณ al pobre Adรกn en el paraรญso. Menuda cara. La respuesta del patriarcado clerical, cรฉlibe y acomplejado, ha sido sumarse a las acusaciones de que la ideologรญa de gรฉnero ha calado entre vosotras. Lamentablemente hay quienes compran esa reacciรณn, pero tiempo al tiempo.
Ese temor es en el que incluso caemos quienes nos hemos debatido toda la vida entre las fuerzas de una construcciรณn cultural machista frente a otra de igualdad y respeto. Es la turbaciรณn como respuesta a reconocer que, en algunos momentos de nuestra vida, nos hemos comportado mal con nuestras madres, hermanas, amigas, novias, esposas o compaรฑeras de trabajo. Que hemos reaccionado como verdaderos sexistas. Y ha llegado el momento de dejar el miedo aparte y mirarnos a los ojos. Pero para eso hay que eliminar ese maldito velo que nos atenaza.ย ย ย ย
Un beso no consentido no es un pico. Un paรญs o una isla en llamas son algo mรกs que un incendio forestal accidental. Un cierre de fronteras a las personas empobrecidas es racismo puro y duro. Y si el retorno a la maldita normalidad viene acompaรฑado de un terremoto que golpea con mayor dureza a quienes ya lo tienen difรญcil para sobrevivir a diario, ยฟquรฉ me dicen? ยฟEs buen momento para aterrizar en la cruda realidad del presente?
Pues eso es lo que viene de atrรกs en este verano que toca a su fin. No nos hemos privado de nada tras la vuelta a las urnas de finales de julio. Menos mal que no caรญmos en la apatรญa ni en la pose melancรณlica tras la cacareada anticipaciรณn de una victoria de las derechas, sean en la versiรณn patria o en la perifรฉrica. Todas ellasย se estrellaron contra el presente de una sociedad que no es uniformeย โlรญbreme Dios – ni analfabeta โmenos mal – sino que resuelve con mucha cordura โclaro estรก- cuando se le reta a dar un paso adelante.
Visiรณn global
La crisis climรกtica, el feminismo y la migraciรณn conforman esa trรญada de elementos a tener en cuenta a la hora de jugarnos el presente y el futuro de estas nuestras generaciones. Negar cualquiera de ellos es caer en la cuenta de que vivimos fuera de la realidad. De que miramos hacia otra parte sin complejos, mientras nos arriesgamos a un futuro sin soporte de mantenimiento. De ahรญ que la agenda haya estado salpicada de noticias en ese triple frente abierto a lo largo y ancho mundo que nos circunda. Sin descartar que las prioridades ya no se circunscriben a uno u otro paรญs, sino que las circunstancias alcanzan una dimensiรณn global que nos empequeรฑecen como seres finitos.
Los ecos de la victoria de la Selecciรณn Femenina de Fรบtbol aรบn parecen resonar enmudecidos en la lontananza de lo visto y leรญdo desde aquella fatรญdica noche de los exabruptos de un machirulo que nos avergonzรณ a todos, especialmente a quienes nos gusta ese deporte. Ya sabemos que los lรญos venรญan de antes, con plante incluido, y que solo saltรณ la chispa de un fuego que estaba contenido en esta como en otras parcelas de la vida. El interfecto finalmente ha arrojado la toalla y ha dimitido con la boca pequeรฑa, aquella que no supo cerrar en su momento. Sus gestos ya han pasado a formar parte de un imaginario que va a tener mรกs consecuencias que las puramente circunscritas al mundo del balompiรฉ y a esos hechos que van a acompaรฑar a las campeonas del Mundial de Australia y Nueva Zelanda.
Incendios y cierre
Y quรฉ decir de los incendios de Grecia (con el aรฑadido de las lluvias), Hawรกi y Tenerife, como los de Canadรก o California, que siempre estรกn ahรญ. O losย golpes de calor que castigan a quienes se ganan la vida en el exteriorย y la continua retahรญla de noticias sobre rรฉcords en altas temperaturas (desde que hay registros, nos especifican) de estos meses de julio, agosto y septiembre. Casi nada. Pero claro,ย de cambio climรกtico, mejor no hablar. Ni de reducir nuestros niveles de consumo (siempre asociado al mantra del maldito crecimiento), ni de la huella de carbono, ni de las energรญas limpias o sucias. Consumid, consumid, que el mundo se acaba es el nuevo grito de guerra.
Quรฉ decir de la pรฉrfida Albiรณn, esa prepotente del Brexit, que ha dado lecciones al resto de Europa y del mundo con el cierre de fronteras y el envรญo a cรกrceles flotantes de quienes osan cruzar el Canal de la Mancha y buscarse la vida en la isla. Ni quรฉ decir de quienes se atrevan llegar a sus aeropuertos sin permiso previo de trabajo. El Mediterrรกneo y otros mares del resto del mundo guardan en sus fondos las almas de millares de personas en busca de un futuro. Otras recalan en cรกrceles-campamentos como refugiadas o se estampan ante muros fรญsicos o mentales de indiferencia de una parte del planeta que les dirige un mensaje para que se queden en su tierra.
Menudo retorno. ยฟNo les suena que estos escenarios ya los conocรญamos antes de habernos ido de vacaciones? Pues eso. Que seguimos a lo nuestro.
Su seguro servidor cumple en unos meses los 59, nacรญ lejos de aquรญ, trato de dejar esto un poco mejor de cรณmo lo encontrรฉโฆ pero lo confieso: soy machista. No leninista, como bromeรกbamos hace unos aรฑos, pero sรญ hijo de la cultura y tradiciรณn heredadas tras muchos siglos de empeรฑo en los que el varรณn, como uno de la especie que les habla, campa a sus anchas por el vasto mundo. Y eso que vine a dar en una familia que sorprendรญa por los pasos que llevaba por delante, donde el patriarca no era el รบnico que traรญa el sustento a casa y las tareas compartidas sorprendรญan a propios y a extraรฑos.
El colegio se encargรณ de dejar claro las actividades que eran para unos y para otras. Si habรญa alguna duda, en las misas, el predicador de guardia tambiรฉn contribuรญa a despejarlas. Pero fรญjate tรบ que pronto aparecieron algunos curas a lo largo del tiempo que sorprendรญan con un relato que no tenรญa mucho que ver con el oficial. Tal y como lo presentaban, el galileo parecรญa romper moldes a la hora de relacionarse con las mujeres, pero eso era muy diferente a las imรกgenes รฑoรฑas de las advocaciones marianas, las procesiones y cรณmo se organizaba la vida en los templos.
Destino superior
A las amigas del instituto no las dejaban volver a casa tan tarde a como a nosotros, pero eso nos llegaba a parecer normal. Bien es verdad que si lo analizรกbamos frรญamente no entendรญamos que la hora o la oscuridad fuesen factores para que no ocurriera lo que tuviera que ocurrir. Esos atropellados besos, las primeras caricias o los torpes intentos para consumar el sexo eran fuente de tensiรณn y conflicto, especialmente, para ellas. Nosotros ya andรกbamos ocupados en ese convencimiento grabado a fuego de que nuestro destino era superior, habรญa que dar la talla y con cuantas mรกs chicas, pues mรกs รฉxito alcanzรกbamos.
En la universidad me tocรณ vivir un episodio singular. Un viejo profesor de literatura hispanoamericana se permitiรณ descalificar a aquellas feministas que trataban de obligar al hombre a pasar por dรณnde ellas querรญan, llegรณ a decir. En la clase se hizo un gran silencio y ninguna de las compaรฑeras se atreviรณ a decir algo. Ingenuo de mรญ, levantรฉ la mano y le dije que no me parecรญa justo que descalificara a quienes habรญan sido pioneras en avances sociales en la historia reciente. Mi queja se quedรณ ahรญ y no fui capaz entonces de comprender el porquรฉ de ese mutismo por parte de mis compaรฑeras, que ya entonces eran mayorรญa en el aula. No me consideraba un hรฉroe. Es mรกs, me veรญa en ocasiones asintiendo el discurso dominante sobre las diferencias de hombres y mujeres, sus papeles e identidades. Pero quizรก aprendรญ una de las primeras lecciones sobre esta asignatura del machismo: que se empieza a aprobar cuando las mujeres alzan la voz y dicen aquello de โaquรญ estoy yo, porque he venidoโ. Y la materia se supera con nota cuando nosotros, los machitos, nos sumamos al encuentro.
Maldita la hora
Quรฉ decir cuando ya, avanzados los aรฑos, caรญ en todo aquello que en la teorรญa parecรญa tener aprobado. Que las tareas de casa o el cuidado de los hijos no se asumen de una manera equitativa. Que no parece estar en el ADN porque siempre hay fines supremos que justifican todo lo contrario. Y mira que me duele reconocerlo. Primero, en mรญ. Luego, en los otros. Aunque, a decir verdad, siempre es mรกs fรกcil quedarse en la superficie del asunto y esconder la cabeza como un avestruz. En el trabajo, en el ocio, en el compromiso social y polรญticoโฆ todo parece estar por delante de los asuntos cotidianos del hogar, porque siempre lo domรฉstico parece estar resuelto y, lamentablemente, destinado a otras.
Maldita la hora en que uno cae en lo que mรกs abomina. Al menos, en las teรณricas convicciones de las que uno presume en algรบn momento de la vida. Humildad, queridos niรฑos, humildad. Os digo y, por tanto, me digo a mรญ mismo sin descanso, que el camino que nos queda por recorrer hay que empezarlo ya mismo. Sin perder tiempo. Sin necesidad de que nos lo recuerde nadie. Es de suyo. Como tambiรฉn salir a la calle junto a vosotras, en un dรญa como el de hoy, para reivindicar lo que es de justicia: dignidad econรณmica, legal y social para llegar a ser simplemente personas.
Propรณsito de enmienda
La escritora de origen marroquรญ Najat El Hatchmi nos lo ha recordado hace unos dรญas, โporque a las puertas del 8-M cabe recordar que ser mujer no es ni un sentimiento ni una identidad (โฆ) y en casi todo el mundo lo que sigue dominando es precisamente esa red de normas tambiรฉn conocida como patriarcado. Tambiรฉn aquรญ, por supuesto, donde la esclavitud se oculta detrรกs de felices tรฉrminos como temporeras, trabajadoras sexuales o gestaciรณn subrogadaโ.
Hago propรณsito de enmienda y cumplirรฉ la penitencia que me toca: sentirme vulnerable y dรฉbil, porque tropiezo cien mil veces con la piedra de creer que en algรบn momento de la vida estoy por encima de vosotras. Soy varรณn, y mientras no lo reconozca, lo combata y lo remedie, machista. En ello estoy.
Desde pequeรฑo me contaste que vine al mundo la madrugada de un 15 de julio, tras romper aguas esa tarde en la que bailaste junto a papรก en el Bosque de Boulogne, en el distrito XVI de Parรญs. Era la fiesta del Dรญa Nacional de Francia y martes. Quizรก ya sabรญas entonces que a mรญ me iba a gustar el juego de las coincidencias en las fechas, los aรฑos, las conmemoraciones. Un 14 de julio de 1789, a la sazรณn tambiรฉn martes, tuvo lugar la toma de la fortaleza medieval de la Bastilla, sรญmbolo del final del Antiguo Rรฉgimen y comienzo de la Revoluciรณn francesa.
La sueca ร sa Charlotte Regnรฉr (Malmberget, 1964) saliรณ en marzo del primer Gobierno feminista de la historia, el de Suecia, para ejercer como directora ejecutiva adjunta deย ONUย Mujeres. Como ministra viviรณ elย MeTooย sueco que estallรณ enย la academia del Nobel,ย que suspendiรณ la entrega del galardรณn de Literatura. (mรกs…)
Respรณndame a esta pregunta: ยฟes posible que algรบn ser humano viva sin ser cuidado? Pese a que la contestaciรณn parezca obvia, no me negarรกn que en el noventa y nueve por ciento de los casos al frente de los casos hay una mujer, o varias mujeres, o un grupo de mujeres, que protagoniza una actividad tan poco reconocida como es la que tiene que ver con el trabajo de cuidados no remunerados. Vayamos por partes. (mรกs…)
Tuve mis primeras noticias de estas mujeres diferentes en la fila de preescolar, cuando en su colegio nos pinchaban en el hombro y a cambio recibรญamos un terrรณn de azรบcar. Los rastros de las vacunas quedaron para siempre, como pequeรฑos crรกteres en la piel, y los lucรญamos cual tatuajes guerreros durante la EGB. Fue en Ibi, en la provincia de Alicante, hace ya cincuenta aรฑos. (mรกs…)
Les propongo un sencillo juego. Pรกrense. Detรฉnganse por un instante tras leer estas letras. Cierren los ojos. Imagรญnense que llegan a su casa, a su edificio. Recorran cada una de las plantas y frente a las puertas de las viviendas traten de recordar cuรกntas mujeres viven en ellas. Desde bebรฉs reciรฉn nacidas hasta la vieja que aparece de vez en cuando en el ascensor, acompaรฑada por sus nietos o baja la basura. Las que trabajan fuera del hogar, ยฟdรณnde lo hacen? ยฟA quรฉ se dedican? Las que sรณlo viven al parecer para atender a sus hijos, esposo, nietos, tรญas o abuelas, ยฟquรฉ aspecto tienen? ยฟSe les ve contentas? ยฟSe oyen sus gritos por el patio de luces? (mรกs…)