Rafael Mรฉndez: โ€œHay un poder que opera en silencio y condiciona al Estadoโ€

Rafael Mรฉndez: โ€œHay un poder que opera en silencio y condiciona al Estadoโ€

El periodista murciano publica โ€˜Los dueรฑos del Estadoโ€™, un libro que revela cรณmo altos funcionarios ejercen el poder lejos del foco pรบblico

โ€œLa opacidad de los altos cuerpos del Estado no es un accidente: es parte de su poderโ€. Asรญ lo asegura Rafael Mรฉndez (Murcia, 1975), periodista que ha trabajado en El Paรญs, El Confidencial, Eldiario.es y en la actualidad en la productora de Salvados, el programa de Jordi ร‰vole. Durante aรฑos ha investigado a los cuerpos mรกs influyentes y menos visibles de la Administraciรณn espaรฑola: abogados del Estado, letrados del Consejo de Estado, letrados de Cortes. Lo que encontrรณ โ€”endogamia, puertas giratorias, compatibilidades opacas y un poder ejercido en silencioโ€” lo llevรณ a escribir Los dueรฑos del Estado (Penรญnsula, 2026) un libro que ilumina un territorio donde casi nadie mira. En esta conversaciรณn con La Opiniรณn de Murcia, Mรฉndez explica por quรฉ decidiรณ abordar este รกngulo muerto del poder pรบblico y quรฉ consecuencias tiene para la calidad democrรกtica.

-ยฟEn quรฉ momento sintiรณ que era necesario escribir un libro sobre aquello de lo que no se habla dentro de la alta funciรณn pรบblica?

-Hubo un momento en el que comprendรญ que estaba ante un fenรณmeno conocido por muchos dentro de la Administraciรณn, pero prรกcticamente invisible para el resto del paรญs. Tras aรฑos cubriendo polรญtica, tribunales, economรญa y tambiรฉn medio ambiente, me di cuenta de que ciertos comportamientos se daban por asumidos, pero nadie los habรญa puesto negro sobre blanco.

Un antiguo jefe me repetรญa: โ€œTodo el mundo lo sabe, pero ยฟdรณnde estรก contado?โ€. Esa frase me acompaรฑรณ durante toda la investigaciรณn. Cuando empecรฉ a trabajar sobre los abogados del Estado, un cuerpo me fue llevando a otro: letrados del Consejo de Estado, letrados de Cortesโ€ฆ y descubrรญ que habรญa un ecosistema entero de poder discreto, endogรกmico y con enorme capacidad de influencia. Un editor amigo me insistรญa en que debรญa convertirlo en libro porque, si no, se perderรญa. Y tenรญa razรณn: no estaba contado.

Cuando ves que un cuerpo con tanto poder opera asรญ, a plena luz del dรญa, entiendes que hay un รกngulo muerto que merece ser contado

-ยฟHubo algรบn caso concreto que le hiciera ver que no eran episodios aislados, sino un problema estructural?

-Sรญ: el Consejo de Estado. Fue el punto de inflexiรณn. Al investigar a sus letrados descubrรญ una estructura profundamente endogรกmica, con sagas familiares que se sucedรญan generaciรณn tras generaciรณn, compatibilidades concedidas sin control y profesionales que, pese a cobrar sueldos pรบblicos, apenas acudรญan a su puesto porque trabajaban en despachos privados. Lo mรกs sorprendente es que todo era pรบblicoโ€ฆ y, aun asรญ, nadie lo seรฑalaba. Dentro del propio Consejo lo sabรญan, pero lo consideraban normal. Cuando ves que un cuerpo con tanto poder opera asรญ, a plena luz del dรญa, entiendes que hay un รกngulo muerto que merece ser contado. Ahรญ supe que habรญa un problema estructural, no una colecciรณn de anรฉcdotas.

-Son actores con mucho poder, pero con escasa visibilidad. ยฟPor quรฉ ese anonimato forma parte de su influencia?

– Porque la opacidad es una forma de poder. Quien no estรก expuesto al escrutinio pรบblico puede operar con mucha mรกs libertad. Mientras los focos se centran en los polรญticos o en grandes empresarios como Florentino Pรฉrez, a su lado siempre hay un abogado del Estado o un alto funcionario que toma decisiones cruciales sin que nadie repare en รฉl. Ese anonimato les protege. Un subsecretario o un abogado del Estado puede dimitir โ€œpor motivos personalesโ€ aunque haya sido condenado en un laudo millonario, y apenas genera ruido. Su poder reside precisamente en que nadie mira ahรญ. Y cuando nadie mira, las dinรกmicas se perpetรบan.

El libro del periodista murciano ya va por la segunda ediciรณn. | ASIS AYERBE

-ยฟQuรฉ efectos tienen estas puertas giratorias y compatibilidades en la calidad democrรกtica?

-El efecto mรกs evidente es la descapitalizaciรณn de lo pรบblico. Si un abogado del Estado sabe que puede pasar de un dรญa para otro a un despacho que trabaja para las mismas empresas reguladas con las que trataba en la Administraciรณn, es legรญtimo preguntarse hasta quรฉ punto defenderรก con firmeza los intereses del Estado. No se trata de cuestionar su capacidad, sino de seรฑalar un conflicto estructural: la Administraciรณn no se ha protegido frente a estas dinรกmicas. Nunca se ha legislado para evitar que quien pleitea contra el Estado conserve su plaza. Y eso tiene consecuencias: erosiona la independencia, debilita la capacidad regulatoria y genera incentivos perversos.

Ningรบn ministro quiere enfrentarse a quien controla los informes, los dictรกmenes o la maquinaria jurรญdica del Estado.

-ยฟEs un problema de leyes, de รฉtica o de estructura?

-Es una combinaciรณn de las tres. De leyes, porque nunca se ha regulado adecuadamente. De รฉtica, porque hay decisiones que, aunque legales, son difรญciles de justificar. De estructura, porque los polรญticos dependen de estos altos funcionarios para que la Administraciรณn funcione.
Ningรบn ministro quiere enfrentarse a quien controla los informes, los dictรกmenes o la maquinaria jurรญdica del Estado. Y si no hay incentivos para cambiar algo, lo normal es que no se cambie.

-En el libro aparecen nombres concretos. ยฟCรณmo decidiรณ quรฉ casos incluir y cuรกles dejar fuera?

-La selecciรณn fue necesariamente subjetiva. No querรญa un libro acadรฉmico ni una lista interminable de nombres, sino un relato comprensible para cualquier lector. Elegรญ los casos sobre los que tenรญa mรกs informaciรณn y que mejor ayudaban a explicar el funcionamiento de estos cuerpos. Algunos episodios, aunque relevantes, no encajaban en la narrativa y los dejรฉ fuera. Preferรญ mantener el ritmo y la coherencia antes que hacer un inventario exhaustivo. Mi objetivo era que el lector entendiera el fenรณmeno, no que se perdiera en un catรกlogo de nombres.

-ยฟHa recibido reacciones adversas por parte de altos funcionarios?

-La reacciรณn mรกs frecuente ha sido: โ€œYa era hora de que se hablara de estoโ€. Muchos altos funcionarios en activo me han dicho que el libro se queda incluso corto. Sรฉ que hay quien se ha molestado, pero no he recibido ataques directos. Y si el libro ha servido para que la presidenta del Consejo de Estado, Carmen Calvo, anuncie que estudiarรก las incompatibilidades โ€”algo que conocรญan desde hace dรฉcadasโ€”, ya ha cumplido parte de su funciรณn. La mayorรญa entiende que iluminar estas zonas oscuras es sano para la democracia.

-Analiza tambiรฉn el papel de las grandes empresas. ยฟQuรฉ implica que tantas del IBEX tengan abogados del Estado como secretarios del consejo?

-Implica un riesgo claro de captura del regulador. Estos profesionales conocen las normas, los procedimientos y, sobre todo, a las personas. Han trabajado con quienes luego deben supervisar. Para una empresa regulada, contar con alguien que sabe cรณmo funciona la Administraciรณn por dentro es un activo enorme. Para el Estado, puede ser un problema si no se establecen lรญmites claros. Y no solo ocurre en el IBEX: tambiรฉn en consultoras, despachos internacionales o empresas que operan desde Londres o Bruselas.

La prensa tiene responsabilidad, pero tambiรฉn limitaciones. Las redacciones trabajan con urgencias constantes y con la presiรณn de la audiencia.

-Tambiรฉn hace autocrรญtica sobre el periodismo. ยฟQuรฉ responsabilidad tiene la prensa en mantener o desvelar estas dinรกmicas?

-La prensa tiene responsabilidad, pero tambiรฉn limitaciones. Las redacciones trabajan con urgencias constantes y con la presiรณn de la audiencia. Estos temas requieren tiempo, contexto y paciencia, y no siempre encajan en la agenda diaria. Aun asรญ, creo que algunos medios deberรญan asumir el reto. No para hacer enemigos, sino para cumplir la funciรณn esencial del periodismo, que es iluminar zonas oscuras del poder. Y, paradรณjicamente, desde que publiquรฉ el libro recibo mรกs informaciรณn que antes. Mucha gente dentro de estos cuerpos estaba deseando que alguien contara lo que ellos no podรญan contar.

Rafa Mรฉndez, tras pasar por El Paรญs, El Confidencial y eldiario.es, entre otros medios, es ahora guionista de ‘Salvados’.

-ยฟExiste voluntad polรญtica para abordar este problema o incomoda a todos los partidos?

.No veo voluntad polรญtica, ni en el Gobierno actual ni en uno futuro. Es un asunto que no da rรฉdito electoral, que exige enfrentarse a cuerpos muy poderosos y que no genera titulares fรกciles. La polรญtica vive instalada en el corto plazo, y esta reforma exige visiรณn de Estado. Por eso dudo que llegue. Mi papel, como periodista, es contarlo. Si otros actores no actรบan, al menos la ciudadanรญa tendrรก mรกs informaciรณn.

-ยฟLe preocupa que algunos lectores interpreten el libro como un ataque al funcionariado?

– Sรญ, y por eso aรฑadรญ un epรญlogo aclaratorio. El libro no es un ataque a los funcionarios, igual que denunciar irregularidades en un hospital no es un ataque a la sanidad pรบblica. Muchos altos funcionarios han colaborado conmigo porque quieren que estas prรกcticas se conozcan. La crรญtica se dirige a dinรกmicas concretas, no al conjunto del servicio pรบblico. Creo que el lector atento lo entiende.

-ยฟQuรฉ le gustarรญa investigar ahora? ยฟQuedan รกreas opacas dentro del Estado?

-Quedan muchas. Los tรฉcnicos comerciales del Estado, por ejemplo, han marcado la polรญtica econรณmica espaรฑola durante dรฉcadas. Tambiรฉn los diplomรกticos. Pero quizรก me apetezca cambiar de tema y explorar algo completamente distinto. Despuรฉs de este libro, necesito aire fresco. Ya veremos hacia dรณnde me lleva la curiosidad.

La linterna y el sรณtano

La linterna y el sรณtano

Hay imรกgenes que resumen la situaciรณn de un paรญs mejor que cualquier barรณmetro del CIS. Pienso en la ilustraciรณn de esa Justicia vendada que acompaรฑa estas letras, tecleando en una vieja mรกquina donde solo se lee una palabra. La espada y la balanza, arrumbadas a un lado, como si hubieran perdido filo y equilibrio. Y la mรกquina, pobre, sosteniendo el peso de lo que otros ya no quieren sostener. Si uno mira bien, parece casi un aviso: si la justicia falla, que al menos no falle el periodismo. Pero claro, para que no falle, primero tiene que existir.

En Murcia lo sabemos de sobra. Llevamos dos dรฉcadas de titulares que podrรญan llenar una enciclopedia del disparate: La Zerrichera, Novo Carthago, Umbra, Barraca, el caso Auditorio, la desaladora de Escombrerasโ€ฆ Una colecciรณn de tramas que, si no fuera porque nos han costado mucho dinero y dignidad, serรญan material de comedia costumbrista. Y, aun asรญ, cada vez que estalla un caso nuevo (vรฉase el de las prรณtesis o actitudes y prรกcticas como las del fiel escudero del alcalde de la capital recientemente fallecido) la reacciรณn es la misma: un encogimiento de hombros, un โ€œesto ya lo he vistoโ€, un bostezo democrรกtico. La corrupciรณn, aquรญ, se ha convertido en ruido blanco.

Catรกlogo de sombras

Mientras tanto, el paรญs entero se entretiene con su propio catรกlogo de sombras: Kitchen, Koldo, ย comisiones en plena de pandemia, espionajes de andar por casa pagados con dinero pรบblico, intermediarios que aparecรญan como setas en otoรฑo en la Sierra de Marรญa, uso de los recursos del Estado para combatir adversarios polรญticosโ€ฆ Todo ello aderezado con declaraciones grandilocuentes, dimisiones in extremis y un ecosistema polรญtico que parece vivir instalado en el ya si eso maรฑana.

La linterna y el sรณtano
Ilustraciรณn | NANA PEZ

Pero lo mรกs inquietante no es lo que vemos, sino lo que no vemos. Ahรญ es donde aparece Los dueรฑos del Estado (Penรญnsula, 2026), un libro escrito por el periodista Rafael Mรฉndez (Murcia, 1975), que lleva aรฑos metiรฉndose en los sรณtanos del Estado. Y lo que cuenta es, literalmente, de escalofrรญo. โ€œLa opacidad de los altos cuerpos del Estado no es un accidente: es parte de su poderโ€, afirma. Y uno entiende de golpe por quรฉ tantos escรกndalos se repiten como si fueran fotocopias mal hechas.

Operar en silencio

Porque mientras miramos a los polรญticos โ€”que al menos salen en la tele y se llevan los abucheosโ€”, hay abogados del Estado, letrados del Consejo de Estado, letrados de Cortes y otros altos funcionarios que operan en silencio, sin foco, sin desgaste, sin preguntas. Mรฉndez lo explica con una claridad que deberรญa sonarnos a alarma: โ€œQuien no estรก expuesto al escrutinio pรบblico puede operar con mucha mรกs libertadโ€. Y claro, cuando nadie mira, las dinรกmicas se perpetรบan.

En su investigaciรณn, Mรฉndez se topรณ con un Consejo de Estado donde habรญa โ€œsagas familiares que se sucedรญan generaciรณn tras generaciรณn, compatibilidades concedidas sin control y profesionales que, pese a cobrar sueldos pรบblicos, apenas acudรญan a su puesto porque trabajaban en despachos privadosโ€. Todo pรบblico. Todo a la vista. Todo normalizado.

Y aquรญ es donde la imagen de la Justicia vendada escribiendo โ€œPRENSAโ€ cobra sentido. Porque si la prensa no mira ahรญ, nadie lo harรก. Y si nadie lo hace, el sรณtano seguirรก oliendo a humedad institucional.

El libro de Rafael Mรฉndez ya va por su segunda ediciรณn. | Fotografรญa: ASIS AYERBE

Tiempo y paciencia

El problema es que el periodismo de investigaciรณn no vive su mejor momento. Las redacciones trabajan con urgencias constantes, con la presiรณn de la audiencia, la precariedad y la debilidad de las empresas. Estos temas requieren tiempo, contexto y paciencia. Y claro, tiempo y paciencia son dos lujos que no cotizan bien en un mercado donde lo que manda es el clic, el trending topic y el titular que se comparte sin leer. Pero si renunciamos a ese periodismo, ยฟquรฉ nos queda? ยฟNotas de prensa? ยฟDeclaraciones enlatadas? ยฟVersiones oficiales que nadie contrasta?

En Murcia, donde ya hemos visto cรณmo se diluyen responsabilidades entre informes, sobreseimientos y silencios administrativos (amรฉn de la complicidad funcionarios y despachos bien conectados con los lobbies de la agroindustria y el ladrillo), sabemos que sin periodistas que bajen al barro, la corrupciรณn se convierte en paisaje. Y en el resto de Espaรฑa, se sigue demostrando que el poder siempre encuentra nuevas formas de esconderse, la necesidad es aรบn mayor. Por tanto, el periodismo de investigaciรณn no es un lujo. Es una linterna. Y sin linterna, el sรณtano gana.

Iluminar la penumbra

A la vista de los enredos judiciales de los รบltimos tiempos necesitamos como el comer que alguien cuente lo que ocurre. Y ese alguien, nos guste o no, sigue siendo la prensa. Con sus errores, sus prisas, sus precariedadesโ€ฆ pero tambiรฉn con su capacidad รบnica de iluminar lo que otros prefieren mantener en penumbra.

En un paรญs donde โ€œtodo el mundo lo sabe, pero nadie lo ha contadoโ€, como le repetรญan a Mรฉndez cuando investigaba, la diferencia entre democracia y simulacro estรก, muchas veces, en una libreta, una grabadora y un periodista que decide no mirar hacia otro lado. Y eso, aquรญ en Murcia, tambiรฉn lo sabemos a un palmo del suelo.

Algoritmo de la magnรญfica humanidad

Algoritmo de la magnรญfica humanidad

En mitad de este escenario salpicado de estupores, sumarios, registros, autos y tregua sรญ o tregua no, nos llega un documento que uno abre con la misma actitud con la que mira la factura de la luz: miedo, resignaciรณn y la sospecha de que algo muy grande se nos estรก escapando. Queย  ahรญ afuera hay un alien que asoma la cabeza. La primera encรญclica de Leรณn XIV, Magnifica humanitas, entra justo ahรญ, en ese territorio donde la tecnologรญa promete salvarnos mientras nos va convirtiendo en datos. Un recordatorio de que, mientras discutimos si la Inteligencia Artificial nos va a quitar el trabajo o solo las ganas de pensar, quizรก estemos levantando una torre de Babel con fibra รณptica.

En vรญsperas de llegar a Espaรฑa, con una imagen que choca con la de los machos alfa embarcados en guerras, invasiones e intrigas por doquier, resulta que el Papa que vino de los Estados Unidos nos dice sin rodeos que la IA corre el riesgo de โ€œreducir a las personas a simples engranajes de un sistemaโ€ y de delegar decisiones en mรกquinas โ€œque carecen de compasiรณn, misericordia y perdรณnโ€. Ahรญ es nada.

Torres de datos

La encรญclica plantea una imagen potente: construir Babel o reconstruir Jerusalรฉn. Babel es ese proyecto de uniformidad, de traducirlo todo โ€”incluida la personaโ€” en rendimiento. Jerusalรฉn, en cambio, es el camino de Nehemรญas: escuchar, reconstruir vรญnculos, repartir responsabilidades. Y uno piensa: ยฟquรฉ estamos levantando aquรญ, en estas ciudades invadidas por coches y escasamente ciclables? ยฟUna torre de datos que nos vigila o una ciudad donde aรบn se pueda hablar sin que un algoritmo complete la frase?

Cuando miramos alrededor nos damos cuenta de que ya vivimos en Babel: algoritmos que deciden quรฉ vemos, quรฉ compramos, quรฉ opinamos; plataformas que saben mรกs de nosotros que nuestra madre; y un mercado digital que, como recuerda el Papa, estรก controlado por โ€œgrandes entidades corporativas transnacionalesโ€ que no rinden cuentas a nadie. Es la economรญa oculta de la IA. El tecnofascismo desarrollado por las teorรญas poshumanas y transhumanas de Silicon Valley.

Mientras aquรญ discutimos si ChatGPT escribe mejor que un becario, el texto recuerda que detrรกs hay โ€œmillones de personas mal pagadas que etiquetan datosโ€ y menores que extraen minerales para nuestros mรณviles. Es decir, que la nube tiene barro, y del espeso.

Infografรญa sobre la encรญclica Magnifica humanitas generada por IA
Recupera la Doctrina Social de la Iglesia

Leรณn XIV insiste en que la tรฉcnica debe servir al bien comรบn, no a la idolatrรญa del lucro. Y recupera principios de la Doctrina Social de la Iglesia que suenan casi revolucionarios en tiempos de patentes y monopolios: el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la justicia social. En el entorno digital, dice, los datos deberรญan gestionarse como bienes comunes. Imaginemos eso aplicado a las plataformas que usamos cada dรญa: serรญa como pedirle a la Plaza Circular de Murcia que dejara de ser una rotonda y se convirtiera en un รกgora. Difรญcil, pero hermoso.

Tambiรฉn mete el dedo en la llaga del progreso sin lรญmites. Advierte contra la ilusiรณn de una tecnologรญa que promete liberarnos de toda fragilidad, como si ser humanos fuese un error de fรกbrica. Frente a eso, recuerda que โ€œla verdadera realizaciรณn no nace de la eliminaciรณn de las fragilidades, sino de un crecimiento armoniosoโ€. Vamos, que no necesitamos ser perfectos: necesitamos ser decentes.

Y luego estรก la advertencia sobre el lenguaje. Pide evitar โ€œlas palabras que humillan o enfrentanโ€ y optar por la claridad que ilumina. En tiempos de redes sociales donde cada tuit es una pedrada, esto suena casi revolucionario. O ingenuo. O ambas cosas.

Quรฉ mundo queremos

La pregunta final es sencilla y brutal: ยฟquรฉ queremos que sea la tecnologรญa? ยฟUna torre que nos vigila desde arriba o una ciudad que reconstruimos entre todos? La respuesta podrรญa estar escrita en cualquier muro de nuestros barrios: โ€œNadie se salva solo, tampoco en la redโ€. La tecnologรญa puede curar, conectar y educar, pero tambiรฉn puede dividir, descartar y deshumanizar. Y la primera decisiรณn no es si decimos sรญ o no a la IA, sino quรฉ tipo de mundo queremos construir con ella.

Quizรก ahรญ estรฉ la clave. No se trata de apagar la IA ni de abrazarla como si fuera la nueva patrona. Se trata de hacerla habitable, discutible, plural. De que no decida por nosotros. De que no convierta la vida en un Excel. De que no nos robe la conversaciรณn, que es lo รบnico que nos queda cuando todo lo demรกs falla. De ahรญ su apuesta por cultivar un sano realismo y relanzar el diรกlogo, porque es tiempo โ€œpara construir lazos de fraternidad, hechos de escucha, de miradas sinceras, de tiempo dedicado, incluso de tiempo perdido juntosโ€. Y, sobre todo, de recordar que seguimos siendo humanos. Magnรญficamente humanos, incluso cuando la tecnologรญa nos mira desde arriba como si fuรฉramos un dato mal formateado.

El orden del dรญa y el ruido

El orden del dรญa y el ruido

Hay semanas en las que salir en bicicleta por Murcia es como intentar avanzar entre una nube de mosquitos informativos: pedaleas, esquivas, respirasโ€ฆ y aun asรญ acabas tragรกndote alguna de las innumerables noticias absurdas que te dejan peor que evitar la maleza en el carril bici del puente de la Ronda Sur. Y mientras mantienes el equilibrio y maldices al coche que te adelanta sin dejarte el dichoso metro y medio, piensas que quizรก ร‰ric Vuillard tenรญa razรณn en El orden del dรญa (Tusquets Editores, 2018): la Historia no avanza a golpes รฉpicos, sino a base de pequeรฑas miserias envueltas en papel oficial.

La realidad progresa con esa misma mezcla de solemnidad y absurdo que รฉl retrata: pasos silenciosos, gestos mรญnimos, decisiones que parecen inofensivas hasta que, de pronto, ya es demasiado tarde. Un texto que, ademรกs, te mira con esa media sonrisa irรณnica de quien sabe que la Historia no es una epopeya, sino un catรกlogo de miserias humanas envueltas en papel oficial.

Hombres poderosos

ร‰ric Vuillard reconstruye los engranajes que permitieron el ascenso del nazismo, no desde los grandes discursos ni las fotos en blanco y negro que todos hemos visto mil veces. Lo hace desde los despachos, los salones, las reuniones discretas donde se decide el mundo mientras alguien sirve cafรฉ.

La escena inicial es un ejemplo perfecto: los grandes industriales alemanes โ€”Krupp, Siemens, IG Farben, Opel, Bayerโ€ฆโ€” entrando en fila para financiar a Hitler como quien firma un convenio de proveedores. Vuillard los retrata con una ironรญa que corta: hombres poderosos, trajeados, respetables, que pasan a la Historia no por su visiรณn, sino por su comodidad moral. No me negarรกn que este escenario recuerda a esas imรกgenes de los magnates del petrรณleo reunidos en la Casa Blanca a principios de aรฑo para repartirse el botรญn del crudo venezolano.

Ritmo mรกs humano

Lo que hace que el libro funcione no es solo lo que cuenta, sino cรณmo lo cuenta. Vuillard escribe como quien abre una ventana en una habitaciรณn cerrada: entra aire, pero tambiรฉn polvo. Su prosa es breve, punzante, casi cinematogrรกfica. No pretende ser neutral โ€”y menos malโ€” porque la neutralidad, en ciertos temas, es otra forma de complicidad. ร‰l seรฑala, acusa, ilumina. Y lo hace sin levantar la voz.

Leyรฉndolo desde Murcia, desde este rincรณn donde la vida discurre a un ritmo mรกs humano, uno no puede evitar pensar en la fragilidad de la normalidad. En cรณmo los grandes desastres empiezan siempre con gestos pequeรฑos: una reuniรณn, una firma, un โ€œno es para tantoโ€, un โ€œya veremosโ€. Y en cรณmo la Historia, esa seรฑora tan solemne, suele avanzar gracias a la suma de decisiones tomadas por gente que solo querรญa que nada cambiaraโ€ฆ aunque eso significara permitir lo peor.

Ilustraciรณn | NANA PEZ

Catรกlogo de miserias

La historia en minรบscula de esta semana ha sido un catรกlogo de miserias. Para empezar, el viaje de la presidenta de Madrid a Mรฉxico, que ha generado mรกs ruido que un camiรณn de butano repartiendo por las olvidadas pedanรญas de la capital o por los barrios castigados de Cartagena o Lorca. El ruido y la estridencia, amรฉn del victimismo, son la esencia del fango en el que retozar y en el que se sienten cรณmodas las ilustres figuras de la oleada ultra que nos envuelve.

Luego llega el crucero del hantavirus, que suena a novela de Stephen King, pero es tan real como el bolardo que casi te comes ayer en Floridablanca (en otros carriles no los encuentras, porque no los han repuesto). Un barco entero pidiendo fondear por indicaciรณn de la OMS y un Gobierno, el de Canarias, diciendo que no, que bastante tienen ya con el riesgo de las ratas nadadoras. Y tรบ, que solo querรญas llegar al trabajo sin que te abran la puerta de un coche en la cara, imaginas a los pasajeros del crucero preguntรกndose en quรฉ momento su viaje de relax se convirtiรณ en un escape room epidemiolรณgico.

Jefes y jefecillos

Y como guinda, Trump viaja a China. Un viaje que genera mรกs tertulias que la รบltima reforma del trรกfico en Murcia. Y Florentino Pรฉrez sale a la palestra para defender como un fortรญn a su club que maneja con mano de hierro y que le da esplendor para todos sus negocios, desde la construcciรณn a los servicios sociales. Dos jefes blancos, mayores, creรญdos para la gloria y misรณginos. Todo un pack que permite su visibilidad mediรกtica

Por si faltaba algo, el Congreso suspende cautelarmente a Vito Quiles y Bertrand Ndongo por sus prรกcticas de agitaciรณn. Y tรบ, que pedaleas por la orilla del Segura intentando no caerte en un socavรณn, te ves atrapado en un debate nacional sobre convivencia parlamentaria, libertad de expresiรณn y el misterioso arte de convertir la polรญtica en un talent show donde nadie canta, pero muchos desafinan.

Gestos pequeรฑos

En ese momento recuerdas otra idea de Vuillard: que los grandes desastres empiezan siempre con gestos pequeรฑos, casi invisibles. Una reuniรณn, una firma, un โ€œno es para tantoโ€. Y piensas que quizรก la verdadera tragedia contemporรกnea no es la noticia escandalosa, sino la acumulaciรณn de todas ellas, ese bombardeo constante que nos deja aturdidos, como en la ilustraciรณn de Nana Pez que acompaรฑa esta columna.

Frente a ello, la serenidad, que no consiste en mirar hacia otro lado, sino de frente sin dejarse arrastrar por el ruido. Porque incluso cuando la Historia se acelera, incluso cuando los titulares parecen terremotos, el suelo sigue ahรญ, firme, esperando a que volvamos a pisarlo, aunque sea a un palmo.


El periรณdico que uno lleva pegado a la piel

El periรณdico que uno lleva pegado a la piel

Hay periรณdicos que se leen y periรณdicos que se viven. Hay periรณdicos en los que uno se siente cรณmodo, como el que tiene entre sus manos. Y luego estรก El Paรญs, que durante medio siglo ha sido, para muchos, algo asรญ como un DNI emocional. No es solo un diario: es una marca, un equipo, un modelo, un olor a tinta que se te queda en los dedos y en la memoria. Tener El Paรญs entre las manos, bajo el brazo, en el portaequipaje de la bici, ha sido un signo de identidad. Y vaya si lo ha sido.

Mi infancia siempre estuvo vinculada con periรณdicos y revistas. En aquellos aรฑos 70, todos los dรญas llegaba a casa un ejemplar de La Verdad de Alicante, por el hecho de que mi padre fuese corresponsal del pueblo en el que vivรญamos. Era un detalle. Pero incluso antes, al crecer en medio de un ambiente social muy politizado, tambiรฉn lo hacรญan a menudo ejemplares de Sรกbado Grรกfico, Cuadernos para el Diรกlogo, Triunfoโ€ฆ y, posteriormente, Posible, Ciudadano, Cambio 16, etc. Quรฉ decir de la revista, entonces quincenal, Noticias Obreras, sucesora del Boletรญn de la HOAC, en la que publiquรฉ por primera vez en la primavera de 1976 un poema social sobre aquellos convulsos meses de conflictividad laboral.

En el recreo

Mi relaciรณn con El Paรญs, sin embargo, empezรณ en Yecla, en plena adolescencia, cuando uno aรบn no sabรญa quiรฉn era pero ya intuรญa quรฉ querรญa leer. Al quiosco llegaba con un dรญa de retraso porque entonces los diarios de Madrid viajaban mรกs despacio que las noticias. Pero daba igual: lo importante era alcanzarlo en el recreo, abrirlo como quien abre una ventana y sentir que el mundo estaba un poco menos lejos.

Luego vinieron los aรฑos de estudiante en Madrid, ese tiempo en que uno aprende a vivir con lo justo: leche, pan, apuntes y El Paรญs. Era gasto comรบn, casi un impuesto revolucionario de la vocaciรณn periodรญstica. No se leรญa: se militaba. Se coleccionaban las tazas de los Beatles, los anuarios de fin de aรฑo, las promociones absurdas que hoy ya no significan nada pero entonces eran un tesoro. Y se soรฑaba โ€”claro que se soรฑabaโ€” con escribir allรญ algรบn dรญa.

Ingenuidad y coraje

Hubo incluso aventuras de esas que hoy sonarรญan a locura. Como aquella noche del 86 en que quien suscribe se plantรณ en la sede de la calle Miguel Yuste para subirse a una furgoneta de reparto rumbo al Paรญs Vasco, camino del homenaje a Yoyes, asesinada un mes antes por sus antiguos compaรฑeros de ETA. Era tal la fusiรณn con el periรณdico que hasta uno se emocionaba junto a sus repartidores atravesando la Nacional I, con control de la Guardia Civil incluido. Y uno imagina la mezcla de ingenuidad, coraje y hambre de mundo que se tiene a los veinte aรฑos.

Tambiรฉn estaban los รญdolos de entonces: Fernando Jรกuregui, Bonifacio de la Cuadra, Soledad Gallego Dรญazโ€ฆ o Juan Arias, con sus crรณnicas desde Italia que hacรญan llorar a estudiantes de periodismo que aรบn no sabรญan que la emociรณn tambiรฉn es una forma de informaciรณn. El entierro de Enrico Berlinguer, uno de los padres del eurocomunismo, lo vivรญ a travรฉs de esas pรกginas como si hubiera formado parte de cortejo del millรณn de personas que lo despidiรณ en Roma.

50 aรฑos de El Paรญs
Ilustraciรณn | NANA PEZ

Y los veranos en la playa, cuando el ritual aรบn consiste en ir temprano al quiosco, comprar el ejemplar y leerlo en la terraza, junto a una taza de cafรฉ, โ€œde cabo a raboโ€, crucigrama incluido, como quien se toma el pulso a sรญ mismo.

Con los aรฑos, como en cualquier relaciรณn larga, hubo bandazos. Porque El Paรญs nunca ha sido tan de izquierdas como algunos quisieron creer, especialmente  en temas econรณmicos, pero tampoco ha dejado de ser el periรณdico de referencia para quienes crecimos con รฉl. La contradicciรณn tambiรฉn forma parte del cariรฑo. Como las consecuencias del ere de sus trabajadores โ€“entre ellos, Ramรณn Lobo- que lo vivimos muchos lectores como si nos hubiesen echado a nosotros a la calle.

Admiraciรณn por el papel

Hoy, en plena era del clic, contemplo con admiraciรณn a quienes acuden al quiosco a por su ejemplar en papel. Y me reconozco en ellos, al ser parte del club. Porque hay objetos que se adhieren a la piel, y un periรณdico es uno de ellos. No por nostalgia, sino por compaรฑรญa. Por las columnas de Manuel Vicent, por las firmas nuevas, por las reseรฑas de Babelia o la ironรญa de รรฑigo Domรญnguez, por esa sensaciรณn de que, mientras haya alguien que escriba y alguien que lea, el mundo seguirรก teniendo un poco de sentido.

Y sรญ, quizรก resulte paradรณjico escribir esto en un diario que no es El Paรญs. Pero asรญ es la vida: uno puede querer a varios periรณdicos a la vez, igual que quiere a varias ciudades, varios bares o varias etapas de sรญ mismo. Lo importante es reconocer de dรณnde viene cada pedazo de nuestra identidad. Y en la mรญa, como en la de tantos, siempre habrรก un ejemplar doblado bajo el brazo o en el portaequipaje de la bici, un quiosco de verano y un chaval de Yecla leyendo un periรณdico que llegaba tardeโ€ฆ pero llegaba.


El mal que dejamos pasar

El mal que dejamos pasar

Una noche de esta semana regresaba desde la Vega Baja del Segura a casa tras participar en la presentaciรณn del libro Trabajo humano, el reto pendiente (Ediciones HOAC, 2025) de Francisco Porcar, y me preguntaba si seguรญa teniendo sentido reflexionar sobre el mundo obrero. En concreto, construir una cultura del cuidado como utopรญa en torno al trabajo. No voy a negar que tenรญa mis dudas, sobre todo ante lo que estรก cayendo en el mundo, y la sensaciรณn de que somos una minรบscula partรญcula en este gran tablero de la geopolรญtica.

Dos momentos de la presentaciรณn del libro ยซTrabajo humano, el reto pendienteยป, el pasado 21 de abril en Callosa de Segura (Alicante)

No obstante, cuando te recuerdan que 3 millones de personas mueren cada aรฑo en el mundo por  accidentes y enfermedades laborales, o que tan solo en Espaรฑa fallecieron 735 trabajadores y trabajadoras en 2025, entiendes que hay muchas heridas en el mundo del trabajo que reclaman no mirar hacia otro lado. Que la precariedad, la falta de futuro, la desigualdad, el economicismo, la deshumanizaciรณn y el consumismo son algunas de las lรณgicas que deterioran la dignidad del trabajo.

 Todo en orden

Resulta que hay dรญas en los que uno se levanta, se sube a la bici y piensa que el mundo se ha vuelto un sitio razonablemente normal. Abre la panaderรญa, los crรญos van al cole, el personal empleado pรบblico ficha, los padres y las madres dejan a los niรฑos en la puerta con el cafรฉ aรบn caliente. Todo en orden. Y, sin embargo, basta rascar un poco para descubrir que la normalidad es ese barniz que ponemos encima para no mirar demasiado.

Lo recordaba leyendo a Monika Zgustova, que habla de cรณmo las sociedades se acostumbran al mal sin darse cuenta, como quien se acostumbra al ruido de una obra en la calle: primero molesta, luego irrita, y al final ya ni lo oyes. Y pensรฉ que, sin necesidad de dictaduras ni gulags, aquรญ tambiรฉn tenemos nuestras pequeรฑas renuncias diarias, esas concesiones que parecen insignificantes pero que, sumadas, construyen un paisaje moral bastante feo.

Porque el mal no siempre llega con botas militares. A veces llega con zapatillas cรณmodas y un โ€œbueno, tampoco pasa nadaโ€.

El ml que dejamos pasar
Ilustraciรณn | Nana Pez

Pequeรฑas renuncias

Pasa, por ejemplo, cuando un profesor o una profesora deciden que educar es opcional, que su trabajo consiste en sobrevivir a la maรฑana y rellenar papeles. Y nosotros, lo dejamos pasar porque โ€œbastante tienen con enfrentarse a las aulasโ€. Pasa cuando unos progenitores renuncian a ser padres y madres y delegan en la pantalla, en el colegio, en la abuela, en cualquiera que no sean ellos. Y lo justifican con un โ€œes que no tengo tiempoโ€. Pasa cuando un empleado pรบblico โ€”ese que deberรญa ser la cara amable y eficiente de cualquiera de las administracionesโ€” no cumple con su trabajo o te atiende como si le debieras dinero. Y tรบ, resignado, acabas pensando que โ€œes lo que hayโ€.

Y asรญ, a base de pequeรฑas renuncias, vamos construyendo una sociedad que tolera el mal no porque sea malvado, sino porque estรก cansada. Cansada de protestar, de exigir, de recordar que las cosas pueden ser de otra manera. Cansada de no querer lรญos.

Cรณmplices por comodidad

Zgustova cuenta que en los regรญmenes autoritarios la mayorรญa de la gente no es cรณmplice por convicciรณn, sino por comodidad. Que el miedo paraliza, sรญ, pero tambiรฉn paraliza la pereza moral. Y que los autoritarios โ€”los de uniforme y los de traje caroโ€” se alimentan de esa apatรญa como quien se alimenta de la luz del sol.

Aquรญ aรบn no tenemos dictadores โ€“aunque los identificamos claramente, porque son serviles ante el poderoso-, pero sรญ adoptamos esa tendencia a mirar hacia otro lado. A pensar que โ€œesto no puede durarโ€, como si las cosas se arreglaran solas. A repetir que โ€œya pasarรกโ€, como si el deterioro democrรกtico, la crispaciรณn polรญtica o la chapuza institucional fueran fenรณmenos meteorolรณgicos.

Principio del fin

Y mientras tanto, seguimos tolerando pequeรฑas grietas: docentes que no enseรฑan, padres y madres que no educan, empleados pรบblicos que no sirven y no cumplen, polรญticos que no rinden cuentas, ciudadanรญa que no exige. Grietas que, si no se tapan, acaban siendo un socavรณn.

Quizรก la pregunta no sea por quรฉ existe el mal, sino por quรฉ lo dejamos pasar. Por quรฉ nos cuesta tanto decir โ€œhasta aquรญโ€. Por quรฉ preferimos la comodidad de la queja a la incomodidad de la acciรณn. Por quรฉ escogemos mirar hacia otro lado.

A un palmo del suelo, desde la bici, uno ve que la ciudad sigue funcionando. Que la vida, aparentemente, va bien. Pero tambiรฉn ve que, si no espabilamos, un dรญa nos despertaremos y descubriremos que lo que parecรญa normal era, en realidad, el principio del fin. Y que lo dejamos entrar por pura pereza.


Hijos de la clase obrera

Hijos de la clase obrera

Dos acontecimientos recientes han despertado en mi memoria la esencia de sentirme un hijo de la clase obrera. Uf, cรณmo suena esa expresiรณn, โ€œclase obreraโ€, no โ€œclase media y trabajadoraโ€ o โ€œla Espaรฑa que madrugaโ€. El primero de ellos tuvo lugar en un estudio de radio, en el que cada semana el cura Joaquรญn Sรกnchez invita a quienes tienen que aportar retazos de esperanza. En mi caso, compartir la vida profesional en esto del periodismo y de compromiso social desde la HOAC, el movimiento de la Iglesia en el mundo obrero en el que me he criado y milito.

Militar es un verbo que tiene su miga, โ€œmilitarโ€, sobre todo en estos tiempos lรญquidos en el que las estructuras sociales ya no perduran el tiempo necesario para solidificarse. Tiempos de incertidumbre, de separaciรณn del poder y la polรญtica, del debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegรญan a la persona, o la renuncia al pensamiento y a la planificaciรณn a largo plazo. ย 

Ambiente familiar

En esa conversaciรณn se despertaron infinidad de recuerdos en torno a un ambiente sindical y polรญtico en una familia que, en ocasiones, me ha llevado a sentir que no tuve infancia. Desde el final del franquismo y el miedo a lo que pudiera pasar, a las dudas de la Transiciรณn y a las experiencias de aquel movimiento anti-OTAN de los aรฑos ochenta. Todo ello salpicado con la publicaciรณn de una poesรญa social a los once aรฑos y las primeras colaboraciones en prensa escrita. Reconocรญa el orgullo de ser hijo de un mecรกnico fresador y de una maestra embarcada en la educaciรณn popular.

El segundo escenario se sitรบa en la lectura de Amianto (Hoja de Lata, 2014), novela del escritor toscano Alberto Prunetti. Este es uno de los textos del primer aรฑo del Club de Lectura de CCOO, una iniciativa que pretende recuperar la cultura obrera. En este caso, en torno a la historia de Renato, que su oficio de soldador le condujo a una muerte prematura a causa del amianto. Es una historia obrera contada por su hijo, universitario, traductor, โ€œtrabajador cognitivo precarioโ€. Una historia anticapitalista, de lucha por un trabajo digno, con estampas muy reconocibles por quienes nos sentimos hijos de la clase obrera.

Verdad desnuda

โ€œLos callos en las manos de los obreros son bonitosโ€, escribe el hijo. Y uno piensa que sรญ, que quizรก lo รบnico verdaderamente honesto que queda en este mundo son esas manos que cuentan la vida sin necesidad de palabras. Son las manos callosas de mi padre, de nuestros padres, con sus monos azules que debรญan volver a relucir cada lunes.

Porque los callos no engaรฑan. No son como los currรญculums de ahora, llenos de verbos en inglรฉs y cursos de productividad y de inteligencia artificial. Son la verdad desnuda: horas, frรญo, calor, golpes, herramientas que pesan mรกs que la hipoteca. Y, sobre todo, una memoria que no se borra. Cada callo es un recordatorio de que hubo un tiempo โ€”no tan lejanoโ€” en que el trabajo se hacรญa con el cuerpo entero, no con el ratรณn y la nube. El prรณlogo de Isaac Rosa nos habla de ello.

Alberto Prunetti (a la derecha) ha sido uno de los autores escogidos en esta primera ediciรณn del Club de Lectura de CCOO.


Conflicto social

Vivimos instalados en la fantasรญa de que el trabajo duro ya no existe. Que las fรกbricas se han convertido en lofts y los obreros en emprendedores. Que las cosas se fabrican solas, como los tomates que aparecen en el sรบper sin que nadie los haya recogido. Y asรญ nos va: invisibilizando a quienes sostienen el mundo para no estropear la foto del progreso. Caemos en los seductores mensajes de que la clase obrera ha desaparecido, incluso la que nos trae en moto o patinete los menรบs a casa.

Duele reconocer esta sociedad de clases y del conflicto social. Y mรกs cuando el recuerdo viene impregnado de amianto, ese โ€œasesino silenciosoโ€ que matรณ a tantos trabajadores mientras las empresas miraban hacia otro lado. En nuestra tierra nos lo ha venido recordando desde hace aรฑos la Asociaciรณn de Perjudicados y Afectados por el Amianto (Apena), con centenares de vรญctimas en Cartagena, trabajadores de Repsol, Navantia y otras empresas del Valle de Escombreras. Lo mรกs inquietante es que el amianto funciona como metรกfora perfecta del capitalismo actual: se cuela sin que lo notes, se instala en tus pulmones, y cuando quieres darte cuenta ya es tarde.

Mientras tanto, nosotros nos contarnos la vida como si fuรฉramos protagonistas de una serie de Netflix: flexibles, creativos, multitarea. Pero la verdad es que la precariedad nos ha robado hasta el relato. Sentirnos hijos de la clase obrera es reivindicar que la memoria no es un lujo, sino una forma de justicia. Una reparaciรณn mรญnima para quienes levantaron el mundo con las manos y recibieron a cambio enfermedad, silencio y ruinas industriales convertidas en centros comerciales.


Ilustraciรณn | NANA PEZ

Artรญculo: La soledad de los incurables del amianto
Si quieres la paz, prepรกrate para la palabra

Si quieres la paz, prepรกrate para la palabra

Permรญtanme que afirme, si repasamos un poco la historia del siglo XX, que estamos en plena ย efervescencia futurista. De un futurismo surgido de la mano del poeta italiano Marinetti que en ย 1909 publicรณ el Manifiesto Futurista y que les invito a conocer. Recogรญa lindezas como esta: โ€œQueremos glorificar la guerra โ€”รบnica higiene del mundoโ€”, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujerโ€. Trump y sus seguidores por medio mundo, incluidos sus fieles discรญpulos en Espaรฑa, como Ayuso o Abascal, tienen de quรฉ alimentarse.

Era un arte de acciรณn, con sus obras caracterizadas por el color y las formas geomรฉtricas. La mรกquina (incluida la de guerra), los edificios, la velocidadโ€ฆ son algunos de sus rasgos. Acciรณn, ruptura y descalificaciรณn con el pasado suenan a ese supuesto viejo orden internacional que el conservadurismo mรกs recalcitrante apela a eliminar y superar. Hasta se le escapรณ a Von der Leyen al cuestionar el derecho internacional esta semana.

Construir la paz

En mitad del revuelto panorama internacional hay libros que llegan como un susurro y otros que irrumpen como un aldabonazo. El de Federico Mayor Zaragoza y Emilio Josรฉ Gรณmez Ciriano pertenece a la segunda especie. Uno abre La hora de la ciudadanรญa (Ediciones HOAC, 2026) y siente que le estรกn hablando directamente, sin rodeos, como quien te agarra del brazo para evitar que cruces la calle mirando el mรณvil. Mayor Zaragoza, en su รบltimo texto antes de morir, insiste en que โ€œla paz no se construye con arsenales, sino con diรกlogo, justicia y participaciรณn ciudadanaโ€, una frase que en el libro aparece casi como un latido constante.

Y mientras uno lee esa defensa radical del verbum frente al bellum, llega la noticia del asesinato del padre Pierre Alโ€‘Rahi, un sacerdote catรณlico maronita en el sur del Lรญbano. No fue un daรฑo colateral, no fue un error, no fue un โ€œincidenteโ€. Fue un ataque deliberado contra quienes corrรญan a socorrer a un herido: โ€œHubo un primer ataqueโ€ฆ entonces el padre Pierre corriรณโ€ฆ cuando se produjo otro ataque, con un segundo bombardeo sobre la misma casaโ€, contaron testigos presentes de su muerte. ย 

Impunidad criminal

Mayor Zaragoza hablaba de la โ€œhora de la ciudadanรญaโ€, de ese momento en que los pueblos dejan de ser espectadores y reclaman su sitio en la historia. Y uno no puede evitar preguntarse quรฉ ciudadanรญa puede construirse cuando quienes encarnan la palabra โ€”un sacerdote que se niega a abandonar a su comunidad, un anciano que riega su jardรญn, un pueblo que se aferra a sus olivosโ€” son barridos por la lรณgica del mรกs fuerte. Hablamos de โ€œtierra quemadaโ€ y de la โ€œimpunidad criminalโ€, y es difรญcil no escuchar en esas palabras el eco de lo que advertรญa sobre el veto de las potencias y la cultura de la fuerza que atraviesa el siglo XX y se prolonga, tozuda, en el XXI.

Emilio Josรฉ Gรณmez Cirino (izda.) y Federico Mayor Zaragoza, autores del libro de Ediciones HOAC


Pero quizรก lo mรกs inquietante es la normalidad con la que asumimos estas noticias. Como si la muerte del padre Pierre fuese un episodio mรกs en un conflicto lejano, cuando en realidad es un espejo incรณmodo. Porque รฉl muriรณ haciendo exactamente lo que el libro reivindica: ejercer la ciudadanรญa desde abajo, desde la dignidad, desde la responsabilidad de no mirar hacia otro lado. Muriรณ practicando esa paz concreta, cotidiana, que Mayor Zaragoza sitรบa en la familia, en la escuela, en la vida pรบblica. Muriรณ, en definitiva, โ€œmientras ejercรญa el mรกs alto mandato evangรฉlico: el socorro al prรณjimoโ€.

Romper la comodidad

Este cruce entre libro y tragedia deberรญa interpelarnos. No basta con indignarse un rato en redes. No basta con compartir una foto con un lazo. La โ€œรฉtica del tiempoโ€, como la llama, exige actuar hoy, no maรฑana. Exige romper la comodidad del sofรก y asumir que la paz no es un estado, sino un trabajo. Un trabajo pesado, insistente, a veces ingrato, pero imprescindible.

Por eso, la denuncia de la Red Internacional โ€œSacerdotes contra el genocidioโ€ denunciando este asesinato, termina con una frase que podrรญamos firmar muchos: โ€œNo puede haber paz sin verdad, ni reconciliaciรณn sin que quienes siembran la muerte rindan cuentasโ€.

Palabras que incomoden

Prepararse para la palabra, sรญ. Pero no para una palabra tibia, sino para una que incomode, que denuncie, que acompaรฑe, que sostenga. Una palabra que, como el padre Pierre, se atreva a correr hacia el herido aunque haya drones sobrevolando el cielo o tanques amenazando tus casas. Una palabra que, como la de Mayor Zaragoza, siga resonando incluso despuรฉs de que quien la pronunciรณ ya no estรฉ.

Porque la hora de la ciudadanรญa no es maรฑana. Es ahora. Y empieza, siempre, a un palmo del suelo.


Ilustraciรณn | NANA PEZ

Utopรญa compartida… en el tajo

Utopรญa compartida… en el tajo

Tres curas acaban de escribir y publicar dos libros. De esos tres sacerdotes, dos estรกn casados. Uno ha sido cura obrero, otro estรก empeรฑado en no dejar escapar la oportunidad de visibilizar su opciรณn por los mรกs pobres aquรญ en la Regiรณn de Murcia y con los refugiados en diversas partes del planeta. Y todos ellos decidieron en algรบn momento de su vida que su ministerio sacerdotal habรญa que derramarlo en medio del mundo, alejado de oropeles y del boato, de un cometido que no fuera el de encarnarse en realidades que habitualmente parecen destinadas a otro tipo de personas. Una utopรญa compartida… en el tajo.

Amigos y compaรฑeros

Hablar de Joaquรญn Sรกnchez Sรกnchez (Vilanova de Sau, Barcelona, 1962) y de Fernando Bermรบdez Lรณpez (Alguazas, Murcia, 1943) es hacerlo de dos amigos y compaรฑeros en mil batallas por la solidaridad y el compromiso. Habitualmente aparecen en medios de comunicaciรณn, bien como destacados columnistas o como activistas frente a los desahucios, concentraciones en favor de las personas refugiadas, los derechos humanos y la cercanรญa a quienes son descartados del sistema. Joaquรญn Sรกnchez es la bondad personificada, portador de un corazรณn tan grande para amar que a veces le juega una mala pasada, capellรกn de prisiones y de centros de salud mental o de mayores. Fernando Bermรบdez, con su barba cana, es la imagen de quien un dรญa llegรณ a Amรฉrica Latina y se enamorรณ de su pobreza y rebeldรญa, de su pasiรณn para vivir la fe de otra manera distinta a la que estaba acostumbrada en estas tierras. Y para dialogar entre las religiones desde una posiciรณn de igual a igual.

Diรกlogo epistolar

En La utopรญa compartida (Alianza Con-Vida 20, 2023) ambos entablan un diรกlogo epistolar repleto de reflexiones sobre todo aquello que les inspira en sus diferentes opciones de vida. Desde el sentido de la acciรณn sociopolรญtica a la crisis de la รฉtica, desde la conversiรณn y el sentido de la propia vida a la corrupciรณn y, paradรณjicamente, a los signos de esperanza o al Reino de Dios. Del diรกlogo interreligioso a preguntarse si las religiones sirven para algo. Por supuesto, sin dejar pasar la Iglesia que sueรฑan, los retos ante la vida y la declaraciรณn de principios de que el amor vence los discursos de odio.

Y para culminar este libro escrito a cuatro manos, un regalo tras este intercambio de cartas: su credo. Una confesiรณn repleta del alimento de la fe y la esperanza de que este mundo tiene sentido, bajo el impulso de la utopรญa en la bรบsqueda de nuevos horizontes. Desde sentir a Dios como una fuerza espiritual, trascendente, en el corazรณn del Universo, infinitamente mayor que cualquiera de las religiones que lo hacen suyo. Una declaraciรณn de fe en Jesรบs de Nazaret, de su encarnaciรณn en los รบltimos y de su anuncio de la buena noticia y esperanza para las personas empobrecidas. Una proclama acerca del Reino de Dios en la historia presente que es capaz de convertir los corazones agrietados de los hombres y mujeres en semillas de liberaciรณn, en una Iglesia nueva soรฑada que ama a Marรญa que ยซsacรณ a los poderosos de sus tronos y puso en su lugar a los humildesยป.

Mantener la memoria

El tercero de los autores es Pedro Castaรฑo Santa (Yecla, Murcia, 1940), cura obrero afincado desde los comienzos de su ministerio en Cartagena y del que hace unos meses dimos cuenta de La otra cara de la Catedral Antigua (2022), un retrato de lo vivido en la parroquia de Santa Marรญa la Antigua entre los aรฑos 1967 y 1976, en los que estuvo adscrita a la Diรณcesis de Cartagena. Su anterior trabajo, en el que en sus poco mรกs de cien pรกginas, logra cumplir el principal objetivo que le llevรณ a remover recuerdos y a recopilar documentos y fotografรญas de esos aรฑos: mantener viva la memoria de lo que allรญ aconteciรณ.

Pedro Castaรฑo acaba de publicar En el tajo. Avatares de un cura en su trabajo (octubre 2023), prologado por el historiador y secretario comarcal de CC.OO. Josรฉ Ibarra Bastida, en el que se narra todo su periplo vital como cura obrero desde sus tiempos de seminarista, atravesado por el impulso que estos testimonios de encarnaciรณn en el mundo del trabajo llevaron a cabo los curas obreros franceses. Una inspiraciรณn que le llegรณ de la mano de los grupos de Jesรบs Obrero, la experiencia de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y de la presencia de Guillermo Rovirosa, primer promotor de la HOAC, y del sacerdote Tomรกs Malagรณn, en el propio Seminario Mayor de Murcia.

Encarnaciรณn en el mundo obrero

A lo largo de sus pรกginas podemos conocer los diferentes lugares de trabajo que este yeclano conociรณ desde adolescente, en su pueblo, y ya de joven, en la vendimia francesa. Su verdadero bautismo como cura obrero, como รฉl mismo reconoce, en Uniรณn Explosivos Rรญo Tinto, ya en Cartagena, en empresas auxiliares, en la Refinerรญa de Escombreras, su posterior despido, el paso por la cola del paro hasta llegar a una empresa auxiliar de Bazรกn, para luego emplearse en otra de jardinerรญa. Un periplo como estibador frustrado, pescador, reparador de barcos de recreo, librero en Espartaco durante unos meses y miembro de una cuadrilla de yesaires o yeseros en Zamora y Cocentaina (Alicante), asรญ como en La Palma, hasta recalar en Correos, donde conociรณ diferentes destinos hasta su jubilaciรณn. Un recorrido vital en el que ha primado siempre su deseo de encarnaciรณn en el mundo obrero. Desde su condiciรณn sacerdotal, aunque en un momento de su vida decidiera unirse a Rosa, su mujer, con la que ha tenido dos hijos y nietos.

Dos libros que son unos nuevos hijos para estos jรณvenes inquietos, ministros de la utopรญa, la dignidad y el compromiso. De la esperanza que no desfallece.

Callejรณn sin salida

Callejรณn sin salida

Ilustraciรณn: NANA PEZ

No sรฉ si fue premeditada, pero en las imรกgenes de la entrega del โ€˜Informe sobre abusos sexuales en el รกmbito de la Iglesia catรณlica y el papel de los poderes pรบblicosโ€™ por parte del Defensor del Pueblo, รngel Gabilondo, a la presidenta de las Cortes Generales, Francina Armengol, me llamรณ la atenciรณn un detalle: la cruz que colgaba del cuello de la tercera autoridad del Estado. No creo que la elecciรณn fuese por casualidad. Desconozco la intenciรณn, pero, como catรณlico, sรญ me siento interpelado por el hecho de que haya sido una instituciรณn como la del Defensor del Pueblo la que haya tenido que abordar en profundidad, y por vez primera, un asunto tan grave que afecta a la esencia de una instituciรณn como la que representa la Iglesia espaรฑola, de la que formo parte, como humilde miembro del Pueblo de Dios.

Silencio y vergรผenza

El silencio de quienes pudieron hacer mรกs para evitar la pederastia, la soledad y el dolor de las vรญctimas, la reacciรณn de la Iglesia, la necesaria compensaciรณn econรณmica a las vรญctimas para la reparaciรณn del delito y las dificultades en la aportaciรณn de los datos por parte de las diรณcesis y los institutos de vida consagrada, son las cinco claves del Informe del Defensor del Pueblo. Frente a esta รบltima, รngel Gabilondo valorรณ durante la presentaciรณn del documento la investigaciรณn que desde el aรฑo 2018 viene haciendo el diario El Paรญs. Una respuesta que la Iglesia, desde el papado hasta el รบltimo rincรณn de la รบltima diรณcesis o congregaciรณn religiosa, deberรญa de haber dado desde el minuto uno.

Gravedad mรกxima

No oculto el sentimiento de vergรผenza, como creyente de a pie, al pertenecer a una instituciรณn que durante mucho tiempo ha guardado silencio, cuando no, cรณmplice, por sus cautelas o por querer minimizar unos hechos que son motivo y causa de escรกndalo. Y, ademรกs, no comprendo las reacciones de algunos de nuestros obispos, sacerdotes y otras personas consagradas -ademรกs de seglares de la Iglesia- al cuestionar las cifras de posibles vรญctimas en nuestro paรญs, extrapoladas de los datos que ofrece el informe. El problema no estรก en si son o no 440.000 las personas abusadas. El asunto ya es de una gravedad mรกxima con que solo una de ellas haya sufrido abuso sexual por parte de quien tenรญa encomendada su labor de formarla y/o acompaรฑarla en la fe.

Aquรญ puedes acceder al Informe sobre los abusos sexuales en el รกmbito de la Iglesia catรณlica y el papel de los poderes pรบblicos.

Me cuesta pensar que sea el temor a hacer frente a indemnizaciones millonarias el principal motivo de las reacciones a la defensiva por parte de nuestros obispos. Los superiores de las รณrdenes religiosas han ofrecido una respuesta mรกs adecuada a la gravedad de este problema. Desde la peticiรณn de perdรณn y la disposiciรณn a colaborar con el Defensor del Pueblo y el resto de instituciones.

Valentรญa y determinaciรณn

Mirar para otro lado, trasladar a otro destino a la persona agresora, minimizar el asunto o extender y generalizar los abusos a otros รกmbitos de la sociedad (como el familiar, educativo o deportivo) han sido prรกcticas comunes por parte de muchas diรณcesis e institutos religiosos. No solo en Espaรฑa, sino en una larga lista de paรญses, con ejemplos y consecuencias muy notorias como las ocurridas en Estados Unidos o Irlanda. A esos comportamientos se suman otros, como tratar de victimizar a las propias vรญctimas o no atenderlas como se merecen, o esconder la cabeza como los avestruces, sintiรฉndose incluso mรกrtires de una supuesta cruzada frente al ateรญsmo o el anticlericalismo. Y todo por no abordar con valentรญa y determinaciรณn un asunto tan grave como el de la pederastia, en el que te juegas la credibilidad como instituciรณn educadora de las conciencias y valores para toda una vida. Lo sรฉ de primera mano porque en mi vida profesional me ha tocado gestionar comunicativamente mรกs de un caso de pederastia y abusos protagonizados por sacerdotes o religiosos.

Respuestas ambiguas

El propio Benedicto XVI ya identificรณ hace casi tres lustros, en su Carta pastoral a los catรณlicos de Irlanda (como recordaba el periodista Josรฉ Martรญnez de Velasco en su prรณlogo al libro de Juan Ignacio CortรฉsLobos con piel de pastor), varios factores como causa del escรกndalo: procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y la vida religiosa; insuficiente formaciรณn humana, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados; tendencia a favorecer al clero y otras figuras de autoridad, asรญ como una preocupaciรณn desmesurada por el buen nombre de la Iglesia. En estos tiempos de sinodalidad no caben respuestas ambiguas, ni miradas esquivas, ni callejones sin salida. De frente y sin titubeos.

ร‰tica del cuidado y kardรญa

ร‰tica del cuidado y kardรญa

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Entre el nuevo y grave episodio del conflicto palestino-israelรญ y la imagen de la Espaรฑa se rompe protagonizada por esos grandes personajes de la unidad y la concordia, como son Abascal, Ayuso y Feijoo, me permito introducir un espacio de sosiego para reflexionar sobre de lo que apenas se habla en lo que nos va la vida: el cuidado. En concreto, sobre El principio รฉtico del cuidado (La Tapia, 2023), un libro que vio la luz a comienzos de este aรฑo de la mano de dos editores del extrarradio geogrรกfico y del pensamiento acadรฉmico crรญtico, Juan Escรกmez Sรกnchez y Ramรณn Gil Martรญnez. Un texto que nace afectado de lleno por la experiencia de la pandemia en nuestras vidas y el conflicto entre Rusia y Ucrania. Desde la constataciรณn de la vulnerabilidad del ser humano, que traspasa aquella convicciรณn de que todo estaba bajo control.

Vulnerabilidad

A este contexto que ha dado tantos frutos bibliogrรกficos se le pueden sumar una infinidad de situaciones vitales que salpican la realidad de lo cotidiano o de lo que, aparentemente, pueda resultar mรกs distante. Hablamos de los dramas humanitarios en cualquier parte del planeta, las migraciones, los desastres naturales y aquellos provocados directamente por la intervenciรณn del hombre. Nuestra civilizaciรณn tiene mucho de gigante con pies de barro. Es precisamente esa vulnerabilidad la que nos ha llevado con mรกs intensidad a la afirmaciรณn de que necesitamos cuidados y a preguntarnos si sabemos los que nos pasa, si estamos preparados para ellos, quรฉ podemos hacer y, sobre todo, a quiรฉnes afecta la realidad del cuidado.

Universalizaciรณn del cuidado

A lo largo de los nueve capรญtulos que componen esta monografรญa tenemos elementos mรกs que suficientes para entrar en el juego de la reflexiรณn, el anรกlisis cientรญfico y el rigor intelectual y a la vez poner los pies en el suelo para salir al encuentro, con el resto de los mortales, en las periferias de nuestros mundos. Desde los fundamentos de la รฉtica del cuidado a los sujetos de la misma, para acabar con la relaciรณn con la Inteligencia Artificial, el sistema educativo y la universalizaciรณn del cuidado en la familia humana.

Un apartado, sin embargo, que, a mi juicio, es uno de los meollos de este trabajo, es el que tiene que ver con el cuidado de uno mismo. Porque a estas alturas de la pelรญcula, ademรกs de definir al ser humano como vulnerable, esto es, reconocerlo como ser relacional, interdependiente e inacabado, podemos afirmar que quien no sabe cuidar su cuerpo, su mente y su corazรณn no podrรก acoger con verdadera entrega ni responder adecuadamente a la demanda de cuidados de las otras personas.

Huir de la autosuficiencia

La semana pasada, al hilo de la รบltima columna sobre lo irascible que estamos, un amigo de hace aรฑos y colega en estas mismas pรกginas me decรญa que todo eso de lo que hablaba se curaba con la edad. Seguro que tiene razรณn, pero intuyo que, ademรกs, necesitamos ponernos frente al espejo de nuestra realidad para una sincera bรบsqueda del sentido y de la relevancia del cuidado de uno mismo. Pesquisas, como reconocen los autores, en las que debemos alejarnos de posiciones narcisistas sobre el propio yo, que generalmente conducen a no conocerse a sรญ mismo, sino a identificarse con imรกgenes proyectadas, en cierto sentido falsas y alienantes. Tambiรฉn habrรก que huir del paradigma falaz de la autosuficiencia producto de la fantasรญa del subjetivismo y del individualismo. ยฟNo les suena esto ante tanto ego suelto en nuestros ambientes o en las realidades de la polรญtica y el trabajo profesional?

El cultivo del pensamiento crรญtico, el cuidado del propio cuerpo y mente, el fomento de la autoestima, la fuerza de la voluntad y el cultivo de la inteligencia emocional son los ingredientes esenciales para un camino que nos lleva de la prosocialidad (nuestra preocupaciรณn por el otro) a la fraternidad universal. Es el vรญnculo que articula a todos sin distinciones y, porque une, mueve a corregir las desigualdades y a ejercer la libertad con mรกs responsabilidad. Fratelli Tutti, la encรญclica del papa Francisco sobre la fraternidad y la amistad social, centra su mirada, precisamente, en dos actitudes vitales: el cuidado y el encuentro, que deben impregnar todas las respuestas a los procesos de reconstrucciรณn y recuperaciรณn que necesitamos. Y ello, tanto en el plano personal como en el comunitario.

Apuesta por la cordura

La defensa del principio del cuidado no entra en contradicciรณn con el principio de la justicia. ร‰sta propugna el trato igual a todas las personas, mientras que el que sostienen los autores, el primero, propugna lo contrario: el trato desigual a todas ellas. Se basa en la dependencia y la vulnerabilidad del ser humano frente a la autonomรญa promulgada por el de justicia. Pero no se contraponen. Sobre todo, si, como Adela Cortina, apostamos por la cordura en estos tiempos, virtud humana por excelencia en la que confluyen la prudencia, la justicia y la kardรญa, la virtud del corazรณn lรบcido. Casi nada. De ahรญ que formar en la compasiรณn, en la capacidad de ser con otros y de comprometerse con ellos es, a su juicio, la clave irrenunciable de la formaciรณn humanista que debe ofrecerse en el siglo XXI. Sumรฉrjanse en este libro y seguro que encuentran motivos para la esperanza y el comienzo de un camino para contemplar su realidad de otra manera. Y si no es suficiente, busquen los diez problemas que Jorge Bergoglio considera que hay que acometer para un futuro con esperanza, con el que los autores cierran su trabajo. Casi nada.


Por gentileza de los autores, el libro estรก disponible para ser leรญdo y/o descargado desde aquรญ.


Silencio de un reloj de arena

Silencio de un reloj de arena

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Acaban de regalarme un reloj de arena. Sรญ, amiguitos y amiguitas, un reloj de arena es ese instrumento mecรกnico que sirve para medir un determinado perรญodo de tiempo. Tiene dos receptรกculos de vidrio conectados entre sรญ permitiendo el flujo de arena desde el situado en la parte superior al de la inferior. A quienes no lo hayan visto en vivo y en directo les remito a esos dibujitos que aparecen girando sobre sรญ mismos cuando en ocasiones cambiamos de pantalla en un ordenador personal o intentamos arrancar una aplicaciรณn. Los hay de diferentes tamaรฑos y, por tanto, de cantidad de arena que pasa de un lugar a otro, lo que permite delimitar claramente el principio y el final del periodo de tiempo en el que se requiere concentraciรณn.

Paso del tiempo

Desconozco la intencionalidad profunda que anidaba en quien me ofreciรณ el obsequio, porque el tiempo de duraciรณn del que desde hace unos dรญas estรก sobre mi mesa de trabajo es de quince minutos. Ni mรกsโ€ฆ ni menos. Un espacio suficiente para que la vista se me nuble si quiero seguir el ritmo con el que esos granos de arena se derraman desde el cubรญculo de arriba al de abajo. La donante me ha confesado que era una invitaciรณn a ser consciente de la realidad, a reconocer el paso del tiempo y a valorar el silencio. Sรญ, como suena. La paz, el sosiego o la tranquilidad, esos instrumentos imperceptibles y tan repletos de valor. Esos lujosos instantes que a menudo anhelamos pero que, en buena parte de las ocasiones, eludimos porque nos ponen en un brete. Menudo despropรณsito.

Guardar silencio en estos tiempos convulsos y de polarizaciรณn no es un hรกbito que goce de gran predicamento

No es mรกs verdad que esa sentencia atribuida a Aristรณteles de que uno es dueรฑo de sus silencios y esclavo de sus palabras, en cuanto que nos sitรบa en una posiciรณn de control de situaciones y, sobre todo, de las emociones que se disparan en multitud de momentos. Porque en innumerables circunstancias tendrรญamos que habernos mordido la lengua antes que destapar nuestras cartas. Pero guardar silencio, mรกxime en estos momentos de convulsiones polรญticas y sociales, no es un hรกbito que goce de gran predicamento. Todo lo contrario. Cuanto mรกs ocurrente sea una respuesta ante una situaciรณn de enfrentamiento o debate quien ejerce ese papel dominante parece ganar mรกs terreno. Lamentablemente es asรญ, pero el precio que a menudo hay que pagar es muy alto.

Menudo dilema

Una amiga me confesaba hace unos dรญas que en el silencio de una capilla que permanece abierta dรญa y noche habรญa encontrado un poco de sosiego ante lo que bullรญa en su interior. Toda su vida ha girado en estar ahรญ, siempre dispuesta para resolver los problemas de los demรกs, fueran sus hermanos, sus padres, sus hijos o el resto del mundo mundial. ยฟY a mรญ cuรกndo me toca?, se interrogaba. ยฟPor quรฉ no ha encontrado antes un lugar para mirarse a sรญ misma y disponer de la posibilidad, incluso, de equivocarse en su camino? Menudo dilema, con el agravante de que habรญa sido educada en la creencia de que si se preocupaba de ella misma era una egoรญsta y contravenรญa los designios de no se sabe bien quรฉ ser superior que nos juzgaba por ello. Esas disyuntivas morales, en las que la culpa aparecรญa cuando menos la esperaban, le habรญa acompaรฑado toda su vida.

Hombres grises

Esa niรฑa habรญa querido ser un dรญa un hombre cuando su padre la habรญa interrogado sobre su futuro. Un varรณn para no tener que hacerse cargo de sus hermanos pequeรฑos y compartir habitaciรณn sin tener que avergonzarse por ello. Y ademรกs, en ese tercer grado al que la sometiรณ su progenitor manifestรณ su deseo de poder convertirse en vagabundo con el fin de saborear lo que supone no depender de nadie ni de las circunstancias que la atenazaban a diario. Estoy seguro de que, sin saberlo de antemano, querrรญa haber sido Momo, la protagonista de la novela de Michael Ende, que solo con escuchar conseguรญa que todos se sintieran mejor. Tampoco se dejarรญa engaรฑar por la promesa de los hombres grises de que ahorrar tiempo es lo mejor que se puede hacer, lo que provocaba que, poco a poco, nadie tuviese tiempo ni para jugar con los niรฑos. ย ย ย 

No me extraรฑa que el silencio se haya convertido en el perรญodo mรกs nutritivo de su existencia. De la suya y de la nuestra. Un territorio en el que reencontrarse con esas voces apagadas durante tantas estaciones atravesadas por relojes de arena.

A imagen y semejanza

A imagen y semejanza

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Han pasado ya mรกs de tres dรฉcadas desde que en nuestra boda escuchรกsemos uno de los bellos poemas de Khalil Gibran recogidos en El Profeta (1923). Eran tiempos de uniรณn entre el amor espiritual de raรญz cristiana con el misticismo sufรญ o el judaรญsmo, y sentรญamos una plena identificaciรณn con esa manera de entender el camino que la vida nos tenรญa preparado. En este caso, Del matrimonio, ofrecรญa una mirada que encajaba con el incipiente proyecto vital: โ€œAmaos uno a otro, mรกs no hagรกis del amor una prisiรณnโ€ o esas estrofas finales que invitaban a permanecer unidos, โ€œmas no demasiado juntos:/ porque los pilares sostienen el templo, pero estรกn separados. / Y ni el roble ni el ciprรฉs crecen el uno a la sombra del otroโ€.

Tus hijos no son tus hijos

Unos aรฑos despuรฉs volvimos a este poeta libanรฉs, cristiano maronita, con otro de los poemas dialogados por ese profeta que unos aรฑos antes de su muerte abandona el pueblo que lo ha acogido y sus moradores le piden que reflexione sobre diversos temas. Todos ellos, sumados en conjunto, componen ese texto que merece la pena volver a leer. De los hijos ha sido el poema que, casi sin pretenderlo de manera consciente, ha guiado la educaciรณn de nuestra descendencia. Comienza con esa potente afirmaciรณn de que โ€œVuestros hijos no son vuestros hijos. / Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida, / ansiosa por perpetuarseโ€. Y desde el principio, por mucho que te empeรฑes, es asรญ. En mi caso, tras sentirme golpeado doblemente por la muerte en un corto espacio de tiempo.

Estoy seguro de que cada padre, cada madre, en la soledad del silencio interior, es capaz de reconocer que, aunque estรฉn a nuestro lado, no nos pertenecen. Ni cuando proyectamos en ellos, en ellas, todo aquello que un dรญa quisimos ser y no fuimos capaces de afrontar de cara, con valentรญa. Cuando nos damos cuenta de que las intenciones -mejor dicho, las expectativas- eran errรณneas, porque estaban sustentadas en un deseo inalcanzable. Khalil Gibran nos dice que โ€œpodรฉis darles vuestro amor; no vuestros pensamientos:/ porque ellos tienen sus propios pensamientos. / Podรฉis albergar sus cuerpos; no sus almas:/ porque sus almas habitan en la casa del futuro, / cerrada para vosotros, cerrada incluso para vuestros sueรฑos.โ€ / Faltarรญa mรกs. Por mucho que ese chantaje emocional que hemos sufrido la generaciรณn del baby boom y siguientes nos salga por los poros y, acaso de manera automรกtica e inconsciente, hayamos incurrido en prolongar el maldito hรกbito que pretende controlar la existencia de nuestra prole.

Plantar cara

La vida no retrocede ni se detiene en el ayer. Cuรกnto tiempo y vida ganarรญamos si llegรกsemos a comprender que esto es asรญ. No estarรญamos paralizados con la mirada atrรกs, a la espera de que suceda algo que ya estรก aquรญ. Porque resulta muy comรบn eludir nuestras propias responsabilidades a causa del miedo y la culpa, esas dos amigas y aliadas que forman un tรกndem para hacernos la existencia mรกs difรญcil todavรญa. El primero es capaz de sojuzgar la voluntad del mรกs pintado. El miedo paraliza, provoca el caos existencial, somete y avasalla ante cualquier atisbo de libertad, de autonomรญa. Y lo hace frente al que ostenta el poder en cualquier faceta de la vida. De ahรญ que plantar cara a quien nos provoca temor -que muchas veces somos nosotros mismos- sea el primer paso para la libertad. ย ย ย 

La segunda, la culpa, es la hija perfecta del chantaje emocional. Es aquella dimensiรณn que provoca ansiedad, angustia y un malestar que se derrama por el cuerpo, la mente y el propio hรกbitat. En ocasiones, nuestros progenitores -seguro que muchas veces de manera inconsciente- nos la han inoculado. Somos herederos de esa manera de actuar y, en determinados momentos, caemos en la trampa de intentar perpetuarla. No olvidemos que es un sรญntoma de la pandemia de mediocridad e infantilismo que pulula por el mundo. Muchos son quienes pretenden contagiar de miedo y culpa las relaciones humanas. Con esa pareja de hรกbitos se sienten poderosos y se permiten juzgar la conducta del respetable, mientras que eluden la mirada de su yo mรกs profundo.

Flechas vivientes

De ahรญ la exhortaciรณn a ser โ€œel arco desde el que vuestros hijos son disparados como flechas vivientes hacia lo lejosโ€. Asรญ concluye Khalil Gibran esas reflexiones sobre la estirpe: โ€œDejad que vuestra tensiรณn en manos del arquero se moldee alegremente. / Porque asรญ como ร‰l ama la flecha que vuela, / asรญ ama tambiรฉn el arco que se tensaโ€. El reto estรก en querer mantener vivo el arco sin esperar nada a cambio.      

Vidas adolescentes

Vidas adolescentes
ILUSTRACIร“N | Eva van Passel Gambรญn

El mundo adulto estรก sobrevalorado. Es una meta a alcanzar que aparece ya en las etapas iniciales de la vida, aquellas que arrancan desde el instante en el que nuestros progenitores se empeรฑan en presentarla como una cima a conquistar a costa de lo que sea. Un trayecto que deja a su paso tal reguero de frustraciones y sinsabores que uno llega a preguntarse si merece la pena pagar ese precio. Especialmente en lo tiene que ver con ese mapa tan complejo como es el de la denostada adolescencia, un mundo que hemos atravesado como hemos podido. En buena parte de los casos, cuando nos tocaba. Pero no nos engaรฑemos, conocemos a quienes ni siquiera han salido de ese estado en el momento que ahora se encaminan a la senectud.   

Piezas de un rompecabezas

Este perรญodo del crecimiento que nuestros divulgadores cientรญficos de cabecera sitรบan entre los 10 y 19 aรฑos es el tiempo del odio a todo lo que se mueve, sobre todo si tiene que ver con el escenario de los mayores, sean los padres y madres, profesores, hermanos mayores -y, por supuesto, menores- o que juegue a cualquiera de los prototipos de la autoridad. Es el odio que siente Trini/Tritona, la protagonista de La novias (InLimbo Ediciones, 2022) una gran novela coral de Cristina Morano (Madrid, 1967) situada en mitad del gรฉnero social y el distรณpico en la que esta adolescente no llega a entender el mundo del instituto (de sus profes agotados) y de su casa que le esperar (con sus Jefes explotados).

La historia de sus personajes es la de la carrera emprendida en la bรบsqueda del reconocimiento, mientras resulta muy complejo encajar las piezas de un rompecabezas en el que se convierten las historias de estos niรฑos y niรฑas. Unos pequeรฑos seres que son los nuestros, carne de caรฑรณn de las apuestas con las que se enriquecen esos adultos farsantes e hipรณcritas que se llenan la boca (y, por supuesto, los bolsillos) de promesas de un mundo mejor. Un camino lleno de obstรกculos que intenta vencerse con innumerables retos. La trama conjuga a la perfecciรณn el horror y la belleza, con evocaciones repletas de poesรญa, el mundo de los retos virales y las apuestas de todo tipo. Una gran novela en la que se mezcla la realidad y la ficciรณn con un sinfรญn de guiรฑos a personajes cercanos y a lรญderes sociales.

Maniqueรญsmo simplista

Al hablar de la adolescencia se corre el riesgo de caer en un maniqueรญsmo simplista. O descalificarla sin mรกs, porque se es incapaz de entender todo lo que bulle en el interno de quienes la viven, o idealizarla, aunque sea desde el desconocimiento atroz que esconde la incompetencia de ponerse en el lugar del otro. Sirva como contrapunto la iniciativa que un grupo de escolares de un colegio de Pamplona ha llevado a cabo estas semanas, con la elaboraciรณn de un cรณdigo รฉtico para personas que estรกn en polรญtica. Pero no se han limitado a ese grupo ante el que resulta fรกcil lanzar crรญticas y descalificaciones. Tambiรฉn lo han hecho para quienes quieran ejercer ciudadanรญa. Esto es, para el comรบn de los mortales. Para usted, querido y querida lectora. Lo presentaron a comienzos de este mes en el Congreso de los Diputados y lo han firmado hasta la fecha seis de los siete candidatos a la alcaldรญa de la capital navarra.

Son cinco compromisos que, para los primeros, pasan por decir siempre la verdad, no prometer lo que no pueda cumplir y por combatir la polarizaciรณn creciente en nuestra sociedad. El tercero es el de intentar buscar puntos de encuentro y consenso con otros partidos polรญticos, mientras que los restantes pasan por la renuncia a la corrupciรณn en todas sus formas, asรญ como al insulto, la descalificaciรณn y el ataque personal hacia el otro. Ni mรกs ni menos. Menuda responsabilidad que habrรญa que exigirle a quienes asuman cualquier puesto polรญtico en nuestras instituciones. La misma que tendrรญamos que adoptar quienes queramos practicar ciudadanรญa: ejercer mi derecho al voto con la seriedad que merece, el compromiso a informarme con mรกs rigor y pluralidad, y la renuncia a la crรญtica destructiva hacia polรญticos e instituciones hacia cualquier forma de violencia como modo de protesta y a la corrupciรณn en todas sus formas.

Logros elevados

La riqueza de esta iniciativa, como las vidas golpeadas de los personajes de la novela de Cristina Morano, es que ambas realidades tienen que ver con un momento vital en el que las expectativas estรกn a flor de piel y los golpes no han permitido malear una estructura de la personalidad que aspira a los logros mรกs elevados. Es el momento de los ideales, de las metas a alcanzar, de las cimas a coronar, de la vida por vivir pese a las adversidades y al empeรฑo de joderlas de quienes solo saben aprovechar las oportunidades para edulcorar de manera artificial su maldita vida.


ILUSTRACIร“N | Eva van passel Gambรญn
Memoria de la melancolรญa

Memoria de la melancolรญa

Un bello (y a la vez, duro) libro que recoge toda una vida sustentada en grandes ideales

โ€œSi quieres vivir libremente, nos ha dicho Josรฉ Bergamรญn, procura vivir encadenado. Y encadenada vivo a los recuerdos abusando de la paciencia de los que me escuchanโ€. Asรญ refiere Marรญa Teresa Leรณn (Logroรฑo, 1903 โ€“ Madrid, 1988) las pรกginas conclusivas de su Memoria de la melancolรญa (Roma, 1970), uno de los textos mรกs bellos que han caรญdo en mis manos en los รบltimos tiempos. El conmovedor testimonio de quien tuvo la dicha de vivir el tiempo de cambio y utopรญas de nuestra dolorosa Espaรฑa de los aรฑos 30, y la tragedia, a la vez, por pagar un alto precio en el exilio argelino, francรฉs, argentino o romano junto a Rafael Alberti. Rica y privilegiada memoria de quien ha sido testigo de un siglo y de innumerables compaรฑeros de viaje, como Picasso, Unamuno, Neruda, Machado, Rosa Chacel, Louis Aragon, Rubรฉn Darรญo, Bertolt Brecht, Frida Kahlo, Camus, Paul ร‰luardโ€ฆ

Heridas que paralizan

Vivir encadenado a los recuerdos nos trae a veces complicaciones arracimadas de sueรฑos, golpes, vivencias y heridas que paralizan y frenan impulsos vitales que precisan unas gotas de aire para alimentar la esperanza. Evocar todo aquello que hemos sido desde niรฑos, invocar a nuestros ancestros y tratar de hallar esas resonancias que aparecen cuando menos se les espera se convierte en un sanador juego para descubrir, sinceramente, quiรฉnes somos y en quรฉ nos hemos convertido.

De ahรญ que homenajear a una de las Sinsombrero es la mejor ocasiรณn para el reencuentro con las pรกginas de este diario en el que, a lo largo de casi veinticinco aรฑos, siempre he intentado estar al cabo de la calle. Con mayor o menor lucidez, segรบn el momento vital, con ausencias y lapsos incluidos. Dios nos libre de quienes se creen poseedores de una clarividencia lineal a lo largo de su existir.

Marรญa Teresa Leรณn fue una de aquellas mujeres de la Generaciรณn del 27 que apenas estudiamos en ese BUP de Vicente Aleixandre, Cernuda y, a lo sumo, Alberti. Eclipsadas por el peso cultural repleto de expresiones polรญticas y culturales que hoy podrรญamos calificar de patriarcales, ya no sirven excusas para colocar en primera lรญnea a aquellas destacadas figuras de la pintura, la escultura, la literatura, la escena, la universidad y la investigaciรณn en sus diferentes manifestaciones.

Pรกginas que trascienden

Las pรกginas de Memoria de la melancolรญa trascienden la mera biografรญa de quien ha vivido en primera persona un compromiso polรญtico en una turbulenta etapa de la Espaรฑa que pudo haber sido algo mรกs que una unidad de destino en lo universal en la que quedรณ. Testigo de los cambios que se vivรญan en un mundo marcado por los totalitarismos, algunos sustentados en una ideologรญa por la que dejรณ sus orรญgenes burgueses por la opciรณn que le iba a complicar su vida, no se resignรณ a mirar de lado ante lo que se avecinaba.

En otro momento escribรญ que la melancolรญa es un estado de รกnimo que nos une a travรฉs de fronteras fรญsicas y temporales y es difรญcil encontrar un periodo histรณrico o una cultura sin rastro de sentimientos melancรณlicos. Ahora lo hacemos sobre todos esos sentimientos que suscitan a la autora el exilio, el desarraigo. La evocaciรณn por otro tiempo pasado, uno que pudo haber sido y no fue.

No consigo ser capaz de sentir lo que puede pasar por el corazรณn de una persona exiliada, de una refugiada. El exilio es atroz

Hablar de la obra de Marรญa Teresa Leรณn es hacerlo de la novela, el teatro, el cuento, la poesรญa, el ensayo y el guion para cine. Ella educรณ, cantรณ y animรณ en la Guerra, y fue parte de empresas teatrales y de colectivos culturales. Activa protagonista en la supervisiรณn del traslado de las obras del Prado, de Toledo, de El Escorial, hablaba por la radio y era traductora. Como ella recuerda, ยซsiempre haciendo algoโ€. Y se pregunta: โ€œยฟPor quรฉ estaremos siempre haciendo algo las mujeres? En las manos no se nos ven los aรฑos sino los trabajosโ€ฆยป.

No consigo ser capaz de sentir lo que puede pasar por el corazรณn de una persona exiliada, de una refugiada. El exilio es atroz. El desarraigo, una maldiciรณn ante el que cabe poco mรกs que dirigir una mirada de ternura. Cuando veo esas imรกgenes en blanco y negro de quienes tuvieron que abandonar su paรญs para morir en otra tierra no puedo por menos que dejar escapar unas lรกgrimas de dolor. Tanta esperanza e ilusiones frustradas en el paso de los Pirineos o en los barcos que cruzaban el Atlรกntico camino de Mรฉxico o la Argentina, o se quedaban a pocas millas en destino a Orรกn. Como hoy lo hacen en Siria, en la Repรบblica Democrรกtica del Congo o Sudรกn, entre otros paรญses. Son mรกs de 25 millones las personas refugiadas bajo el mandato de ACNUR a consecuencia de conflictos y persecuciones.    

Pobre Espaรฑa

Marรญa Teresa se permite pedir perdรณn por โ€œla reiteraciรณn de las palabras tristesโ€ al hablar de la guerra. โ€œNo he evitado cuando lo creรญ necesario llamar pobre a mi Espaรฑa ni desgraciado a mi pueblo, ni desamparados a los que padecieron persecuciรณn, ni desesperados a los que sufrieron tantas enfermedades de abandonoโ€, afirma. Desesperada a finales de los aรฑos 60 porque โ€œsรฉ que ya en el mundo apenas se nos oyeโ€ reafirma, sin embargo, que โ€œsiempre habrรก quedado el eco, pues el รบnico camino que hemos hecho los desterrados de Espaรฑa es el de la resignaciรณn. Pero feliz el pueblo que puede recuperarse tantas veces para sobrevivir. Es el orgullo del desdichado. (โ€ฆ) Tal vez yo no deberรญa haber escrito este libro, pero escribir es mi enfermedad incurableโ€. Como la nuestra.


Nana Pez ilustrarรก esta nueva etapa de Al Cabo de la Calle. Es una artista plรกstica multidisciplinar, pedagoga social y psicopedagoga.