Un comisario maduro

Un comisario maduro

La novela negra del Sur de Europa tiene a dos destacados veteranos del género: el italiano Andrea Camilleri y el griego -pero de origen turco- Petros Márkeris. Uno es el padre del comisario siciliano Salvo Montalbano, en homenaje al creador de Pepe Carvalho, y el otro es el descubridor del comisario Kostas Jaritos. Si al primero hemos tenido oportunidad de abrirle nuestras casas a través de la serie televisiva que se emitía en La 2 emitida hace unos años, el policía griego aún no es muy conocido, pese a disponer en las librerías de más de una docena de entregas de su serie.

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El verdadero riesgo

El verdadero riesgo

En plena tormenta de los pactos post electorales, la constitución de los ayuntamientos, la lucha sin cuartel por el control de la tecnología 5G y la súper boda de Sergio Ramos y Pilar Rubio ha pasado sin pena ni gloria la publicación del VIII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España. El conocido como Informe Foessa lleva como subtítulo el de “una lectura de la transición de nuestro modelo social, los riesgos sociales y sus consecuencias, las políticas que les dan respuesta, los valores que subyacen a las mismas y los dilemas a los que nos enfrentamos”.

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El poder del perro

El poder del perro

La tristeza de los últimos días solo la puedo combatir con la literatura. El desolador panorama que va a quedar en las comunidades autónomas y ayuntamientos que continuarán gobernados por el PP, con la herencia de la corrupción y el clientelismo, se deberá a la complicidad de Ciudadanos. A una estrategia inspirada por Alberto Carlos, el franquiciante de la marca naranja, que ejecuta de manera obediente y sin mácula los franquiciatarios de turno. Uno actúa como dueño del producto partidario, de la marca en toda regla, del servicio a los gobiernos en los que perviva el modelo de negocio político del centro derecha. Los otros, como receptores del producto a explotar. Y en medio de ellos, en muchos casos, junto a esos hijos que siempre estuvieron en la casa de los padres y en los últimos tiempos habían querido buscar su camino por su cuenta. Pero al fin y a la postre, quien siempre pone la cazuela al centro son los progenitores. Por eso ha sido tan fácil recuperar la habitación que habían dejado provisionalmente desocupada.

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Qué hay de lo mío

Qué hay de lo mío

Sostiene mi hijo Ángel que la culpa en el retraso en las obras de construcción que podemos ver en nuestras ciudades la tienen los jubilados, ya que están de allá para acá transportando a los nietos al cole o a las actividades extraescolares y no pueden ejercer una de las grandes tareas que contribuyen al desarrollo económico del sector: supervisar las obras detrás de las vallas, a prudente distancia de los operarios. Una distancia que, eso sí, no les impide hacer un seguimiento al milímetro de la evolución de los trabajos que, ríete tú del examen de cualquier técnico de control de calidad. Reconozca, querido lector, que esta función no está reconocida, y ya va siendo hora de que vuelvan a una actividad que nunca debieron dejar por mucho que a los críos les haga ilusión ver a los abuelos a la salida del colegio o la academia.

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Nadie es profeta

Nadie es profeta

Quienes acudan este fin de semana a sus parroquias o participen en cualquier misa dominical se encontrarán con las duras experiencias que atravesaron en su devenir los llamados profetas. No lo tuvieron fácil, porque eran esos pepitos grillo que denunciaban a los cuatro vientos las tropelías de quienes gobernaban esa parte del planeta de donde arranca la cultura occidental judeocristiana. Jeremías fue uno de ellos y sufrió persecución. Vamos, que se la jugó. Lo gracioso del tema del evangelio de Lucas del domingo (si es que acaso tiene alguna) es que cuando a Jesús le tratan de subir el ego en la sinagoga tras su predicación va el chaval y les suelta aquello de que “ningún profeta es aceptado en su pueblo”, los pone frente al espejo de sus contradicciones nacionalistas y de nación supuestamente elegida y el público se cabrea de lo lindo: ni cortos ni perezosos lo sacan de la ciudad con intención de despeñarlo en un precipicio. Lindezas del momento.

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Morirse es normal y acaba bien

Morirse es normal y acaba bien

En las últimas semanas me ha tocado vivir la experiencia de la muerte de dos familiares y varios amigos y conocidos. Como seguro que le ha ocurrido a usted, porque resulta que la muerte es una de las experiencias que a diario compartimos el común de los mortales. Por obvia, no le damos apenas importancia y resulta que es de las pocas cosas claras que tenemos en nuestra existencia: que nacemos y morimos. Así de simple… y así de complejo lo hacemos los humanos.

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