El hado y la fuerza del destino

El hado y la fuerza del destino

En la tradición clásica, el hado es esa fuerza desconocida que obra irresistiblemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos. Esa fuerza mediante la que podemos entender muchos de los acontecimientos que nos envuelven en este comienzo del otoño. El proceso catalán o las elecciones en Alemania, si queremos traspasar las fronteras regionales. El despertar de una ciudad con el rechazo al muro del AVE o la marcha de Pedro Antonio Sánchez del primer plano de la política institucional si nos quedamos en los dominios del antiguo Reino de Murcia. Lo curioso es que el hado de alguna gente, esa divinidad o fuerza desconocida hipotética que rige su vida, anda un tanto descarriado a la vista de cómo se precipitan los acontecimientos. (más…)

Soterramiento

Soterramiento

Si existiera la misma unanimidad y el empeño para resolver los problemas del soterramiento y las infraestructuras en Murcia que ponen en ir a los toros y aparecer en las crónicas rosas quienes detentan el poder político y económico… otro gallo nos cantaría. Si se hubieran cumplido los compromisos del año 2006 y antes se hubiera trabajado unidos en favor de un proyecto de Región sostenible, solidaria y justa, no tendríamos que estar lamentándonos aún de lo que nos pasa, de lo que no somos capaces de alcanzar y de sentir que no contamos como pueblo.

Dejaríamos de lanzarnos dardos envenenados. Nuestros políticos, en el gobierno o en la oposición, gozarían de credibilidad, cada uno por la parte que le ha tocado vivir en este sainete de la confusión y de las promesas incumplidas. Por cierto, la imagen que encabeza esta entrada es muy significativ por el lema de la pancarta y por algunos de las que la portan (el entonces alcalde Miguel Ángel Cámara, el entonces consejero y futuro sucesor José Ballesta, entre otros).

Empeño y responsabilidad de la que no pueden presumir los sucesivos gobiernos del PP en la Moncloa, San Esteban, la Glorieta o el Palacio Consistorial de Cartagena, como los parlamentarios en el Congreso, en el Senado y en la Asamblea Regional, ni buena parte de la sociedad civil empresarial y de otros ámbitos sociales, económicos y culturales.

Hay que tener mucha cara para tratar de desviar la atención con las acusaciones de colocar cemento o ladrillos en las vías, o máquinas que han sido dañadas. O los mensajes del Gobierno regional achacando a la “manipulación informativa” la responsabilidad de lo que sucede. En eso el poder es muy claro. ¿Se han olvidado ya cómo se descalificaron las protestas de hace seis años contra los recortes de aquella “izquierda poliédrica” a la que acusó Valcárcel ante la agresión sufrida por su sobrino político, entonces en su Gobierno, y de la que ya no se supo nada?

La llama que desde hace casi tres décadas mantiene viva la Plataforma Pro Soterramiento es la que ahora alumbra las movilizaciones masivas de los últimos días. Movilizaciones pacíficas que bendicen gentes que ya no están físicamente, como Pepe Tornel, cuyo relevo ha cogido su amigo y compañero Joaquín Sánchez, con el mismo espíritu no violento como el protagonizado desde la Plataforma de Afectados por las Hipotecas. Movilizaciones de jóvenes y mayores, de mujeres y hombres, de vecinos y de quienes se sienten identificados con ellos, que transcienden cualquier tipo de protagonismo personal o partidista, porque aquí el sujeto es la ciudadanía, especialmente la que vive en los barrios del sur de la ciudad. Con sus muchos aciertos y por qué no, también con errores, pero ¿quién no los comete?

Aquí hay motivos más que suficientes para dudar de las promesas en el cumplimiento de plazos, proyectos, inversiones, etc. Hay problemas que son de raíz, como la opción escogida del AVE por Alicante frente a un trayecto tradicional por Albacete, el olvido a los barrios del sur de la capital, las escasas inversiones en cercanías, la opción por las autopistas de peaje… Por eso, los motivos para las protestas son comprensibles y necesarios… excepto para quienes prefieren el silencio, la complacencia y la continuidad en sus cargos.

Creo que, al igual que en el resto de sempiternos problemas de esta comunidad nuestra, adolecemos de un liderazgo moral, y por tanto político, que sea capaz de convocar un gran acuerdo por la Región de Murcia que incluya las infraestructuras, la movilidad, la educación, la cultura y el desarrollo un modelo económico. Y que lo haga desde los supuestos de justicia, equidad y corrección de desigualdades. En ese acuerdo deberíamos estar todos con un objetivo claro: el bien común. Que en el caso de la ciudad de Murcia pasa por un soterramiento integral del trazado ferroviario, por encima de la visión cortoplacista de que llegue el AVE, pese a quien pese, y que provoca división.

Algo más sobre Cataluña

Algo más sobre Cataluña

Fue personalmente muy duro contemplar el pasado miércoles por la noche la imagen del conseller de Salut de Catalunya, Toni Comín, estampando su firma en la ley de convocatoria del referéndum,  bajo la mirada atenta del presidente Carles Puigdemont. Máxime cuando durante años he compartido con él los principios del grupo de Cristianos Socialistas que, entre otros, van de la mano de la solidaridad, la justicia, el bien común y el compromiso con los más débiles. Principios que, amén de que se haya quebrantado la legalidad constitucional, no tienen apenas que ver con la división y el enfrentamiento interterritorial que con la apuesta social por corregir las desigualdades y hacer de la política el noble arte de resolver los asuntos de la ciudadanía. Toni Comín fue diputado autonómico del PSC, partido que abandonó en 2014.

Momento en el que Toni Comín firma el decreto de la Ley del Referendum.

No es serio ni democrático lo ocurrido esa noche en el Parlament de Catalunya: la aprobación, con el apoyo de Junts pel Sí (JxSí) y de la CUP, de la ley del referéndum, y un día después, el jueves, la fundacional de la república y de transitoriedad jurídica. Todo ello con procedimientos que se saltaron las garantías del propio Parlament y de los usos parlamentarios de las democracias avanzadas.

Ya tiene poco sentido volver a esos errores, así como esperar que la apelación buenista al diálogo pueda salvarnos del choque frontal

Los errores acumulados en los últimos diez años han sido muchos y de muchos. Fue fatal el recurso de inconstitucionalidad del PP al Estatut. Fue miope la falta de visión sobre la necesidad de un gobierno estatutario pactado por Montilla y Mas. Fue letal la sentencia de inconstitucionalidad a un Estatut aprobado por los parlamentos y por el pueblo catalán. Fue un desacierto de origen la unilateralidad en el planteamiento del referéndum. Y ha sido un desastre la lectura que JxSí hizo de un resultado electoral que, siendo plebiscitario, les dio una débil mayoría parlamentaria ante una mayoría justa de votos en contra. En lugar de replantear la estrategia hacia la búsqueda de pactos, la radicalizó, más aún por su necesidad de la CUP.

Pero ya tiene poco sentido volver a esos errores, así como esperar que la apelación buenista al diálogo pueda salvarnos del choque frontal. Sólo será posible recomenzar cuando el nacionalismo catalán fracase en su intento y cuando el nacionalismo español esté dispuesto a un nuevo enfoque que reconozca la plurinacionalidad y la singularidad de Cataluña.

El Roto, en el El País (8Sept2017)

Lo sucedido esta semana ha desencadenado la fase crítica de este conflicto. No hay marcha atrás. Será máximo el tensionamiento hasta el 1 de octubre. Entraremos en una compleja madeja de legitimidades jurídicas. Y la clave va a ser la movilización ciudadana. Si es una movilización parable o imparable. Votos habrá. Sin garantía ninguna. Y seguramente habrá intervención de las fuerzas de seguridad del Estado. ¿Después qué? O independencia de facto, para lo que creo que el independentismo no tiene fuerza social ni política suficientes, o elecciones anticipadas. O, un tercer escenario: un empantanamiento jurídico que prorrogue el pulso.

La iniciativa política está muy condicionada por quienes son los que asumen la responsabilidad de liderarla

Es un hecho que Cataluña tiene un vacío constitucional. Sólo será posible retomar las cosas con una reforma constitucional, pero me temo que tras este incendio va a hacer falta mucho tiempo para regenerar las condiciones que permitan restablecer un nuevo pacto constitucional suficientemente conforme a las exigencias catalanas.

En este sentido, coincido plenamente con las posiciones de quienes defienden, como Mariola Urrea, profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad de La Rioja, que no existe un derecho a la autodeterminación en los términos que recoge la Llei del referéndum d’autodeterminació aprobada el miércoles. Que hay que dar respuesta con una propuesta política que facilite el reencaje de Cataluña en un renovado proyecto de país (reforma constitucional que reconozca las particularidades de algunos territorios y exija, a cambio, una indiscutible lealtad federal).

El Govern de Catalunya, la noche del pasado miércoles.

Además, parece necesario revisar el sistema de financiación autonómico, reformar el procedimiento de participación de España en la Unión Europea, superar las distorsiones del actual sistema electoral y dotar de mayor legitimidad a la Monarquía entre las generaciones que no votaron la forma de gobierno. Todo ello, eso sí, teniendo en cuenta que la iniciativa política está muy condicionada por quienes son los que asumen la responsabilidad de liderarla. ¿Estarán a la altura de las circunstancias?

También estoy de acuerdo con el planteamiento de Ramón Jáuregui, cuando afirma que “ningún proyecto político puede concebirse sin tener a Europa como referencia y tampoco el de la independencia para Cataluña”. Y por eso mismo la transición jurídica a la República Catalana será imposible en España, pero es inimaginable fuera de Europa. Sin moneda europea, sin presencia institucional en el mundo, sin participar de las grandes políticas europeas de comercio, investigación, etc.; sin coordinar los grandes servicios públicos en sanidad o seguridad, sin soporte financiero ni lugar en el mercado único… “Es como flotar en el vacío, como una chatarra espacial, perdida en el infinito de la ingravidez, es decir, de la nada”, concluye.

Caladas de libertad

Caladas de libertad

No se conoce bien a una persona hasta que se viaja con ella. Hasta que no se comparte la intimidad de una maloliente habitación de algo llamado hotel donde lo más parecido a una ducha es una palangana con agua turbia. Hasta que no se soportan los olores corporales a bordo de un todoterreno que recorre la pista de la sabana durante horas en silencio por temor a un asalto en cualquier momento de la noche. Hasta que cocinas en un camping, aguantas la cola para ver la exposición de temporada en el museo centroeuropeo de moda, comes unas carnes o pescados, salteados con arroces y verduras bañadas en salsas especiadas mientras cierras los ojos y saboreas algo diferente. (más…)

Realidad offshore

Realidad offshore

La escena tiene lugar a comienzos de los 90 en un restaurante de Yecla. El escritor Manuel Vázquez Montalbán había sido invitado por la agrupación local del PCE con motivo de la donación que hizo un viejo comunista de una colección completa de Mundo Obrero a la biblioteca municipal, y que había conservado durante los años duros de lucha antifranquista. Hizo el viaje en coche desde Barcelona, no cobró un duro y estaba completamente relajado y ocurrente. Compartía con los comensales algunos de sus recuerdos como miembro de una peculiar célula comunista en la clandestinidad. El padre literario de Pepe Carvalho relató que durante un tiempo el partido lo consideró un infiltrado del régimen. Y todo por un comentario que hizo tras recibir la consigna de que debían de estar preparados para la lucha armada. “Mi célula la formaba una militante coja, un camarada veterano, otro que no oía mucho y un servidor. Y se me ocurrió decir en voz alta que como no viniera Carrillo y su puto cuñado a empuñar las armas, poco teníamos que hacer”, contaba entre risas de los asistentes a la cena, mientras imaginábamos la escena. (más…)

Retórica de la inautenticidad

Retórica de la inautenticidad

El sociólogo Enrique Gil Calvo sitúa el suicidio de Miguel Blesa, el que fuera todopoderoso presidente de Caja Madrid, en el primer hecho que introduce el principio de autenticidad en el corrompido escenario español. Y ello porque su muerte voluntaria contrasta con la capacidad de poner al descubierto al ejército de impostores, de aquellos responsables políticos y económicos implicados en los innumerables casos de corrupción desde comienzos de la década de los 90 del pasado siglo. Puede resultar muy duro llegar a entender lo que pasa por la mente de una persona que decide poner fin a su vida en un contexto como el que le ha tocado vivir. Pero a juicio del catedrático de Sociología, la autenticidad del suicidio retrata a los demás actores como lo que son: unos impostores fraudulentos incapaces de reconocer y asumir la evidencia de lo real.

Impostores que nunca han sido auténticos a la hora de reconocer un ápice de responsabilidad material o intelectual sobre sus actos y sus consecuencias. Impostores que han fingido durante meses o años que la cosa no iba con ellos, que eran meras víctimas inocentes injustamente acusadas, que sólo firmaron lo que le decían los técnicos, que no sabían nada… Elija el lector cualquiera de esas excusas y encontrará innumerables casos en la política o en la economía nacional, regional o local. De ello no resulta nada raro que la clase política en general, y la nuestra en particular, haya perdido su credibilidad, puesto que como sabemos que son falsos no les creemos.

Los actores entregados a la inautenticidad no solo quedan restringidos a la política de lo cotidiano, sino que los hallamos en otros ámbitos sociales. Personas supuestamente adultas que no asumen sus responsabilidades a la hora de coger las riendas de la vida de quienes les rodean. Padres y madres más preocupados de su grupo de WhatsApp que del tiempo que dedican a sus hijos. Educadores que hacen dejación de sus funciones en los ámbitos de escuelas, institutos y universidades a la hora de formar e instruir a nuevas generaciones de niños y jóvenes. Servidores públicos que se sirven de la Administración para tratar de cosechar beneficios personales frente al bien común o a satisfacer intereses privados a costa del erario que pagamos todos.

Lástima que a veces tengamos que llegar a ser testigos de una situación límite para enfrentarnos a las consecuencias que llevan aparejadas las decisiones que adoptamos a diario. Las opciones que escogemos. Quizá porque hemos embadurnado nuestro estilo de vida y de comportamiento de una capa de falsedades y justificaciones que nos permiten sobrevivir a nuestras contradicciones. Asumir lo auténtico vendría a ser, por tanto, simplemente, hacerse cargo de las consecuencias de los actos que protagonizamos. Sin llegar al extremo de la inmolación. Reconocer y reconocernos capaces de alimentar nuestra vida de las pequeñas cosas que la hacen auténtica. Tomar las riendas de la vida, los estribos de los acontecimientos, las bridas de las decisiones, para cabalgar con la mirada puesta al frente, sin volver la vista a lo que ya ha pasado. De eso se trata.