Camino de niños
De niños asimilamos a golpe de pequeñas pruebas que los adultos se empeñan en colocar en el camino para moldear impulsos, deseos y experiencias que nacen sin apenas filtros. La escuela esculpe la capacidad para asimilar conceptos, conocimientos y habilidades, casi siempre académicas y prácticamente nunca sociales con el fin de aprender a gestionar emociones y sentimientos, motores de la vida. Las iglesias, todo aquello que tiene que ver con la parte de las normas morales y del sentido de la vida. La pareja, el modo y manera de no sentir la soledad como elemento del entramado personal, mientras que a la vez se encarga de cumplir una función reproductora que garantice la perpetuación de la especie. El mundo del trabajo, la dimensión económica que permite explotar los recursos en una lógica autodestructiva que lleva a ninguna parte si no se le dota de un sentido del bien común como el motor sobre el que girar las relaciones humanas.
ILUSTRACIÓN | Eva van Passel Gambín
A la tarde te examinarán del amor
No puedo evitar que resuene en este momento esa frase del místico Juan de la Cruz, en sus Dichos de Amor y de Luz, sobre que “a la tarde te examinarán en el amor”. Es aquello de que al final de la vida, ese instante sobre el que apenas hablamos pese a su inevitabilidad, habrás podido superar muchas pruebas, muchas evaluaciones, muchos retos y desafíos. Pero si te preguntan qué ha sido lo fundamental que ha te ha movido desde dentro la respuesta ofrecida desde el sentir de tu existencia no tendrás más remedio que reconocer que será lo que hayas sido capaz de amar, de entregar, de dar y darte. Lo demás sirve para poco. Habrás podido alimentarte del reconocimiento, del supuesto éxito profesional, académico o laboral. Pero de qué vale eso si al atardecer de la vida resulta que la calificación del examen sobre el amor no es un aprobado o un progresa adecuadamente. Todo habrá sido en balde. De ahí que el camino de la vida sea una evaluación continua en lo que realmente merece la pena: querer y sentirte querido. Querer y sentirte querida. Lo otro es terreno baldío.Descubre más desde A un palmo del suelo
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
