Periodista precoz
Con 11 años, sí, de eso sí me acuerdo perfectamente, escribí (y publiqué en la revista Noticias Obreras) un poema social al hilo del asesinato a tiros del joven trabajador de 20 años Teófilo del Valle, en Elda, ocurrido el 24 de febrero de 1976, o los Sucesos de Vitoria, con la muerte de otros cinco obreros en la capital alavesa una semana después. En ambos casos, a manos de la entonces Policía Armada y a la salida de una asamblea de trabajadores en huelga celebrada en las iglesias de San Francisco de Sales y San Francisco de Asís, respectivamente. Qué cosas. Sentir esos acontecimientos como algo propio me llevó a expresar en palabras, con lenguaje poético, los sentimientos del momento. Hoy echo de menos ese compromiso eclesial mientras compruebo, porque trabajo muchas veces con ellos, que los herederos de aquellos grises son hoy capaces de empatizar con la realidad democrática y las preocupaciones de la ciudadanía. Caminando voy/ por los pueblos de España, / y veo al pueblo/ que se levanta. Casi nada. Vamos, ¿caminando yo a esa edad?
ILUSTRACIÓN | Eva van Passel Gambín
Voz de quienes no tienen voz
A veces siento melancolía por haber tomado una decisión similar a la de Lemmon cuando se marcha por amor a dedicarse al mundo de la publicidad, mientras que Matthau se desvive por sacarle el último aliento del reportero que lleva dentro y se queda en el periódico que los mantiene vivos. Gracias al trabajo que aún siguen muchos Walter Matthaus por el mundo el periodismo continúa siendo la voz de la conciencia de quienes no tienen voz y se sirven de otros para trasladarla. Periodistas que cuentan lo que otros tratan de esconder a través de las pantallas de nuestros dispositivos, la que imaginamos con esas crónicas, reportajes o entrevistas que llegan también a nuestros oídos y las que continúan manchando nuestros dedos de tinta. El periodismo no ha muerto. Ni la precariedad, ni el capital podrán con él. Tampoco la mala leche, ni la mala política. Mientras haya periodistas dispuestos a contar historias, y lectores, oyentes o telespectadores prestos a comprometerse y pagar por ese compromiso. Además, siempre estará la literatura para echarle una mano. En primera plana.Descubre más desde A un palmo del suelo
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