Fraternidad polรญtica

Fraternidad polรญtica

Llรกmenme blando, flojeras o cobarde. Lo que quieran. A estas alturas de la pelรญcula ya apenas me afecta. Nunca he llevado bien la mentira, la hipocresรญa, las medias verdades o las promesas que se lanzan a sabiendas de que no se cumplirรกn. Incluso cuando un servidor, oh pecador, ha caรญdo en ellas. He sido testigo privilegiado de muchas de esas actitudes y comportamientos en diferentes etapas en las que estuve embarcado en la polรญtica institucional. Como tambiรฉn de lo contrario, ยฟeh? De la generosidad, la bondad y el trabajo por el bien comรบn. Pero ese lado oscuro en la gestiรณn de los asuntos pรบblicos me genera tal desasosiego que, a veces, las ramas del polarizado debate polรญtico nos impiden ver el bosque de las decisiones que afectan a la vida de la gente.

Individualismo indiferente

No resulta difรญcil aceptar que dรฉcadas de polรญticas neoliberales han socavado los fundamentos de la democracia y provocado una grave crisis polรญtica. La polรญtica se ha sometido a la lรณgica inmisericorde de la rentabilidad econรณmica, reduciendo su funciรณn a la adaptaciรณn de las personas y la sociedad a las exigencias de la rentabilidad. Por otra parte, se ha fomentado un individualismo indiferente que ha conducido a muchas personas a buscar solo lo que consideran sus intereses y conveniencias. Esto es grave, puesto que se olvida la responsabilidad que tenemos hacia los demรกs y hacia el mundo que habitamos. Aunque suene muy fuerte, ambas dimensiones son destructivas para la vida social y para el valor humano de la polรญtica. Si trasladamos esto de lo que les hablo a algunas de las reivindicaciones que escuchamos estos dรญas para la investidura del presidente del Gobierno de Espaรฑa… la suerte no estรก echada.

La explicaciรณn de que se hayan extendido los movimientos polรญticos de extrema derecha, tanto en nuestro paรญs como en el resto de Europa y del mundo, tiene que ver con el crecimiento de la desafecciรณn hacia la vida polรญtica. Una inquina que, precisamente, viene generada por los efectos nocivos de las desigualdades sociales que han generado las polรญticas neoliberales y las dificultades de las instituciones polรญticas para afrontarlas. No olvidemos, sobre todo, sus consecuencias en las personas y familias vulnerables, empobrecidas y excluidas. De ahรญ que no sorprenda, por ejemplo, el importante apoyo que Vox ha cosechado en muchos de nuestros barrios olvidados.

Precisamos recuperar la polรญtica, tanto en el plano de las instituciones polรญticas como en el de la vida polรญtica del conjunto de la sociedad

De lo que se trata, en realidad, es de una forma de neoliberalismo autoritario que enmascara con su demagogia la pretensiรณn de someter la vida de las personas y de la sociedad a la rentabilidad econรณmica, con un desprecio absoluto del bien comรบn. Y aquรญ los discursos se superponen entre determinadas fuerzas polรญticas y poderes empresariales, culturales y mediรกticos. Es una realidad muy peligrosa para la convivencia social y, particularmente, para la vida de las personas y familias empobrecidas, porque desvรญa la atenciรณn de los problemas sociales que necesitamos afrontar.

Recuperar la polรญtica

Llegados a este punto me sumo a defender una polรญtica para la fraternidad, la de โ€œla mejor polรญtica puesta al servicio del verdadero bien comรบnโ€, tal y como la seรฑala el papa Francisco. Porque no me negarรกn ustedes que precisamos recuperar la polรญtica, tanto en el plano de las instituciones polรญticas como en el de la vida polรญtica del conjunto de la sociedad. Una verdadera reconquista que pasa por colocar en primer lugar las necesidades y derechos de las personas y familias empobrecidas, esencia del bien comรบn. Es el รบnico camino para que las personas sean siempre lo primero, para el reconocimiento efectivo de la dignidad de cada persona. En la Regiรณn de Murcia, basta con ponerles rostro a las familias que se han visto privadas de las becas-comedor o las que padecen los problemas del transporte escolar o que sus hijos e hijas den clase en barracones.

Ausencia de diรกlogo

En la vida polรญtica, como en cualquier otro รกmbito de la existencia, debe darse un diรกlogo autรฉntico y eficaz orientado a sanar las raรญces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo. Cuรกnto se echa en falta ese diรกlogo en todos los debates que tenemos sobre la mesa. Desde nuestros colectivos, pueblos y ciudades, y no digamos en la polรญtica nacional e internacional.

Se trata de asumir la responsabilidad que todas las personas tenemos en la vida social y polรญtica, colaborando a caminar hacia la justicia y la fraternidad. Un compromiso que tiene que llevarnos a romper la dinรกmica de la creaciรณn de enemigos y de la permanente confrontaciรณn que descalifica a los demรกs. Y, por supuesto, al empeรฑo en construir un diรกlogo desde la diversidad para avanzar en amistad social. Esa es la vida polรญtica en la que creo, la que recupera su sentido humano y humanizador. Aquรญ ya no hay cobardรญa que valga. Es tiempo de valientes.


Ilustraciรณn | NANA PEZ
Este artรญculo estรก inspirado en la Resoluciรณn ยซUna polรญtica para la fraternidadยป, aprobada en la XIV Asamblea Geneal de la HOAC, celebrada del 12 al 15 de agosto de 2023
โ€˜Political blockadeโ€™

โ€˜Political blockadeโ€™

Una joven ilustradora y aprendiz de psicรณloga me ayudรณ a descubrir el otro dรญa una expresiรณn que hasta ahora jamรกs habรญa escuchado: el artblock. Un instante que, al parecer, es mรกs comรบn de lo que parece entre quienes se dedican al mundo de la pintura y el dibujo. En una doble dimensiรณn, ademรกs. Resulta que tiene que ver con el marasmo que se produce al comenzar un dibujo y no hay manera de que los trazos puedan seguir encontrando sentido, con su combinaciรณn de colores y formas, para poder expresar una idea preconcebida. (mรกs…)

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Orfandad polรญtica

Orfandad polรญtica

Dentro de unos dรญas se cumplen los diez aรฑos de la muerte de Josรฉ Ramรณn Jara Vera. El periodista de Alguazas, Manuel Segura, lo recordaba hace una semana con una semblanza sobre su vecino de Ceutรญ. Al leer sus palabras afloraron las imรกgenes que hace poco mรกs de una dรฉcada provocaron una de las decisiones personales y profesionales que han marcado mi trayectoria en esta etapa de la vida. Decisiones que siempre he unido a los compromisos con personas que han sido referentes en los recorridos vitales que a todos nos persiguen.

En 2008 Josรฉ Ramรณn Jara era vicesecretario general y portavoz del Partido Socialista en este territorio comanche en el que las complicidades y el caciquismo imperantes nos han llevado al lugar en el que estamos, con los mismos problemas, cuando no agravados, que hace casi treinta aรฑos. Aceptรฉ la invitaciรณn a sumarme al proyecto de cambio polรญtico que pretendรญa liderar, con respeto a los procesos y procedimientos del partido en el que militaba desde casi adolescente, pero con la clara perspectiva de romper con la esclerosis sempiterna que el PSRM-PSOE adolecรญa desde que le entregรณ al PP el Gobierno regional en 1995. Una entrega en la que, ademรกs del contexto nacional, influyeron especialmente las luchas intestinas entre las diferentes familias polรญticas del socialismo murciano. 

Pasรฉ al lado oscuro con la ilusiรณn de quien encuentra sentido a una decisiรณn arriesgada que daba sentido a la inquietud polรญtica con la que habรญa crecido desde niรฑo. Dejรฉ a un lado las ambiciones profesionales para apostar por una puerta que, estaba seguro, implicaba cerrar otras, como mรกs tarde comprobรฉ. Por supuesto que habรญa otro tipo de ambiciones, pero en este caso ligadas a los ideales de un compromiso personal con lo que representaba la figura de Josรฉ Ramรณn, junto a un proyecto de cambio polรญtico. Hasta entonces apenas lo habรญa tratado, pero me bastaba lo que sabรญa de รฉl a travรฉs de uno de sus hermanos y amigos comunes, sus posiciones ante la UCAM o su talante conciliador. La valรญa de su trayectoria en su pueblo, en la universidad, soporte en su familia y recorrido como servidor pรบblico. Polรญglota y, sobre todo, conocedor profundo del camino que habรญa que impulsar, de manera transversal, para dignificar la polรญtica en esta nuestra Comunidad, desde una izquierda no excluyente.     

No me equivoquรฉ cuando le dije que sรญ, pero tuve la desdicha de trabajar junto a รฉl poco mรกs de tres meses. Aรบn recuerdo su imagen en el garaje de la Asamblea Regional, andando con su maletรญn en direcciรณn al coche tras haber intervenido en un debate sobre el agua ante el Pleno. Al dรญa siguiente ofreciรณ una rueda de prensa en la sede de Princesa, pero ya se sintiรณ indispuesto y se marchรณ pronto a casa, de la que ya no saliรณ apenas hasta ese fatรญdico 18 de diciembre.

Sentรญ su muerte como experimentรฉ la de mi padre. Al igual que la orfandad que, en este caso, traspasaba los lazos de sangre a los del vรญnculo polรญtico. O lo que es lo mismo, a la invisible red de una utopรญa de transformaciรณn social frente a la que aรบn profeso la ausencia. Nada sucede por casualidad y los tiempos han deparado escenarios distintos. Con sus luces y sus sombras, pero con aprendizajes que apuntan a mostrar quรฉ mueve a las personas y a las organizaciones de las que formamos parte. Las expectativas no pueden guiar el mundo.

Polรญtica de avestruz

Polรญtica de avestruz

Francisco lo tiene muy difรญcil. Tambiรฉn sus colaboradores. No digamos el resto de los catรณlicos a lo largo y ancho de todo el planeta. ยฟPor quรฉ ha pasado lo que ha pasado con los casos de pederastia y del resto de abusos ligados al sexo con menores en la Iglesia catรณlica en los รบltimos decenios? ยฟPor quรฉ la instituciรณn ocultรณ esos hechos, no puso a los agresores en manos de la justicia terrenal (ademรกs de la divina, que a veces parece demasiado laxa visto lo visto) y reparรณ a las vรญctimas con la acogida, la escucha y el apoyo sin fisuras, amen de otro tipo de desagravios? (mรกs…)

Acerca de la amistad y la polรญtica

Acerca de la amistad y la polรญtica

ยฟHay posibilidad de que polรญtica y amistad puedan ir unidas? ยฟQuรฉ pervivan unas relaciones sinceras de respeto, comprensiรณn, diรกlogo y sana diferencia, junto a unos vรญnculos estrechos de afecto y confianza entre personas de signos polรญticos e ideolรณgicos distintos? Esta es la reflexiรณn que hace unas semanas planteaba el jesuita Josep M. Rambla en el blog de Cristianisme i Justรญcia, y se referรญa a un texto clรกsico, De Amicitia, del jurista, polรญtico y escritorย  Marco Tulio Cicerรณn, para recordar que ya desde la Antigรผedad el debate sobre la amistad y la polรญtica estaba presente y era motivo de profundas desavenencias. A su juicio, la amistad no estarรญa reรฑida con la polรญtica, sino mรกs bien que es un buen fundamento para la buena marcha de la vida polรญtica. Por tanto, es posible y hay que vivir la amistad en la polรญtica. No es soรฑar despiertos. (mรกs…)

Tรบ de polรญtica no sabes

Tรบ de polรญtica no sabes

Una de las afirmaciones que mรกs me repele en la vida es cuando alguien le espeta a otro que no sabe de lo que estรก hablando. Que de ese tema, asunto, problemรกtica o materia, no tiene ni idea. Mรกxime cuando la afirmaciรณn viene de una persona que, supuestamente, es especialista de la cosa. Por ejemplo, en el caso de que uno de los progenitores no sabe ya quรฉ decir a la criatura que lo ha sometido a un tercer grado, y le salta con aquello de que mira niรฑo, eso es cosa de mayores. O frente a la sonrisa condescendiente de un vendedor, al hilo de la pregunta del millรณn por el producto que nos quiere colocar y las dudas que suscita el intercambio.

Es la misma respuesta que ofrece el maestro o la maestra que siente pavor ante las demandas de un alumnado inquieto, y aunque ya cada vez menos, la que brinda ese empleado pรบblico displicente en la atenciรณn a la gente desde el pedestal de la superioridad de un mostrador o mesa de oficina. O la actitud del varรณn que quiere humillar a la mujer con la misma prepotencia que ha alimentado su vida a lo largo del tiempo, y que en el fondo oculta es el complejo de no saber gestionar sus emociones y sentimientos. Esto es, lo esencial de para el comportamiento humano.

Pero la repulsiรณn llega a extremos insospechados -que hasta yo me asusto a veces-, cuando en cualquier tipo de organizaciones sus presuntos profesionales de la materia tratan de infundir desprecio a quien se deja llevar por el poder que atribuye a su existencia. Cuando les concedemos una autoridad que suelen ganar o bien por el chantaje emocional, por el martilleo del discurso grandilocuente o al llevarse el gato al agua debido a la elevaciรณn de la voz por encima de los niveles aceptados. No me negarรกn que no son capaces de ponerles rostro a personas que intentan atormentar al respetable con cualquier acciรณn reiterada hasta el extremo. Personas que necesitan engaรฑarse continuamente con el convencimiento de que poseen la razรณn en todo lo que hacen, dicen o pretenden conseguir. Personas que, en el fondo y en la forma, tratan de ocultar su debilidad y vacรญo existenciales ocupando puestos visibles en sus lugares de trabajo o en las organizaciones de las que forman parte.

Gentileza / pixabay.com

En los รกmbitos de la polรญtica, la economรญa, la enseรฑanza, el mundo de la empresa, la Administraciรณn pรบblica o los negocios puros y duros proliferan quienes tratan de afianzarse frente al respetable desde esa hegemonรญa que esconde intereses distintos a los supuestamente defendidos. Esa soberbia de la que hacen gala les resulta a menudo suficiente para alcanzar sus objetivos. Y viven con ello, aรฑadiendo capas a su persona, sin darse cuenta de que en realidad van desnudos como el rey que vivรญa rodeado de quienes lo adulaban sin contarle la verdad. Hasta que chocan con quienes no se dejan llevar por sus triquiรฑuelas. Quienes no aceptan el chantaje emocional o quienes no les confieren un poder que en realidad no tienen.ย  Vamos, que de polรญtica, de la de verdad, sรฉ por lo menos yo igual que tรบ. Como de economรญa, de la real, la de la desigualdad. O de sobrevivir, que al fin y a la postre, todos somos expertos, o cuando menos, alumnos aventajados.

De polรญtica no entiendo

De polรญtica no entiendo

Quien esto suscribe forma parte de ese 3,2 por ciento de ciudadanos de este paรญs que asegura estar afiliado a alguno de los principales partidos polรญticos en activo, cuya actividad apenas forma parte de los aspectos esenciales de la vida de la gente. La familia, el trabajo, los amigos y el tiempo libre estรกn por delante, con mucha diferencia, de los intereses por ย la religiรณn o la polรญtica, que ocupa el รบltimo lugar. El avance de enero del Barรณmetro publicado por el Centro de Investigaciones Sociolรณgicas (CIS) asรญ lo contempla, colocando a la polรญtica en la cola, con el mismo porcentaje que las asociaciones, clubes y otras actividades asociativas.

No resulta, por tanto, extraรฑo que despuรฉs del paro, la corrupciรณn y el fraude sea el principal problema que preocupa a los espaรฑoles, al que le siguen las personas que se dedican a la polรญtica y los partidos, casi al mismo nivel que los problemas de รญndole econรณmica.

Para que estos resultados se vengan repitiendo periรณdicamente, algo de responsabilidad tendremos los que de una manera mรกs o menos intensa nos dedicamos a esto de la cosa pรบblica. Y de manera ascendente, quienes se ocupan de dirigir aparatos organizativos en los partidos y en las estructuras administrativas y de gestiรณn de los diferentes niveles de gobierno. ย Bien es verdad que las responsabilidades tienen diferentes grados, pero si como afiliados elegimos a personas que luego no estรกn a la altura de las circunstancias, debemos de hacรฉrnoslo mirar. Como tambiรฉn ser capaces de apostar por el cambio en los mรฉtodos, estructuras y procesos a la hora de la toma de decisiones.

A la hora de tratar de encontrar alguna explicaciรณn ya no sรฉ si fue antes el huevo o la gallina. Si se trata de las personas o de las organizaciones. O si es una cosa y la otra. Y ambas relacionadas con el poder, como sinรณnimo de fuerza, capacidad, energรญa o dominio. Poder que afirmamos como capaz de cambiar la forma de ser y actuar de las personas, capaz tambiรฉn de desatar los instintos mรกs primarios y de envolver los sentimientos mรกs nobles en la justificaciรณn mรกs rastrera para machacar al adversario y sus ideas.

La lucha por el poder, precisamente, estรก detrรกs de los males que acechan y contaminan a las principales fuerzas polรญticas. Aquellas que han corrompido las reglas del juego electoral con una financiaciรณn fraudulenta a costa de toda la colectividad. La del โ€˜finiquito en diferidoโ€™ en plena crisis que han pagado los mรกs dรฉbiles. O una lucha de Caรญn y Abel, con celos y envidias adolescentes que pueden dar con el traste a las expectativas de canalizar la indignaciรณn. Un camino que no se puede construir machacando al otro, como se va a representar este fin de semana en una antigua plaza de toros madrileรฑa. O la lucha por la direcciรณn en el partido que milito, en la que una estrategia a corto plazo โ€“la de la gobernabilidad- parece ser el absoluto frente a un debate sobre el presente y futuro de la socialdemocracia, el de las ideas, que queda arrinconado ante la dualidad del โ€˜estรกs conmigo o contra mรญโ€™.

Y lo mรกs gracioso de todo, por llamarle algo, es que me resisto a creer a que la polรญtica no se pueda hacer y vivir de otra manera. A que en este tipo de polรญtica (porque la polรญtica es mucho mรกs que los rifirrafes en los partidos) primen de verdad los valores, el trabajo por el bien comรบn y por la defensa de los mรกs dรฉbiles.

Por quรฉ estoy metido en polรญtica

Por quรฉ estoy metido en polรญtica

No hay dรญa que pase que algรบn familiar me pregunte por quรฉ me he metido en esto de la polรญtica. Por quรฉ no he preferido quedarme en mi lugar de trabajo como periodista en la Administraciรณn regional, ยซen donde estabas muy bienยป, me dicen, o dedicado a mis aficiones y a los mรญos. Todos temen que la polรญtica me cambie, que me deje llevar por aquello que para ellos es el compromiso en un partido polรญtico: que sรณlo busque mi beneficio personal, que todo valga para conquistar algรบn fin y que mienta. Lamentablemente es una visiรณn de la polรญtica que estรก muy extendida entre la gente, y de ahรญ que los รบltimos informes del Centro de Investigaciones Sociolรณgicas y otros estudios reflejen la desafecciรณn que existe entre los ciudadanos y los polรญticos. (mรกs…)

Mascarillas en la cocina

Mascarillas en la cocina

Ni la supuesta pasiรณn a borbotones de la Semana Santa, ni la exaltaciรณn a una huerta enladrillada fruto de la especulaciรณn y la voracidad urbanรญsticas. Ni, por supuesto, ajeno al dolor de nuevos episodios de esta tercera guerra mundial no anunciada ni declarada oficialmente, uno siente que la actualidad polรญtica espaรฑola es un remake involuntario de sรญ misma. Cambian los nombres, cambian los partidos, cambian incluso los escenarios โ€”de despachos ministeriales a chats de WhatsApp, de cloacas del Estado a un reparto de malos personajes en busca de autorโ€”, pero la trama es la misma: alguien que cree que el poder es un derecho hereditario y no una responsabilidad prestada.

Ahรญ estamos otra vez con el caso Kitchen, por un lado, y el caso Koldo o mascarillas por el otro, como si la realidad hubiera decidido programar un ciclo temรกtico sobre la autosuficiencia moral. Espectador durante estos dรญas de las crรณnicas judiciales, me ha venido a la cabeza aquel artรญculo que escribรญ hace aรฑos sobre la corrupciรณn como condiciรณn, no como acto. Una especie de estado del alma, un clima interior en el que uno se acostumbra a vivir igual que se habitรบa al olor de una habitaciรณn cerrada. La persona corrupta, entonces como ahora, no es solo alguien que hace trampas: es alguien que ha construido una autoestima entera sobre ellas.

Autosuficiencia satisfecha

Porque si algo comparten Kitchen y Koldo es esa autosuficiencia satisfecha que describรญa el papa Francisco en una conversaciรณn con el periodista Andrea Tornielli hace diez aรฑos: la convicciรณn de que uno no necesita ser cuestionado por nada ni por nadie. En el caso Kitchen, esa seguridad se tradujo en operaciones policiales paralelas, agendas que aparecรญan y desaparecรญan, y un uso del Estado como si fuera un llavero personal. En el caso mascarillas, la autosuficiencia adoptรณ la forma de contratos y pagos en plena pandemia, cuando medio paรญs estaba encerrado contando muertos, ademรกs de la compra de voluntades. Dos estilos, mismo perfume.

Fruto de aquel diรกlogo fue el libro El nombre de Dios es misericordia, en el que Jorge Marรญa Bergoglio afirmaba que el corrupto estรก tan encerrado y saciado en la satisfacciรณn de su autosuficiencia que no se deja cuestionar por nada ni por nadie. Ha construido una autoestima que se basa en actitudes fraudulentas: pasa la vida en mitad de los tajos del oportunismo, a expensas de su propia dignidad y de la de los demรกs. (โ€ฆ) El corrupto no conoce la humildad, no se considera necesitado de ayuda y lleva una doble vida, indicaba. Como habrรก supuesto, querido lector, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Justificaciรณn permanente

Y luego estรก la justificaciรณn permanente, ese arte tan espaรฑol de convertir lo injustificable en un acto de servicio. El corrupto siempre encuentra un motivo noble para su tropelรญa: el partido, el paรญs, la urgencia del momento, la presiรณn del cargo. En el primero, la excusa era proteger al partido de un extesorero dรญscolo que tenรญa retratados a los principales dirigentes del PP; en el segundo caso, la urgencia sanitaria. El fin, ya se sabe, siempre dispuesto a justificar los mediosโ€ฆ salvo que no deberรญa. Y el corruptor, en el mismo plano.

Lo mรกs inquietante, sin embargo, es la corrupciรณn no como anomalรญa, sino como clima. Como un moho que se extiende por las instituciones, por los partidos, por la vida cotidiana. Un fenรณmeno que, lamentablemente, no distingue siglas. Y, mientras tanto, la ciudadanรญa mirando, resignada, como quien observa una gotera que ya no sabe si viene del vecino del piso de arriba o del edificio entero.

No mirar a otro lado

Ademรกs, contamina la existencia. No solo la del corrupto, sino la de todos. Pudre el sentido de las instituciones, erosiona la confianza, convierte la polรญtica en un ejercicio de sospecha permanente. Y lo peor es que nos acostumbra. Que empezamos a ver normal lo que deberรญa escandalizarnos cada maรฑana.

A ese monstruo solo se le puede combatirse desde lo pequeรฑo. Desde no mirar hacia otro lado, desde no aceptar la impunidad como paisaje, desde exigir que la Justicia โ€”esa que tampoco estรก libre de tentacionesโ€” haga su trabajo sin presiones ni atajos. Y quizรก ahรญ estรฉ la clave para entender por quรฉ estos juicios importan, mรกs allรก de las siglas: porque nos recuerdan que la democracia no se sostiene sola.

Cansancio e incredulidad

Mientras llega el milagro de que la persona corrupta reconozca lo hecho, restituya lo robado y asuma su responsabilidad, seguiremos asistiendo a estos juicios como quien ve una serie que ya se sabe de memoria. Con ironรญa, con cansancio, con un punto de incredulidad. Y con la esperanza โ€”pequeรฑa, testarudaโ€” de que algรบn dรญa dejemos de escribir artรญculos sobre corrupciรณn porque, sencillamente, no haya nuevos casos que comentar. Aunque, siendo sinceros, igual eso sรญ que es ciencia ficciรณn.

Ilustraciรณn: NANA PEZ

Hijos de la clase obrera

Hijos de la clase obrera

Dos acontecimientos recientes han despertado en mi memoria la esencia de sentirme un hijo de la clase obrera. Uf, cรณmo suena esa expresiรณn, โ€œclase obreraโ€, no โ€œclase media y trabajadoraโ€ o โ€œla Espaรฑa que madrugaโ€. El primero de ellos tuvo lugar en un estudio de radio, en el que cada semana el cura Joaquรญn Sรกnchez invita a quienes tienen que aportar retazos de esperanza. En mi caso, compartir la vida profesional en esto del periodismo y de compromiso social desde la HOAC, el movimiento de la Iglesia en el mundo obrero en el que me he criado y milito.

Militar es un verbo que tiene su miga, โ€œmilitarโ€, sobre todo en estos tiempos lรญquidos en el que las estructuras sociales ya no perduran el tiempo necesario para solidificarse. Tiempos de incertidumbre, de separaciรณn del poder y la polรญtica, del debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegรญan a la persona, o la renuncia al pensamiento y a la planificaciรณn a largo plazo. ย 

Ambiente familiar

En esa conversaciรณn se despertaron infinidad de recuerdos en torno a un ambiente sindical y polรญtico en una familia que, en ocasiones, me ha llevado a sentir que no tuve infancia. Desde el final del franquismo y el miedo a lo que pudiera pasar, a las dudas de la Transiciรณn y a las experiencias de aquel movimiento anti-OTAN de los aรฑos ochenta. Todo ello salpicado con la publicaciรณn de una poesรญa social a los once aรฑos y las primeras colaboraciones en prensa escrita. Reconocรญa el orgullo de ser hijo de un mecรกnico fresador y de una maestra embarcada en la educaciรณn popular.

El segundo escenario se sitรบa en la lectura de Amianto (Hoja de Lata, 2014), novela del escritor toscano Alberto Prunetti. Este es uno de los textos del primer aรฑo del Club de Lectura de CCOO, una iniciativa que pretende recuperar la cultura obrera. En este caso, en torno a la historia de Renato, que su oficio de soldador le condujo a una muerte prematura a causa del amianto. Es una historia obrera contada por su hijo, universitario, traductor, โ€œtrabajador cognitivo precarioโ€. Una historia anticapitalista, de lucha por un trabajo digno, con estampas muy reconocibles por quienes nos sentimos hijos de la clase obrera.

Verdad desnuda

โ€œLos callos en las manos de los obreros son bonitosโ€, escribe el hijo. Y uno piensa que sรญ, que quizรก lo รบnico verdaderamente honesto que queda en este mundo son esas manos que cuentan la vida sin necesidad de palabras. Son las manos callosas de mi padre, de nuestros padres, con sus monos azules que debรญan volver a relucir cada lunes.

Porque los callos no engaรฑan. No son como los currรญculums de ahora, llenos de verbos en inglรฉs y cursos de productividad y de inteligencia artificial. Son la verdad desnuda: horas, frรญo, calor, golpes, herramientas que pesan mรกs que la hipoteca. Y, sobre todo, una memoria que no se borra. Cada callo es un recordatorio de que hubo un tiempo โ€”no tan lejanoโ€” en que el trabajo se hacรญa con el cuerpo entero, no con el ratรณn y la nube. El prรณlogo de Isaac Rosa nos habla de ello.

Alberto Prunetti (a la derecha) ha sido uno de los autores escogidos en esta primera ediciรณn del Club de Lectura de CCOO.


Conflicto social

Vivimos instalados en la fantasรญa de que el trabajo duro ya no existe. Que las fรกbricas se han convertido en lofts y los obreros en emprendedores. Que las cosas se fabrican solas, como los tomates que aparecen en el sรบper sin que nadie los haya recogido. Y asรญ nos va: invisibilizando a quienes sostienen el mundo para no estropear la foto del progreso. Caemos en los seductores mensajes de que la clase obrera ha desaparecido, incluso la que nos trae en moto o patinete los menรบs a casa.

Duele reconocer esta sociedad de clases y del conflicto social. Y mรกs cuando el recuerdo viene impregnado de amianto, ese โ€œasesino silenciosoโ€ que matรณ a tantos trabajadores mientras las empresas miraban hacia otro lado. En nuestra tierra nos lo ha venido recordando desde hace aรฑos la Asociaciรณn de Perjudicados y Afectados por el Amianto (Apena), con centenares de vรญctimas en Cartagena, trabajadores de Repsol, Navantia y otras empresas del Valle de Escombreras. Lo mรกs inquietante es que el amianto funciona como metรกfora perfecta del capitalismo actual: se cuela sin que lo notes, se instala en tus pulmones, y cuando quieres darte cuenta ya es tarde.

Mientras tanto, nosotros nos contarnos la vida como si fuรฉramos protagonistas de una serie de Netflix: flexibles, creativos, multitarea. Pero la verdad es que la precariedad nos ha robado hasta el relato. Sentirnos hijos de la clase obrera es reivindicar que la memoria no es un lujo, sino una forma de justicia. Una reparaciรณn mรญnima para quienes levantaron el mundo con las manos y recibieron a cambio enfermedad, silencio y ruinas industriales convertidas en centros comerciales.


Ilustraciรณn | NANA PEZ

Artรญculo: La soledad de los incurables del amianto
Si yo fuera diputado…

Si yo fuera diputado…

โ€ฆme hubiera gustado ser el pasado martes Amadeo Marquรฉs. Bueno, me conformo con haber estado en la piel (aunque sea en la imaginaciรณn) de este parlamentario aranรฉs a la hora de su intervenciรณn de siete minutos frente a los bancos de la oposiciรณn prรกcticamente vacรญos en un debate sobre persecuciones religiosas y protecciรณn a cristianos perseguidos.

Para algunos fue una parrafada de sacristรญa. Sรญ, dirรญa yo, pero de sacristรญa bien ventilada, de esas que dejan a mรกs de uno buscando el misal para ver si lo que ha dicho viene realmente en el Evangelio. Una homilรญa laica que puso a medio hemiciclo con cara de haber llegado tarde a misa y sin saber dรณnde sentarse.

Xenofobia vs cristianismo

Amador es socialista y cristiano. Sรญ, las dos cosas a la vez, que parece que a algunos les chirrรญa mรกs que un trono mal engrasado. Recordรณ algo que deberรญa estar grabado en la puerta de cada sede polรญtica: la fe va de misericordia, no de repartir carnรฉs de pureza. Y claro, eso en ciertos asientos sonรณ como cuando en Semana Santa se apaga una vela antes de tiempo: desconcierto, miradas cruzadas y un par de suspiros que parecรญan pedir la hora.

Lo mejor fue cuando soltรณ, sin despeinarse, que โ€œun xenรณfobo no puede ser un verdadero cristianoโ€. Ahรญ los escaรฑos se quedaron tiesos, como si hubiera pasado la procesiรณn del Silencio. Y no porque la frase fuera nueva โ€”la dijo el arzobispo Joan Planellas, lo recordรณ รฉl mismoโ€”, sino porque no estรกn acostumbrados a que se les cite el Evangelio sin que sea para justificar un veto o un recorte. Y claro, eso en ciertos sillones sonรณ como cuando en una boda alguien recuerda que el menรบ no incluye marisco: un silencio incรณmodo, miradas al suelo y algรบn carraspeo de emergencia.

Fe no es arma polรญtica

Luego vino la escena que ya es candidata a meme: la Sagrada Familia en la Espaรฑa de hoy. Segรบn Marquรฉs, el PP los llamarรญa inquiokupas, les negarรญa el escudo social y Vox los expulsarรญa por migrantes. Y uno, que pedalea cada dรญa viendo cรณmo se mira a los reciรฉn llegados y a quienes ya estรกn aquรญ un tiempo como si fueran obstรกculos en la calzada, no puede evitar asentir. La parรกbola no es tan parรกbola cuando la realidad se empeรฑa en confirmarla.

Entre cita y cita โ€”que si Irak, que si el Lรญbano, que si los cristianos que huyen de guerras que algunos todavรญa justificanโ€”, el diputado fue dejando caer una idea sencilla, casi de catequesis de barrio: la fe no es un arma polรญtica, ni un azote, ni un sello de identidad tribal. Es, o deberรญa ser, una forma de mirar al otro sin miedo ni cรกlculo electoral.

En un paรญs y en una regiรณn como la nuestra algunos usan la fe y la religiosidad popular como si fuera un claxon, para hacerse notar, para imponer, para marcar territorio, para ganar votos

Y al final rematรณ con un โ€œAmรฉnโ€ que no sonรณ a cierre litรบrgico, sino a โ€œa ver si os aplicรกis el cuentoโ€. Un amรฉn de esos que no piden incienso, sino coherencia. Un amรฉn de esos que, si lo escuchas desde la bici, te hace levantar la vista del manillar y pensar que igual no todo estรก perdido.

No usar a Dios

Porque en un paรญs y en una regiรณn como la nuestra donde algunos usan la fe y la religiosidad popular como si fuera un claxon โ€”para hacerse notar, para imponer, para marcar territorio, para ganar votosโ€” escuchar a alguien recordar que la fe es amor y no un azote es casi revolucionario. Y mira que no pedรญa tanto: solo que dejemos de usar a Dios como si fuera un tertuliano mรกs.

Y si yo fuera diputado intentarรญa no perder el norte como, a mi juicio, lo hicieron el miรฉrcoles pasado quienes tumbaron la iniciativa legislativa que recogรญa que no se pudiera conducir con mรกs de 0,2 gramos de alcohol por litro de sangre la tasa mรกxima de alcoholemia de los conductores. Esto supondrรญa, en realidad, que no se podรญa tomar ninguna bebida alcohรณlica si una persona se iba a poner al volante.

Tasa de alcoholemia

Pero claro, al ser una propuesta del Grupo Socialista, quรฉ barbaridad, habรญa que tumbarlo y que no saliera adelante con razones para todos los gustos. Las seรฑorรญas del PP, Vox, ERC y UPN no atendieron las demandas de la asociaciรณn Stop Accidentes que, en boca de su vicepresidente, habรญa afirmado que โ€œsalvar vidas no tiene color polรญtico ni ideologรญa. Reducir la tasa de alcoholemia al volante es una cuestiรณn de solidaridad y de sentido comรบn. Y quienes voten en contra de ello van a tener que explicรกrselo a las decenas de miles de familias que han perdido a un ser querido en nuestro paรญs y que son mรกs de 70.000 en los รบltimos 25 aรฑosโ€.

Mientras que al adversario polรญtico โ€“o en la vida civil, a quien no piense como yo- se le vea como un enemigo (y ya se sabe que al enemigo, ni agua) seguiremos dรกndonos palos incapaces de alcanzar medidas en favor del bien comรบn. Mientras sigamos perdiendo el norte, apaรฑados vamos.


Ilustraciรณn | NANA PEZ

Polariza, que algo queda

Polariza, que algo queda

No sรฉ lo que pensarรกn ustedes, pero hay muchos dรญas en los que uno estรก convencido de que la polarizaciรณn es como la humedad en Murcia: se te mete en el cuerpo sin pedir permiso alguno. Antes parecรญa ser un problemilla de tertulianos con ganas de espectรกculo, a los que les pagaban sobre todo para armar bulla. Ahora se ha convertido en una de las primeras preocupaciones ciudadanas. Las suyas. Las nuestras. Y hasta la pasada Navidad la tuvimos presente en un anuncio de productos cรกrnicos.

Vivimos en un contexto local, nacional y mundial de incertidumbre, de cambio y de transformaciรณn que nos tiene con el gesto torcido y el pulso a mil. En mi caso, lo vivo a diario al llamar la atenciรณn a conductores que invaden el carril bici o no respetan los cruces. Me han llegado a lanzar improperios, tras bajar enรฉrgicos el cristal de su ventanilla, con mensajes del tipo ยกtรบ no pagas impuesto de circulaciรณn, asรญ que no te quejes! Seguro que usted tiene ejemplos muy cercanos.ย 

Polarizaciรณn polรญtica

Y claro, en ese caldo de cultivo, los partidos han encontrado la receta perfecta: dividir en dos, agitar fuerte y servir caliente. La polรญtica ya no va de ideas, sino de bloques. De los mรญos contra los tuyos. Como si estuviรฉramos en un derbi eterno, pero sin รกrbitro y con una grada que romperรญa el etilรณmetro en cualquier control de carretera que se precie. A ver quiรฉn dice la frase mรกs ocurrente, el reproche mรกs duro, la puya mรกs hiriente o el insulto mรกs chusco con el fin de  que se pueda extraer en vรญdeos y tuits para general consumo mediรกtico.

El problema es que esta polarizaciรณn no se queda en el รกmbito de la polรญtica. Ya estรก bien de echarles siempre la culpa a otros. Conviene reconocer que se cuela en la sobremesa familiar, en el grupo de WhatsApp de la comunidad de vecinos o de la Ampa y hasta en la cola de la panaderรญa. La penetraciรณn del rรฉgimen de polarizaciรณn es muy intensa porque se hace tambiรฉn de carรกcter emocional. Vamos, que discutimos menos con la cabeza y mรกs con las tripas. Y cuando tocamos esa fibra sensible, a flor de piel, asรญ nos va. Confundimos disenso con guerra civil.

Hoy basta con que alguien diga que le gustan los toros o que es vegano para que otro decida que no hay nada que hablar

El problema no es pensar distinto, sino pensar que el distinto es un enemigo. Como recordaba hace unos dรญas el sociรณlogo Sebastiรกn Mora en el diario La Opiniรณn de Murcia, antes el movimiento obrero y la patronal podรญan estar en las antรญpodas y aun asรญ llegar a acuerdos. Hoy, en cambio, basta con que alguien diga que le gustan los toros o que es vegano para que otro decida que no hay nada que hablar. Y asรญ es difรญcil construir nada.

Ilustraciรณn | NANA PEZ

Mundo roto y fragmentado

Pero ojo, que la polarizaciรณn polรญtica no es la รบnica. Tambiรฉn estรก la social, esa que preferimos no mirar porque incomoda mรกs que un agosto sin vacaciones o aire acondicionado. Vivimos en un mundo roto, fracturado y segregado. Barrios que no se mezclan, escuelas que no se cruzan, vidas que no se tocan. ยฟCรณmo vamos a encontrarnos polรญticamente si ni siquiera nos encontramos en la vida real? ยฟSi solemos mirar hacia otro lado? ยฟSi solo escuchamos a quienes piensan como yo, a quienes comulgan como yo, a quienes visten como yo y a quienes se rรญen de lo mismo que yo?

La receta que se propone no es mรกgica, pero sรญ sensata: reconstruir espacios intermedios. Esos lugares donde la gente se ve, se escucha y aprende a discutir sin tirarse los trastos. Esas soluciones estรกn en nuestra mano. Creo que no es cosa de boomers ni de tristes reconocer que las asociaciones vecinales, las parroquias, los sindicatos o movimientos sociales, las escuelasโ€ฆ antes hacรญan de puente y ahora estรกn medio vacรญos o convertidos en meros buzones de quejas. Sin embargo, sin ellos y otros muchos lugares asociativos, es imposible una sociedad civil mรกs reflexiva, mรกs deliberativa.

Toca arremangarse

Y luego estรก la cuestiรณn de los mรกrgenes. Porque mientras la polรญtica oficial mira hacia otro lado, las personas excluidas estรกn siendo cortejadas โ€”y utilizadasโ€” por discursos autoritarios que les prometen soluciones fรกciles a problemas complejos.

Nos toca, por tanto, arremangarnos, reconstruir puentes o acabaremos viviendo en islas, en compartimentos estancos. Mรกxime cuando lo hacemos en el marco de una cuarta revoluciรณn industrial, de un sistema econรณmico capitalista del que, ยกoh, quรฉ casualidad!, apenas se habla y se cuestiona. Un capitalismo en una fase nueva, no un capitalismo de promesas decrecientes, donde ya no nos va a prometer bienestar para todos, sino que lo hace para unos pocos en un contexto muy competitivo. No podemos comprometernos y apostar, en su caso, por una polarizaciรณn democrรกtica, sin tener en cuenta esa dimensiรณn estructural que afecta a nuestras vidas de una forma muy clara.


Diรกlogo | ยซยฟDestruimos la convivencia? Polarizaciรณn polรญtica y el caso de la Regiรณn de Murciaยป

Vรญdeo del segundo acto del ciclo Lรญneas Rojas 2026, organizado por las Comunidades Cristianas de Base de la Regiรณn de Murcia y por la HOAC de la Diรณcesis de Cartagena, bajo el lema: โ€œNo miremos a otro lado: la polรญtica y el cuidado de la tierra son cosa nuestraยป. El Diรกlogo 2, celebrado el miรฉrcoles 18 febrero 2026, versรณ sobre ยซยฟDestruimos la convivencia? Polarizaciรณn polรญtica y el caso de la Regiรณn de Murciaยป. Participaron: Juan Josรฉ Garcรญa Escribano, sociรณlogo, codirector del Grupo de Investigaciรณn del CEMOP (Centro de Estudios Murcianos de Opiniรณn Pรบblica) de la Universidad de Murcia y responsable de estudios sobre polarizaciรณn polรญtica. Tambiรฉn, Sebastiรกn Mora Rosado, sociรณlogo, ex secretario general de Cรกritas Espaรฑola y profesor de la Universidad Pontificia de Comillas. Dirigiรณ el diรกlogo Mยช รngeles Garcรญa Navarro, empleada pรบblica en la Administraciรณn General de la Seguridad Social y militante de Comunidades Cristianas de Base de Murcia.

Regularizar para reconocer

Regularizar para reconocer

Una de esas asignaturas pendientes que me restan por superar, tras pasar el ecuador de la vida, es no haber aprendido francรฉs. Mรกxime cuando estuvo al alcance de la mano hace ya seis dรฉcadas en el Parรญs de Charles de Gaulle, en el aรฑo en el que estableciรณ relaciones diplomรกticas con la Repรบblica Popular China. Era uno de esos reciรฉn nacidos de los miles de espaรฑoles que viajaron en busca de una mejor vida a la que parecรญan destinados en un paรญs aรบn partido por una guerra incivil, fruto de un golpe de estado, en la que unos ganaron y otros muchos perdieron.

Mis progenitores salieron del pueblo con el รกnimo de un reagrupamiento familiar con otros que lo habรญan hecho antes. Pero la experiencia no fue tan positiva como la esperada y regresaron al poco tiempo en uno de esos trenes que nunca parecรญan llegar a su destino. Envuelto en tristeza y un halo de desesperanza que salรญa de los compartimentos, allรญ estaba un bebรฉ que terminarรญa de criarse entre Murcia y Alicante, con el apelativo de franchute arrastrado hasta el final de la adolescencia. No fue el รบnico: tambiรฉn el de alicantino, borracho y fino al cambiar de pueblo y de provincia. Si no les suena algo de esto es porque la memoria es muy corta. Selectiva, mรกs bien, porque si la recuperรกsemos un poco y mirรกsemos atrรกs, sin necesidad de ir muy lejos, otro gallo cantarรญa.

Debate metafรญsico

Ahora en Espaรฑa estamos viviendo el debate sobre la regularizaciรณn de inmigrantes como si fuera una cuestiรณn metafรญsica, de esas que se discuten en las sobremesas largas cuando ya no queda ni cafรฉ. Una posiciรณn que se argumenta estos dรญas es que ese proceso es algo mucho mรกs sencillo: o regularizamos, o el paรญs se nos queda sin manos, sin pensiones y sin futuro.

No me gusta que la defensa tenga que ver con una visiรณn utilitarista del fenรณmeno migratorio y no, simplemente, por una cuestiรณn de humanidad, de valores, de derechos humanos y, por tanto, de justicia. Pero nada, aquรญ seguimos, atrapados en un bucle emocional donde algunos han convertido la xenofobia en una especie de religiรณn civil. Y ya se sabe: a un creyente dogmรกtico no se le convence con datos, sino con milagros.

Una de las grandes mentiras que circulan sobre la poblaciรณn migrante es que viene a quitarnos el trabajo

Partidos polรญticos como Vox o Alianรงa Catalana (e incluso el propio PP) han creado una xenofobia emocional y han sabido convertirla en creencia. Un argumento puede discutirse, pero es imposible revisar o desmontar racionalmente una creencia dogmรกtica que estรฉ muy viva. Las ideas se tienen, pero en las creencias se estรก. En ese รกmbito de lo incuestionable no tienen cabida los anรกlisis que demuestran que sin los migrantes hay servicios que no funcionarรญan y que ellos contribuyen de forma relevante al sistema de pensiones.

Regularizaciรณn para reconocer
Ilustraciรณn de Nana Pez

Chivos expiatorios

Recordemos que entre esas grandes mentiras estรก la de que vienen a quitarnos el trabajo. Pues mire, no. Los estudios muestran que no compiten por los mismos puestos y que, de hecho, aceptan trabajos que muchos espaรฑoles no queremos ver de lejos. Y encima cobran un 30 por ciento menos. Vamos, que si alguien estรก siendo explotado aquรญ, no son precisamente los de siempre. O tambiรฉn. Pero la narrativa del โ€œnos robanโ€ funciona porque apela a las tripas, no al cerebro.

Crece en Espaรฑa la aporofobia. Es decir, el asco y la aversiรณn al pobre, al inmigrante ยซsudacaยป, ยซmoroยป o ยซnegroยป. Como afirma el sociรณlogo Rafael Dรญaz-Salazar, es un problema antropolรณgico de gran magnitud que va mรกs allรก de la polรญtica y que tiene algunas semejanzas con la mutaciรณn cรญvica que hizo posible el apoyo al fascismo y al nazismo. Ahora el chivo expiatorio no son los judรญos, sino los migrantesโ€ฆ ยกque necesitamos! Por eso, el irracionalismo forma parte de la cultura de quienes se sitรบan en la รณrbita de esos partidos. Esa mezcla tรณxica es terreno fรฉrtil para discursos que recuerdan demasiado a otros tiempos, incluso entre los mismos pobres, a golpe de TikTok. Y no digamos cuando los proclaman personas que se declaran catรณlicas, apostรณlicas y rumanas, ยกuy!, perdรณn, romanas.

Acto de justicia

De ahรญ que el proceso de regularizaciรณn no sea un gesto de buenismo ni una concesiรณn ideolรณgica. Regularizar no es regalar nada: es reconocer que ya estรกn aquรญ, en esta tierra de promisiรณn, que trabajan, que sostienen sectores enteros y que merecen derechos y estabilidad. Es, ademรกs, la รบnica forma de combatir la economรญa sumergida y la explotaciรณn laboral.

Y si a alguien le preocupa que esto โ€œatraiga a mรกsโ€, quizรก convenga recordar que el mejor freno a la migraciรณn no son los muros ni los discursos incendiarios, sino la justicia global: que la gente pueda vivir dignamente en sus paรญses. Pero eso exige polรญticas serias, no eslรณganes.


Ilustraciรณn | NANA PEZ

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La mejor tierra del mundoโ€ฆ para la exclusiรณn

La mejor tierra del mundoโ€ฆ para la exclusiรณn

Hay cifras que uno lee con el cafรฉ de la maรฑana y se le corta la leche. Trescientas veinte mil personas en exclusiรณn social viven en la Regiรณn de Murcia. No es un error tipogrรกfico ni un susto pasajero: es uno de cada cinco vecinos y vecinas, diez estadios Nueva Condomina a rebosar, la suma de quienes viven en Cartagena y Lorca. Y no hablamos solo de pobreza, que ya serรญa bastante. Hablamos de exclusiรณn, esa palabra que suena a borde del mapa, a quedarse fuera del juego mientras otros siguen avanzando como si nada.

El informe de Cรกritas y la Fundaciรณn FOESSA, presentado esta semana, es de esos documentos que deberรญan entregarse junto con el carnรฉ de identidad. Porque retrata una Regiรณn que muchos prefieren no mirar: una Murcia donde la vivienda se ha convertido en un deporte de riesgo y el empleo en un salvavidas lleno de agujeros.

La vivienda, dicen, es el epicentro del terremoto. Y no es para menos: los precios han subido un 35 por ciento desde 2018, la obra nueva un 54, y el alquiler 25 puntos. Con estos nรบmeros, lo raro es que no haya mรกs gente viviendo en el coche. Ochenta y seis mil hogares โ€”repito: ochenta y seis milโ€” se quedan por debajo de la pobreza severa despuรฉs de pagar techo y suministros. Es decir, trabajan para tener casa, pero no para vivir en ella. Pero nada, que la culpa es de Netflix.

Trabajar mรกs para no llegar

Y luego estรก el empleo, ese viejo conocido que antes protegรญa y ahora apenas acompaรฑa. Murcia crea trabajo, sรญ, pero los salarios reales han bajado un 1,1 por ciento en cinco aรฑos. Se trabaja mรกs para llegar igual o peor. La precariedad juvenil es ya un gรฉnero literario, y la emancipaciรณn, una leyenda urbana. No extraรฑa que muchos jรณvenes sigan en casa: entre alquileres imposibles, que parecen redactados por un villano de Marvel, y sueldos de risa, la adultez se ha convertido en un trรกmite interminable.

Pero el Informe no se queda en la economรญa. Habla tambiรฉn de la red social โ€”la de verdad, no la de los likesโ€” esa que antes sostenรญa y ahora se deshilacha. La solidaridad entre hogares ha caรญdo veinte puntos en seis aรฑos. Cada vez ayudamos menos, quizรก porque cada vez podemos menos. Y mientras tanto, dos de cada diez hogares dice haber sufrido discriminaciรณn, sobre todo por origen o nacionalidad. Como si no tuviรฉramos ya suficientes problemas como para andar seรฑalando al de al lado.

La salud mental en exclusiรณn severa multiplica por seis la de quienes viven integrados

La salud tampoco sale bien parada. Mรกs de 220.000 personas tienen dificultades para acceder a alimentaciรณn suficiente o a la atenciรณn mรฉdica que necesitan. Y la salud mental, ese tema que siempre dejamos para otro dรญa, golpea con fuerza: la prevalencia de trastornos entre quienes estรกn en exclusiรณn severa es seis veces mayor que entre quienes viven integrados.

Y aquรญ viene lo mรกs inquietante: el sistema de protecciรณn social no estรก llegando donde deberรญa. El Ingreso Mรญnimo Vital solo alcanza al 56 por ciento de quienes viven en pobreza severa, y mรกs de la mitad ni siquiera ha oรญdo hablar de รฉl. Mientras tanto, la Renta Bรกsica de Inserciรณn regional se apaga como una vela sin cera. Es decir, justo cuando mรกs falta hace, menos cobertura ofrece.

ยฟQuiรฉnes lo pasan peor? Los de siempre: familias con menores, hogares encabezados por mujeres, jรณvenes que no pueden despegar y personas de origen extranjero que encuentran mรกs muros que puertas. La exclusiรณn no es solo material, tambiรฉn es cรญvica: no participar, no decidir, no contar.

Cambio de rumbo

El Informe, eso sรญ, no se queda en el diagnรณstico. Propone un cambio de rumbo que suena casi revolucionario: reconocernos interdependientes, reforzar la sociedad civil, exigir instituciones fuertes y una clase polรญtica valiente. Vamos, lo de siempre. Pero oye, igual esta vez cuela. Igual esta vez alguien escucha. Igual esta vez dejamos de mirar para otro lado.

Quizรก estas cifras, tan brutales como cercanas, sirvan para sacudir conciencias. Porque la exclusiรณn no es un fenรณmeno abstracto: es tu vecina que ya no llega a fin de mes, el chaval que no puede emanciparse, la familia que vive pendiente del recibo de la luz.

Quรฉ Regiรณn queremos ser

La Regiรณn Murcia no puede permitirse seguir mirando hacia otro lado y es hora de rebelarse contra la resignaciรณn. No cuando uno de cada cinco estรก fuera del tablero. No cuando la desigualdad se convierte en paisaje. No cuando el futuro de tantos depende de que, por una vez, dejemos de hablar de โ€œlos vulnerablesโ€ como si fueran otros.

Al final, la pregunta es sencilla: ยฟquรฉ tipo de Regiรณn queremos ser? La que normaliza la exclusiรณn o la que decide que nadie sobra. Yo, al menos, tengo clara mi respuesta. Y tรบ, si has llegado hasta aquรญ, probablemente tambiรฉn.

  • Infografรญas Informe Foessa 2025 Regiรณn de Murcia