Víctimas y culpables

Víctimas y culpables

A menudo sucede que en la vida tenemos que enfrentarnos al papel de víctimas en infinidad de situaciones. Encontramos siempre más fácil ubicarnos en el lugar de los que sufren que en el de los responsables de causar males a los demás. Por ejemplo, en nuestro lugar de trabajo siempre hallamos la manera de culpabilizar a los jefes de nuestras incapacidades o carencias, que adoptar una postura activa a la hora de resolver problemas y dificultades. Una oficina, sin ir más lejos, es el escenario donde tienen lugar las actuaciones de unos y otros. Los primeros, ellos, se encargan de amargarnos la existencia a los segundos, nosotros, a la hora de repartir los turnos de vacaciones, los ritmos de trabajo, los horarios, los temas a abordar… Lo que sucede tiene explicaciones difusas, pero una vez aplicada cierta racionalidad y observación, y eliminada la subjetividad inherente al ser humano, nos damos cuenta de que víctimas y verdugos somos al final iguales.

Es cierto que los niveles de responsabilidad son distintos, pero a fin de cuentas todos estamos atrapados por los mismos lazos que nos impiden mirar adelante en las ocupaciones. Durante mucho tiempo uno adopta la postura de situarse en la retaguardia de los problemas. Parece más fácil culpar a los otros de nuestros problemas, incapacidades, carencias, debilidades y falta de gallardía o valentía, a la hora de coger el toro por los cuernos y salir de este laberinto que nos atenaza. Lo que ocurre es que es más sencillo echar balones fuera que situarse debajo de los cuatro palos e intentar parar hasta los penaltis de Mendieta. Pasa como en la sanidad pública, en la que mantenemos la distancia con el médico especialista, al que conferimos un papel de brujo sanador omnipotente, y renunciamos a conocer nuestros derechos y obligaciones.

También acontece algo similar en la política. La dejamos en mano de los profesionales de la cosa pública y nos quedamos agazapados hasta que nos convoquen cada cuatro años a votar. El engranaje sigue así porque con nuestra actitud pasiva aportamos la grasa adecuada para que las tuercas no chirríen o se detenga el sistema. Con lo fácil que es arrojar aun poco de chinarro con el fin de que la máquina necesite de la intervención de un mecánico para analizar qué es lo que sucede.

Tengo un amigo que se ha pasado años culpando a sus jefes de todos los problemas que tenía. Su ritmo de trabajo era infernal y no tenía tiempo para desarrollar sus aficiones, atender a sus amigos y crear una familia en condiciones, como Dios manda. Tardó mucho tiempo en darse cuenta de que sus jefes tenían los mismos problemas que él, y que en definitiva eran víctimas de sus propias acciones. Hasta que no llegó ese momento no descubrió que sus dardos tenían un objetivo equivocado. Desde entonces comprendió mejor que cada persona desempeña un papel asignado en esta máquina del mundo, y se dedicó a colocar un espejo frente a los que hasta entonces eran sus enemigos. A éstos les costó entender lo que realmente sucedía pero contribuyó a que se pusieran de su parte. Comprendió entonces aquél dicho latino de que si no puedes vencer a tu enemigo, alíate con él para vencer a los que realmente son tus adversarios.

Se trata, en definitiva, de tener el empuje, la tenacidad, la fuerza y el vigor necesarios para tirar hacia delante. En nuestra pasividad está nuestra debilidad. En tener el objetivo desenfocado están los principales errores que cometemos a lo largo de la vida. Mientras tanto, derrochamos energía como el agua al lavarnos los dientes y se va por desagües sin encontrar un camino adecuado. Cuesta descubrir a tiempo dónde se encuentra el objetivo, pero una vez descubierto el esfuerzo no es tan grande. Se trata de concentrar las fuerzas en lo que es realmente importante. Una vez hallado, la vida se ve con otros ojos y, aunque no se alcancen las metas deseadas, el esfuerzo no ha sido en balde. Se lo aseguro, incauto lector.

Jorge Drexler: «Vivimos en un presente muy estrecho»

Jorge Drexler: «Vivimos en un presente muy estrecho»

Jorge Abner Drexler Prada (Montevideo, 21 de septiembre de 1964) llegó a España de la mano de Joaquín Sabina en 1995. Diez años después me cautivó con su canción  Todo se transforma y cuando descubrí que era de la generación del 64 no dudé en que tenía que formar parte de este proyecto que ahora empieza a tomar cuerpo. Azares del destino llevaron a que cerrara su gira Mundo Abisal en Murcia (España) y esta circunstancia  permitió que tuviera lugar nuestro encuentro, en una sala anexa al Teatro Circo. Muy afectado por la muerte de Roque Bergareche con quien le unía muchos lazos de amistad -al igual que con su hermano Jacobo– en esta primera entrevista de la Gente del 64 nos cuenta su recuerdos de infancia, sus inicios en el mundo de la música, cómo Twitter le ha permitido volver a la poesía y lo que ha supuesto la paternidad en su vida. Los del 64 formamos parte de una generación intermedia. No somos de la generación hippy, la que protagonizó la transición española, la que nos ha gobernado en la mayor parte de nuestra vida -y aún hoy lo hace- y la nueva, la tecnológica. Quizá estamos a medio camino. Las imágenes son de Jerôme Van Passel. (más…)

¡Es la movilización, estúpido!

¡Es la movilización, estúpido!

Sí, mi querido amigo, mi querida amiga. Es la movilización de la gente la que consigue que las cosas cambien. Así ha sucedido a lo largo de la historia, especialmente en los dos últimos siglos,y así va a ocurrir en los próximos días en el asunto de los desahucios. Muchos pensaban hace meses que era cosa de unos locos la oposición a los desalojos de quienes un día fueron clientes preferentes de las cajas de ahorro y de los bancos, en esa locura colectiva que ha sido la burbuja inmobiliaria de los primeros diez años de este siglo. Se les miraba, en el mejor de los casos, con una sonrisa a medias, pensando que, en fin, eran unos utópicos. (más…)

Elecciones en Galicia y País Vasco: volver a empezar

Elecciones en Galicia y País Vasco: volver a empezar

Ni uno del 64. Sí, compañeros de generación, no he encontrado ningún cabeza de lista de las elecciones de ayer en Euskadi y Galicia que sea de nuestra generación. Los ganadores son todos mayores que nosotros. Iñigo Urkullu (PNV) y Núñez Feijoo (PP), los dos vencedores, nacieron el año 1961, por lo que superan los 50. Otros ganadores como Laura Mintegi (EH Bildu), que vino al mundo en 1955, y Xosé Manuel Beirás (AGE), que es el más veterano a sus 76 años, también están muy lejanos a nuestra generación.  (más…)

Cierra La 7: La culpa es de ZP

Cierra La 7: La culpa es de ZP

El cierre de la televisión autonómica 7 Región de Murcia (7 RM) es la crónica de un fracaso anunciado (para el Gobierno es el cambio en el modelo de gestión de la televisión, pero que se lo digan a sus trabajadores). Fracaso… porque nació muerta. En un contexto en el que el modelo de televisión generalista estaba en crisis, en plena eclosión de los canales de la Televisión Digital Terrestre y con unas audiencias cada vez más exigentes y diseminadas, la apuesta por una televisión como la murciana tuvo un gran responsable: Zapatero.

(más…)

Esto es increíble

Esto es increíble

El panorama no puede ser más desolador. Las medidas anunciadas hoy por Mariano Rajoy son la continuidad de un camino de no retorno. Todo vale. La mentira, la hipocresía, la manipulación… Y lo más lamentable es que, como dice Antoni Gutiérrez-Rubí, sin debate no hay alternativa. Y es verdad. Frente a una derecha descarnada, brazo ejecutor de los poderes financieros, con aliados potentes como los poderes mediáticos, hay una izquierda dividida… y lo que es peor, difusa. No porque no mantenga principios ideológicos. Es que una parte de ella carece de credibilidad ante la opinión pública. Por mucho que Rubalcaba se empeña en explicar con pedagogía una posición política, lo tenemos muy difícil. (más…)

Carta abierta al Sr. Rector

Carta abierta al Sr. Rector

Las universidades públicas de la Región de Murcia están viviendo estos días unas movilizaciones estudiantiles, del profesorado y del personal de Administración y Servicios en contra de los duros recortes que están adoptándose. La principal razón es el incumplimiento en la financiación pública por parte del Gobierno regional, que adeuda a la Universidad de Murcia y a la Universidad Politécnica de Cartagena ingentes cantidades económicas desde hace más de dos años. Los problemas de liquidez de las cuentas regionales está provocando que los últimos presupuestos universitarios se hayan visto recortados en partidas muy significativas, amén de que la deuda y los retrasos en los pagos esté provocando graves dificultades para el funcionamiento ordinario de estas instituciones. Pero hay que sumar la aplicación del denominado Real Decreto Ley 14/2012,  de 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo obra del ministro José Ignacio Wert, una de las grandes ‘perlas ministeriales’ del Gobierno de Mariano Rajoy. (más…)

#Periodistas vs. #trabajadores

#Periodistas vs. #trabajadores

Esta semana ha debido de ser muy dura para los compañeros y compañeras de LaVerdad TV, la televisión del Grupo Vocento en Murcia. Más de una decena de trabajadores han visto cómo han sido rescindidos sus contratos. En otros medios de comunicación regionales la situación es también muy dura, como los de la SER, con un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) a la vista. Con la bajada de los ingresos publicitarios y, sobre todo, por la política comercial y laboral de sus respectivas cabeceras empresariales, ha habido despidos y modificaciones de las condiciones de trabajo. Una situación que viene de lejos y ante la que las empresas se han servido de la desestructuración del sector y la desmovilización de sus trabajadores para llevar adelante sus planes. (más…)

Saber escuchar de la experiencia

Saber escuchar de la experiencia

Durante cierto tiempo se ha ensalzado la juventud y las jóvenes promesas en la política, la economía, la empresa… como los mejores baluartes para afrontar el presente y el futuro. La madurez, la ancianidad, la sabiduría acumulada… han sido vistas, por el contrario, como signo de otra época. Sin embargo, después de leer la entrevista a dos voces publicada por el Magazine de La Vanguardia el domingo pasado, con un diálogo entre los ensayistas franceses Edgar Morin y Stéphane Hessel, creo que merece la pena replantear la tesis de que la eterna juventud es la que manda romana en estos tiempos. (más…)

Unidos por la pasión de escribir

Unidos por la pasión de escribir

Un 23-F de hace dicesiéis años nacía en Murcia mi hijo mayor, Pedro. Fue una tarde-noche de viernes y estaba programada la cesárea para el sábado por la mañana, porque venía de nalgas. No obstante dijo que él quería venir al mundo rompiendo aguas, como casi todo hijo de vecino que se precie. No lo pudo evitar. Y a mí me pilló en una óptica en pleno centro de la capital. Padres primerizos… nervios asegurados. José María Aznar ganaría unos días después sus primeras elecciones a Felipe González… y nosotros seguíamos en el hospital. Los efectos de la cesárea nos obligaron a permanecer 12 días en una habitación del centro sanitario, que compartimos con otras parturientas y sus familias. (más…)

El debate que yo ví

El debate que yo ví

ntes de sumergirme en la prensa del día, porque las tertulias radiofónicas de incomunicación las dejo aparte, me gustaría compartir mi visión sobre el debate que protagonizaron anoche los dos candidatos a la Presidencia del Gobierno de España, Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba. El primer hecho destacable es que mis dos hijos, de 15 y 12 años,  no se retiraron a sus habitaciones cuando acabaron los capítulos respectivos de Los Simpson y de American Dad, sino que se quedaron conmigo a seguir la primera parte de la emisión. Y además con criterios propios y comentando cada una de las intervenciones de los candidatos. (más…)

Malos tiempos para el compromiso

Malos tiempos para el compromiso

Quizá usted, amigo lector, se halle entre los miles de españoles que pueden disfrutar de estos días como buen consumidor de vacaciones. Puede también que goce de un empleo más o menos estable, que su perspectiva de futuro no sea muy oscura y… que también tenga sus malos ratos, dándose cuenta que todo no va tan bien como podría parecer. Al menos para dos terceras partes del mundo, esos parias de la tierra que se ven sacudidos a diario por terremotos, hambrunas, guerras, desertización galopante, contaminación acuciante, falta de agua de la de verdad, no la de las regiones que ansían trasvases sin tener muy claro el por qué y el para quién, o en beneficio de quién.

En la última reunión de mi comunidad de vecinos tuvimos muchas dificultades en sustituir al presidente y al tesorero de la escalera. Aunque seguíamos un relevo ascendente y descendente, por plantas se entiende, y con periodicidad anual, la oposición de a quienes les correspondía por turno este gran honor de servicio a los demás suscitó un encendido debate. Resulta que a nadie le hace gracia asumir esta responsabilidad porque todos estamos muy ocupados en infinidad de asuntos. Desde cómo ganar las habichuelas a diario, a la educación de los hijos, las compras, la atención a la casa de campo o de la playa el fin de semana, etc., etc.

Este problema no se reduce sólo a las juntas de vecinos sino que podemos encontrarlo en cualquier otro ámbito asociativo. Desde las asociaciones de padres y madres de alumnos, consejos escolares, las asociaciones de vecinos, culturales o de consumidores. También en los sindicatos o los partidos políticos, al margen de los que están empleados en ellos o en la dirección como ‘liberados’. Incluso en cofradías, clubes deportivos, grupos parroquiales, movimientos de distinto tipo de apostolado o en las organizaciones no gubernamentales. En las empresas nadie quiere presentarse a las elecciones sindicales, por distintas razones, a no ser el profesional de turno. Corren malos tiempos para el compromiso, aunque sea el mínimo, limitado a tres reuniones al año. Hay una desmotivación tal que aquellos ingenuos que deciden asumir un cargo de éstos, vamos, sin ánimo de lucro, lo tienen muy difícil para dejarlo, porque no hay nadie que les sustituya. 

En esto del compromiso no sólo hay que mirar el mundo de lo colectivo, esto es, el de las asociaciones de distinto signo. En la propia vida encontramos esas dificultades para asumir algún tipo de responsabilidad en lo que hacemos, decimos, vivimos o pensamos. Desde cómo conducimos y las opciones que tomamos con nuestro medio ambiente, a los ámbitos más privados, como los de con quién decidimos unir nuestras vidas, las decisiones que adoptamos a la hora de tener hijos, las actitudes que tenemos con nosotros mismos y con los que nos tomamos el desayuno. Son obligaciones, empeños o vínculos que arrancan desde nuestra simple condición de seres humanos, hombres o mujeres, vecinos, padres o madres, hijos o hijas, marido o mujer… Personas, en definitiva, que no vivimos solas ni en nuestro edificio, ni en un barrio concreto, ciudad, región, país, continente o bloque económico y planeta. Dimensiones tan de andar por casa que no nos deberían pasar inadvertidas, ya que cada una de ellas llevan aparejadas determinadas cadenas o sujeciones que escapan, en la mayoría de los casos, a la propia voluntad.

¿Qué sucede? ¿Es que los cantos de sirena que vienen del exterior son tan intensos que no somos capaces de resistir la tentación? ¿O es que hoy no estamos llenos de ideales capaces de invadir todo nuestro ser para mirar algo más que nuestro precioso ombligo? Hoy simplemente divago en la constatación de este hecho: que no queremos asumir compromisos. Ni personales, ni relacionales, ni ambientales, ni por supuesto sociales. ¿Es justo que pasemos por la vida sin pena ni gloria? Vamos, ¿qué no seamos conscientes de que vivimos y que vivir lleva aparejado algo más que consumir sin más? ¿Y que también se une no sólo ser el centro de mi propia vida y de los otros? Mientras buscamos algunas respuestas a esos interrogantes, otro día les hablaré de distintas razones para el compromiso y de cómo éste tiene más posibilidades que operadoras de telefonía móvil y de televisión digital.

Escenas de Navidad

Escenas de Navidad

Siendo  Clinton gobernador del planeta, con su ayudante “el otro Bill”,  Gates para más señas, una joven pareja de inmigrantes aguardaba con impaciencia el nacimiento de su primogénito. Tras visitar varios centros de salud y hospitales, en ninguno de ellos encontraron cobijo para el parto porque no tenían papeles y nadie quería hacerse cargo de ellos. Tras abandonar las iluminadas calles, cegados por los deslumbrantes escaparates y ensordecidos por los cantos de villancicos, encontraron refugio en una chabola. A su puerta había congregados varios vagabundos en torno a una hoguera encendida en un viejo bidón de gasoil. Agruparon cartones y periódicos viejos para formar un camastro y allí, en mitad de la noche estrellada, vino a nacer un pequeño bebé. Con trapos y gasas salidas de los andrajos de una vieja mendiga limpiaron al niño, y con agua de una boca de riego calentada junto al fuego.

Quién sabe por la emoción del momento, o por los calichazos de una botella de coñac, mezclados con un ácido vino de un tetra brik, los mendigos se acercaron a la joven pareja con los ojos brillantes y le ofrecieron presentes: unas monedas ganadas en la puerta de una iglesia, un poco de colonia de un viejo frasco que Pepe “el limpio” siempre llevaba consigo y unas flores secas  que le ofreció Johnny “el irlandés”, entonando con su astillada guitarra un villancico que nadie entendió. Un melancólico gato y un perrito emocionado por ver tanta gente junta completaron la escena. Fue una particular navidad en uno de los múltiples escenarios del mundo globalizado.

Otra escena tiene lugar a miles de kilómetros de distancia. Los empleados de un centro comercial brasileño se han rebelado contra la petición de sus jefes de que lleven gorros de «Santa Claus» durante el tiempo navideño. Los trabajadores se niegan a ponerse el incómodo gorro rojo de fieltro, típico del simpático San Nicolás y de los ambientes nórdicos. La imagen de «Santa Claus» ha sido muy extendida en todo el mundo por las multinacionales anglosajonas que han impuesto al mundo latino una figura bastante lejana de sus paisajes y sus climas. Estos ambientes cálidos simpatizan más con los «Magos de Oriente», de los cuales uno es negro, y con sus camellos y sus pajes cargados de oro, incienso y mirra que llevan regalos a los niños. En otros ambientes, es el mismo Niño Jesús el que trae los regalos a los pequeños en la Nochebuena. Pero ciertamente, hasta que no se generalizó la moda de la Navidad al estilo norteamericano, como la transmiten los telefilmes, en los países tropicales no soñaban con vestirse de fieltro como en el más crudo invierno de la Europa nórdica, de donde viene la tradición de San Nicolás.

Bajo el pretexto de que les provocaban alergias y les hacían pasar calor, además de hacerles sentirse «ridículos», informaron medios locales, los trabajadores del supermercado han decidido rebelarse contra esta imposición cultural. El hemisferio sur se encuentra en verano en esta época del año, y las temperaturas en el Brasil tropical esta semana alcanzaron los 30 grados. Los empleados del centro comercial Lindoia, en la ciudad sureña de Porto Alegre, recurrieron al Departamento de Trabajo y a la Fiscalía para deshacerse de la odiada prenda. El Departamento de Trabajo ha recomendado a los responsables del centro comercial que se abstengan de obligar a sus empleados a llevar puestos los gorros del gordito y sonriente abuelete nórdico.

Mientras tanto, emociones desbordantes y ficticias, salpicadas de buenos deseos no se sabe para qué, pueblan estos días nuestros ambientes. En las cárceles se palpa la tensión. La depresión hace estragos entre los más débiles. Los que han perdido este año a un ser querido los pasan mal. Aquí hay que sacar el pavo o el cabrito, los matasuegras y el frac barato pese a todo, porque si no parece que no llega la Navidad. Todo es alegría vacía de contenido y euforia por las compras. Por favor, que nos dejen un poco en paz, pero de la verdadera, ¿no les parece?

—–

Publicado en la Navidad del año 2000

Juegos de azar

Juegos de azar

Los creativos publicitarios deben de estar pensando todo el día. Me explico. Cada día nos sorprenden con mensajes publicitarios más originales, utilizando recursos literarios, humorísticos y de todo tipo, con el fin de atraer a potenciales clientes para las empresas contratantes de la primera parte. En el caso de los juegos de azar andan muy finos. Conectan con nuestros deseos más primarios en este mundo del mercado y del dinero fácil. Nos enganchan a adquirir cupones, décimos, bonolotos, primitivas, quinielas, etc., etc. El motivo puede ser baladí, pero con los botes millonarios, hasta el más pintado se deja coger por la avaricia.

Este fenómeno no es intrínsecamente ibérico, sino que en cualquier continente la pasión por los juegos de azar encuentra clientes por doquier. La construcción de la Europa unida ha llevado a los gobiernos a aumentar sus ingresos, para poder cumplir con los parámetros de Maastricht. Una manera eficaz para llenar las arcas públicas ha sido la promoción de las loterías del Estado y otras formas de juegos de azar. El gobierno italiano se lleva el primer premio en entradas gracias a las loterías: unos dos mil millones de dólares al año. En total, en los Estados europeos, las loterías en 1996 generaron 57 mil millones de dólares de ventas, un aumento de un 54% comparado con 1992. De esa cantidad el Estado se lleva alrededor de la tercera parte. Los gobiernos han aumentado el tipo de juegos disponibles al público, los lugares de venta y han lanzado grandes campañas de publicidad.

En Gran Bretaña, el gobierno introdujo hace tres años una nueva lotería nacional que ha tenido un gran éxito. En los primeros meses, el número de las personas que compraban sus boletos era superior al de los votantes de las elecciones nacionales anteriores. En el primer año de operación, la gente apostó casi seis mil millones de libras inglesas en esa lotería. En Estados Unidos la situación ha cambiado radicalmente en los últimos años. De 1894 a 1964 las loterías eran ilegales en todos los Estados. En 1988, sólo había casinos en dos Estados. En un inicio Las Vegas era el único lugar donde había casinos legales. A partir de 1976 comenzaron a ser permitidos en Atlantic City, New Jersey. Posteriormente se han ido extendiendo los permisos, en gran parte motivados por el deseo de los políticos de encontrar nuevos ingresos para los gastos del gobierno.

Actualmente los casinos funcionan en 27 Estados. Un ejemplo basta para ilustrar el cambio. En los años setenta un sacerdote fue arrestado en el Estado de Iowa por haber organizado un juego de bingo. Hoy día, en el mismo Estado, hay nueve casinos en barcos anclados en los ríos, tres casinos gestionados por los indios y tres hipódromos con máquinas tragamonedas. En los territorios indios, exentos de impuestos del Estados, los casinos viven un auténtico florecimiento. Foxwoods, el casino que en este momento tiene más éxito, se encuentra en la reserva de una tribu del Estado de Connecticut. Recibe a unas 45.000 personas diariamente y cada día gana en promedio un millón de dólares. En total, en 1995, los norteamericanos gastaron 550.000 millones de dólares en juegos de azar. Un 40% de esta actividad tuvo lugar en los casinos.

Los promotores de los juegos de azar aseguran que su actividad genera beneficios indiscutibles. Por una parte, tienen en cuenta el dinero que va a las finanzas públicas. Por otra, explican que los casinos generan actividades comerciales en su zona y, además, crean puestos de trabajo. Por lo que se refiere al trabajo creado por los casinos no todos están de acuerdo. En primer lugar, la mayor parte de los trabajadores son de sueldos bajos: limpieza, servicio de comida, etc. En segundo lugar, si la gente se gasta el dinero en los casinos, no podrá hacerlo otras diversiones o en ropa, etc. ¿Resultado? Las tiendas locales se ven dañadas. Mientras los casinos generan trabajo, otros lugares cierran.

Además, los juegos de azar no sólo traen utilidades, también generan costos. Es muy difícil cuantificar el precio social que resulta de la difusión de los abusos de los juegos de azar. Si bien el número de personas adictas a este tipo de juegos es reducido, los problemas que causan son consistentes. En Estados Unidos se ha calculado que el 40% de los crímenes de fraude hunden sus raíces en los juegos de azar. Un estudio de 1990 realizado en el Estado de Maryland valoró el costo social infligido por sus 50.000 jugadores empedernidos en 1.500 millones de dólares. Asimismo, la adicción a los juegos de azar es la causa de bancarrotas que más se está extendiendo. En diversos lugares de Estados Unidos, la introducción de los casinos ha sido asociada con un aumento en el número de divorcios y suicidios.

En muchos casos las personas que van a los casinos, o compran los billetes de la lotería, no son las que pueden permitirse el lujo de tirar el dinero por la ventana. De este modo, el gobierno está aumentando sus ingresos muchas veces a costo de los grupos de la sociedad que debería proteger. Varios estudios han demostrado que la gente con menos educación gasta más, en términos absolutos, en billetes de lotería que las personas educadas. Obviamente son gastos voluntarios, pero las ilusiones creadas por los anuncios y la presión social, constituyen tentaciones fuertes. Es una manera de aumentar los impuestos, sin hacerlo abiertamente, y el peso recae sobre las personas con menos recursos. ¿No les suena esto a algo de lo que sucede en nuestro país?

Seduce que algo queda

Seduce que algo queda

No sé si les pasará a sus hijos, pero al mío la televisión le produce un efecto de seducción tal que sólo controla un poco la cena, mientras contempla los dibujos animados que nosotros, sus progenitores, le seleccionamos. Si los niños se quedan embobados frente al aparato televisivo de una forma brutal, ¿qué es lo que nos sucede a los adultos? Pues algo parecido. Las conversaciones durante las comidas quedan interrumpidas para otro momento mejor, que desgraciadamente casi nunca llega, porque la tele está encendida en las casas horas y horas. Y este discurso, que se veía venir hace años, se ha convertido ahora en una de las causas que explican determinados comportamientos. Unos, que tienen que ver con los problemas educativos de nuestros chavales. Otros, sobre las pautas de comportamiento y el creciente grado de insatisfacción ante la vida de nuestros adolescentes y jóvenes. La calle ha quedado para el comercio, y poco más, porque resulta más cómodo permanecer en las casas bajo el manto de las 625 líneas televisivas.

En este cambiante mundo de los medios de comunicación nos enfrentamos a unos ciclos tecnológicos muy cortos. Las tecnologías son obsoletas en menos que canta un gallo por una razón muy sencilla: el mercado es el que manda y hay que lanzar productos nuevos para que el consumo no se detenga. También se ha producido un cambio ideológico en los medios de comunicación, porque antes formaban parte de las estructuras de poder, y los componentes ideológicos y políticos han dado paso a un único objetivo: el puramente mercantil. La comunicación se ha convertido en algo accesorio, casi como también la propia información, que era la esencia de los mismos. De la utopía redentorista de antaño, mediante la cual los medios nos iban a liberar de las ataduras del desconocimiento, se ha pasado a la de las realidades sujetas a tarifas, dentro de la lógica del mercado.

Y al periodista, ¿qué papel le toca jugar en todo este entramado? Pues desgraciadamente estar en función de lo que vende. ¿Y qué es lo que vende? Pues si le perspectiva no me falla, los productos degradados. Los de reflexión, no. Comprueben las parrillas de las programaciones televisivas y entenderán de qué les hablo. La vieja noción del debate racional de las ideas, los coloquios, los debates… han quedado superados por los programas espectáculos, el mero entretenimiento, las discusiones y los shows de cualquier tipo.

En medio de todo esto vivimos un proceso de desregulación en los medios que aún tiene que dar mucho que hablar. Unas privatizaciones y unas concentraciones que se realizan sin criterios de amparo, como podrían ser los de tener en cuenta los programas o espacios formativos, la atención a menores y jóvenes, a colectivos excluidos, etc. En definitiva serían unas medidas de salvaguardia que no tienen que ver con las censuras, porque en el terreno de los medios de comunicación se ampara la libertad de información con la libertad de la degradación. Y en esto, desgraciadamente caen casi todos los medios, los privados y también los públicos. Éstos, incumplen la función social para la que están concebidos. De ahí la importancia de recomponer el sentido de lo público frente a sus caídas en los tics comerciales. Se trata, en definitiva, de hacer frente al hedonismo mediático que nos circunda.

Dos vías pueden alzarse en medio de esta maraña de sinsabores. De un lado, las estructuras públicas, que pueden crear espacios temáticos cargados de valores sociales, espirituales, culturales… que se alzan frente a la degradación. Pero para eso hay que creérselo a pie juntillas. No apostar por medios públicos con criterios puramente privados. De otro, estamos los consumidores, los usuarios, que debemos de ser capaces de seleccionar, cuando no de promover, otros medios distintos a los que ofrece el mercado. Desde paradigmas distintos se puede construir otro discurso, recuperando el de la utopía que conduce a la redención o a la liberación. Es difícil, pero no imposible. ¿No parecía acaso imposible que las dos plataformas digitales de televisión se pusieran de acuerdo para repartirse la tarta del fútbol? Pues todo es alcanzable.