Feb 4, 2017 | Al cabo de la calle, Articulos
Anoten un nombre: Enrique Lluch Frechina. También un concepto que a lo mejor les suena: el Bien Común. Combínelos y encontrarán una visión de la economía que huye del economicismo, un punto de partida en el que la economía no preside todas las dimensiones de la vida. Al menos de una economía de guerra que obliga a comportamientos egoístas y por tanto corruptos, no éticos, mediante la que se minusvalora la cooperación. Esa que ofrece un sistema económico en el que se identifica tener más con estar mejor, que genera una insatisfacción continuada, con el que se excluye a quienes son menos productivos, provoca desigualdades difíciles de revertir y que convierte a la economía en una nueva religión.

Imagen tomada de https://www.emaze.com
Ese economicismo que ha puesto a la economía por encima de todo, ¿puede considerarse humanista porque haya generado riqueza para una parte de la población mundial? Enrique Lluch y otros economistas críticos responden que puede orientarse hacia otra dirección, porque no se trata del dilema para elegir entre libertad o intervención como se contesta desde el campo del liberalismo dominante. La libertad no se negocia, pero no me negarán que en nuestras manos está poder potenciar de manera colectiva unos u otros comportamientos.
En este momento entra en juego el concepto del bien común frente al del bien total. Éste, a priori, parece el lógico, porque es el que se nos ha vendido siempre: tener más entre todos. En lugar de esto aparece la propuesta de buscar el bien común: que todos tengan al menos lo suficiente para vivir. Cambiamos el enfoque en el que creemos que una sociedad está mejor no si se tiene más entre todos, sino que no haya nadie que no tenga. Pasamos de la economía de guerra a la de la cooperación, porque ésta produce sobreabundancia y porque la ayuda mutua potencia las personas y tiene un mejor resultado económico.
Aunque parezca un planteamiento utópico tenemos innumerables ejemplos en la vida diaria para desmontar las críticas. Cuando quedamos a comer con amigos y cada uno aporta algo siempre sobra, ¿verdad? Pues algo parecido sucede con esta visión. Se trata de pasar de la economía egoísta, basada en la desconfianza en el otro ya que solo doy si me dan y en la misma medida que he recibido, a una economía altruista, en la que doy sin esperar, una dinámica que genera una respuesta positiva en la mayoría de la personas.
Llegados a este punto a lo mejor entendemos que la economía no es lo más importante, sin negar que casi todas las cuestiones cotidianas tienen un componente económico. Por ello una gestión económica adecuada debe estar al servicio de los objetivos de la institución que se trate, ya sea la familia, el sector público, la función social de las empresas… En definitiva, estos cambios de los que hablamos en los objetivos y en las prioridades pueden llevarnos hacia una economía más humana, en la que nadie quede fuera, priorice a los últimos, busque la colaboración, metiendo la dinámica altruista y de la gratuidad en la economía y que, por tanto, sitúe a ésta al servicio de la sociedad.
Si todo se mezcla con un cambio de mentalidad y de las estructuras que tenemos, lo que ahora ocurre a pequeña escala podrá ser la opción mayoritaria, elevando –como dice Lluch- lo excepcional y lo valiente a la categoría de lo habitual y lo fácil. Pasar a ser minorías con vocación de mayoría.
Ene 28, 2017 | Al cabo de la calle, Articulos
Cuando cierra un periódico muere un fragmento de nuestra vida. Aquel que está ligado al olor de sus páginas y a la tinta que mancha nuestros dedos. A esos acontecimientos conocidos a través de sus redactores, de sus fotógrafos, de quien lo ha impreso, de quien lo ha llevado a un quiosco y de quien nos lo ha vendido. La muerte de un periódico es un primer paso para la muerte del periodismo. Del más clásico y del nuevo. Del que creaba la burguesía naciente para oponerse a los defensores del Antiguo Régimen al de los promotores de la prensa obrera que agitaba las conciencias en las fábricas, en las calles y en las barricadas. El que mezclaba el olor a rapé de los salones de la época con el sudor del miedo en las imprentas clandestinas. Cuando una rotativa se detiene la libertad de expresión es vencida por el poder.
En Alicante acaba de desaparecer, después de más de medio siglo, la edición del periódico La Verdad. El primero que entró a mi casa. En el primero que escribí con tan solo once años. En el primero en el que trabajé profesionalmente como becario de verano y después como periodista, auxiliar de redacción, mientras terminaba en Madrid los estudios en Ciencias de la Información. El periódico en el que puse pasión, desvelos, romanticismo y empuje juvenil para contar lo que pasaba a nuestro alrededor. Con la mirada inquieta con la que todo el que ejerce el periodismo no debe nunca abandonar. El diario en el que conocí a buenos periodistas, que eran buenas personas, como señalaba el maestro Ryszard Kapuscinski.
Paradojas del destino, los ejemplares de la edición alicantina no acudieron puntuales a su cita a los quioscos el mismo día que se celebraba la festividad del patrón de los periodistas, san Francisco de Sales. Qué triste destino el de quienes en estos momentos aún se dejaban la piel para hacer periodismo de provincias. Periodismo cercano, al cabo de la calle, pegado a la realidad, luchando contra los elementos. Como cientos de profesionales lo siguen intentado cada día, en cada parte del mundo, pese a las adversidades. Aquellas que aplican las propias empresas para los que trabajan, o las que marcan los poderes económicos, financieros, empresariales, políticos… Adversidades de quien trata de imponer la agenda informativa a golpe de amenazas, veladas o no tanto, o de lo políticamente correcto.
No eludamos responsabilidades y olvidemos la cuota de responsabilidad que nos toca como nuevos consumidores de cultura. El pensamiento de Zygmunt Bauman lo resume muy bien, porque somos hijos e hijas de la “modernidad líquida”, que no es otra sino aquella que define un modelo social, el del fin de la era del compromiso mutuo, donde el espacio público retrocede y se impone un individualismo que lleva a “la corrosión y la lenta desintegración del concepto de ciudadanía”. Los periódicos son productos de una modernidad que ha dado paso a una nueva época, la de la inmediatez de lo audiovisual, de las redes y de la cultura de lo efímero. Por eso, cuando muere un periódico, muere una parte de nuestro ser. El reto está en encontrar y descubrir lo que debe renacer de esas cenizas para esas generaciones de reemplazo que precisan de un nuevo periodismo.
Galería de imágenes
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Artículo publicado en La Opinión de Murcia (28/01/2017)
«Tarde soleada en el campo de fútbol «La Alameda», en la que el Club Deportivo Dolores ha vencido al Thader de Rojales…». Con estas palabras iniciaba alguna de las muchas crónicas que publicaba cada quince días en el diario La Verdad de Alicante. Los domingos por la tarde me dirigía con una libreta y un bolígrafo al campo de fútbol de Dolores, saludaba al presidente del club en la puerta (que recuerdo que era un cartero del pueblo), que me dejaba entrar, y el árbitro, en su caseta, me facilitaba las alineaciones de los equipos. Al término del partido volvía a los vestuarios para contrastar con el juez de la contienda los minutos en los que se habían producido las incidencias del juego y los futbolistas implicados. Con mi libreta llena de anotaciones volvía a casa, cogía la Olivetti familiar, y escribía la crónica del partido. Una vez acabada metía el folio en un sobre, escribía la dirección (La Verdad, calle Navas, 40, Alicante) y me dirigía a la oficina de Correos para introducir el sobre en el buzón. Regresaba a casa y esperaba hasta el miércoles, día en el que el diario publicaba las crónicas de los equipos que estaban en Regional Preferente y en Tercera División. No olvidemos que el lunes sólo se publicaba la Hoja del Lunes, y la edición del martes estaba reservada para las crónicas de los partidos de Primera y Segunda División. Y así cada domingo. Tenía 11 años.
Desde que guardo recuerdos de la infancia en casa siempre había algún periódico o revista. Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, Sábado Gráfico y, por supuesto, Noticias Obreras, se mezclaban con La Verdad de Alicante. Este era el diario que entraba hasta el año 1977, porque viví primero en Ibi (1964-1972) y luego en Dolores (1972-1977), antes de que mis padres regresaran a Yecla, su pueblo natal. Y fue precisamente en Dolores, en plena comarca de la Vega Baja alicantina, donde a mi padre le propusieron ser el corresponsal de La Verdad. El problema que tenía es que él no sabía escribir a máquina y yo era el encargado de trasladar a un folio sus artículos escritos a mano antes de enviarlos por correo (o por teléfono) a la redacción. Mi padre firmaba sus crónicas como NAVARRO y un servidor, las mías de fútbol, como «NAVARRO, jr», porque a mi progenitor no le gustaba el deporte rey.
Rememoro estos comienzos en el mundo del periodismo tras la desaparición, esta semana, y tras casi 54 años en los quioscos, de la edición alicantina del diario La Verdad. Un periódico ligado a mi vida y a la de miles de personas que lo han seguido, se han anunciado en él, han trabajado en sus redacciones y se han visto reflejados en los acontecimientos más diversos.
Si tenemos en cuenta esa relación desde la infancia con sus páginas, no resultaba nada extraño que, una vez que realizaba los estudios de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, me dirigiera en primavera del año 1986 -acompañado por mi padre- a pedir prácticas de verano al estar en tercer curso. Gracias a Chimo García Cruz, que en esos momentos se había trasladado desde la redacción de Murcia a Alicante, y al que conocía por haber publicado unas colaboraciones en la revista Lean que él dirigió en una breve etapa en la que dejó La Verdad, fui contratado como becario para los meses de julio y agosto. Entonces los diarios reconocían el trabajo de sus redactores, incluso de aquellos que jugábamos a ser plumillas mientras los verdaderos periodistas disfrutaban de sus vacaciones. La Verdad pagaba 20.000 pesetas mensuales a los becarios, que era un dineral, además de las dietas y kilometraje si tenías que desplazarte fuera de la ciudad para cubrir alguna noticia o reportaje. Hoy, desgraciadamente, ningún medio de comunicación contempla esas condiciones para sus becarios.

Mi primer artículo publicado en el verano de 1986. Entrevista a los componentes de «El último de la fila».
Mi entrada al periódico no pudo ser más sorprendente. Tenía que empezar el 1 de julio, y el viernes 27 de junio me dirigí a la redacción de la calle Navas, próxima a la Comisaría de Policía donde mi padre pasó una noche en julio de 1975 tras las detenciones que se produjeron durante una Asamblea de la HOAC que se celebraba en el Colegio de los Jesuitas. Me presenté al delegado del periódico, Manolo Mira Candel, en el entresuelo donde estaba la redacción, y cuando estábamos comentando los pormenores de mi incorporación, subió un comercial de la planta baja y dijo que habían llegado dos jóvenes diciendo que eran de un grupo que se llamaba «El último de la fila» que actuaba esa noche en Campello y que si les podíamos hacer una entrevista. Manolo, sin dudarlo, me preguntó si quería estrenarme con ellos. No lo dudé y bajé a la sala de visitas que había a la entrada del periódico. Allí estaban Manolo García y Quimi Portet, quienes tras presentarnos me preguntaron si yo era el crítico musical del periódico. Les respondí que no, que era un becario que acababa de llegar, y que era mi primer trabajo como periodista. «De puta madre tío», dijo Manolo García, «eso es lo que nos gusta, la gente que está empezando, como nosotros». Y a partir de ese momento estuvimos charlando sobre sus comienzos y sus proyectos. Subí a la redacción, me sentaron ante un ordenador de pantalla gigante y de color verde, y escribí mi primera noticia de esta nueva etapa que comenzaba a vivir. Se publicó al día siguiente, el sábado 28 de junio de 1986, como puede comprobar el lector.
Ahí comenzó una apasionante experiencia como aprendiz de periodista a lo largo de los meses de julio y agosto. Dedicado en cuerpo y alma al suplemento de verano «Costa Blanca», realicé decenas de reportajes y entrevistas a lo largo de toda la provincia de Alicante, especialmente en la zona de costa desde los Arenales del Sol, El Altet, Santa Pola, Guardamar y Torrevieja. Recuerdo especialmente la vuelta de Isabel Pantoja a los escenarios tras su breve retirada por la muerte de Paquirri, así como entrevistas a Alberto Cortez, Raphael, La Trinca, los inicios de los Loco Mía… y numerosos personajes menos conocidos pero que nos permitían hacer unas páginas refrescantes tras las alocadas noches de fiestas, conciertos y demás saraos. Tampoco faltaron los artículos más serios, como una entrevista al historiador Manuel Tuñón de Lara o al que era entonces gobernador civil de Alicante, implicado en el polémico caso de la concesión de administraciones de Lotería a personas vinculadas al PSOE de la época.

Compañeros de La Verdad que hacíamos las páginas del suplemento veraniego «Costa Blanca»: Ginés Llorca, Antonio Cutillas, Victoria Bueno, Manzanera y Nuño el Barón.
Viví uno de los veranos más intensos que recuerdo, junto a otros compañeros que aparecen en esta fotografía de Gloria Alcolea como Ginés Llorca, Nuño el Barón, Victoria Bueno, El lorquino Pepe Marín, Antonio Cutillas y el joven dibujante Manzanera… Unos empezábamos en este mundo del periodismo, otros nos los encontramos en él como los fotógrafos Ángel García y Ambrosio Ruiz, Ángel Bartolomé, Ramón Gómez Carrión, Tirso Marín… e innumerables colaboradores. Regresé en octubre a Madrid, y unos meses después recibí una llamada de Manolo Mira con una propuesta increíble: si quería aceptar un contrato de un año en la redacción de Elche para sustituir a Manuel Buitrago, que se iba a la mili. No lo dudé. Me incorporé en mayo de 1987 a la redacción de La Verdad en Elche, donde estuve hasta octubre de 1989, fecha en la que me marché a la redacción central de Murcia, hasta el año 1992. Esa es otra historia que ya contaré, pero de los años en Elche en el periódico sigo conservando la amistad de grandes compañeros y periodistas, como José María Pallarés, Gaspar Maciá, Arturo Andreu, Paco Uclés – que ya nos dejó-, Juan Carlos Romero Romerito, Antonio Zardoya, Domingo Lopéz, Mari Ángeles Rodríguez Cuchillo, Carmen Flores, Crescencio Bernabéu, Jaume Gómez, Antonio Molina…
Comparto esta Galería de imágenes en la que aparecen publicados algunos de los reportajes que hice ese verano del 86 y fotografías de mi álbum personal en el que aparecen personajes y momentos de esos dos meses de trabajo en los comienzos de mi actividad periodística. La pasión de mía padre por la prensa le llevó a conservar todas las páginas que publiqué ese verano y que conservo como un pequeño tesoro.
Ene 21, 2017 | Al cabo de la calle, Articulos
En episodios como los vividos en los últimos días a consecuencia de las complicadas condiciones atmosféricas ha vuelto a destacar el papel que juega el personal empleado público para que nuestra actividad funcione con normalidad. Hablamos de quienes están incluidos en la vasta categoría del funcionariado al servicio del bien común, a los que hemos visto en plena faena y en las condiciones más adversas: guardias civiles, policías locales, bomberos, empleados de los servicios de mantenimiento de las carreteras y las vías públicas, sanitarios? Personas que hacen de su actividad laboral la expresión más palpable de trabajar porque la cosa funcione.
Hablamos de unos tipos y de unas tipas que están ahí, desde los primeros instantes que llegamos a este mundo. ¿Quién ha palpado nuestro cuerpo por primera vez tras enganchar nuestra cabezota y hacernos llorar para nuestro bien? Pues una comadrona o un comadrón que, fíjate tú, resulta que son empleados públicos. Como quienes permiten que el hospital funcione, que haya sábanas en una cama, que siguen nuestra evolución, curen nuestras dolencias, nos faciliten los desplazamientos, nos atiendan durante el período escolar y funcionen los diferentes servicios públicos asociados a nuestra actividad cotidiana.
Empleados de lo público de todo tipo y condición que, en su inmensa mayoría, se comprometen con su labor, apuestan por lo de todos y quieren ser felices en su trabajo. Como todo hijo de vecino. Personas que cada día lo quieren hacer mejor. Docentes que se emplean por formar a nuestros hijos e hijas (lo sé por experiencia, porque soy hijo de maestra entregada toda la vida a la causa de la educación), sanitarios, administrativos, operarios en mil tareas, licenciados y graduados en innumerables especialidades. Embarcados en diferentes administraciones, desde la más cercana, la local, hasta pasar por la autonómica y la del Estado, en nómina de entidades públicas y empresariales? Gente que en muchísimos casos ha tenido que preparar unas oposiciones, que superar unos complicados procesos selectivos -mejorables, por supuesto- pero a la que nadie le ha regalado nada.
También los hay con morro, no lo niego, porque quien más o quien menos conoce algún espécimen de esta calaña que considera que puede hacer de su capa un sayo con la filosofía de que «como es de todos, no es de nadie». Pero son los menos, se lo aseguro.
Aunque si hablamos de hocicos, hay una estirpe especialmente singular: la de quienes atacan lo público poniendo el punto de mira en el eslabón de su personal y descalificando a las administraciones. Pero eso sí, intentando vivir de ellas cuando tienen oportunidad. Qué curioso resulta escuchar a estos defensores del liberalismo más extremo y cuando se les brinda la ocasión de gestionar desde la política institucional se benefician de lo público para auxiliar a sus empresas de procedencia para las que trabajan o a las que van a recalar. Por no hablar de quienes viven en una esquizofrenia permanente al ser empleados públicos, cobrar de lo público y ocupar temporalmente cargos públicos? pero no tienen en lo público su punto de mira, sino que se afanan para esos detractores que no se sonrojan al poner el cazo y la mano al buscar la salvación ante sus fracasos empresariales. Lo paradójico del asunto es que, al final, también lo público está para ellos. Ahí estamos.
Ene 14, 2017 | Al cabo de la calle, Articulos
Francisco lo ha vuelto a bordar. Mientras Trump se prepara para entrar como un elefante en la cacharrería de la Casa Blanca y Europa camina hacia el Brexit y el éxito de los populismos, el papa que vino del sur pone su atención en los más vulnerables entre los vulnerables: los menores migrantes y refugiados. Esos que conmueven y sacuden nuestras conciencias burguesas adormecidas por el consumo cuando los vemos yacentes en una playa o en el interior de una ambulancia salpicados de sangre, polvo y desolación. Y lo ha hecho lanzando un mensaje subversivo que desestabiliza las caducas estructuras políticas, económicas y eclesiales, con la mirada puesta en la parte más débil del eslabón de esta cadena humana tan frágil: los menores y los ancianos, sujetos activos de la cultura del descarte.
En esta ocasión ha sido con motivo de la celebración de la jornada mundial del emigrante y del refugiado, en la que recuerda que “la emigración no es un fenómeno limitado a algunas zonas del planeta, sino que afecta a todos los continentes y está adquiriendo cada vez más la dimensión de una dramática cuestión mundial”. Además, pone el acento en que “son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos. La carrera desenfrenada hacia un enriquecimiento rápido y fácil lleva consigo también el aumento de plagas monstruosas como el tráfico de niños, la explotación y el abuso de menores y, en general, la privación de los derechos propios de la niñez sancionados por la Convención Internacional sobre los Derechos de la Infancia”.
El liderazgo de Francisco es innegable. Un liderazgo que parte de la espiritualidad ignaciana en la que se ha forjado, “en todo amar y servir”, y que le ha permitido hacerse un hueco en la apretada agenda mediática de los últimos años. Un liderazgo que brota de manera natural en sus gestos, su pasos, sus mensajes a través de los lenguajes verbal y no verbal y, en especial, a la hora de despertarnos del sueño dogmático en el que a menudo caemos. Una somnolencia no restringida a los ámbitos religiosos o confesionales, sino en cualquiera de aquellos en los que se dirimen las grandes cuestiones políticas o culturales del planeta.
Mientras Europa miraba hacia otro lado, inició su pontificado en Lampedusa, esa isla que es testigo de un Mediterráneo convertido en un gran cementerio de la iniquidad humana. Marcó sus prioridades, seguro que fruto de un discernimiento con la invitación a que nuestras decisiones más importantes deben llevarnos a una vida plena. Una vida que es negada a diario en las innumerables realidades de muerte que salpican a las personas que tienen que abandonar sus hogares, su tierra, sus países… por intereses egoístas. Una muerte que amenaza con especial virulencia a los más vulnerables, los menores migrantes y refugiados. Por ello, esa mirada tierna e inocente de Francisco, pícara en ocasiones, es una invitación a no permanecer en silencio, a oler a oveja y a salir a la calle. Es la mirada del papa de la alegría del evangelio y del amor, de la ecología y el de la luz.
Ene 10, 2017 | Articulos, Noticias Obreras
El nuevo año nos va a traer un escenario distinto en el Congreso de los Diputados. La fragmentación política de la Cámara tras las ya lejanas segundas elecciones del pasado junio aventura una etapa diferente a las que estábamos acostumbrados. Un nuevo tiempo en el que los análisis preestablecidos deben de ser modificados y en el que todos los actores sociales y políticos deben aprender. En este breve análisis que ofrecemos, nos vamos a detener en el papel que quiere jugar el Partido Socialista, inmerso en un proceso interno convulso que le llevará hasta el congreso previsto en vísperas del próximo verano.
“El PSOE quiere liderar una oposición útil, con el objetivo de alcanzar una agenda económica y social que pretende reducir las desigualdades y las injusticias en nuestro país, porque pensamos que es necesaria para que la gente vivía con dignidad y crecer económicamente”. Quien lo afirma es Pedro Saura, el portavoz socialista en la Comisión de Economía y azote en los últimos años del ministro Cristóbal Montoro, especialmente contra la amnistía fiscal que promovió durante la legislatura de la mayoría absoluta de Rajoy.
En esa agenda social y económica se enmarca la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y la derogación la reforma laboral, medidas alcanzadas en las últimas semanas, así como una Renta Mínima de Inserción, junto a las comunidades autónomas, y la eliminación de los copagos a los pensionistas. También que se recupere el poder adquisitivo de los pensionistas, la mejora de las ayudas a los parados mayores de 50 años y a los de larga duración, “que necesitan unas prestaciones de desempleo dignas y políticas activas para incorporarse al mercado de trabajo, y medidas contra la pobreza infantil”. Y todo eso con una reforma fiscal que permita la financiación del Estado de bienestar, “no con más deuda y déficit, sino que reviertan los regalos fiscales que el gobierno del PP ha concedido en los últimos años de manera irresponsable”, asegura Saura.
El PSOE no quiere en el Congreso solo derogar las políticas que van contra la justicia social, como la ley de educación o la política sanitaria, “sino poner encima de la mesa una agenda para avanzar en el Estado del bienestar, que no olvidemos que es uno de los más pequeños de la Unión Europea, y vamos a estar en la calle con los sindicatos”.
En cuanto a la negociación de los Presupuestos, el PSOE ve prácticamente imposible su apoyo, y ya ha dicho que no al techo de gasto y sí a los objetivos de déficit. ¿Y por qué? “Pues porque es el techo de gasto del Estado, que incluye recortes. La Seguridad Social supone el 34 por ciento del PIB, y es una parte del Estado de bienestar, porque éste no solo reside en las comunidades autónomas. Hablamos de las pensiones, de las prestaciones por desempleo, la dependencia, las ayudas de maternidad… Y pensamos que aquí va a haber recortes, porque el gobierno ya anunciado que van a crecer menos que la inflación”. Por lo que resulta prácticamente imposible el apoyo a los presupuestos.
En cuanto al resto de grupos, el Partido Socialista pretende seguir liderando la oposición, porque en el Congreso se puede sentar con todas las fuerzas políticas. Recuerda Saura que “ahora mismo no hay ninguna norma que se pueda aprobar en el Parlamento sin contar con nosotros y por eso el PSOE no puede pensar en estrategias sino como ser más útil a la gente, liderando el cambio político y reduciendo el sufrimiento de la gente”. Un ejemplo de ello es la aprobación el pasado 13 de diciembre (por 168 votos a favor, 131 en contra y 42 abstenciones) de su proposición no de ley en la que se pide la derogación de la reforma laboral que aprobó el PP en solitario en la legislatura de su mayoría absoluta.
Agenda socialdemócrata
No se ocultan, sin embargo, los problemas derivados de la crisis interna de los últimos meses. “El PSOE tiene que resolver el problema del liderazgo, buscar la cohesión interna y conseguir una narrativa potente desde el Grupo Parlamentario, que va a ser muy importante en estos años”, indica el portavoz de Economía, quien no oculta las discrepancias con Podemos. “El problema de Podemos es que detrás de un proyecto político tiene que haber un proyecto económico sólido, y ese no lo conocemos, porque el que tiene está pensado para una economía cerrada, que a medio plazo tendría problemas para financiar el estado de bienestar”.
Hay una coincidencia en que hay que resolver el problema de la austeridad, “pero ellos lo plantean con más endeudamiento, y eso supone más austeridad en el futuro y en algún momento habrá que parar. Nosotros pensamos que la austeridad se combate con más ingresos públicos, por eso le hemos exigido al Gobierno que revierta una parte de la reforma fiscal, de tal manera que de los 7.500 millones de euros que se van a recaudar más el año que viene, casi 5.000 vienen del impuesto de sociedades a las empresas más grandes. El PSOE está condicionando de tal manera que la agenda socialdemócrata entra en la política española progresivamente sin estar en el gobierno”.
A la pregunta final de si la ciudadanía llegará a percatarse de esta nueva manera del PSOE de hacer política, Pedro Saura concluye que “me preocupa más en este momento alcanzar medidas que permitan que las familias lleguen a final de mes que la gente entienda un planteamiento estratégico. Me parecen mejor los principios que las estrategias. Porque este tipo de acuerdos o de mejoras no son incompatibles con hacer oposición en el Congreso. Y pone el ejemplo del voto contrario del PSOE frente al acuerdo alcanzado por el PP y Ciudadanos para nombrar al presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que venía del mundo de las empresas cotizadas, y venía a ser una puerta giratoria al revés. El Gobierno pierde en el Congreso, cada semana, en comisiones y pleno, en torno al 80 por ciento de las votaciones. No es incompatible hacer oposición con obtener objetivos. Es frustrante oponerse a todo, sino conseguir acuerdos que beneficien a los ciudadanos.
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Artículo publicado en la revista Noticias Obreras de enero de 2017 (número 1.591)
Ene 7, 2017 | Al cabo de la calle, Articulos

Entrevista publicada el 7 de enero de 1992.
Cuando tienes que abandonar a tu familia, a tu mujer y a tus hijas, a tus amigos, a la gente a la que quieres, con la que estás comprometido, tu trabajo… algo muy grave está ocurriendo. En esos momentos no se adoptan decisiones a la ligera, por capricho personal o por querer ir de víctima por la vida. Se trata de tomar en serio unas amenazas de muerte. Esta experiencia la viven a diario miles de personas a lo largo y ancho del planeta. Hace veinticinco años la vivió Alfonso Alcaraz Belchí.
Quizá muchos no lo recuerden, pero este periódico desveló en enero de 1991 el conocido como ‘caso de las sentencias bondadosas’. El periodista Chema Gil dio a conocer las investigaciones que realizaba el entonces fiscal antidroga Manuel López Bernal acerca de unas sentencias consideradas blandas o bondadosas dictadas a importantes narcotraficantes por parte de la Sala Segunda de la Audiencia Provincial de Murcia, sin celebrar la vista oral. En este asunto se vieron implicados tres jueces, un ex fiscal y un abogado, contra los que se interpuso una querella en cuya acción popular se encontraban diversos colectivos antidroga y de seguimiento y acompañamiento a menores y jóvenes.
Alfonso Alcaraz Belchí fue uno de los firmantes de esa querella, como presidente de la Coordinadora de Barrios de Murcia. Miembro de la Comunidad Cristiana de Base del polígono de La Paz, estaba comprometido desde hacía años en el trabajo de los movimientos sindicales y sociales con las personas más excluidas: trabajadores precarios, niños y familias, jóvenes toxicómanos… Y todo ello desde sus convicciones religiosas como creyente en Jesús de Nazaret. Respaldar una iniciativa de esas características, en la que se ponía en tela de juicio una acción judicial que beneficiaba a traficantes de droga frente al drama que vivían a diario las personas toxicómanas y sus familias, le trajo graves consecuencias.

Campaña de apoyo a Alfonso Alcaraz por las comunidades de base y otros colectivos.
Las continuas amenazas de muerte no le amedrantaron hasta que las ampliaron a sus hijas. Fue entonces cuando tomó la decisión personal de abandonar Murcia. Lo hizo en octubre de aquel año 1991. Primero él solo. Más tarde, junto a toda su familia. Nada sucede por casualidad, y el destino ha querido que justo hoy hace veinticinco años traer al recuerdo la entrevista que le hice a Alfonso en el periódico en el que entonces trabajaba. Seguía oculto por precaución. Con serenidad y humildad, pero con la fortaleza de quien se siente firme en sus convicciones, declaraba que no quería desafiar a nadie, pero que no iban a poder con él. Que pasaría a un segundo plano, que se comprometería en otros ambientes, pero que tenía claro que la opción por los pobres tenía consecuencias. Pero que no iba a poner la vida de sus hijas en peligro.
Recuerdo que su testimonio me conmovió. Su entereza. Su valentía. Como la de muchas otras personas que he conocido a lo largo de la vida. Personas que se juegan a diario su vida personal, familiar, profesional. Que no pasan por el mundo sin intentar cambiarlo. Supe que Alfonso Alcaraz y su familia se fueron a vivir a Águilas. Pero en estos años no volví a saber nada de él. Hasta hace unos días. Alfonso murió hace poco más de un mes. Su gente de la Hermandad del Rocío de Águilas, del Carnaval, de la Coordinadora de Barrios, de las comunidades cristianas de base, de los colectivos de madres y padres contra la droga… ha derramado lágrimas de alegría y agradecimiento por una vida plena y encarnada. Yo también.

Información recogida por El Periódico de Cataluña (13/07/1991) sobre el caso de las sentencias bondadosas.
Dic 31, 2016 | Al cabo de la calle, Articulos
El desasosiego que viví la tarde del 18 de octubre de 1986 es el mismo que he experimentado más de treinta años después con la lectura de una de las mejores novelas que recuerdo. En Patria, de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), se mezclan el dolor con la sinrazón, la soledad con la terrible vivencia de la muerte y las consecuencias del fundamentalismo que es capaz de quebrar los valores de la amistad, del sentimiento identitario y de los vínculos profundos del cariño y de los lazos de sangre. (más…)
Dic 24, 2016 | Al cabo de la calle, Articulos
Mira que cada año me propongo lo mismo. Juro y perjuro que no volveré caer en los errores habituales. Pero nada, que no hay manera. Es lo que tiene eso de ser humano. Tropezar en la misma piedra, una y otra vez. De nada sirve que la humanidad lleve siglos intentado corregir sus desaguisados, porque al final todo vuelve a su estado natural.

BD en cailloux réalisée par des migrants à Calais
De poco vale que cada equis tiempo surja alguna teoría política o filosófica nueva o de que aparezcan soñadores con ideas aparentemente peregrinas. Tampoco que las epidemias limpien de despojos los rincones del planeta. No digamos las guerras o conflictos desde que Caín se deshiciera de su hermano por un quítame allá esas pajas. Precedente de otros que siguieron su estela por una novia, un río, una ciudad, un imperio, unos barriles de petróleo, un congreso o una ideología salvadora.
Consuela hacerse a la idea de que al menos hay un momento a lo largo del año en el que pulula la mala conciencia. Por fumar, por pagar el gimnasio y no aparecer salvo error u omisión, por agotar el crédito de la tarjeta, por suscribirse a ese canal de series que hay que ver porque hay que ver, por no visitar al que siempre decimos que «un día tenemos que quedar» o por acabar esa asignatura pendiente que cada uno y cada una sabe que existe desde que tiene uso de razón.
De nada sirve contentarse con aquello de que el ser humano tropieza cien veces con el mismo pedrusco, porque mira que somos continicos en toparnos una y otra vez con la realidad. Es lo que tiene que cada año se celebre, por estas fechas, la Navidad. Un tiempo en el que para muchos se alteran los biorritmos con sólo volver a imaginar las citas familiares, esos encuentros que parecen destinados a desbordar las emociones contenidas el resto del año porque tocan, porque son así y así nos lo han contado de generación en generación. Y si te toca la cuñada al lado, pues nada, se siente, no haberte metido en esta familia?

BD en cailloux réalisée par des migrants à Calais
Siempre nos queda mirar de frente y abordar con serenidad las horas que se avecinan. Respirar hondo y coger las riendas del presente. El más cercano. Decir que no, cuando verdaderamente queremos decir que no. Acudir a la cena o comida familiar cuando de verdad queremos ir a la cena o comida familiar. Buscar un regalo porque con sinceridad queremos expresar con él un gesto de cercanía, de atención y de recuerdo más allá del impacto y la mirada de sorpresa. Visitar a quienes de verdad nos importan, nos preocupan o intuimos que se sienten solos. No porque haya que hacerlo, sino porque nos incumben profundamente.
Llegados a este punto todo cobra sentido. Dejados de lado los convencionalismos se respira y se duerme mejor. Los excesos ya no tienen que pagarse, puesto que forman parte de la vida. Como cualquiera de las emociones o la risa, el llanto, el silencio o el tumulto de las compras. Las chispeantes luces o el ansia por aparcar en el centro ya forman parte de algo mucho más sencillo. Que cada año se repite una liturgia. Pero en esta ocasión ya es distinta. Porque tú, porque yo? hemos descubierto que lo esencial es invisible a los ojos. Que el reencuentro comienza con el encuentro con uno mismo. Ahí está nuestro poder. En la fragilidad y en la debilidad de quien nace esta noche.
Dic 17, 2016 | Al cabo de la calle, Articulos
Estimado señor alcalde de Murcia, José Ballesta.
Aunque mis compañeros y compañeras de Murcia en Bici y de la Masa Crítica van a entregar hoy en el Registro del Ayuntamiento numerosas cartas dirigidas a usted para que en 2017 nuestra ciudad sea mejor para ir en bici, me permito aprovechar este pequeño balcón público para compartir unas reflexiones acerca del uso de la bicicleta en el entorno urbano. Muchas asociamos este medio de transporte a nuestros primeros recuerdos de la infancia. Esas caídas que nos asustaban en los momentos en que mantener el equilibrio se convertía en un reto que parecía inalcanzable. Los brazos de nuestro padre y sus palabras de ánimo aportaban una inyección de confianza ante los primeros desplazamientos sobre dos ruedas. Las sensaciones no tenían nada que ver con la experimentada en los triciclos, ni con esas pequeñas ruedas que, a modo de muletas, se adosaban al eje trasero para percatarnos de una primera transición hacia la aventura.
Las sensaciones de ir en bici, como el dolor ante una muerte, son personales e intransferibles. Se gozan o no. Las comencé a sentir cuando iba con mis amigos de la EGB a coger regalicia en las tardes de primavera, entre azarbes y caminos de la huerta de la Vega Baja. Continuaron en mis años de instituto manteniendo el equilibrio cargado con la guitarra al ir a clases de música. En el Madrid universitario de los 80, sorteando peatones en los atascos y siendo respetado por taxistas y conductores de autobús. Porque como ocurre en la vida, cuando te dejas ver en la calzada, afirmándote como un vehículo más, te ganas el respeto de los otros. De ahí que no entienda que haya ciclistas que circulen por las aceras. No por el temor a las multas que impone su consistorio, sino por el convencimiento de que no somos peatones.
No quiero reprocharle, señor alcalde, si hace o no lo suficiente por fomentar el uso de la bici en nuestro municipio. Usted sabrá. Lo que sí le pido es que no juegue con el anuncio y la foto con el tema de la bici. Si hay algo que detesto es la hipocresía, la de quien presume de algo que no lleva a sus prácticas cotidianas. No lo digo solo por usted, sino que aquí caben muchos más. No en vano, de toda su corporación solo hay una persona que usa regularmente la bici en sus desplazamientos, la suya propia o la del servicio público de alquiler. Y qué decir de su antecesor. Permitió que los nuevos desarrollos urbanísticos no contasen con carril-bici. Los hizo después, ejemplo de la voluntad que existe a la hora de apostar o no por la bici. Eso sí, las vías ciclistas no se hicieron compartiendo espacio con los coches sino con los viandantes. Y qué decir de las rotondas y los cruces peligrosos donde cada día nos jugamos la vida.
En fin, señor alcalde. Que con la movilidad no se juega. Pero tengo claro que solo conseguiremos interiorizar el uso de la bicicleta cuando los ciudadanos nos lancemos a la calle. Cuando nos dejemos ver como algo natural. Cuando nuestros críos se desplacen a los colegios e institutos sin necesidad de que los papás y las mamás tengan que llevarlos en coche casi hasta dentro del aula. Eso no es responsabilidad suya, sino nuestra. De todos. Y en este empeño juega el protagonismo ciudadano, el que tiene que coger el manillar, dejarse ver en mitad de las calzadas y respetar las normas de tráfico. Sin complejos.
Atentamente, un ciclista urbano.
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Otras entradas sobre el uso de la bici:
Oda a la bici (I)
Oda a la bici (y II)
Dic 10, 2016 | Al cabo de la calle, Articulos
Seguro que ustedes tienen alguna amiga o conocido que a punto de cumplir los 50 está cursando la ESO. Que dedica parte de su tiempo libre a repasar aquellas matemáticas que superó con apuros en el instituto, a sumergirse en la historia o a pelearse con la gramática y la lingüística que, maldita sea la hora, ha cambiado las denominaciones de los complementos y las normas esenciales que ya nos costó aprender en su momento. Todo ello para que los hijos y las hijas puedan seguir con relativa normalidad el ritmo académica en las aulas saturadas y con un profesorado que sobrevive como puede frente a la desmotivación, a las exigencias de los padres y a que sus gobernantes lo criminalice como empleado público sujeto a recortes.
Y después de intentar salvar los muebles de las ideas preconcebidas sobre la paternidad y maternidad ante los hijos, la escuela y resto de tribus familiares, ¡zas en toda la boca!: llega el Informe PISA y nos estampa la realidad acerca de la evaluación de educación más conocida del mundo. Uno ya no sabe si caer en la melancolía o directamente en la depresión, porque los datos son desalentadores. Especialmente si los observamos por comunidades autónomas, nivel educativo de los padres, el gasto público por alumno, la comprensión lectora o la competencia en ciencia. En el caso de nuestra Región de Murcia, pues apaga y vámonos, por mucho que nuestros responsables educativos traten de ofrecer un forzado optimismo que se desmorona en seguida como las tierras de los Baños de Mula.
Aunque la primera tentación es siempre la de eludir cualquier tipo de responsabilidad -empezando por la de los progenitores- bien es verdad que en materia educativa son diversos los factores que intervienen. Los recursos económicos son uno de ellos, porque no es lo mismo mantener escuelas rurales y una ratio alumno-profesor razonable que suprimir aulas o saturarlas de alumnos, pero no los definitivos. La implicación de las familias y la formación del profesorado son también factores determinantes. Si regiones como Castilla y León los han tenido en cuenta, pues no es de extrañar que sea la primera comunidad en la clasificación nacional de las pruebas PISA.
La ecuación para el éxito parece clara: madres y padres concienciados (y seguro que no obsesionados), exigencia con el profesorado (la formación como factor esencial), paz social (la comunidad educativa trabaja en una misma dirección), ratios bajas en zonas rurales (los recortes se han aplicado a otras cosas) y medidas innovadoras frente a los problemas detectados (la innovación es indispensable en las administraciones públicas). Y todo ello bañado por un alto sentido de la ética, del compromiso y de la solidaridad sostenida en el tiempo.
Por tanto, son muchos los elementos para jugar con ellos a la hora de afrontar los retos educativos. Porque una sociedad culta es más libre. Menos tentada a cultivar la ley del mínimo esfuerzo ni a valorar el enriquecimiento fácil, la política del trapicheo, del amiguismo y de la corrupción consentida. Al final, de lo que estamos hablando, es de un cambio cultural que hay que cultivar desde abajo, desde el principio, desde lo cotidiano… hasta llegar a comprender que esta empresa es tarea de todos. No solo de aquellos entendidos a quienes otorgamos un supuesto plus de autoridad moral. ¿Vamos a estudiar?
Dic 3, 2016 | Al cabo de la calle, Articulos
El rector José Orihuela se quejaba amargamente en público hace unos días por los titulares dedicados por la prensa escrita a un estudio de inserción laboral de los egresados de la Universidad de Murcia en las promociones 2011/12 y 2012/13, que presentó en la Convalecencia. Justificaba su lamento porque la institución había sido transparente al ofrecer los resultados de manera global por facultades y su reflejo en los medios no era el deseado, ya que recogían datos cuantitativos sin una interpretación, a su juicio, correcta. Cargaba de razón sus argumentos porque hasta ahora no se había hecho de esa manera tan transparente. De sus palabras podía desprenderse el mensaje de que ‘para este viaje no hacían falta esas alforjas’.
Quejas similares hemos escuchado a nuestros gobernantes cuando se han puesto en marcha los portales de la transparencia y ante la opinión pública se han destacado como datos relevantes los sueldos de los alcaldes y alcaldesas, concejales, diputadas, consejeros o ministras. Un hecho que les ha valido a algunos para justificar su apuesta por la transparencia, sin percatarse (porque no creen de verdad en ella) que la claridad y dar cuenta de la gestión es mucho más las cifras de unas tablas Excel o un documento PDF. Esa misma desazón, no exenta de una clara intencionalidad, es la que he oído a dirigentes de partidos políticos a la hora de no querer hacer públicos determinados datos que ofrecían los procesos de primarias porque, a su juicio, dar cuenta de ellos dejaría desnuda a la organización frente a sus competidores. Y claro, antes me callo que ser sincero.
No resulta, por tanto, una sorpresa comprobar que la transparencia acaba convertida en un nuevo elemento vacío de contenido si no se cree profundamente en todo lo que implica abrir las ventanas y los cajones de las Administraciones públicas, de las instituciones y de las organizaciones de cualquier tipo. Y ello, con el fin de que entre el aire fresco de la realidad, de la verdad y del compromiso con la ciudadanía. Pese a que muchos aún creen que el secreto y la información garantizan el poder, no se dan cuenta de que la verdadera fuerza de la legitimación en cualquier estamento, y por ende, en cualquier orden de la vida, reside en la colaboración y en el compartir. Que la fortaleza de los principios es una realidad cuando se ejerce de una manera abierta, colaborativa y sincera. Lo demás es seguir amparados en el miedo, en el falso sentido de la responsabilidad y en la voluntad de querer continuar perpetuando los privilegios y las distinciones de clase.
Estos tiempos de cambio nos deparan continuas sorpresas. Generan incertidumbre en la medida en que no estamos acostumbrados a poner sobre la mesa todas las cartas, ya que seguimos guardando un as en la manga con la triste confianza en que así no quedaremos desestabilizados. Las organizaciones valientes, las Administraciones inteligentes, los Gobiernos abiertos y las instituciones desafiantes que apuestan por el cambio son aquellas que interiorizan la transparencia como el eje que vertebra sus actuaciones. El resto es hipocresía y tratar de cubrir el expediente ante una sociedad cada vez más alejada de lo oficial, de lo institucional, de lo público.
La transparencia es, por tanto, la mejor vacuna contra la corrupción, contra lo podrido, contra la complicidad con el poder, bien sea el más cercano, el cotidiano, o el que se ejerce desde los despachos de la economía financiera y la alta política.
Nov 22, 2016 | Al cabo de la calle, Articulos
Ha querido el destino que el regreso a las páginas del diario La Opinión coincida con los 30 años de vida de uno de los sueños de Javier Azagra, ese obispo pastor que ya olía a oveja antes de que Francisco invitase al resto de la grey a pisar calle, desahucio, desalojo, oficina de desempleo, centro de internamiento o frontera protegida con serpentinas. Un sueño que arrancó del grito desesperado de un grupo de locos y locas conmovidas por la presencia de menores en las calles, colgados a sus madres en la mendicidad como último paso para salir adelante. Un drama salpicado con los desalojos en la Plaza de la Paja de la capital y de los niños del pegamento, esos que hoy han vuelto a las ciudades de nuestro país, y los mismos children`s glue que tenemos en los suburbios de las urbes en cualquier arrabal del planeta.

El obispo Azagra, junto al entonces alcalde de Murcia, José Méndez, en la inauguración del CAYAM el 10 de diciembre de 1989.
La Murcia de mediados de los 80 del pasado siglo no podía ocultar a aquellos a quienes se invisibilizaba a diario (hoy tampoco) y surgió un proyecto de intervención social, primero en las casas baratas de Torre Romo gracias a la generosidad de la Escuela Equipo, y tres años después, en diciembre de 1989, en lo que supuso el Centro de Acogida y Atención al Menor (CAYAM) “Virgen de la Fuensanta”, hoy concebido como Centro de Acogida y Acompañamiento Integral. En su inauguración, Azagra expresaba el deseo que ese sueño pudiera cumplirse, y así sucedió, con el impulso inicial de Pepe Saorín, cura obrero ciezano, de unas Hijas de la Caridad que siempre han estado ahí, y de mucha gente que ha acompañado la vida y la suerte de familias gitanas en sus comienzos, pero que fue ofreciendo otros rostros, los de la pobreza y de la exclusión social que no hace distingos. Y todo ello bajo el manto de Cáritas diocesana, la institución encargada de la acción caritativa (de caritas, amor) y social (de lucha por la justicia) de la Iglesia católica, que en esos años dirigía el maestro Pedro Pérez Abadía.

Noticia que firmé en La Verdad sobre la puesta en marcha de las instalaciones del CAYAM, en El Palmar.
Han sido decenas las personas que han dado lo mejor de sí mismas, unidas por un fin común: acompañar a quienes tienen dignidad desde que nacen hasta que nos abandonan. Hablamos de maestros de escuelas infantiles, de doctoras y de otro personal sanitario que han puesto sus conocimientos al servicio de la salud física y mental de los más débiles. Hombres y, sobre todo, mujeres sencillas de parroquias, que cada día acudían a hacer de comer o a mantener las instalaciones, pasando por innumerables profesionales del mundo de la empresa, de la universidad, de la acción social… De cualquier ámbito, con pequeños gestos cotidianos que han contribuido a que el centro fuera estas tres décadas un referente en la acogida y el acompañamiento a los últimos entre los últimos.
Un referente en algunos momentos incómodo para las instituciones públicas en el rechazo a ordenanzas contra la mendicidad y en la reclamación del derecho a la vivienda, e incluso en el seno de la propia Iglesia diocesana. Una incomodidad siempre resuelta, eso sí, por la voluntad compartida de que lo que se trata es de no perder de vista el rostro de quienes son los elegidos, los preferidos. Todo lo demás es insignificante. Máxime cuando el CAYAM sigue teniendo sentido ante la pobreza y exclusión intergeneracional que pervive hoy, y frente a la que no podemos permanecer ajenos. Con nuevos proyectos, con iniciativas ajustadas a este tiempo y con la mirada y voluntad puestas en no caer nunca en la desesperanza y en cuestionar su rentabilidad. Un sueño, en definitiva, que pervive. Porque como afirmaba el propio Pepe Saorín, “si sólo un niño sale adelante en su vida, si el proyecto vale para una sola persona, habrá merecido la pena”.

En noviembre 1989, días antes de la inauguración del centro. De izda. a dcha., junto a Isa, Gelen, Jose López y Josefo.

Junto a Gelen, Jose López y Josefo, durante la conmemoración del 30 aniversario del CAYAM.
Nov 15, 2016 | Articulos, Mis lecturas
El teólogo y profesor Bernardo Pérez Andreo (Nimes, 1970) es un pesimista esperanzado. Como tal, nos presenta en La sociedad del escándalo un texto que conmueve, que nos sitúa ante un incómodo espejo de la realidad de nuestra vida y de nuestro mundo, que cuestiona nuestras prácticas cotidianas y nuestras falsas seguridades, que golpea las conciencias como Francisco lo ha hecho recientemente en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares. (más…)
Sep 18, 2016 | Articulos, Noticias Obreras
La política en nuestro país se ha convertido en los últimos tiempos en un Juego de Tronos en el que cada uno de los actores tiene claro lo que tiene que hacer el otro, en el que la interpelación a lo correcto preside cada una de las acciones, en donde las jugadas están milimétricamente calculadas, los escenarios no se escogen al azar y los pasos están tan medidos que nadie desvela sus cartas. Y frente a los personajes, una mayoría a la que se le ha preguntado en dos ocasiones, que parece empeñada en nuevos territorios que nadie alcanza a concretar y a la que le cuesta entender todo, pues ve cosas que no se contemplan en su vida cotidiana.
En el contexto actual resulta complicado encontrar el quid de una cuestión salpicada de nuevos actores, instrumentos y realidades. Todo ello aderezado en un bol de elementos de difícil maridaje. Porque todo son vetos, incompatibilidades manifiestas e imposibles acuerdos… pero eso sí, nadie es responsable. Porque en la política, como en la vida, siempre son otros los culpables con tal de no asumir el protagonismo, el control y las consecuencias de nuestras acciones y decisiones. En el quehacer diario de cualquier votante, en cambio, todo gira en torno a la responsabilidad, entendida como qué no has hecho para que algo no salga, o qué has hecho directamente mal de forma que no sale.
Vayamos por partes. No podemos negar que el PSOE ocupa gran parte del centro del protagonismo tras los resultados electorales del 20-D y del 26-J. Aunque existiese (y aún exista) la voluntad contraria, este escenario era el preferido por muchos al ser el reflejo del final del bipartidismo y el resultado de los nuevos actores en un supuesto eje izquierda-derecha que ya es muy complicado sostener. Su candidato, Pedro Sánchez, ha tenido que bregar con una oposición interna y externa difícilmente imaginables para otro dirigente político que se la jugó en unas primarias como secretario general, que ganó, y que desde el primer momento ha tenido un escaso margen de maniobra.
Ya sabemos que la cultura de izquierdas es cainita con quienes están al frente de las direcciones de los partidos, ya que hasta el militante más alejado del trabajo político (y por supuesto el votante) sabe lo que tiene que hacer el otro. En el caso de los barones o baronesas del partido, qué les voy a contar. No se la jugaron en su momento, pero esgrimen su ascendencia por encima de todo. Piense el lector por qué gobiernan en sus respectivas comunidades, quiénes les apoyan con sus votos o su abstención, y luego traslademos sus reticencias a que para la gobernabilidad de España su secretario general intente el acuerdo con Ciudadanos y Podemos. Mientras que todo el debate queda en el lado de las estrategias, alianzas y combinaciones posibles, sigue pendiente la clave esencial que está detrás: la crisis de la socialdemocracia, y por ende, la construcción de un nuevo discurso político, que no persigue otra cosa que ofrecer una alternativa a la globalización de la desigualdad y la precariedad, con un instrumento político renovado y un discurso diferente al del populismo. Y es que tampoco en la vida de diario los votantes funcionamos en la familia, en el trabajo, con las amistades, tirando de populismo. Éste, como la falta de responsabilidad, son cosas infinitamente alejadas de lo que nos pasa todos los días y, en cambio, es lo que se nos ofrece…
Porque, desde el máximo respeto y, en algunos casos salvando las distancias, el discurso populista no puede ser el de dar a la gente lo que de manera inmediata, emocional y simple quiere. Y no me negarán que mucho de lo que nos ofrecen hoy Ciudadanos y Podemos se asemeja a ello. Tanto que los vetos mutuos que entre ambos se esgrimen tiene mucho que ver con un discurso compartido en su estructura para acertar con esa parte del electorado que no ve en los partidos tradicionales la solución en estos tiempos complejos. Bien es verdad que en el caso de Podemos entran en juego más elementos. Ha conseguido trasladar al discurso político las emociones y sentimientos que se echaban en falta en los partidos tradicionales de la izquierda (léase en especial, IU, con las notables consecuencias que ello ha supuesto para ésta a la hora de buscar una tabla de salvación en su alianza el 26-J, y que seguro que no será nada fácil de mantener en los próximos meses). Saber captar el estado emocional de la indignación, de la desesperación ante las consecuencias de esta nueva vuelta de tuerca del capitalismo globalizado en nuestro país en forma de crisis y estafa económica, no es suficiente para construir una alternativa en la que tienen que tener cabida muchos más actores. Lo que no tengo claro es que sus dirigentes estén la altura de las circunstancias para llegar a acuerdos que desbloqueen la situación. Encajar en las estructuras institucionales lleva su tiempo.
Porque al fin y a la postre de lo que venimos hablando tiene que ver, por una parte, con la madurez de quienes lideran y dirigen los partidos políticos que entran en juego, bien en fase de construcción (Podemos) o de reajuste para los tiempos nuevos (PSOE o IU). Y, sobre todo, del discurso político sobre el que construir un proyecto que afronte los estragos causados por los recortes y las políticas neoliberales de la desigualdad y la precariedad. A la combinación de esos dos factores hay que sumar, además, la confianza interna o no de quienes juegan en su organización, así como la disposición a aceptar que en una negociación siempre se cede. Máxime cuando a la vista de los resultados electorales 1 + 1 no es igual a 2, sino a 3… para formar gobierno.
A estos imponderables aún hay que añadir más elementos. De una parte, las elecciones autonómicas en Galicia y Euskadi, cuyas consecuencias empezamos a vislumbrar. De otra, un escenario no resuelto en los últimos cuarenta años: la identidad nacional y territorial, con el encaje de Cataluña (pero no sólo) con el resto de España, donde el factor emocional es determinante. De nada ha servido hasta el momento las interpelaciones de CCOO y UGT a quienes tienen en su mano cambiar la situación. Agitemos todo ello en esta coctelera de los asuntos públicos para obtener un cóctel de sabor indeterminado. Y lo que es más grave, de un combinado que no parece que vayan a resolver unas terceras elecciones. Que a ello vamos, si nadie lo remedia, querida y querido lector.
Ago 13, 2016 | Articulos, Gente del 64
Janne Teller (1964) no forma parte del hit parade de la intelectualidad europea y, sin embargo, su nombre y su influencia como escritora y activista han dejado huella, especialmente con una campaña de apoyo a Edward Snowden, quien denunció la política de escuchas masivas de Estados Unidos, y con dos libros impactantes. Uno, titulado Nada, cuenta la experiencia de un adolescente que concluye que la vida no tiene sentido. Sus compañeros le intentarán hacer entender que se equivoca. La novela causó tal revuelo que incluso fue censurada en Dinamarca, su país, y Noruega, faros de la democracia moderna. (más…)
May 24, 2016 | Articulos, Noticias Obreras
El 24 de mayo se cumple un año de las últimas elecciones municipales. Una cita que marcó un antes y un después en el gobierno de una parte de los 8.114 municipios que hay en España. La hegemonía de la derecha se quebró especialmente en ciudades de más de 50.000 habitantes, que permitió la recuperación para el PSOE de numerosas alcaldías y la irrupción de las confluencias de partidos y movimientos ciudadanos en capitales de la importancia de Barcelona, Madrid, Zaragoza, Cádiz o La Coruña. Los nuevos equipos de gobierno se enfrentan a un necesario escenario de reformas que están condicionadas por quien forme el nuevo Gobierno de España, ya que si el PP volviera a ocupar la Moncloa peligraría la autonomía de la política local.
Artículo publicado en NOTICIAS OBRERAS
Mayo 2016 / Nº 1.583
El revuelo político tras las pasadas elecciones del 20 de diciembre, con la incapacidad -hasta el momento- de poder conformar un Gobierno de progreso y cambio en España radicalmente distinto al de Mariano Rajoy, ha eclipsado del escenario mediático los cambios que se han producido en los ayuntamientos. A punto de cumplirse un año de los comicios locales y autonómicos del 24 de mayo -aunque las nuevas corporaciones no se constituyeron hasta mediados de junio-, el escenario del poder municipal en nuestro país es muy distinto al que se configuró en 2011. Un escenario muy marcado entonces por la respuesta del presidente Zapatero a la crisis financiera especulativa y al estallido de la burbuja inmobiliaria. El PP y las derechas nacionalistas coparon la inmensa mayoría de los gobiernos locales y autonómicos, que reforzaron al Ejecutivo de Mariano Rajoy en la Moncloa.
Ese reforzamiento de las políticas conservadoras tuvo su exponente en la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de las Administraciones Locales (LRSAL), una reforma local aprobada por el gobierno central que supuso un atentando contra los principios de autonomía local reconocidos en la Constitución, un recorte al marco competencial de los ayuntamientos y un frenazo a la prestación de los servicios públicos de calidad a la ciudadanía. También a la consideración que hasta ahora se había tenido del municipio como gobierno político, convirtiéndolo en un mero gestor de decisiones ajenas. No hay que olvidar que los ayuntamientos han sido las administraciones públicas que han sufrido las políticas de austeridad más agresivas e insolidarias.
De ahí que en estos momentos exista un consenso entre los partidos del cambio y candidaturas de confluencias en que derogar esa Ley es imprescindible para garantizar que los municipios sigan siendo la base de la movilización social y de la acción política, ya que los gobiernos municipales han constituido el principal instrumento de integración y cohesión social. La prestación de servicios básicos ha sido impulsora del desarrollo y de la mejora de la calidad de vida de las personas. Así lo aseguraron a Noticias Obreras tanto el coordinador de la Secretaría de Política Municipal del PSOE, Carlos Daniel Casares, como Mari Ángeles García, consejera ciudadana estatal y autonómica de Podemos. Ambos se muestran optimistas ante la experiencia de los nuevos gobiernos locales, que auguran una segunda transición en la escena de la política municipal, la de la acción política de cercanía y proximidad a los ciudadanos.
Nueva reforma local
La derogación de la LRSAL tendrá que dar como resultado la aprobación consensuada en el Parlamento de una Ley de Régimen Local que refuerce la autonomía local, que garantice un sistema de financiación estable y proporcional a unas competencias bien definidas de los entes locales y aquellas que, no siendo propias, previo convenio, puedan desarrollarse con garantías de control y transparencia de la gestión pública. Un consenso imprescindible para impulsar una nueva ley de Haciendas Locales que dote de estabilidad, rigor y recursos las competencias asumidas por las entidades locales, de forma coordinada con la de la financiación autonómica, definiendo con claridad la participación de las haciendas locales en los tributos del Estado (PIE) y en los de las Comunidades Autónomas (PICAs).
De ahí que a juicio de Casares y de la consejera de Podemos es tan importante que se constituya un Gobierno central que garantice la elaboración de ese marco jurídico y financiero imprescindibles para que los gobiernos municipales puedan desarrollar unas políticas que tengan en el centro a las personas, especialmente las más vulnerables y las que sufren la precariedad y la exclusión social.

Carlos Daniel Casares.
“Tras las elecciones de hace casi un año, a través de acuerdos con fuerzas de izquierda para la investidura de alcaldes o formando parte de la Junta de Gobierno, hemos recuperado gobiernos de muchos ayuntamientos”, indica el coordinador socialista, quien recuerda que el PSOE gobierna en 72 ciudades de más de 50.000 habitantes, mientras que el PP lo hace en 42 de ellas. “Por tanto hay un escenario favorable, con equipos municipales más pequeños, con una experiencia positiva en cuanto a la gestión municipal, y con unos problemas de endeudamiento que se pueden afrontar”, con la excepción de situaciones como la de Madrid, aunque en estos meses se haya reducido una parte de la deuda de más de seis mil millones de euros con la que se encontraron.
“Hay problemas importantes, pero en las grandes ciudades se ha dado un giro a las prioridades políticas con los nuevos equipos de gobierno, actuaciones que tienen que ver con políticas para rescatar a las personas”, señala Casares. “Si tú observas los presupuestos donde gobierna el PSOE, como los de Sevilla, Valladolid, Palma de Mallorca, Alicante, Elche… se han priorizado determinadas partidas para becas, comedores escolares, o medidas contra la pobreza energética… porque se ha dado primacía a programas a personas sin recursos”. Esto ha sido no sólo en los ayuntamientos con alcaldes y alcaldesas socialistas, sino también en aquellos con alcaldías de las confluencias, donde está Podemos o Izquierda Unida.
Aprobación de Presupuestos
Por tanto, el balance de este primer año de nuevos ayuntamientos es positivo, “no se advierten crisis de gobierno con importancia, y un ejemplo de ello es que los presupuestos municipales se han aprobado en tiempo y forma antes del 31 de diciembre en siete de cada diez de estos ayuntamientos”. No oculta que hay cierta hostilidad en los gobiernos municipales de Cádiz o Zaragoza, o en municipios asturianos, como Gijón, y que ha habido problemas en La Coruña, donde el Presupuesto se ha aprobado hace escasas fechas. El responsable socialista concluye señalando que el futuro a corto plazo está muy condicionado por la investidura del Gobierno de España, “porque en los grandes ayuntamientos estamos planteándonos entrar en sus gobiernos, como es el caso de Madrid, donde las relaciones son muy buenas con la alcaldesa Manuela Carmena, y en Barcelona, donde Ada Colau lleva ya tiempo lanzando mensaje a nuestro portavoz, Jaume Collboní, con el fin de consolidar un gobierno que en la actualidad es muy minoritario”.

Mari Ángeles García subraya que Podemos como tal no se presentó a las elecciones municipales, “porque era un partido que comenzaba a dar sus pasos, formado por gente que venía del mundo asociativo, desde diferentes sectores o colectivos, o de algún partido pequeño… y era muy difícil conformar equipos con personas que apenas se conocían, con sus inquietudes o ideología política”. Ello no ha sido obstáculo para que los nuevos gobiernos, con la presencia de nuevos concejales y concejalas en los ayuntamientos, haya supuesto un aire fresco en estas instituciones, “con una práctica política diferente, sobre todo por la puesta en marcha de la transparencia, que creemos que es una de las mejores medias para ir contra la corrupción, una práctica que era resultado de la inercia de que determinadas personas y partidos estén en el poder durante muchos años y creían no tener que dar cuenta de su gestión a la ciudadanía”.
Destaca la consejera de Podemos que ha sido muy positivo “el hecho de tener que sentarse a negociar, a dialogar, a ejercer la práctica de la cesión, que son actitudes imprescindibles para una nueva política, como la rendición de cuentas”. A su juicio esto ha contribuido “a despertar el interés de la ciudadanía para acercarse a los ayuntamientos, ver qué se decide, hacer propuestas, elevar peticiones o quejas… que antes no ocurría. Había una apatía porque no se sentía al político como alguien cercano, que te representara. Esto es especialmente notable en el caso de los pequeños municipios, donde la gente ve a sus representantes como ellos mismos, incluso porque se visten de otra manera a los políticos tradicionales, como la gente corriente que hace cosas extraordinarias”.
Una política diferente

Mari Ángeles García.
En las ciudades grandes, como en Cádiz o Madrid, se observa una diferencia muy grande en la manera de hacer política, cómo se negociaban los contratos, con la revisión de las concesiones y la dación de cuentas. “Algo que define a estas candidaturas es que han facilitado que la ciudadanía vea que su ayuntamiento es próximo y que le pertenece”, precisa. También que se ejercita con naturalidad el diálogo y la negociación entre partidos con sensibilidades semejantes, “que conduce a la necesidad de una nueva transición, una nueva democracia, porque esa práctica democrática tuvo su sentido y su validez en su momento, pero ahora es preciso profundizar la práctica política con nuevos actores”.
Mari Ángeles García asegura que en el ámbito municipal se le ha dado la vuelta a ese grito del 15-M de que “no nos representan”, y no oculta que “los cambios son lentos, porque hemos encontrado dificultades en el funcionamiento de las instituciones, para empezar porque no veníamos del mundo político institucional, por lo que ha habido problemas para encajar en el engranaje de las propias corporaciones, reproduciendo su inercia”. Y también “por hacer cosas diferentes, como ser mucho más inclusivas en determinados actos oficiales, que cuesta también ser entendida por la propia sociedad, como las mociones por la laicidad”.
En definitiva, un año de cambios en nuestros ayuntamientos que aguardan que se despeje el escenario nacional para seguir desarrollando las políticas de cercanía que precisan los vecinos y vecinas, y que reclaman a quienes tienen al lado, en sus salones de Pleno, en sus despachos y, sobre todo, en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades. Un futuro que pasa también por consolidar el papel de la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias), con una nueva composición provocada por los cambios de gobierno local, y su presencia o no en el Consejo de Política Fiscal y Financiera para alzar una voz sobre la financiación.
Abr 13, 2016 | Articulos, Gente del 64
A Uxue Barkos Berruezo (Pamplona, 5 de julio de 1964) siempre la he incluido entre esos compañeros de generación a los que nos unen muchos puntos en común. En su caso, al ejercicio del periodismo y la política hay que sumar que somos los primogénitos de nuestras respectivas familias numerosas y que hemos mamado la política en casa, como ella reconoce a lo largo de esta entrevista. Un diálogo fruto de un encuentro que tuvo lugar hace unos meses en un hotel de la Plaza de las Cortes, en Madrid, junto al Congreso de los Diputados, en una soleada mañana en la que iba a celebrarse uno de los grandes debates políticos del año. Uxue desborda energía por todos los poros, una energía que le llevó a una arriesgada apuesta desde su cómoda corresponsalía de la televisión pública vasca en la capital del Reino a jugar un papel en la política vasco-navarra como diputada de la mano de una coalición de partidos nacionalistas que marcaron distancia con la violencia de ETA. Y una energía que le conduce a luchar desde hace tres años contra el cáncer de la mano de su marido, y ante las miradas de su madre y de su hijo Xabier. (más…)
Abr 2, 2016 | Articulos
Cuando uno llega a aceptar que una oración, tres palabras, un sentimiento de agravio… el Agua para todos, es capaz de resumir dos décadas de dominio hegemónico del Partido Popular en la Región de Murcia, entiende lo que sucedió el pasado 17 de marzo en el Ayuntamiento de Murcia.
Una convocatoria del Cabildo Superior de Cofradías, respaldada por el PP, en protesta por una moción presentada por el grupo Cambiemos, congregó a más de un millar de personas por el «derecho a nuestra libertad religiosa, tradiciones y cultura», según rezaba la pancarta esgrimida en la Glorieta.
Pero sobre todo lo que unió a quienes gritaron e insultaron a los concejales de la izquierda del Consistorio fue la presunta agresión contra la Semana Santa murciana. La excusa fue una iniciativa que en principio sólo afectaba a los concejales y concejalas del Ayuntamiento de la capital: que Murcia se sumara a la Red de Municipios por un estado laico. Pero cuando afloran las vísceras, de nada vale la razón. Y en nuestro país, y especialmente en nuestra Región de Murcia, sobran los ejemplos.
La oportunidad de abrir un debate en vísperas del Viernes de Dolores sobre la no confesionalidad del Estado, que recoge el artículo 16.3 de la Constitución, en su aplicación concreta en determinadas actividades relacionadas con la gestión de los asuntos públicos, no parecía la más adecuada. Máxime cuando se presentó la iniciativa sin consultar si quiera con el resto de grupos políticos que tenían que suscribirla o no. Llevar adelante esta propuesta respondía más al deseo de querer retratar a algunos partidos políticos a los que disputa su espacio este movimiento político. Un deseo legítimo, como también el promover un debate sobre la laicidad que, desgraciadamente, en nuestro país casi siempre se queda limitado a los planteamientos fundamentalistas a uno y otro lado.
En el ámbito de la izquierda española, sobre todo en décadas pasadas (aunque, lamentablemente, aún perdura entre mucha gente), se ha entendido la religión como “asunto privado”. En efecto, la adopción de una interpretación de la vida y/o de una determinada orientación ética corresponde a la persona, a nadie más, en el ejercicio del derecho fundamental a su libertad de conciencia y religiosa.
Pero no podemos obviar, sin embargo, que lo religioso es también asunto público, y por tanto, político. Es tema de Estado, porque a éste corresponde garantizar el ejercicio del derecho de libertad de conciencia y religiosa, de acuerdo con la Constitución y las leyes. Pero su significación política no se agota ahí.
Lo religioso es un hecho social que configura nuestras sociedades. Incide en la socialización y producción de los valores y desempeña un significativo papel en la construcción de identidades sociales y hegemonías culturales. Es una variable que incide de forma diversa en el comportamiento cívico y político de los ciudadanos y en la articulación de las mayorías sociales. Es cauce de organización y expresión de la sociedad civil y actor de la deliberación pública de las sociedades democráticas. Así lo hemos planteado, por ejemplo, desde el Grupo Federal de Cristianos Socialistas, en las aportaciones que hemos hecho ante los últimos congresos del PSOE, la Conferencia política o en las aportaciones para los últimos programas electorales.
Con todo, el rasgo cualitativo más destacado es la secularización de la sociedad. Asistimos a un continuado descenso de la práctica religiosa y los ritos sacramentales en las generaciones adultas y, de forma mayoritaria, en los jóvenes. Los matrimonios civiles superan a los religiosos. También se ha producido una transformación de la religiosidad, más autocentrada y a la carta. Se ha producido un notable incremento de la diversidad con musulmanes, evangélicos, ortodoxos, budistas, etc. Persiste el arraigo cultural de la religiosidad popular y un relevante tejido asociativo.
Estas transformaciones sociales presentan nuevas encrucijadas a nuestras democracias. Frente a quienes responden con menos democracia o menos derechos, muchos hemos creído que la mejor alternativa es más y mejor ciudadanía, más y mejor democracia, más y mejor laicidad. Una ciudadanía con igualdad de derechos, sin lugar para la discriminación por razón de convicción; una democracia inclusiva de la diversidad de identidades, generadora de valores compartidos y cohesión social; una laicidad incluyente, como garantía de convivencia en igualdad y en libertad.
La democracia y la religión no son incompatibles. La democracia proporciona el mejor marco a la libertad de conciencia, al ejercicio de la fe y el pluralismo de las religiones, evitando así derivas fundamentalistas; por su parte, la religión es un complemento valioso de la sociedad democrática por su contribución a la producción moral, a la solidaridad social y a la expresión cultural. Así lo entendemos quienes participamos en un compromiso público que tiene su origen en nuestra formación como cristianos más o menos adultos. Desde ámbitos de los movimientos apostólicos de la Acción Católica o de otro tipo de asociaciones de fieles o vinculados a parroquias o congregaciones religiosas, donde hemos educado nuestra fe en comunión con otras personas.
El pluralismo ético y religioso plantea retos a los que una política de largo alcance debe ofrecer respuestas. La política no puede desentenderse sobre las condiciones culturales que vigorizan el sistema democrático. No hay democracia fuerte sin ciudadanía activa. La democracia precisa de ciudadanas y ciudadanos que quieran colaborar activamente en la construcción de la vida colectiva y el bien común. Frente al quietismo, al cortoplacismo y al privatismo, contando con la aportación de todos los actores sociales, también de personas y grupos religiosos, debemos activar la responsabilidad pública en la generación de un marco compartido de valores de ciudadanía. No nos podemos permitir la dejación del Estado en una tarea tan esencial como la socialización en los valores ciudadanos que fortalecen la democracia. La educación para la ciudadanía democrática es una apuesta crucial e irrenunciable.
Por tanto, en el ámbito del PSOE hemos entendido que la nueva realidad social exige un nuevo marco de interpretación política de la cuestión religiosa. El eje clericalismo-anticlericalismo o la cuestión Estado e Iglesia católica ha dejado paso al eje de la libertad de conciencia y religiosa como derecho de ciudadanía: convicciones diversas, ciudadanos iguales.
Es en este debate en el que muchos estamos embarcados. Un debate sereno, sin cortedad de miras. Sin prejuicios. Sin posiciones inamovibles. Con afecto. Con respeto y, sobre todo, con una mirada abierta por encima de tradiciones pasadas, de historias de sobresaltos y de posiciones dogmáticas en las que la siglas juegan un papel determinante.
Mar 17, 2016 | Articulos, Mis lecturas
El periodista Xavier Aldekoa compartió un día, con otro periodista -en este caso, el autor del texto que nos ocupa-, que los medios de comunicación tomaban decisiones, publicaban noticias, a partir de dos parámetros: lo influyente y lo importante. Se refería a África, en el sentido de que lo influyente cabía en las páginas de los periódicos. Lo importante, no siempre. (más…)
Feb 21, 2016 | Articulos
Ha querido el destino -o no- que la conmemoración de los 50 años de vida de la comunidad parroquial de San José Obrero coincida con la marcha de otra comunidad, en este caso la que formaban las hermanas Concepcionistas Franciscanas –las monjas encerrás– en el Monasterio del Sagrado Corazón de la carretera, junto al Asilo de Ancianos y cerca del antiguo Matadero. Y esa casualidad me permite volver la vista atrás para escarbar en la memoria todo aquello que me vincula a ambas comunidades, todo aquello que ha formado parte de mi vida. Esto es, de mi historia personal cuando no hace mucho que traspasé también esa cifra mágica de las bodas de oro del nacimiento.
Siempre he pensado que las cosas no suceden por casualidad. Máxime si le sumamos una afición por buscar las combinaciones mágicas que ofrecen los números, las fechas, las conmemoraciones. Quienes formamos parte de la generación del 64 sabemos que ese año es singular, aunque sólo sea por el hecho de que es en el que vinimos a este mundo. Es el de los XXV Años de Paz del glorioso alzamiento nacional, aunque para muchos fuese la paz de los cementerios, y uno de los más prolíficos de la historia demográfica española. Y para lo que nos ocupa, es el año de la erección canónica de la Parroquia de San José Artesano, como recogía el Boletín del Obispado, y del comienzo de las obras de construcción, una obra colectiva en la que colaboraron muchos vecinos del barrio de la Estación.

Imagen de la colocación de la primera piedra de la Parroquia de San José Obrero. En primer plano, el sacerdote Joaquín Martínez Guillamón, que dirigió las obras desde sus inicios , junto a Pascual Rodríguez en el momento de firmar. Detrás, Eladio Ortega, que también rubricó la documentación depositada en este acto, y a la derecha de la imagen, Pascual Chinchilla. (FOTOGRAFÍA: FAMILIA DE ELADIO ORTEGA ORTEGA).
Mis primeros recuerdos de San José se remontan a finales de esos años 60 del siglo pasado, que entonces era Artesano, que no Obrero, porque entonces los obreros no eran tales, sino productores. Menos mal que el Día del Trabajo o Fiesta de San José Obrero se celebraba el 1 de mayo gracias a que Pío XII lo instituyó en 1955, puesto que en la nacional-católica España era el 18 de julio cuando se conmemoraba la festividad de la Exaltación del Trabajo. Recuerdo ir de la mano con mi abuela Josefa a las misas de don Pedro, en las que mi tío Vicente (cinco años mayor que yo) hacía de monaguillo. Era un templo aún sin finalizar, frío, con un edificio anexo de viviendas a medio construir. Esa frialdad que yo percibía no le impedía a mi abuela y a su amiga Jose la del horno echar unas cabezadicas durante la predicación. Mi abuela vivía en la casa que había hecho su marido Juan frente a esa impresionante esquina que tenía una palabra muy rara en su inmenso chaflán: COMED. Un día alguien me explicó que aquella nave abandonada y cerrada había albergado un día la Cooperativa Obrera de Muebles Esteban Díaz, y las siglas obedecían a ello.
Es cierto que esos primeros años de mi infancia aún no vivíamos en Yecla, puesto que mis padres tuvieron que salir del pueblo en busca de oportunidades laborales y habíamos recalado como muchos cientos de yeclanos en la provincia de Alicante, en Ibi, primero, y en Dolores, más tarde. Pero recuerdo la imagen de la torre de San José, el recuento de toques de la campana los domingos por la mañana para avisarle a mi abuela si era el primero o el segundo… y poder llegar a tiempo a la iglesia. También que mis padres se acercaban a tener reuniones, algunas muy raras, como aquellas de septiembre de 1975 cuando la tele decía que unos hombres muy malos habían sido fusilados porque eran eso, muy malos, malísimos. Y que entraba por un callejón muy estrecho para subir por una escalera muy empinada y acompañar a mi primo José Manuel a una reunión muy divertida los domingos por la mañana con los lobatos, que eran los scouts más pequeños.
En el verano de 1977 llegué a vivir a Yecla, junto a mis padres y mis hermanos Pablo y Esther. Y resulta que nos vinimos a vivir en la calle de abajo de San José, detrás de la Casa-Cuartel de la Guardia Civil. Si ya era mi parroquia porque mi abuela era feligresa… pues ahora pasaríamos a ser nosotros también miembros. Al año siguiente, durante la Vigilia Pascual, bautizamos al benjamín de la casa, Abraham, y ya no dejé de asociar los principales acontecimientos de mi vida a las paredes del templo, a sus locales, en los que fui catequista, educador del Movimiento Junior, miembro de la Comunidad Juvenil…
Crecí en la fe bajo la mirada de la imagen de ese simpático y temeroso San José de madera. Pasé de la infancia a la adolescencia y a la juventud acompañado por los sacerdotes que atendieron a sus feligreses, bien fueran vecinos del barrio de la Estación o aquellos otros atraídos por una pastoral social y con los pies sobre el terreno. Del recuerdo de don Pedro, pasé al de los curas obreros Antonio Sicilia, que trabajó en la fábrica de mi tío Juan; Pepe Saorín, fontanero; Mateo Clares, técnico en electrónica, y Pepe Carrasco, profesor del instituto. Fueron muchas horas, muchos días, muchas vacaciones, muchas jornadas… las vividas entre sus paredes o en actividades que salían organizadas de ellas: campamentos, convivencias, charlas… O celebraciones de oración, que compartíamos con unas feligresas muy especiales: unas monjas que vivían en un convento en la carretera, cerca del asilo de ancianos, y junto a una guardería a la que ellas hacían la comida. Pero esos recuerdos los dejo para otro momento.
San José ha sido mi segunda familia. En la que crecí en la fe los domingos por la tarde en las reuniones de la comunidad juvenil con Erika Wust, Ceci, José Luis y Juan Luis, mi primo José Manuel, Ernesto, Carmencica, Pilar, Loli, Alicia, Conchi Centenero, María del Mar, Sole, Fini… En la que canté en innumerables celebraciones y pregoné en la Vigilia Pascual o en las Misas de Gallo. En la que festejé las bodas de plata de mis padres, la confirmación de Pablo, su ordenación sacerdotal… y su funeral, como había vivido el de mi padre cinco meses antes. Celebré la vida y la muerte, que es también vida. En definitiva, sentí que la fe se saborea y se goza en comunidad, junto a los otros. Y que un templo es mucho más que sus paredes, su altar, su capilla o sus locales. Es esa familia que siempre está ahí, como sigue estando San José, en la calle de arriba, junto al solar del antiguo cuartel, cerca de la Estación.