Carreteras secundarias

Carreteras secundarias

Las carreteras secundarias nos llevan a nuestra infancia.

Al expresidente colombiano Juan Manuel Santos le subía la adrenalina mientras ejercía el poder. Así lo afirma ahora tras ocho años a tope, recordando cuando tenía que adoptar decisiones, unas mejores, otras peores. No quiere ser un jarrón chino, da clases de liderazgo y políticas públicas, no ha recuperado el ejercicio del periodismo y tiene el ánimo de armar el jaleo justo para no enturbiar el proceso de paz que promovió y alcanzó pese a los continuos ruidos de sables e intereses de todo tipo. (más…)

Justicia poética

Justicia poética

Toda la sabiduría humana está contenida en dos palabras: Esperar y Confiar. Al menos esa es la conclusión a la que llegó Edmundo Dantés tras culminar su trabajada venganza contra quienes fueron causa de su desgracia: Fernando Mondego, Danglash y Gérard de Villefort. Trato de imaginar qué pudo sentir el conde de Montecristo al ver cumplidos cada uno de sus planes para resarcirse de su dolor. Imagino que podría quedar resumido en que “sólo el que ha probado el extremo del infortunio puede sentir la felicidad suprema”. Esto es, que quien no ha sido capaz de vivir en sus carnes las consecuencias de las maldades humanas difícilmente será consciente de saborear los efectos de una reparación, de un desagravio, de una compensación por lo vivido. De ahí que las lecciones que podemos aprender de la lectura de esa gran novela de aventuras de Alejandro Dumas padre -o de las innumerables versiones cinematográficas, como la del año 1934 dirigida por Rowland V. Lee, protagonizada por Robert Donat y Elissa Landi– sean que, por muchas desdichas que los hombres y mujeres puedan soportar a causa de los comportamientos de otros hombres o mujeres, siempre cabe la posibilidad de un resarcimiento que compense lo pasado. (más…)

Ay, qué dolor

Ay, qué dolor

Esta escena tiene lugar en una gran sala que era entonces la del Cine Ideal, próximo a la céntrica Plaza de Jacinto Benavente en el Madrid de los Austrias, antes de que estos locales se reconvirtieran en multicines, en bingos o en franquicias de grandes firmas comerciales. Domingo por la tarde. Programa triple: Perros callejeros y Perros callejeros II, de José Antonio de la Loma, y Deprisa, deprisa, de Carlos Saura. Ni una butaca libre. Jóvenes de Usera, Carabanchel y Vallecas escapamos al centro de la capital. Suenan los acordes de las guitarras y Los Chunguitos comienzan con aquello de “Hiciste la maleta” y todo el cine tiembla con el redoble de los golpes en el suelo que los espectadores se encargan de interpretar, mientras sigue la canción, “ay, sin decirme adiós; ay, qué dolor; ay, qué dolor; ay, qué dolor; ay, qué dolor”. (más…)

Destino incierto

Destino incierto

Que la vida no es un camino de rosas lo descubres en cuanto tienes la oportunidad de saborear un golpe seco a causa de la muerte de un amigo, un amor no correspondido, un sueño no cumplido o una aventura que se queda en simple acontecimiento anodino. También cuando tratas de explicar los innumerables porqués ante tanta sinrazón y hallas un escenario tan amplio que apenas cabe lugar para una simple explicación que trate de entender lo sucedido. Ni siquiera el empeño desbocado en múltiples lances es suficiente para rebuscar las razones que el corazón es incapaz de revelar por qué las cosas son como son, por qué la vida es como es y morir es algo más que el final de una ruta a un destino desconocido. (más…)
En primera plana

En primera plana

Un reportaje sobre las maldades del tabaco basado en un artículo de la revista Ciudadano, que debió caer en mis manos en casa cuando apenas contaba con 11 o 12 años, fue el primero que publiqué en el periódico escolar del Cardenal Belluga, mi colegio de la mayor parte de la EGB en el Dolores de Alicante de los 70. No era algo novedoso, puesto que los miércoles de cada quince días apareciese una crónica futbolística en La Verdad firmada por un púber Navarro, jr. A mi padre no le gustaba el fútbol y era el corresponsal de la cabecera de ese diario de la Editorial Católica. A su primogénito le tocaba cubrir los partidos de Regional o Preferente. Imagínense la escena en el vestuario arbitral del Campo de Fútbol La Alameda, a la salida de la carretera de San Fulgencio. Un adolescente que aún vestía pantalones cortos pidiéndole al señor colegiado el acta del partido para contrastar que las anotaciones de goles, tarjetas y sustituciones eran las mismas que había anotado en mi libreta, así como las alineaciones del Thader de Rojales, el CD Almoradí, el San Vicente del Raspeig o el Rayo Ibense. (más…)

Evaluación continua

Evaluación continua

La vida es un continuo examen. Es una sucesión de pruebas que cada día hay que superar con el ánimo y el deseo de alcanzar no se sabe muy bien qué lugar en el mundo. En nuestro pequeño mundo. Es una evolución constante a golpe de tentativas frente a las que hay que demostrar un grado de preparación ante lo inexplicable, ante lo desconocido. De ahí que para alcanzar solo ese punto de partida haya que emplear un elevado nivel de energía que nos deja exhaustos frente a cualquier otra tentativa presente o futura. No obstante, somos capaces de manejarnos a fondo para no dejar pasar la oportunidad de colocarnos en la línea de salida de esa carrera, respirar profundamente, cerrar los ojos y recordarnos mentalmente que aquí estamos porque hemos venido y gritar aquello de ¡pies para qué os quiero! (más…)

Sesgo de retrospectiva

Sesgo de retrospectiva

CORODIARIO DE UNA CRISIS | Día 4 | Miércoles 18/03/2020 | Resulta que cuando ayer les contaba que yo de mayor quiero ser como esos economistas que se apuntaron a predecir la última crisis de las hipotecas… cuando ya la sufríamos, estaba hablando del prejuicio de retrospectiva. Esto es, del sesgo que han padecido, entre otros, nuestros hiperpatriotas de Vox como Iván Espinosa de los Monteros (el marido de la precoz arquitecta Rocío Monasterio, prima a su vez de la diputada murciana Lourdes Méndez Monasterio) y que les sirvió para echarle en cara la gestión de la crisis del coronavirus Covid-19 al cariacontecido Pedro Sánchez en la sesión de control al Gobierno del miércoles. Ni más ni menos. Pero no han sido los únicos. El presidente les devolvió la pelota. (más…)

Batería económica

Batería económica

CORODIARIO DE UNA CRISIS | DÍA 3 | Martes 17/03/2020 | No hay mejor economista que el que es capaz de explicar las cosas que suceden en la economía… cuando ya han sucedido. Analistas así los quiero yo. Como los que sabían lo de la crisis de 2007 y siguientes y no dijeron entonces nada. Me apunto. Si un día fueron los profesionales del Derecho los que constituían las élites de un país, los economistas les tomaron el relevo, esos grandes gurús sabelotodo que pretendían guiarnos a los incautos mortales en los pasos que debíamos dar en la cosa del bolsillo. Sobre todo, aquellos que habían sido educados en un liberalismo a ultranza cuyas recetas se convertían en normas morales a imponer, porque ya se sabe que “¡es la economía… estúpido!” la que guía el mundo. (más…)

Cierre de fronteras

Cierre de fronteras

CORODIARIO DE UNA CRISIS | Lunes 16/03/2020 | Los veinte minutos empleados para ir al trabajo en un día normal, hoy se han reducido a la mitad. Es lo que tiene empezar la semana laboral en pleno Estado de Alarma. Los medios de comunicación nos recuerdan a cada momento que es la segunda vez que se ha decretado en los últimos años. La imagen de hace una década era la del ministro Pepe Blanco con semblante serio, lidiando con los controladores aéreos, esos que decidieron ponerse enfermitos todos a la vez y se llevaron la sorpresa cuando sus colegas militares los relevaron en las torres de control. Una medida de fuerza excepcional… pero efectiva. (más…)

Distancia social

Distancia social

CORODIARIO DE UNA CRISIS (Día 1) | Domingo 15 marzo 2020 | Inicio este diario en esta primera jornada del #YoMeQuedoEnMiCasa. Solo he salido muy temprano un rato a pasear a Bruno, un sobrino muy especial, una aleación de braco y bóxer, noble como solo los perros saben. La pista del Valle más cercana a casa estaba vacía. Nada de bicicletas y senderistas. Parece que hemos hecho caso a las órdenes, aunque conforme avanzaba la mañana supe por Twitter que se había poblado de domingueros. Compré El País y, tras leer a su directora Soledad Gallego-Díaz, reafirmé ese pacto de fidelidad suscrito a sus páginas desde comienzos de los 80 (aunque ha habido etapas y etapas), cuando en Yecla llegaba la edición con un día de retraso. También leí la prensa regional, la del esfuerzo para estar cada día en la calle y en la red. (más…)

Un virus y un antídoto

Un virus y un antídoto

No uno, sino dos, son los virus que recorren en estos momentos el mundo atacado por la pandemia del Covid-19. Uno tiene que ver con el de la ponzoña, el germen, la infección o la toxina que genera el cúmulo de despropósitos de los que somos testigos en estos momentos críticos. Es el virus del desatino, el error, la equivocación y, en definitiva, del egoísmo más absoluto a la hora de hacer frente a una situación excepcional como la que sufrimos en esta Europa, epicentro de la calamidad. Ahora es el coronavirus, pero podemos extenderlo a otras manifestaciones de enfermedades físicas, sociales y culturales, como la desigualdad, el expolio de los recursos naturales o la manifestación de la ley del más fuerte.

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Yo no he sido

Yo no he sido

La escena sucede en la sala de estar de una vivienda cualquiera. Ella tiene la pierna extendida sobre un pequeño taburete acolchado, puesto que le han ordenado guardar reposo por un problema muscular. Él pasa a su lado dispuesto a sentarse en el sofá, porque el partido de la Champion está a punto de comenzar. Absorto en sus cosas, sin percibir que hay alguien en la estancia golpea la extremidad de la susodicha y ésta, de manera instintiva, lanza un exabrupto y reclama que tenga cuidado por donde pasa. Él, ni corto ni perezoso, le responde con un improperio y reclama que es ella quien debe tener cuidado y advertir de la situación. Ya está el lío montado. Así empiezan las guerras, las domésticas, las políticas y las mundiales. Qué se le va a hacer. Este es el género humano. Así somos nosotros.

El poeta irlandés William Butler Yeats escribió que “en los sueños comienzan las responsabilidades”, y yo sueño con ese día en el que asumamos las nuestras, desde las personales y familiares hasta las sociales, políticas o económicas. Un día en el que no miremos hacia otro lado. En el que dejemos de escupir al otro sus culpas o fracasos, mientras que desviamos la mirada cuando alguien nos recuerda que el tiempo corre a nuestro lado. No a nuestra contra, porque esa es una visión cortoplacista, sino en paralelo con lo que decimos y hacemos. Con lo que proclamamos.

El Mar Menor se muere, y los principales causantes de esa muerte tienen nombres y apellidos e identificaciones fiscales

Parece que estamos condenados a vivir en un mundo infantilizado, en un mundo temeroso en el que somos cómplices de escoger a personas inmaduras, dotadas de un caparazón inasequible a cualquier estímulo que les pueda provocar un movimiento de cambio. Creemos que si cerramos los ojos las cosas no suceden. Que si ocultamos la pobreza a base de luces y árboles de Navidad la exclusión no existe, que los números son eso, números sin rostro. Pero resulta que por mucho que elevemos el volumen de la música los lamentos no quedan enmudecidos. La realidad de la desigualdad es la que es y el Informe Foessa de Cáritas nos la ha recordado esta semana. Bueno, nos la viene recordando desde hace décadas, pero parece que da igual. Total, como resulta que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pues ya están las responsabilidades compartidas, y aquí paz y después gloria.

El Mar Menor se muere, y los principales causantes de esa muerte tienen nombres y apellidos e identificaciones fiscales. Forman parte de consejos de administración, ejecutivas de partidos políticos y organizaciones profesionales y empresariales. Los encuentras en el organigrama de las administraciones públicas, están en despachos o en sus casas disfrutando de un supuesto y apacible retiro. Menos mal que la Fiscalía ha hecho su trabajo. Sin medios, eso sí, pero con dignidad. Y ahora resulta que la responsabilidad es de todos. Que todos tenemos culpa. O lo que es lo mismo, que indultemos a los que están arriba, en los gobiernos, en las cúpulas de las empresas agrícolas o urbanísticas. Los que han derogado leyes protectoras del medio ambiente, los que han mirado hacia otro lado, los que han impulsado desarrollos urbanísticos y agrícolas, los ejecutores de los proyectos y planes, todos ellos, pobrecitos, son muy sensibles y no pueden ser blanco de las críticas y d campañas de descrédito. De los ataques, de los reproches. Qué impresionables son. Animalicos, si todo lo hacían por nuestro bien. Y además los votábamos, les dábamos premios y más premios. Todos ganábamos, vendíamos y comprábamos por doquier.

Pues miren ustedes. Resulta que yo no he sido. Si golpeo la pierna de mi parienta sentada en el sofá de casa voy y le pido perdón. La siguiente vez prestaré más atención y trataré de ser más consciente de donde estoy y lo que tengo a mi alrededor. Dejen de tratarme como un pelele. Yo no les voté ni les votaré. No especulé con mi segunda vivienda, porque no la tengo. Si un día meé en el agua, de eso no viene una anoxia. La falta de oxígeno es la que noto cuando pretenden engatusarme con su relato de las responsabilidades compartidas, ese relato que le compran muchos. Yo no. A mí suena a eso de la obediencia debida, cómplice de genocidios y masacres en muchas partes del mundo. Olvídenme con discurso del ‘y tú más’. Hagan su trabajo, el de la mayoría silenciada, no el de convertirse en lo que son: títeres de quien rige los destinos mirando al personal como monederos andantes. Y al menos, si no son capaces de asumir su responsabilidad, cállense y siéntese en un sofá, con la pierna extendida.     



Alabado seas, planeta ardiente

Alabado seas, planeta ardiente

¡Aleluya, aleluya! La COP25 (Conferencia de las Partes), conocida como la Cumbre del Clima de Chile (pero que se celebra en Madrid), ha puesto en la agenda del día los problemas medioambientales de nuestros barrios y ciudades, de nuestras regiones y países, de nuestros continentes, mares y océanos. Una agenda que nos afecta a todos, que niegan algunos y que delegan otros en instancias super superiores como si con ellos no fuera la cosa. Pero resulta que lo inevitable es eso, inevitable. Que nos jugamos todo lo que somos, lo que fuimos y lo que dejaremos a nuestros hijos y nietos, a quienes nos sucederán en este leve tránsito de existencia que es el de una vida humana, pese a que nos comportamos como si no hubiera otro ser supremo más que el hemos configurado en estas últimas horas de la humanidad.

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Corazones frágiles

Corazones frágiles

Noviembre es un mes jodido. Comienza con el recuerdo a los santos, que confundimos con difuntos, y recorremos sus semanas hasta llegar a esa explosión del consumo irracional que es el viernes negro importado del imperio USA tras la resaca de su Día de Acción de Gracias. Un mes gris por excelencia en el que perdí a un hermano por su corazón dañado y que, como un tintineo de la memoria, me recuerda el mensaje de la fragilidad del ser humano. Cuatro meses antes también se había ido nuestro padre. Tiempo después supimos con detalle que la causa de las muertes no fue otra que compartir una enfermedad genética del músculo cardíaco denominada Miocardiopatía Arritmogénica de Ventrículo Izquierdo (MAVI). Un gen cortado que ha seguido pululando a sus anchas entre otros miembros de la familia y que, en mi caso, y en el de mi descendencia, no ha sido así. 

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Hombres, arrimemos el hombro

Hombres, arrimemos el hombro

De la despedida de Alberto Carlos Rivera Díaz del pasado lunes me quedo con la última parte de su intervención. Anunció su dimisión como presidente de Ciudadanos, que no ocupaba su escaño y su abandono de la vida política. Sin autocrítica, porque eso parece que no va con los macho-alfa aspirantes a presidente, pero con un argumento que me sonó falso: su confianza en la nueva etapa de que ahora será mejor hijo, mejor padre, mejor pareja y mejor amigo. Todo porque había llegado el momento de dedicarse a su familia. ¿Qué había hecho hasta entonces? ¿De dónde alimentaba su visión del mundo real?

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