La vida por delante

La vida por delante

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

En el instante en el que una joven universitaria me llamรณ de usted al finalizar una clase descubrรญ que habรญa empezado a ser mayor. Fue un zasca en toda la boca frente a la creencia de que todo el mundo es bueno y que somos todos lo mismo. Cuando se recurre al pronombre en cuestiรณn es que la persona que tienes delante te merece respeto o estรก poseรญda de una cierta autoridad. O que la coronilla ya es patente. Se habรญa acabado el tiempo de percibirme uno mรกs en los ambientes de la calle. Hubo un tiempo, una vez, en que siempre fui el mรกs joven en los lugares donde deambulรฉ.

Desde niรฑo recorrรญ los espacios de los adultos. Y me sentรญa cรณmodo. Creo que les sorprendรญa que un pipiolo hablase como ellos y coincidiera en sus gustos, lecturas, preocupaciones y demรกs. Hasta que aรฑos despuรฉs descubrรญ que, en realidad, no habรญa tenido infancia. Al menos de una manera consciente. Adoraba a los mayores en busca de una identidad que no era capaz de configurar.

Nuevo escenario

Al cabo de los aรฑos he descubierto que en el camino hacia la vejez se transita por un territorio repleto de circunstancias salvables y que merecen toda nuestra atenciรณn. Asimismo, constato que hay un nuevo escenario en el que no me siento cรณmodo. No es otro que aquel en el que se alcanza la edad en la que ya todo parece entrar en la recta final para que quien se sitรบa en ella. Esto es, que quienes vienen por detrรกs empiezan a desbrozar su camino apartando todo lo que presenta por delante. Es una mezcla de la prรกctica del adanismo por jรณvenes generaciones que carecen de memoria con el ejercicio, por el contrario, de una tรกcita descalificaciรณn hacia quienes nos han precedido.

Para quienes despliegan el apartheid por razones temporales el catรกlogo de personas prescindibles es amplio.

Bien es verdad que en este itinerario aparecen aquellos que sufren el sรญndrome de Peter Pan, ya que son incapaces de asumir las obligaciones propias de la edad adulta. Pero no se trata de eso. Es mรกs. Se rรญen de quienes les han precedido en los escenarios en los que ahora son protagonistas. Bien sean en el mundo de la polรญtica, la empresa, la enseรฑanza o de cualquier otro รกmbito de la sociedad civil. Ademรกs de la sorna, la ironรญa o la simple descalificaciรณn, ejercen la segregaciรณn de los espacios en los que se toman decisiones de cualquier signo.

Aprender de otros

Para quienes despliegan ese apartheid por razones temporales el catรกlogo de personas prescindibles es amplio. Mujeres y hombres de la actividad polรญtica presentados como carcamales, actrices y actores que no encuentran papeles que representar, maestros y maestras relegadas a los peores horarios, empleados y empleadas pรบblicas que se llevan tras su jubilaciรณn todo su bagaje y conocimientos sin haber tenido la oportunidad de desarrollar un relevo generacional en condiciones. Quรฉ decir de aquellos artesanos que ven desaparecer sus habilidades y recursos por no encontrar quiรฉn siga sus pasos o aquellas profesionales que pasan de un dรญa a otro a la monotonรญa de una vida carente de sentido.

Cuรกnto nos queda por aprender de esas culturas tradicionales en las que la edad es un valor aรฑadido para el presente y el futuro de nuevas generaciones. No hay que irse a un poblado africano para comprobar que la persona anciana merece toda la consideraciรณn. En la cultura gitana, sin ir mรกs lejos, es fรกcilmente comprobable esto que les hablo. Abuelas que, como gallinas cluecas, son capaces de garantizar el dรญa a dรญa de hijos y nietos llenando la olla de forma misteriosa, o patriarcas que son atendidos hasta el final de sus dรญas por toda la prole, sin que les falte el cariรฑo y la preocupaciรณn.

Final del camino

Entre un extremo y otro hay un lugar en el que cuidar el trรกnsito de una etapa de construcciรณn de la persona adulta hacia otra en la que la madurez y la experiencia se convierten en valores aรฑadidos. El final del camino, por suerte o por desgracia, nunca se sabe cuรกndo va a llegar. De ahรญ que sea imprescindible el respeto al presente. De quien lleva poco tiempo y de quienes nos han precedido.


Ofertas de sentido

Ofertas de sentido

Con lo de las ofertas del โ€˜Black Fridayโ€™ย me pasa como con la loterรญa de Navidad: que una vez decides que te sales del juego, ya no tienes problema alguno para que te afecte el ruido continuo de lasย propuestas de compras de todo tipo que te llegan por mรบltiples canales. De poco sirven los intentos de que caigas en aprovechar, siempre supuestamente, alguna ocasiรณn de ser elย objeto de gangas. No hay mala conciencia si has dejado pasar esa oportunidad que parecรญa reservada exclusivamente para ti. Que paren el mundo, que yo me bajo. Porque hallas la manera de entender que la sinrazรณn es la guรญa de los comportamientos de quienes te rodean.

Ideas errรณneas

Cuando, ademรกs, descubres que el Viernes Negro es el dรญa siguiente al de Acciรณn de Gracias, y que todo viene del otro lado del Atlรกntico, el cabreo pasa a ser mayรบsculo. Entonces te das cuenta de que su รบnico interรฉs es el de tratar de convertirte en una marioneta. Es mรกs, aciertas en revelar que quienes manejan los hilos no son otros sino los que embotan tu conciencia de ideas errรณneas sobre lo que verdaderamente tienes necesidad. Vamos, que te convierten en una persona sin control y solo dejada de la mano de sus impulsos mรกs primarios. Eso sรญ, para engrosar la cuenta de resultados de empresas dispuestas a cubrir sus necesidades pecuniarias. Aquรญ ya no vale inteligencia humana alguna. En el juego aparecen otras inteligencias, especialmente la artificial, siempre y cuando el mercado sea el autรฉntico protagonista.

Juicio fรกcil

Darte cuenta de que estรกs en manos del calendario que otros programan es una experiencia que, en ocasiones, puede llevarnos a caer en la indiferencia. En especial, cuando sientes que las riendas de tu vida las llevan personas o elementos ajenos a tu voluntad. Sucede algo parecido cuando nos dejamos contaminar por el mal ambiente o la toxicidad del momento social o polรญtico que atravesamos. O cuando se pierde la perspectiva para la escucha, la comprensiรณn y poder ofrecer una respuesta que no sea la descalificaciรณn, el juicio fรกcil o la simple reacciรณn a la defensiva.

Despertar al mundo de la consciencia, del presente sin mรกs, de la realidad repleta de pluralidad sin caer en el prejuicio, en lo previsible o en el discurso simplista de lo blanco o lo negro, es el gran reto que estรก ahรญ afuera.

Nuevo escenario

Al sacudir el polvo que contamina la realidad es cuando el panorama sombrรญo deja de serlo para entrar en una nueva dimensiรณn. Las peleas, los gritos, los desacuerdos, los conflictos o los enfrentamientos apenas te pasan factura. Porque son meras ramas que impiden ver el bosque de las emociones, esas que son capaces de movilizarnos hasta extremos insospechados. La irascibilidad da pie a un territorio en el que te permites sentir como pasan a tu lado las tensiones, los aprietos o los trances que hasta entonces poblaban toda la existencia.

La capacidad de encontrar un nuevo escenario en el que desenvolverse es mรกs sencillo de lo que parece. En ello debemos poner el empeรฑo si queremos dar el paso para no tropezar cien y mil veces en la misma piedra. Y mira que los humanos parecemos estar hechos de una manera defectuosa, ya que caemos y recaemos en los mismos errores, incluso en diferentes etapas de la vida. La meta estรก en desbrozar todos aquellos obstรกculos que surgen y desaparecen como si fueran las pruebas a superar de cualquier videojuego que se precie. 

Deseo de cambio

No hace falta aplicar defensas, eliminar enemigos o buscar alianzas contra natura, porque la calzada quedarรก expedita simplemente con la aplicaciรณn voluntariosa de desear el cambio. Es mรกs fรกcil de lo que creemos. Simplemente hay que emplearse en ello y no decaer si aparece alguna dificultad. El resultado merece la pena.


ILUSTRACIร“N | NANA PEZ
La รบltima puntada

La รบltima puntada

ILUSTRACIร“N | EVA VAN PASSEL GAMBรN

En plena vorรกgine a causa de la polarizaciรณn polรญtica, las preocupaciones por el encendido de luces navideรฑas, los sobresaltos por la subida de los precios y los bombardeos de los โ€˜single daysโ€™, โ€˜Black Fridayโ€™ y demรกs zarandajas consumistas, se asoma la cotidianidad. Esa que lleva consigo los pequeรฑos acontecimientos de la vida que conforman el verdadero relato de la actualidad de la gente comรบn. Esa que no termina de completar el cambio de temporada en los armarios y lleva un lรญo de ropa de mil demonios. La que empieza a preguntarse dรณnde cenarรก en Navidad. La que ansรญa en que finalicen las obras en su ciudad o la que se sorprende del porquรฉ de esa proliferaciรณn de tiendas de productos y accesorios para uรฑas, bien sean de gel, acrรญlico, polygel, de esmaltado permanente o decoraciones. Un sinvivir, ya lo ven.

Irse del mundo

La muerte se cruza en esa ruta de la normalidad y, en algunos casos, en silencio y sin llamar la atenciรณn. Como la que he vivido este pasado fin de semana conย la marcha de la hermana Catalina Mediola, ‘Cati’, una religiosa deย la orden Concepcionista Franciscana de la comunidad del convento de Santo Antonio, en Murcia. Una marcha que ha sido la confirmaciรณn de que nos vamos de este mundo, en buena parte de las ocasiones, como hemos transitado por รฉl. En su caso, calladamente, de manera imperceptible, rodeada de las personas con las que ha compartido cercanรญa en su opciรณn de vida y con tiempo suficiente para la despedida de familiares y amigas. Una muestra de que el paso a otra dimensiรณn se puede recorrer desde la contemplaciรณn amorosa a su nuevo estado.

Sencillez y humildad

Cuando la velaba en el silencio de la capilla monacal, repasaba aquellos valores que habรญan sido su sello a lo largo de mรกs ocho dรฉcadas de vida. Cualidades necesarias que cobraban especial sentido en estos dรญas dondeย el ruido, el odio, los insultos y las descalificaciones sin mรกs se han convertido en moneda comรบn. Tanto es asรญ que estamos contagiados de unaย irascibilidad imperdonableย frente a la bรบsqueda del bien comรบn.

En el inventario rememorado ante las imรกgenes de Clara de Asรญs y Antonio de Padua destacaba la humildad, ese conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo a aquel. Por supuesto, ser una persona agradecida. Tambiรฉn la sencillez para actuar sin pretensiรณn, dobles intenciones ni vanidad, sino de modo sincero, espontรกneo o natural. O el cuidado de cada detalle, emocionar con pequeรฑos gestos, pensar con quรฉ sorprender a cada persona, dedicar un poquito de su tiempo.

Don de la escucha

Que Cati fuese una artista de lo minucioso dan fe las innumerables piezas de frivolitรฉ o de encaje de bolillos que elaborรณ a lo largo de su vida.ย Pendiente de cada pormenor humano de quien se cruzase en su vida, ha sido el mรกs vivo ejemplo de que no podemos pasar por la existencia de las personas sin conmovernos ante sus historias, ante sus ilusiones y desvelos. Incluso para intentar una รบltima puntada a la ropa de quienes han sido sus cuidadoras en los รบltimos dรญas. Un botรณn a punto de desprenderse o una costura suelta eran motivo suficiente para una invitaciรณn a bordarlos.

Las religiosas contemplativas tienen ese don especial para no dejar escapar ese pespunte, ese dobladillo, ese hilvanado. Es el don de la escucha, de captar lo que se esconde detrรกs de unos ojos, de una mirada, de un gesto. Seducidas por la gracia de quien nos quiere por encima de todo, la vida contemplativa estรก repleta de una actividad que trasciende los muros de un monasterio. Poseen la fuerza incontenible que les permiteย la capacidad de alcanzar la esencia del corazรณn de quienes deambulamos en el proceloso mar de la vida ordinaria. Una fortaleza que llega de quien nos trasciende y que se hace vida en la oraciรณn, verdadero alimento que no sufre de altas y bajas de precios, queย no es pasto de especuladores ni de รญndices bursรกtiles. Cati, como el resto de sus hermanas, nunca da puntada sin hilo.


De izquierda a derecha, Concha, Cati y Maribel, junto a otra hermana de la orden concepcionista franciscana, en el Obrador Convento San Antonio (calle Zarandona, 4, en pleno centro de Murcia), donde se venden los productos artesanos elaborados por esta comunidad religiosa.

Cati es una de las tres รบltimas religiosas de la orden Concepcionista Franciscana que mantvieron abierta la comunidad del Monasterio de La Encarnaciรณn en Yecla (Murcia). Junto a sus hermanas Concha y Maribel se trasladรณ hace unos aรฑos al Convento de San Antonio, en Algezares (Murcia), donde falleciรณ el pasado viernes 10 de noviembre. Desde niรฑo he estado siempre muy ligado a esta comunidad contemplativa. En su convento de Yecla participรฉ en sus encuentros de oraciรณn, ademรกs de meditaciรณn zen. Fui testigo de su cercanรญa a la gente, desde la clausura, y su iglesia estรก ligada a celebraciones familiares y parroquiales. El ejemplo de vida y de ejntrega generosa a la contemplaciรณn siempore estรกn presente en mi vida y en la de mi familia.

ร‰tica del cuidado y kardรญa

ร‰tica del cuidado y kardรญa

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Entre el nuevo y grave episodio del conflicto palestino-israelรญ y la imagen de la Espaรฑa se rompe protagonizada por esos grandes personajes de la unidad y la concordia, como son Abascal, Ayuso y Feijoo, me permito introducir un espacio de sosiego para reflexionar sobre de lo que apenas se habla en lo que nos va la vida: el cuidado. En concreto, sobre El principio รฉtico del cuidado (La Tapia, 2023), un libro que vio la luz a comienzos de este aรฑo de la mano de dos editores del extrarradio geogrรกfico y del pensamiento acadรฉmico crรญtico, Juan Escรกmez Sรกnchez y Ramรณn Gil Martรญnez. Un texto que nace afectado de lleno por la experiencia de la pandemia en nuestras vidas y el conflicto entre Rusia y Ucrania. Desde la constataciรณn de la vulnerabilidad del ser humano, que traspasa aquella convicciรณn de que todo estaba bajo control.

Vulnerabilidad

A este contexto que ha dado tantos frutos bibliogrรกficos se le pueden sumar una infinidad de situaciones vitales que salpican la realidad de lo cotidiano o de lo que, aparentemente, pueda resultar mรกs distante. Hablamos de los dramas humanitarios en cualquier parte del planeta, las migraciones, los desastres naturales y aquellos provocados directamente por la intervenciรณn del hombre. Nuestra civilizaciรณn tiene mucho de gigante con pies de barro. Es precisamente esa vulnerabilidad la que nos ha llevado con mรกs intensidad a la afirmaciรณn de que necesitamos cuidados y a preguntarnos si sabemos los que nos pasa, si estamos preparados para ellos, quรฉ podemos hacer y, sobre todo, a quiรฉnes afecta la realidad del cuidado.

Universalizaciรณn del cuidado

A lo largo de los nueve capรญtulos que componen esta monografรญa tenemos elementos mรกs que suficientes para entrar en el juego de la reflexiรณn, el anรกlisis cientรญfico y el rigor intelectual y a la vez poner los pies en el suelo para salir al encuentro, con el resto de los mortales, en las periferias de nuestros mundos. Desde los fundamentos de la รฉtica del cuidado a los sujetos de la misma, para acabar con la relaciรณn con la Inteligencia Artificial, el sistema educativo y la universalizaciรณn del cuidado en la familia humana.

Un apartado, sin embargo, que, a mi juicio, es uno de los meollos de este trabajo, es el que tiene que ver con el cuidado de uno mismo. Porque a estas alturas de la pelรญcula, ademรกs de definir al ser humano como vulnerable, esto es, reconocerlo como ser relacional, interdependiente e inacabado, podemos afirmar que quien no sabe cuidar su cuerpo, su mente y su corazรณn no podrรก acoger con verdadera entrega ni responder adecuadamente a la demanda de cuidados de las otras personas.

Huir de la autosuficiencia

La semana pasada, al hilo de la รบltima columna sobre lo irascible que estamos, un amigo de hace aรฑos y colega en estas mismas pรกginas me decรญa que todo eso de lo que hablaba se curaba con la edad. Seguro que tiene razรณn, pero intuyo que, ademรกs, necesitamos ponernos frente al espejo de nuestra realidad para una sincera bรบsqueda del sentido y de la relevancia del cuidado de uno mismo. Pesquisas, como reconocen los autores, en las que debemos alejarnos de posiciones narcisistas sobre el propio yo, que generalmente conducen a no conocerse a sรญ mismo, sino a identificarse con imรกgenes proyectadas, en cierto sentido falsas y alienantes. Tambiรฉn habrรก que huir del paradigma falaz de la autosuficiencia producto de la fantasรญa del subjetivismo y del individualismo. ยฟNo les suena esto ante tanto ego suelto en nuestros ambientes o en las realidades de la polรญtica y el trabajo profesional?

El cultivo del pensamiento crรญtico, el cuidado del propio cuerpo y mente, el fomento de la autoestima, la fuerza de la voluntad y el cultivo de la inteligencia emocional son los ingredientes esenciales para un camino que nos lleva de la prosocialidad (nuestra preocupaciรณn por el otro) a la fraternidad universal. Es el vรญnculo que articula a todos sin distinciones y, porque une, mueve a corregir las desigualdades y a ejercer la libertad con mรกs responsabilidad. Fratelli Tutti, la encรญclica del papa Francisco sobre la fraternidad y la amistad social, centra su mirada, precisamente, en dos actitudes vitales: el cuidado y el encuentro, que deben impregnar todas las respuestas a los procesos de reconstrucciรณn y recuperaciรณn que necesitamos. Y ello, tanto en el plano personal como en el comunitario.

Apuesta por la cordura

La defensa del principio del cuidado no entra en contradicciรณn con el principio de la justicia. ร‰sta propugna el trato igual a todas las personas, mientras que el que sostienen los autores, el primero, propugna lo contrario: el trato desigual a todas ellas. Se basa en la dependencia y la vulnerabilidad del ser humano frente a la autonomรญa promulgada por el de justicia. Pero no se contraponen. Sobre todo, si, como Adela Cortina, apostamos por la cordura en estos tiempos, virtud humana por excelencia en la que confluyen la prudencia, la justicia y la kardรญa, la virtud del corazรณn lรบcido. Casi nada. De ahรญ que formar en la compasiรณn, en la capacidad de ser con otros y de comprometerse con ellos es, a su juicio, la clave irrenunciable de la formaciรณn humanista que debe ofrecerse en el siglo XXI. Sumรฉrjanse en este libro y seguro que encuentran motivos para la esperanza y el comienzo de un camino para contemplar su realidad de otra manera. Y si no es suficiente, busquen los diez problemas que Jorge Bergoglio considera que hay que acometer para un futuro con esperanza, con el que los autores cierran su trabajo. Casi nada.


Por gentileza de los autores, el libro estรก disponible para ser leรญdo y/o descargado desde aquรญ.


A cara de perro

A cara de perro

Ilustraciรณn | NANA PEZ

Percibo en los รบltimos tiempos un constante empeoramiento en cรณmo nos relacionamos los humanos. Tenemos la piel muy fina en el trato, de tal manera que saltamos a la primera de cambio

Quien tiene o ha tenido un perro sabe que, por muy dรณcil y obediente que sea, hay otros canes que les provocan un enfurecimiento tal que son difรญcilmente controlables. No se conoce muy bien la razรณn de por quรฉย se alteran de tal manera que pierden el sentidoย cuando se cruzan por la calle o se advierten desde un balcรณn, una puerta de garaje o en un encuentro fortuito en el pipicรกn.ย Despiertan su lado mรกs fiero y no consiguen calmarse hasta que ya estรกn a una prudencial distanciaโ€ฆ aunque siempre ojo (y olfato) avizor.

Algo similar ocurre con las personas, pero de una forma mรกs habitual que los singulares casos de los cรกnidos. Percibo en los รบltimos tiempos un constante empeoramiento en cรณmo nos relacionamos los humanos. Tenemos la piel muy fina en el trato, de tal manera que saltamos a la primera de cambio, nos erizamos y sacamos la parte mรกs salvaje del gรฉnero humano. Imagino que se han fijado ustedes en que nos hablamos con un volumen de voz muy alto, estallamos ante cualquier comportamiento de alguien que no se ajusta a lo que esperamos de ella. La tolerancia la dejamos a un lado y nos colocamos en posiciรณn de combate como si nos fuera la vida en ello.

Afrenta y duelo

Que alguien se nos cuele en la fila del autobรบs o del Mercadona lo consideramos como una afrenta merecedora de un duelo a pistola en toda regla. Si delante de nuestro coche llevamos otro vehรญculo que va un poco mรกs lento de lo que consideramos correcto, su conductor merece un correctivo que empieza con el insulto y acabarรญa en el paredรณn. Si se nos cruza una bici o un patinete, aunque vayan por su carril correspondiente, les soltamos un estufido. No soportamos que la persona que atiende al pรบblico en cualquier oficina lleve un ritmo mรกs pausado que el que para nosotros tendrรญa que ser el ideal. Nos saltamos el semรกforo cuando acaba de ponerse en rojo, y lo que es mรกs grave, lo justificamos a nuestros acompaรฑantes.


A lo sumo, somos capaces de reconocer que la polarizaciรณn y el enfrentamiento son la tรณnica dominante

Molestan los gritos de los niรฑos que estรกn en la mesa de al lado en el restaurante. Nos irrita sobremanera que la camarera no nos limpie la mesa al instante en el bar o que el repartidor de Amazon llegue media hora mรกs tarde de la prevista. Ni quรฉ decir que la conexiรณn de internet vaya lenta, que no nos respondan al instante un mensaje de WhatsApp o que la foto o el vรญdeo de marras no se abra a la orden de ya. Maldecimos al entrenador de nuestro hijo porque no lo saca de titular en el primer equipo y nos ponemos de los nervios si nuestra pareja nos coloca frente a nuestras contradicciones o incumplimientos de promesas. Y suma y sigue, despropรณsito tras despropรณsito.     

No seamos ingenuos

Vivimos un tiempo en el que, a lo sumo, somos capaces de reconocer queย la polarizaciรณn y el enfrentamiento son la tรณnica dominante. Eso sรญ, la culpa siempre la tienen otros, especialmente los polรญticos, que son los causantes de todos los males del mundo mundial que nos aquejan. Bien es verdad que sus comportamientos, en numerosas ocasiones, dejan bastante que desear. La reciente investidura fallida ha sido una muestra. Miedo me da la que se avecina, aunque el clima polรญtico arrastra un deterioro desde hace demasiado tiempo. Ya sabemos que cuando la derecha no gobierna se cae el mundo encima. Y queย gobierno Frankenstein es todo aquel en el que no estรฉ alguno de los partidos salva patrias.ย ย 

Pero no seamos ingenuos. No nos engaรฑemos. De lo que estamos hablando es de que aquรญ cada quien y cada cual tiene su parte de responsabilidad. No escabullamos el bulto.ย La irascibilidad no entiende de fronteras ni de personajes, ideologรญas o colores. La cรณlera es patrimonio comรบn de quien no es capaz de respirar con serenidad, de evaluar consecuencias, de serenar el รกnimo y de ejercitar la santa paciencia. De cultivar mรกs el silencio en esta tierra seca en la que hemos convertido nuestras monรณtonas vidas.ย 

Dueรฑo de los silencios

La mรกxima aristotรฉlica de que cada uno es dueรฑo de su silencio y esclavo de sus palabras deberรญa de ser la principal norma de comportamiento en estos estridentes tiempos. Seguro que nos ayudarรญa a templar el ambiente si ponemos en prรกctica contar hasta diez, o hasta cien, quiรฉn sabe, antes de escupir una respuesta o una simple reacciรณn ante algo que nos altere. Al menos nuestros hijos o nietos tendrรกn un referente distinto al que ven a diario en las actitudes de sus mayores. No olvidemos tampoco la desconexiรณn digital y de que el mundo no se hizo en un dรญa. Demos tiempo al tiempo y practiquemos.


ยฟQuรฉ hay de nuevo, viejo?

ยฟQuรฉ hay de nuevo, viejo?

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Quizรก sea porque en unos dรญas cumplo aรฑos y llego al final de una dรฉcada. O porque me veo sentado en el sofรก mientras pasa la vida. Quiรฉn sabe porque en el gimnasio me consuele ver a una octogenaria estirando en la barra. O tal vez porque ya en mi trabajo no sea el mรกs joven y buena parte de las conversaciones tengan que ver con el perรญodo que resta de vida laboral. Acaso porque en la lista de Lo que no te puedes perder de Spotify no conozca a la mitad de las artistas o nunca me hayan atraรญdo los videojuegos y me quedase en las mรกquinas de bolas. O la suma de todos estos elementos. El caso es que el tiempo cobra un nuevo sentido en la medida en que trato de vivir el presente sin permanecer anclado en el pasado ni estar en alerta ante el futuro.

Probablemente esa perspectiva explique de alguna manera el hecho de que tras las prรณximas elecciones podamos volver al pasado, sin pena ni gloria, y sin mรกs razรณn aparente que la visceralidad de algo tan lรญquido o evanescente como un concepto asociado a un apellido. En realidad, no sรฉ si puede servir de algo trazar una lรญnea temporal entre la oscuridad y la luz para entender quรฉ ha podido pasar entre un instante y otro. De lo que apenas cabe duda es que el gรฉnero humano tropieza mil y una veces en la misma piedra, canto, china o guijarro. Y aquรญ paz y despuรฉs gloria. No se tratarรญa de un regreso sin mรกs a una รฉpoca remota sino a unas fรณrmulas de abordar la economรญa y los desafรญos medioambientales ya conocidas. Aquellas que tienen que ver con dirigir el foco hacia el sรกlvese quien pueda. Y ya lo saben, en ese camino hay muchos que se quedan en los mรกrgenes mientras que otros tratan de sobrevivir pagando un alto precio.

Repetir lo aprendido

Cuando nos empeรฑamos en mirar hacia atrรกs tenemos la oportunidad de hallar explicaciรณn a hechos que, hasta ahora, se habรญan sumado a la maleta que arrastramos sin apenas enterarnos. Aparece la tentaciรณn de repetir lo aprendido porque esa falsa seguridad nos permite creer que estamos en el camino correcto. No obstante, al final volvemos a caer en aquellos errores que, de manera cรญclica, nos han impedido avanzar con un paso firme. Giramos sobre el mismo eje en el que se han sustentado, hasta entonces, nuestras convicciones. Y ello sin percibir que estamos otra vez en el mismo punto de partida. Nos conformamos en el autoengaรฑo de haber caรญdo en la cuenta de lo que hasta entonces no tenรญa razรณn de ser. Maldito error.

Creemos que son cosas de la edad, pero no es asรญ. Lo fรกcil es achacar al valor del tiempo las razones de una parรกlisis en el campo de las convicciones, de los proyectos, de las utopรญas. Descalificamos a quien no coincide con esta visiรณn del momento presente, del mundo, de sus conflictos y de todo lo que no sea conocido y encorsetado en lo aparentemente idรณneo. El resto parece cosas de ilusos, con acusaciones hacia estos jรณvenes del tipo de que no saben lo que vale un peine o de que lo han tenido todo muy fรกcil. Pero, sinceramente, si eso es asรญ, ยฟno habrรก una gran parte de responsabilidad de todo ello que recaiga en quienes se atreven a lanzar imputaciones a diestro y siniestro?

Mantener el statu quo

No nos engaรฑemos, ni queramos atribuir a cuestiones del calendario las diferencias vitales existentes entre quienes viven a gusto frente al riesgo de cambiar aquello que mantiene el statu quo de este mundo que parece ir al desastre. Hay jรณvenes viejunos que parece que nacieron ya cansados, mientras que hay personas mayores que mantienen la frescura del primer dรญa. De estas es el presente y el futuro. De los que no se resignan a enrocarse en lo conocido, en la falsa seguridad que ofrecen las posiciones autรกrquicas, temerosas de las nuevas identidades, de culturas diferentes, de las nuevas maneras de vivir con lo puesto, de la austeridad, de las nuevas formas familiares y, sobre todo, de quienes se deciden a ser pastores con olor a oveja. En definitiva, de poder responder a la pregunta que titula esta columna con aquello de que lo nuevo, viejo, estรก por llegar. Casi nadaโ€ฆ y casi todo.

El valor de la palabra

El valor de la palabra

ILUSTRACIร“N | EVA VAN PASSEL GAMBรN

Desconozco el hecho de si la prรณxima presidenta de Extremadura habrรก podido dormir bien en la รบltima semana. Los problemas de sueรฑo son uno de los males que nos acechan en estos tiempos convulsos. El cuerpo es sabio y no entiende de atenuantes que valgan. Podemos estimularlo con productos que alguna vez funcionaron o tratar de sedarlo con relajantes varios, pero a las emociones no hay quien las detenga, ni en el mejor control dispuesto por la Benemรฉrita. No hay quien les dรฉ el alto sin que nuestro organismo sufra algรบn desajuste.

De ahรญ que Marรญa Guardiola, que asรญ se llama la polรญtica extremeรฑa, no sรฉ si habrรก podido conciliar el sueรฑo despuรฉs del espectรกculo que ofreciรณ tras jurar y perjurar que no dejarรญa entrar en su gobierno a quienes niegan la violencia de gรฉnero o deshumanizan a los inmigrantes. Argumentos que repitiรณ desde ese instante, y dรญas mรกs tarde, en su periplo por programas de televisiรณn y entrevistas en radio y periรณdicos. Sรณlo ella sabe lo que habrรก tenido que vivir hasta llegar al momento de la firma del acuerdo con los hasta entonces malos malรญsimos de Vox y afirmar que su palabra no es tan importante como el futuro de los extremeรฑos. Madre mรญa. Por nadie pase.

Falsas seguridades

No entiendo quรฉ demonios recorre el interior de determinadas personas que son capaces de afirmar con rotundidad una cosa y, unas horas despuรฉs, defender lo contrario. Ademรกs, impertรฉrritas, con la misma falsa seguridad para aseverar un argumento y su opuesto. ยฟTienen estรณmago para soportar los mensajes que sus tripas les deben estar enviando a su cerebro en esos momentos? No lo sรฉ, la verdad. Solo me cabe considerar que, o se han sometido a una gastrectomรญa en toda regla o, cuando menos, a una cirugรญa bariรกtrica que en vez de reducir el buche para perder peso sirva para aminorar la vergรผenza torera de un sonrojo en toda regla.

Los boomers fuimos educados en el valor de la palabra dada. Muchos recordamos a nuestros padres cuando afirmaban que un apretรณn de manos, un acuerdo verbal o una mirada directa a los ojos iba a misa y sellaba un pacto o un contrato. Esto es, que esas expresiones tenรญan igual o mรกs fuerza que una firma en un papel. Es verdad que se le aรฑadรญa, en ocasiones, una expresiรณn sexista de que eso lo hacรญan los hombres que se vestรญan por los pies, pero siempre en el sentido del honor y la dignidad de que los que nos digan que van a cumplir sobre un determinado asunto, lo cumplan. Eso es la palabra dadaโ€ฆ salvo causas de fuerza mayor, porque si estas se dieran siempre tratarรญan de solucionarlo o de hacerlo, cuando las circunstancias se lo permitiesen.

La polรญtica parece haberse convertido en una actividad donde estรก todo permitido. Donde no entran en juego los pareceres de otros รกmbitos a la hora de establecer proposiciones

Ejemplo de lo que hablo, con la agravante de la firma incluida, lo vivimos hace dos aรฑos en la Regiรณn de Murcia cuando quienes suscribieron con su rรบbrica una mociรณn de censura -que se iba a protagonizar en el parlamento regional- se retractaron a las pocas horas. Bueno, algunas de ellas, ni a las pocas horas. Y aquรญ paz, y despuรฉs gloria.

La polรญtica parece haberse convertido en una actividad donde estรก todo permitido. Donde no entran en juego los pareceres de otros รกmbitos a la hora de establecer proposiciones. Se le atribuye al profesor Enrique Tierno Galvรกn, histรณrico dirigente del Partido Socialista Popular (luego integrado en el PSOE), la frase de que las promesas electorales se hacen para no ser cumplidas. En realidad, lo que el entonces alcalde de Madrid le dijo a su vicealcalde Alonso Puerta (y asรญ lo atestiguรณ รฉste) es lo siguiente: โ€œMire usted, Alonso, se dice que las promesas electorales se hacen para no ser cumplidas, pero yo le digo a usted que las que nosotros hicimos las cumpliremosโ€.

Sentir vergรผenza

Por tanto, ya estรก bien de acogerse a una supuesta bula a la que parecen acudir personajes de esa calaรฑa. No, no nos vale que traten de desprestigiar la polรญtica como el terreno en el que todo se permite, en el que se puede decir una cosa y la contraria sin consecuencia alguna. ยฟQuรฉ mensajes estรกn transmitiendo con ello al resto de la sociedad? ยฟY a sus hijos? ยฟO a los hijos de sus hijos?

Sinceramente, estoy seguro de que usted, como un servidor, si protagonizase situaciones como las que conocemos a diario, con promesas incumplidas, acuerdos no respetados, reiteradas mentiras y afirmaciones grandilocuentes que se desvanecen con los hechos de quienes las pronuncian, su reacciรณn serรญa la de meterse en casa y no salir. La vergรผenza que nos producirรญa incumplir la palabra dada serรญa la respuesta normal. Porque la mรญnima รฉtica nos llevarรญa a reconocer que la mentira no tiene que ver con nosotros. Pues ahora, pรณngase a recordar aquellos casos y personas que conoce en los que no se produce esto y piense en sus estรณmagos.


La ilustraciรณn de Eva van Passel Gambรญn estรก basada en el juicio de Osiris. En la mitologรญa egipcia, el alma de los difuntos pasa por un juicio antes de entrar al paraรญso: su corazรณn, que representa sus buenas acciones, serรก pesado contra la pluma de la verdad, que representa los malos actos de la persona. Si la pluma pesa mรกs que el corazรณn, implica que el difunto realizรณ mรกs acciones inmorales que morales. Si, por el contrario, el corazรณn pesa mรกs, para los egipcios esa persona fue buena en vida. Al parecer, para los egipcios las โ€œmalas hazaรฑasโ€ son cosas como mentir, la hipocresรญa o la incoherencia, mรกs que ser โ€œmaloโ€ en el sentido de hacer daรฑo. El dios Anubis es el que tiene la cabeza de chacal, y Tot, el dios de la sabidurรญa (entre otras), el de la cabeza de ave.
Deshumaniza, que algo queda

Deshumaniza, que algo queda

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Cuando Vox habla de los menas como un grupo de menores extranjeros a eliminar de nuestras ciudades y pueblos yo veo a Said, que llegรณ a Murcia en busca de un futuro y ahora es el responsable de una vivienda de acogida de Cรกritas. Said recibe y acompaรฑa a nuevos chavales que estudian y tratan de encontrar un empleo para enviar dinero a casa, a Marruecos, Argelia o Senegal. Veo a un ser humano que podrรญa ser mi hijo y que, por el mero hecho de serlo, tiene dignidad y derechos, por lo menos a la vida, a una vivienda, a la educaciรณn y a un trabajo digno.

Despojar de humanidad

Cuando alguien de Vox se refiere a estos menores extranjeros no acompaรฑados de una forma tan impersonal pretende despojarles de esa humanidad que toda persona posee de manera intrรญnseca. Cuando alguien alcanza un acuerdo polรญtico con Vox se embadurna de las mismas convicciones y odios que derrama este partido por doquier en sus discursos y proclamas. Por cierto, un partido que nace del seno de este que ahora lo necesita para recuperar alcaldรญas y gobiernos regionales.

Donde hay un ecologista Vox ve un ecolojeta. Donde hay una feminista, sea mujer u hombre, da igual, Vox ve una feminazi. Donde hay una ministra de Igualdad Vox solo ve una mujer objeto y sumisa al padre de sus hijos. Donde hay un criterio cientรญfico sobre la crisis climรกtica, el uso de vacunas o la desigualdad social, Vox solo ve una nueva religiรณn apoyada en la Agenda 2030.

En la columna de aciertos de quienes lanzan y difunden sus mensajes se encuentra el descontento que provoca la sinrazรณn de este sistema econรณmico y social.

Eliminar al diferente, a quien se sale de lo que para Vox es la verdad y la naturaleza segรบn sus designios, es el destino universal de quienes se sienten dueรฑos de la razรณn y lo correcto. Quien le rรญe las gracias, lo justifica o se apoya en sus polรญticas para alcanzar el poder al precio que sea es, cuando menos, cรณmplice de sus postulados. Todos sobramos. Todos vivimos en el engaรฑo. No profesamos su religiรณn, sus creencias, sus principios. Esto es fascismo. Sรญ, es fascismo, con todas las letras. Y quien descansa en Vox apuntala una manera de ver el mundo que excluye a quien no comulga con sus axiomas.

Robar la dignidad

En la columna de aciertos de quienes lanzan y difunden sus mensajes se encuentra el descontento que provoca la sinrazรณn de este sistema econรณmico y social. Un enfado generalizado que dirige sus dardos hacia dianas que no cuestionan el sistema como tal. Es mรกs, lo centran en el diferente: el extranjero, el rarito, los colectivos vulnerables, en la intelectualidad que genera rechazo o en quienes profesan una religiรณn que no sea la mayoritaria (eso sรญ, siempre y cuando la mayoritaria no cuestione las injusticias). Para eso tienen a muchos predicadores en la COPE, telepredicadores y tertulianos por doquier. Y si les falta algรบn enemigo al que robarle la dignidad humana siempre les quedarรก Pedro Sรกnchez, como antes trataron de linchar a Zapatero o a Rubalcaba, incluso al propio Felipe Gonzรกlez. De lo que se trata es de deshumanizar al rival, convertirlo en un muรฑeco de feria al que se le pueden lanzar todo tipo de bolas, y no de trapo, precisamente.

Invisibilizar al diferente

Ese proceso mediante el cual una persona o un grupo de personas pierde o es despojado de sus caracterรญsticas humanas no solo estรก en manos de entidades como Vox. Quienes les jalean con mayor o menor intensidad las encontramos en muchas organizaciones empresariales, entre clรฉrigos, corporaciones de derecho pรบblico y miembros de la judicatura, el Ejรฉrcito o de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Cuando estamos tomando un aperitivo en una terraza o paseamos por la calle y se cruza alguna persona reclamando unas monedas y no somos capaces de mirarle a los ojos estamos invisibilizรกndola. La convertimos, casi sin saberlo, en bultos que deambulan por la vida con la dignidad por los suelos. Las personas empobrecidas siempre han molestado un montรณn. Enturbian las conversaciones, nos recuerdan que el supuesto รฉxito en la vida es discrecional, pero es el triunfo para clasificar al personal entre quienes lo han logrado y los que no se lo merecen. Viva la aporofobia.

Desde el mismo instante en el que descalificamos a la persona diferente, a quien no concuerda con nuestros cรกnones de pensamiento, religiรณn, visiรณn del mundo o no sigue los colores de nuestro equipo de fรบtbol, estamos despojรกndole de las รบnicas vestimentas que no ha necesitado comprar en este mercado limitado en el que hemos convertido a nuestro mundo. Luchar contra la deshumanizaciรณn o, mejor dicho, trabajar por la humanizaciรณn, se convierte en una tarea a conquistar.

Problemas de comunicaciรณn

Problemas de comunicaciรณn

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Que, si no se cumplen las expectativas electorales, la razรณn estรก clara: todo se debe a problemas de comunicaciรณn. Que una pareja llega a la ruptura, pues ya se sabe quรฉ tiene la culpa: los problemas de comunicaciรณn. Que en una organizaciรณn afloran las tensiones entre la direcciรณn y las personas subordinadas, entre la direcciรณn misma o las propias subordinadas entre ellas, todo se debe a lo mismo: a los consabidos problemas deโ€ฆ comunicaciรณn. Faltarรญa mรกs. Este argumento repetido como un mantra lo he oรญdo en infinidad de ocasiones, convocatoria tras convocatoria, ruptura de noviazgos o matrimonios y crisis organizacionales en empresas, asociaciones o entidades de diverso signo.

Maldita tesis

Recurrir a esta explicaciรณn es una de las fรณrmulas mรกs utilizadas cuando no se quiere analizar en serio las causas que provocan las derrotas en unos comicios, la separaciรณn entre quienes comparten durante un tiempo una relaciรณn afectiva o las desavenencias en una organizaciรณn cualquiera. Maldita tesis a la que se abonan supuestos expertos en comunicaciรณn polรญtica, terapeutas de andar por casa o consultores, coach o entrenadores de lo ajeno. Esos gurรบs del anรกlisis consiguen hilvanar al principio una serie de ideas que embaucan a las personas afectadas por los resultados de esas expectativas no cumplidas, de las quiebras relacionales en el mundo de los afectos o como miembros de la instituciรณn daรฑada. Las primeras veces parece que dan en el clavo a la hora de explicar las causas de que se trate. Pero cuando se repiten una y otra vez demuestran la pobreza del argumentario esgrimido. Ya les vale.

La excusa de presuntos problemas de comunicaciรณn que expliquen unos resultados electorales u otros esconde, a menudo, la falta de verdaderos liderazgos personales y programรกticos

Las razones que explican este tipo de comportamientos vienen avaladas por una realidad que no se puede eludir. De una parte, por el bombardeo de mensajes que llegan desde todos los frentes. De otra, por los innumerables artilugios que nos hemos dotado para impedir una economรญa de la atenciรณn que facilite la absorciรณn de hechos, noticias, conceptos, ideas y acontecimientos para su anรกlisis sosegado y que permita colocar cada cosa en su sitio. La razรณn ha sido vencida, en buena medida, por la pasiรณn, los mensajes simplistas, la fuerza de las emociones (especialmente aquellas que emergen desde las tripas) y los prejuicios convertidos en mรกximas que no escondan un escenario tal y como queremos verlo. Y entenderlo. El que nos anestesie y genere el mรญnimo conflicto posible.

Vayamos, sin embargo, a esas parcelas de lo concreto. La excusa de esos presuntos problemas de comunicaciรณn que expliquen unos resultados electorales u otros esconde, a menudo, la falta de verdaderos liderazgos personales y programรกticos. Por encima de los anรกlisis simplistas cargados de una supuesta superioridad moral que no se corresponden con los verdaderos problemas del comรบn de los mortales quedan, sin embargo, la ausencia de anรกlisis y la correcciรณn de comportamientos que se repiten sin soluciรณn de continuidad. En el fondo, lo que se quiere eludir es un enfrentamiento directo con las carencias personales y partidarias que anidan entre quienes concurren a esos procesos. Lo cรณmodo es hacer siempre lo mismo, mantener los espacios de confort, frente a los desafรญos que generan incertidumbre. Las personas valientes escasean en este รกmbito de la polรญtica. Predominan, desgraciadamente, las cobardes, las hipรณcritas. Las que buscan acomodo.

Mantener la distancia

Es el mismo destino de quienes no se la juegan en sus relaciones personales. De las que prefieren mantenerse en la monotonรญa frente a trabajarse en la intimidad del silencio, de la escucha y de la mirada desde una cierta distancia que incomoda. Esgrimir las razones de esos problemas de comunicaciรณn en las relaciones interpersonales solo tendrรญa razรณn de ser cuando alguna de las partes no quiera asumir las riendas de su vida. Al final, sin embargo, de lo que se tratarรญa es de eludir o no los compromisos adquiridos, la palabra dada, el empeรฑo conjunto en ampliar la mirada y la responsabilidad en un camino iniciado juntos.

Y quรฉ decir a la hora de abordar lo que surge en el seno de las organizaciones. Mรกs que de comunicaciรณn estarรญamos hablando de abordar la asunciรณn de tareas y cometidos para garantizar el bien comรบn. Se trata de compartir objetivos, interiorizarlos y poner el empeรฑo en el logro de medidas y actuaciones que lleven al puerto que se ha fijado la entidad en cuestiรณn. Ahรญ entran de lleno los factores personales de cada quien y de cada cual, sin dejar a nadie al margen, y aunando voluntades para alcanzar el logro desde las expectativas puestas sobre la mesa. De unos intereses que no son excluyentes, sino que permiten adecuarse a los fines compartidos.

Por tanto, en todos esos supuestos, la comunicaciรณn vendrรก como un elemento que se suma a los que ya surgen a cada instante. Es un factor que adiciona al resto de los que entran en el juego, ya sea electoral, afectivo o, simplemente, organizacional. Sin ir mรกs lejos. ย ย ย ย 

Cuidado con el cuidado

Cuidado con el cuidado

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Al igual que hace unos aรฑos la solidaridad lo inundaba todo ahora hablamos del cuidado como esa palabra mรกgica que todo lo envuelve. Un concepto que va mรกs allรก de las modas y que nuestro sistema es capaz de confundir y devaluar, como eso de la economรญa circular que escuchamos a menudo, una nociรณn que pretende edulcorar a un sistema econรณmico depredador y destructivo de personas, pueblos y ecosistemas de diverso signo.

Suena ya casi pedante afirmar que uno de los grandes efectos que nos mostrรณ la pandemia fue la fragilidad, la vulnerabilidad del ser humano. Sobre todo, de aquellas personas que se vieron mรกs involucradas en la dimensiรณn de la salud y en lo que la rodeaba: las de los รกmbitos sanitarios, educativos y de la acciรณn social. De ahรญ que hablar de cuidado entre muchas de esas personas cansadas es hacerlo sobre su extenuaciรณn laboral ante las cuales no hay respuesta de cuidado sino solo unas palabras convertidas en una moda pasajera.

Cansadas del golpecito en la espalda

Esas gentes, como otras de los sectores esenciales, estรกn hartas del cuidado del que les hablan, porque sienten que estรกn en permanente estado de descuido. Estรกn cansadas del golpecito en la espalda o del recuerdo del aplauso y el Resistirรฉ, mientras que no ven mejoradas sus condiciones laborales. O quรฉ decir tiene, si no se garantiza la sanidad pรบblica y universal para todas las personas. Pero de verdad.

El cuidado se presenta, como reconoce el profesor de ร‰tica, Luis Aranguren, como un Pepito Grillo en la base de un estado de bienestar que se niega a ser desmantelado, y se aleja de un voluntarismo emotivista que se mueve con aquello del โ€œno te preocupes, que todo va salir bienโ€, como estamos acostumbrados a escuchar en pelรญculas y series. Hablar del cuidado lo tenemos que hacer, sin embargo, en medio del contexto de una humanidad en crisis, herida, en el que se han sobrepasado los lรญmites del crecimiento. Cuanto antes nos demos cuenta de ello antes podremos hacerle frente. Por mucho que pretendamos mirar hacia otro lado. Nuestro bienestar se sustenta en haber esquilmado al planeta de sus recursos naturales.

Cuidar o perecer

La alternativa, por tanto, es un cuidado que surge como paradigma gobernado por la razรณn cordial y que siente, abierta al largo plazo y asentada en la interdependencia y la ecodependencia, como asegura Aranguren, que son unas claves antropolรณgicas y espirituales. โ€œO cuidamos o perecemos como especie humanaโ€, afirma Leonardo Boff. Un cuidado que es una protesta contra toda forma de dominio, control o abuso entre personas o de las personas y la naturaleza. Y promotor de una cultura donde el respeto, el reconocimiento y la confianza se ejercen con esmero.

Quรฉ decir tambiรฉn de poner el cuidado en el centro de las organizaciones, incluidas las religiosas. Un cuidado que abre grietas en unas estructuras cada vez mรกs oxidadas. No tenemos que irnos muy lejos. Desde el lugar mรกs cercano, nuestras familias, a las instituciones educativas, polรญticas o econรณmicas en las que la persona no suele ocupar el centro de las preocupaciones. Organizaciones que deben de estar atravesadas por la participaciรณn (donde se detecta lo comรบn y aleja a los controladores), la colaboraciรณn (con un propรณsito compartido de modo horizontal y circular) y el dinamismo (con apertura a la evoluciรณn en el que la persona estรฉ por encima de resultados).

En el centro del debate

En este descubrimiento de diferentes dimensiones del cuidado, tal y como expresa el profesor Aranguren, hay un aspecto que llama poderosamente la atenciรณn. No es otro que el de que, probablemente, se llega al cuidado desde la experiencia del descuido con uno mismo (de eso hablaremos en otro momento), con los demรกs y con el planeta. De ahรญ que cuidado y justicia se entremezclen en una dimensiรณn de la รฉtica que no es contradictoria, sino que persiguen un objetivo que no es otro que el de la humanizaciรณn de nuestro mundo.

El concepto del cuidado (o el mรกs amplio, de los cuidados), por tanto, estรก ya ocupando el centro de los debates sobre el presente y el futuro de la humanidad. Permanecer atentos a que el sistema no lo engulla y lo mercantilice, como lo hizo con la solidaridad, es uno de los grandes retos que tenemos por delante. El cuidado transforma, moviliza. Es disruptivo con el orden vigente. Bienvenido sea.


Una visiรณn mรกs amplia de esta dimensiรณn del cuidado la podemos encontrar en el Tema del Mes de junio 2023 de la revista www.noticiasobreras.es, escrita por Luis Aranguren Gonzalo sobre ยซEl cuidado que transforma y comprometeยป

Aprender de la ira

Aprender de la ira

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Mentirรญa si les dijera que no me afectรณ la pasada campaรฑa electoral. Por bronca y por no aterrizar en los verdaderos asuntos que afectan a las ciudades y regiones. Ni quรฉ decir los resultados en determinados municipios y comunidades autรณnomas. Ya les confesรฉ hace un par de semanas que me sentรญa extraรฑo en medio de este espectรกculo polรญtico en el que vivimos desde hace unos meses. Que no somos tontos, oiga. Por diversas razones que no vienen al caso intuรญa que este ciclo iba a pasar factura a la gestiรณn de ayuntamientos y gobiernos autonรณmicos por los que siento una especial sintonรญa. Pero eso sรญ, de las noches electorales ya descubrรญ hace tiempo (como de cualquier dimensiรณn de la vida) que las enseรฑanzas que debemos aprender tienen que ver con lo que uno ha hecho. Y que hay que hacerlo con la valentรญa necesaria para reconocer cuanto antes dรณnde estรกn los errores con el fin de tratar de enmendarlos. De ello de nada sirve esconder la cabeza o esparcir responsabilidades a diestra (las habituales) y siniestra (las menos).  

Respuesta primaria

De las muchas lecciones que podemos aprender de las circunstancias adversas hay una que me cuesta especialmente gestionar. Es la que tiene que ver con esa sensaciรณn interna de molestia, enojo, irritabilidad, fastidio o indignaciรณn a causa de la sensaciรณn que provoca una situaciรณn de desprecio u ofensa. Tambiรฉn de injusticia o contrariedad ante una expectativa no cumplida. Hablo de la rabia como emociรณn que emana de una forma visible de nuestro ser, como expresiรณn de que algo no estamos gestionando de manera adecuada. Es ese mecanismo de respuesta primaria que poseemos los seres humanos como reacciรณn al desprecio individual o colectivo ante un hecho que, aparentemente, no tiene por quรฉ llevar aparejada una rรฉplica que resulte satisfactoria.

No me negarรกn el hecho de que cuando experimentamos esa emociรณn nos encontramos a pie de pista, en primera lรญnea de una carrera a punto de comenzar. El punto de mira lo tenemos activado hacia una meta con el fin de restablecer un territorio que consideramos perdido de antemano gracias a la fuerza y a una resistencia envidiable.

Cauces desbordados

En ese camino de restituciรณn de lo extraviado o lo dejado escapar se configuran una serie de respuestas a esa emociรณn frente a las que podemos situarnos de desigual forma: no expresarla nunca, hacerlo habitualmente o ejercer un control sobre ella. En este รบltimo caso, decidir si se muestra o no. De esa trรญada de reacciones, la primera es, a mi juicio, la peor. Es la que vivimos a diario cuando nos reprimimos de tal manera que nuestro cuerpo nos pasa factura cual acreedor cansado del engaรฑo de la persona mal pagadora.

Hay que saber pisar el freno y el embrague, cambiar de marcha y mantener el pie en el acelerador para presionarlo cuando el momento lo permita se convierte en la mejor prรกctica de supervivencia en los recorridos vitales.

La energรญa que se moviliza no encuentra vรญa alguna de canalizaciรณn. Es lo que sucede con esas ramblas invadidas por la construcciรณn en nuestras ciudades que, cuando llegan unas simples lluvias, no hay conductor atrevido que las cruce. Pues aquรญ nos enfrentamos a esos desbordamientos de cauces sentimentales que arrasan con todo lo que se les pone por delante. Esa supresiรณn nos permite, de manera aparente, llevar una vida considerada como normal, pero las consecuencias estรกn ahรญ y las conocemos bien.

Equilibrio necesario

Bien es verdad que expresar de manera habitual la ira, por el contrario, resulta mรกs que saludable para el organismo, pero, a nivel social, las repercusiones son negativas en las relaciones de la persona. El equilibrio es necesario porque una expresiรณn desmedida de esa rabia puede conducirnos a la toxicidad y a derramar, por tanto, toda esa bilis generada en el รกmbito de los intercambios sociales, y por ende, humanos. De ahรญ que el control de esta emociรณn aporta la madurez y las vitaminas necesarias para gestionar el alimento que nuestro cuerpo precisa para afrontar cualquier circunstancia que se nos presente. La vida no es una lรญnea continua, por mucho que nos empeรฑemos, sino que en el trayecto aparecen continuos cambios de rasante, intersecciones, lรญneas continuas y pasos de cebra. Saber pisar el freno y el embrague, cambiar de marcha y mantener el pie en el acelerador para presionarlo cuando el momento lo permita se convierte en la mejor prรกctica de supervivencia en los recorridos vitales.

Las peores heridas

Las peores heridas

Imagen de Leopictures en Pixabay

Durante mucho tiempo creรญ acerca de la existencia de personas, contextos, situaciones o elementos externos al ser humano como los causantes de casi todo lo que nos sucede. Si naces en el seno de una familia determinada, sus ancestros -que son los tuyos- arrastran tras de sรญ una serie de vivencias que llevan de manera inexorable aparejada una manera de hacer y sentir de la que apenas te puedes escapar. La creencia en que esas personas o esos contextos son determinantes a la hora de explicar tus comportamientos te facilitan esa sensaciรณn de impunidad a la hora de pensar de por quรฉ uno hace las cosas como las hace. Esto es, de una manera inconsciente. Y ese atolondramiento te relaja, te permite respirar sin agobios y comportarte de una manera en la que, engaรฑosamente, te sientes libre.

Hilo fino al victimismo

No me negarรกn que esto no les suena. De aquรญ al victimismo hay un hilo muy fino, y es el que a los idiotas les facilita el terreno para comportarse en la vida como si nada les fuera exigible. Es decir, el hecho de carecer del menor sentido de la responsabilidad de lo que pasa a su alrededor tratan de paliarlo buscando siempre la excusa de que no son responsables de nada. Tenga ese cometido que ver con el medio ambiente, la polรญtica, la economรญa o los comportamientos cotidianos. Nos referimos al trecho que apenas alcanzan en cualquier comportamiento y es el que para otras personas marca la frontera del compromiso y la mala conciencia o el sentido extremo de la autorรญa del aspecto que sea.

Conozco a muchas personas a las que les cuesta sobremanera abandonar ese espacio de dolor. Si uno no es capaz de reconocer esa parte de la realidad difรญcilmente pondrรก los medios para sanar esas heridas.

Ese รบltimo lugar es en el que existe un verdadero peligro de caer una y otra vez. Es el espacio en el que tropezamos una y mil veces quienes fuimos educados en la bรบsqueda de una identidad ocultada por las circunstancias. Es el terreno habitado entre una y otra posiciรณn en la vida. No es un tรฉrmino medio, desgraciadamente, porque si asรญ lo fuera crecerรญamos en su cauce sin sentido de culpa. Todo lo contrario. Es un maldito extremo en el que todo lo hacemos nuestro. Es la periferia en la que siempre estamos en alerta, en la que no nos permitimos el mรกs mรญnimo error. Es el flanco dรฉbil sobre el que recaen todas las expectativas del mundo mundial. Las reales y las que convertimos en un escenario de confusiรณn que nos lleva, de manera indisoluble, a sentirnos fuera de la realidad.

15 Peores heridas
Ilustraciรณn | EVA VAN PASSEL GAMBรN
Camino a la autoagresiรณn

Conozco a muchas personas a las que les cuesta sobremanera abandonar ese espacio de dolor. En primer lugar, porque no son conscientes de hallarse en un oscuro rincรณn que solo conduce a la autoagresiรณn. Si uno no es capaz de reconocer esa parte de la realidad difรญcilmente pondrรก los medios para sanar esas heridas. De ahรญ que sea complicada combatir la infecciรณn de esas magulladuras, porque es entrar de lleno en unas grietas de las que no somos conscientes. Cuesta mucho identificarse, por otra parte, como el principal arquero de esas flechas que tenemos repartidas por el cuerpo, por esas saetas lanzadas sin destino fijo, de manera aparente, pero que mรกs pronto que tarde asoman clavadas en la piel y que explican el dolor sentido.

Hay una cuestiรณn clave en este tipo de heridas. Es que no somos conscientes de ellas. Bueno, en realidad, sus efectos los padecemos de mil y una maneras: ansiedades, depresiones, apatรญas, insomnios, angustias, adicciones de diverso signo, estreรฑimientos varios, malestar general, dolor de cabezaโ€ฆ A veces tenemos suerte, o no se sabe bien quรฉ astros o entes se conjuran, y aparece en mitad de la vida, como un regalo, esa persona que es capaz de conectar desde el primer instante con tu psique y te ayuda a romper ese maldito juego autodestructivo. Si no es asรญ, no hay antidepresivo, laxante o analgรฉsico que valgan si antes no se descubren las claves que explican esas agresiones que nos causamos desde no se sabe cuรกndoโ€ฆ aunque revelemos el porquรฉ. En otras ocasiones, por el contrario, el destino parece habernos jugado una mala pasada y nos mantiene en ese estadio de sufrimiento que no lleva a parte alguna.

Derecho a la felicidad

Pero llegado el instante de la consciencia, que no es otro que el del conocimiento de la propia existencia, las riendas de la vida ya no pueden estar en manos de nadie mรกs que de la propia persona. Por salud, por derecho a la felicidad, por la fuerza que el ser humano posee frente al propio ser que quiere llevarle al fracaso. No, queridas heridas, hรกganse a un lado porque ha llegado el tiempo de la sanaciรณn.        

Silencio de un reloj de arena

Silencio de un reloj de arena

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Acaban de regalarme un reloj de arena. Sรญ, amiguitos y amiguitas, un reloj de arena es ese instrumento mecรกnico que sirve para medir un determinado perรญodo de tiempo. Tiene dos receptรกculos de vidrio conectados entre sรญ permitiendo el flujo de arena desde el situado en la parte superior al de la inferior. A quienes no lo hayan visto en vivo y en directo les remito a esos dibujitos que aparecen girando sobre sรญ mismos cuando en ocasiones cambiamos de pantalla en un ordenador personal o intentamos arrancar una aplicaciรณn. Los hay de diferentes tamaรฑos y, por tanto, de cantidad de arena que pasa de un lugar a otro, lo que permite delimitar claramente el principio y el final del periodo de tiempo en el que se requiere concentraciรณn.

Paso del tiempo

Desconozco la intencionalidad profunda que anidaba en quien me ofreciรณ el obsequio, porque el tiempo de duraciรณn del que desde hace unos dรญas estรก sobre mi mesa de trabajo es de quince minutos. Ni mรกsโ€ฆ ni menos. Un espacio suficiente para que la vista se me nuble si quiero seguir el ritmo con el que esos granos de arena se derraman desde el cubรญculo de arriba al de abajo. La donante me ha confesado que era una invitaciรณn a ser consciente de la realidad, a reconocer el paso del tiempo y a valorar el silencio. Sรญ, como suena. La paz, el sosiego o la tranquilidad, esos instrumentos imperceptibles y tan repletos de valor. Esos lujosos instantes que a menudo anhelamos pero que, en buena parte de las ocasiones, eludimos porque nos ponen en un brete. Menudo despropรณsito.

Guardar silencio en estos tiempos convulsos y de polarizaciรณn no es un hรกbito que goce de gran predicamento

No es mรกs verdad que esa sentencia atribuida a Aristรณteles de que uno es dueรฑo de sus silencios y esclavo de sus palabras, en cuanto que nos sitรบa en una posiciรณn de control de situaciones y, sobre todo, de las emociones que se disparan en multitud de momentos. Porque en innumerables circunstancias tendrรญamos que habernos mordido la lengua antes que destapar nuestras cartas. Pero guardar silencio, mรกxime en estos momentos de convulsiones polรญticas y sociales, no es un hรกbito que goce de gran predicamento. Todo lo contrario. Cuanto mรกs ocurrente sea una respuesta ante una situaciรณn de enfrentamiento o debate quien ejerce ese papel dominante parece ganar mรกs terreno. Lamentablemente es asรญ, pero el precio que a menudo hay que pagar es muy alto.

Menudo dilema

Una amiga me confesaba hace unos dรญas que en el silencio de una capilla que permanece abierta dรญa y noche habรญa encontrado un poco de sosiego ante lo que bullรญa en su interior. Toda su vida ha girado en estar ahรญ, siempre dispuesta para resolver los problemas de los demรกs, fueran sus hermanos, sus padres, sus hijos o el resto del mundo mundial. ยฟY a mรญ cuรกndo me toca?, se interrogaba. ยฟPor quรฉ no ha encontrado antes un lugar para mirarse a sรญ misma y disponer de la posibilidad, incluso, de equivocarse en su camino? Menudo dilema, con el agravante de que habรญa sido educada en la creencia de que si se preocupaba de ella misma era una egoรญsta y contravenรญa los designios de no se sabe bien quรฉ ser superior que nos juzgaba por ello. Esas disyuntivas morales, en las que la culpa aparecรญa cuando menos la esperaban, le habรญa acompaรฑado toda su vida.

Hombres grises

Esa niรฑa habรญa querido ser un dรญa un hombre cuando su padre la habรญa interrogado sobre su futuro. Un varรณn para no tener que hacerse cargo de sus hermanos pequeรฑos y compartir habitaciรณn sin tener que avergonzarse por ello. Y ademรกs, en ese tercer grado al que la sometiรณ su progenitor manifestรณ su deseo de poder convertirse en vagabundo con el fin de saborear lo que supone no depender de nadie ni de las circunstancias que la atenazaban a diario. Estoy seguro de que, sin saberlo de antemano, querrรญa haber sido Momo, la protagonista de la novela de Michael Ende, que solo con escuchar conseguรญa que todos se sintieran mejor. Tampoco se dejarรญa engaรฑar por la promesa de los hombres grises de que ahorrar tiempo es lo mejor que se puede hacer, lo que provocaba que, poco a poco, nadie tuviese tiempo ni para jugar con los niรฑos. ย ย ย 

No me extraรฑa que el silencio se haya convertido en el perรญodo mรกs nutritivo de su existencia. De la suya y de la nuestra. Un territorio en el que reencontrarse con esas voces apagadas durante tantas estaciones atravesadas por relojes de arena.

A imagen y semejanza

A imagen y semejanza

ILUSTRACIร“N | NANA PEZ

Han pasado ya mรกs de tres dรฉcadas desde que en nuestra boda escuchรกsemos uno de los bellos poemas de Khalil Gibran recogidos en El Profeta (1923). Eran tiempos de uniรณn entre el amor espiritual de raรญz cristiana con el misticismo sufรญ o el judaรญsmo, y sentรญamos una plena identificaciรณn con esa manera de entender el camino que la vida nos tenรญa preparado. En este caso, Del matrimonio, ofrecรญa una mirada que encajaba con el incipiente proyecto vital: โ€œAmaos uno a otro, mรกs no hagรกis del amor una prisiรณnโ€ o esas estrofas finales que invitaban a permanecer unidos, โ€œmas no demasiado juntos:/ porque los pilares sostienen el templo, pero estรกn separados. / Y ni el roble ni el ciprรฉs crecen el uno a la sombra del otroโ€.

Tus hijos no son tus hijos

Unos aรฑos despuรฉs volvimos a este poeta libanรฉs, cristiano maronita, con otro de los poemas dialogados por ese profeta que unos aรฑos antes de su muerte abandona el pueblo que lo ha acogido y sus moradores le piden que reflexione sobre diversos temas. Todos ellos, sumados en conjunto, componen ese texto que merece la pena volver a leer. De los hijos ha sido el poema que, casi sin pretenderlo de manera consciente, ha guiado la educaciรณn de nuestra descendencia. Comienza con esa potente afirmaciรณn de que โ€œVuestros hijos no son vuestros hijos. / Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida, / ansiosa por perpetuarseโ€. Y desde el principio, por mucho que te empeรฑes, es asรญ. En mi caso, tras sentirme golpeado doblemente por la muerte en un corto espacio de tiempo.

Estoy seguro de que cada padre, cada madre, en la soledad del silencio interior, es capaz de reconocer que, aunque estรฉn a nuestro lado, no nos pertenecen. Ni cuando proyectamos en ellos, en ellas, todo aquello que un dรญa quisimos ser y no fuimos capaces de afrontar de cara, con valentรญa. Cuando nos damos cuenta de que las intenciones -mejor dicho, las expectativas- eran errรณneas, porque estaban sustentadas en un deseo inalcanzable. Khalil Gibran nos dice que โ€œpodรฉis darles vuestro amor; no vuestros pensamientos:/ porque ellos tienen sus propios pensamientos. / Podรฉis albergar sus cuerpos; no sus almas:/ porque sus almas habitan en la casa del futuro, / cerrada para vosotros, cerrada incluso para vuestros sueรฑos.โ€ / Faltarรญa mรกs. Por mucho que ese chantaje emocional que hemos sufrido la generaciรณn del baby boom y siguientes nos salga por los poros y, acaso de manera automรกtica e inconsciente, hayamos incurrido en prolongar el maldito hรกbito que pretende controlar la existencia de nuestra prole.

Plantar cara

La vida no retrocede ni se detiene en el ayer. Cuรกnto tiempo y vida ganarรญamos si llegรกsemos a comprender que esto es asรญ. No estarรญamos paralizados con la mirada atrรกs, a la espera de que suceda algo que ya estรก aquรญ. Porque resulta muy comรบn eludir nuestras propias responsabilidades a causa del miedo y la culpa, esas dos amigas y aliadas que forman un tรกndem para hacernos la existencia mรกs difรญcil todavรญa. El primero es capaz de sojuzgar la voluntad del mรกs pintado. El miedo paraliza, provoca el caos existencial, somete y avasalla ante cualquier atisbo de libertad, de autonomรญa. Y lo hace frente al que ostenta el poder en cualquier faceta de la vida. De ahรญ que plantar cara a quien nos provoca temor -que muchas veces somos nosotros mismos- sea el primer paso para la libertad. ย ย ย 

La segunda, la culpa, es la hija perfecta del chantaje emocional. Es aquella dimensiรณn que provoca ansiedad, angustia y un malestar que se derrama por el cuerpo, la mente y el propio hรกbitat. En ocasiones, nuestros progenitores -seguro que muchas veces de manera inconsciente- nos la han inoculado. Somos herederos de esa manera de actuar y, en determinados momentos, caemos en la trampa de intentar perpetuarla. No olvidemos que es un sรญntoma de la pandemia de mediocridad e infantilismo que pulula por el mundo. Muchos son quienes pretenden contagiar de miedo y culpa las relaciones humanas. Con esa pareja de hรกbitos se sienten poderosos y se permiten juzgar la conducta del respetable, mientras que eluden la mirada de su yo mรกs profundo.

Flechas vivientes

De ahรญ la exhortaciรณn a ser โ€œel arco desde el que vuestros hijos son disparados como flechas vivientes hacia lo lejosโ€. Asรญ concluye Khalil Gibran esas reflexiones sobre la estirpe: โ€œDejad que vuestra tensiรณn en manos del arquero se moldee alegremente. / Porque asรญ como ร‰l ama la flecha que vuela, / asรญ ama tambiรฉn el arco que se tensaโ€. El reto estรก en querer mantener vivo el arco sin esperar nada a cambio.      

Quรฉ pereza

Quรฉ pereza

ILUSTRACIร“N |NANA PEZ

Vaya por delante el reconocimiento de la distancia generacional que ya me separa de adolescentes y jรณvenes. Que cuando escuchaba a mis hijos la expresiรณn que encabeza estas letras como respuesta a alguno de los interrogatorios a los que tratamos de someterlos habรญa algo en mi interior que se estremecรญa. Sรญ, con mala conciencia, porque debรญa despertarles algo que agudizaba mรกs esa brecha generacional que siempre existe entre padres y prole. Cuando ya estoy a punto de alcanzar la tercera temporada de Merlรญ, la serie creada por Hรฉctor Lozano y dirigida por Eduardo Cortรฉs, entiendo mejor de dรณnde procede esa expresiรณn que, en boca de esos chicos y chicas, reproduce un hastรญo hacia lo peripatรฉtico del mundo adulto. Lo mรกs gracioso del asunto es que he llegado hasta esta serie un poco tarde y, manda huevos, por invitaciรณn del pequeรฑo de mis vรกstagos, โ€œporque creo que os va a gustarโ€, nos dijo hace unas semanas.

Y vaya que nos estรก gustando, sobre todo porque no tuve la suerte en mi Bachillerato de contar con una profesora que nos hiciera amar la filosofรญa para entender los grandes problemas existenciales que, como futuros boomers, nos armara nuestra estructura mental o, cuando menos, simplemente vital. Pero sin melancolรญa alguna, y con permiso o sin รฉl, me apropio de ese grito de flojera que nos lanzan a los mayores esas jรณvenes promesas que vienen pisando fuerte.

Victimismo fraudulento

Quรฉ pereza, es verdad, resulta escuchar cada dรญa a quienes niegan lo evidente de las consecuencias del cambio climรกtico. Que ya no podemos esperar mรกs. Que no hay tiempo para seguir demorando un alto en el camino de la destrucciรณn de nuestros recursos naturales. Que Doรฑaรฑa se seca, como el Mar Menor se muere, son la evidencia palpable de la esquilmaciรณn de nuestro territorio. Que los procesos son prรกcticamente irreversibles. Que la sequรญa ha llegado para quedarse. Que no valen ya los discursos del Agua para todos, entendidos como la expresiรณn mรกs palpable de un nacionalismo hรญdrico que ha servido en algunos territorios para pescar votos, aderezados con arengas de un victimismo fraudulento y cobarde en el que aรบn se amparan ciertas voces para esconder el fracaso de su gestiรณn. O, lo que es mรกs grave, con la defensa de los intereses de la agroindustria depredadora o el urbanismo y el turismo salvajes.

El ser humano tropieza dos y mil veces con la misma piedra de la ignorancia, sobre todo en sociedades como la murciana, cuando ya no hay manera de justificar lo injustificable

Quรฉ pereza da, es verdad, encontrarse con el discurso de quien fuera durante casi veinte aรฑos un todopoderoso presidente regional al argumentar -por cierto, y para rizar el rizo de lo absurdo, a travรฉs de quien era su valedor mediรกtico y asesor de prensa que ha estado a punto de sufrir una hernia por el tremendo esfuerzo de ejercer el periodismo independiente y crรญtico del que hace gala a la vez- que todo era pensando en el bien comรบn. Vamos, ยฟde verdad siguen pensando que nos chupamos el dedo?  Un poco de pudor, por favor. Pero si el argumento de que el agua de los rรญos se pierde en el mar no va a ninguna parte, por muy poderosa imagen que se trate de llevar al imaginario de la gente. No es de recibo, sinceramente, que queden impunes quienes han defendido (y mรกs grave aรบn, lo siguen haciendo) mensajes como esos.

Pero como el ser humano tropieza dos y mil veces con la misma piedra de la ignorancia, en sociedades como la murciana cuando ya no hay manera de justificar lo injustificable, pues se saca el tema del agua, y otra vez estรก el lรญo montado. Como no nos quieren, pues a repartir pitos y pelotas, fotografiarnos en las procesiones y buscar enemigos fuera. Porque de eso se trata, de que vuelva a triunfar la ignorancia, que para eso vivimos en la mejor tierra del mundo.         

Proyectos de saldo

Quรฉ pereza da toparse con las palabras vacรญas de quienes aseguran promesas de mundos idรญlicos en nuestras ciudades y pueblos, de aquellos que venden proyectos a precios de saldo, de anuncios y mรกs anuncios de estrategias, planes, marcas y habilidades en tiempo electoral. Menuda pereza da contemplar a quienes deambulan con principios que acaban en el momento de justificar lo injustificable. O el hastรญo que produce reconocer el fracaso ante una cultura dominante que cala hasta lo mรกs profundo del ser humano.

Pero eso sรญ, seรฑoras y seรฑores, la verdadera pereza es la que sentirรกn en algรบn momento quienes hoy se sonrรญen cuando llegue el dรญa -que llegarรก- en el que nos cansemos del desafecto y de la dejadez por las cosas que se deben hacer. Serรก el momento en el que cogeremos las riendas frente a esa falta de voluntad y esfuerzo. Sin cejar en el empeรฑo. Vamos, que ya llega ese tiempo. A por ellos.