Feb 23, 2014 | Articulos
Al final de una tertulia nocturna con un buen amigo, éste concluía sus reflexiones con un hecho que le había sucedido días atrás. Enfrascado en unos escritos sobre unas meditaciones y proyectos de su actividad profesional, ¡zás!, se le acabó la tinta a su bolígrafo. Este hecho, que por cotidiano no tendría más importancia, le sirvió para descubrir un factor determinante en la vida. La tinta del bolígrafo está para ser utilizada, para que en un determinado momento se gaste. Extrapolando esta circunstancia al devenir de nuestra existencia, vendría a significar que la vida está ahí, para vivirla, para desgastarla, para saborearla, para gozarla. Es decir, que no vale guardar y guardar bolígrafos a medio utilizar. Que nuestros botes de lápices no sirven para nada si los colocamos llenos en nuestra mesa de trabajo. Si se agotan los depósitos de tinta significa que nos estamos dejando la piel en algo concreto.
En muchas ocasiones, desgraciadamente, pasamos por la vida a medio gas. Dejamos escapar las oportunidades que se nos brindan. Conocer a gente interesante, degustar acontecimientos en teoría simples e intrascendentes, apostar por utopías que están más al alcance de la mano que lo que parece en una primera impresión. Y es que al final de la vida nos examinarán del amor. Es decir, de la capacidad que hemos desarrollado para querer a los que tenemos al lado, y hasta incluso a los que parecen lejanos. Unas veces por excesiva prudencia, otras por prejuicios, muchas por egoísmo y vanidad, y una buena cantidad por orgullo, dejamos escurrir entre los dedos de la existencia la posibilidad de alcanzar metas cercanas que nos harían mucho más felices de lo que creemos ser. En la cotidianidad estriba a menudo lo esencial. Y lo cotidiano se reduce a no pasar por la vida como alma en pena, en ejercer de personas plenas, llenas de ilusión, de vida, de esperanza y de sinceros deseos de encuentro con el otro. Bien sean los más cercanos, los que tenemos frente a nosotros en el lugar de trabajo, o los que comparten mesa y mantel, vivienda pagada a plazos o lazos de sangre.
En esto de gastar la tinta me viene a la mente la imagen de muchas personas que son profesionales en su trabajo. Lo viven a tope, con una facilidad de movimientos que dejan a su alrededor un halo de envidia entre sus compañeros. Hombres y mujeres despiertos, competentes en medio de la jungla del mundo de los negocios. Manejan a su antojo las voluntades de sus clientes, siendo capaces de mostrar caras para todos los gustos. Vamos, triunfadores natos, que no hay dificultad o pared que se les ponga por delante que no sean capaces de sortear. Esta gente, sin embargo, cuando abandona la oficina, la fábrica o el despacho y se dirige a su casa comienza a sentir un molesto cosquilleo en el estómago. Esa tez brillante que han mostrado a lo largo de la jornada laboral comienza a ponerse pálida. Y se preguntarán ustedes a qué puede deberse esto. No tiene nada que ver con un virus que hayan estado incubando en su interior. Más bien con alguna circunstancia más trivial de lo que pueda parecer. Es un camino hacia uno mismo, hacia el encuentro con la realidad de una familia, unos hijos, un marido o una esposa. En fin, a una realidad poco importante, porque lo que se queda entre las paredes del trabajo, donde aspiramos a triunfar y a destacar en la vida es lo que verdaderamente importa.
Pues bien. La tinta que se gasta en ellos es escasa, sobre todo porque la persona llega extenuada, agotada, seca… por haber echado el resto en las otras actividades. Y es entonces cuando aparecen las debilidades, la fragilidad de lo cotidiano ante lo supuestamente poco importante. Y hete ahí que aquel o aquella triunfadora, que ha aguantado el tipo hasta el final, se transforma en un ser anodino, incapaz de hablar de sí mismo. Se convierte en un ser vulnerable, irascible, repleto de dudas y de interrogantes sobre cómo actuar ante lo que tiene enfrente. Aunque este comportamiento les pueda resultar extraño es más común de lo que pensamos. Nos adiestran para desenvolvernos con habilidad en esta jungla del asfalto, mientras que en el hábitat de lo cercano nos perdemos como si nos faltase el sentido de la orientación.
En resumidas cuentas, tendríamos que entrenarnos más en el manejo de habilidades sociales del tú a tú, de uno mismo, en las artes de la comunicación interpersonal que en las del mundo de la imagen y en las de dar la talla ante los otros. La talla sobre la que hay que medirse o compararse es la que nosotros mismos nos imponemos a diario. Porque, ¿de qué vale gastar la tinta en lo que no es esencial, mientras nos dejamos el bolígrafo a medio usar en lo realmente importante? La vida es para gastarla… y los demás están ahí para que los subrayemos.
Feb 16, 2014 | Articulos
Sólo los poetas son capaces de dar vida a objetos materiales, en teoría inanimados. Usando las metáforas y los adjetivos como instrumentos de trabajo permiten transmitir la vida que encierran, por ejemplo, un árbol, una piedra o cualquier fenómeno de la naturaleza. Una puesta de sol, un riachuelo, una hierba fresca que crece tímidamente en una loma, o una montaña que se alza majestuosa camino del edén, recobran una inusitada actividad cuando son acogidas con ternura por un vate para formar parte de un soneto, una elegía, una lira o una simple trova. Esos elementos comienzan a dar brincos de alegría porque alguien, en una lejana mañana o en un sombrío atardecer, decide jugar con ellos para expresar sentimientos escondidos en el más recóndito rincón del corazón humano.
Por ello no resulta extraño que el monte llore. Deje derramar por caminos y veredas, ramblas y peñascos, unas lágrimas de despedida por un místico que acaba de traspasar esa frágil frontera que separa la vida a la muerte, el tránsito al ocaso que rebosa esperanza. Y ese llanto desbordado comenzó hace una semana, cuando el cuerpo mortal de uno de sus seres más queridos recorrió ese pequeño camino que todos algún día debemos hacer, por mucho que nos agarremos hasta que nos quede el último aliento. Pepe Sánchez Ramos, contemplativo en medio del mundo, ya no podrá coger la leña para calentar el zendo, transportar el agua para gargantas secas por falta de consuelo, ni saboreará “a gusto” -como él muchas veces repetía para expresar la sensación que produce la experiencia orante- el encuentro con esa dimensión trascendente que nos sobrepasa y que se manifiesta en un amor supremo, cálido, acogedor, abierto, comprensivo y misericordioso. Palpar a Dios en la oración, en definitiva.
Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, Carlos de Foucoult, Teresa de Liseux y tantos otros espíritus libres de todas las épocas, recientes y pasadas, se funden en un mismo sueño: ser conscientes de que el hombre y la mujer poseen una capacidad tal de amar, que el silencio y el desierto se convierten en intermediarios del gozo de una plegaria. “La oración no es algo que se hace y queda fuera del que la hace. No existe distancia alguna entre la oración y el orante. Por eso no resulta nada fácil -al menos para mí- objetivar la propia experiencia de oración”, dice Antonio López Baeza, otro contemplativo en medio del mundanal ruido en el que habitamos. Podría resultar muy sencillo esbozar un panegírico por alguien que ya no está corporalmente entre nosotros. La adulación a los muertos es también una de las características que nos definen, cuando hemos sido injustos en dejar escapar las oportunidades que la vida nos ha ido ofreciendo a diario.
En el caso de Pepe Sánchez Ramos, como en el de muchos otros, caeríamos en el error si exaltáramos sólo sus cualidades, que por cierto mantenía sin estridencias. A nadie había que venderle ninguna moto. Complejo y contradictorio como cualquier hijo de vecino, con virtudes y defectos como el que más, sí unía una cualidad: haber sido capaz de edificar de manera austera un lugar de encuentro, un oasis de paz y serenidad a escasos kilómetros del bullicio de una gran ciudad, la nuestra, la capital de esta Región. Y desde hace casi unos veinte años allí se han dado cita espíritus inquietos en busca de sosiego, de encuentro con ese Ser supremo que todo lo envuelve. Las pupilas enrojecidas de ese búho, símbolo de los contemplativos, son sólo una muestra de que no sólo el monte llora su ausencia. Los que aquí quedamos ya te echamos de menos.
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Cuando se cumplen quince años de la muerte de Pepe Sánchez Ramos, impulsor de la Casa de Oración del Monte, la Casa «Desierto de la Paz», retomo este articulo publicado en La Opinión una semana después de su fallecimiento. La Casa de Oración forma parte de mi historia de vida en su dimensión espiritual. En ella viví mi primer retiro espiritual cuando tenía 16 años, allá por 1980, y a lo largo de los años he asistido a diferentes momentos. En los últimos años participo en retiros de Cuaresma, celebraciones del Tríduo Pascual, Pentecostés, Adviento, Navidad… Acompañado por Gelen, mi mujer y compañera, el sacerdote Juan carrascosa, y un variopinto grupo de contemplativos.
Ene 6, 2014 | Articulos
Hay películas que consiguen provocar en el espectador una gran ebullición de emociones y sentimientos. De la sonrisa a las lágrimas, pasando por estremecer las más intensas sensaciones que ponen la piel de gallina. Frank Capra lo consiguió en numerosos trabajos llevados a la pantalla, como en Meet John Doe, traducida en españa como Juan Nadie con un Gary Cooper genial y una Barbara Stanwyck ambiciosa y a la vez angelical. El Juan Nadie jugador de béisbol fracasado que es capaz de conectar con las masas, bajo el amparo de todo el entramado mediático o, lo que es lo mismo, gracias al soporte de un medio de comunicación tan caliente como la radio lo era en los años 40. ¿Y por qué su discurso era idóneo para movilizar a una sociedad en crisis como la norteamericana que estaba a punto de entrar en la segunda gran guerra mundial? Quizá porque hasta entonces, como ahora, esa sociedad estaba poblada por Juan Nadies a los que nunca se les había dado la oportunidad de hacer oír su voz. Y por supuesto que hubiera alguien que la escuchase.
Esa fábula de los que nunca cuentan para los que deciden las cosas importantes de la vida cobra actualidad de una manera pasmosa. Nuestros pueblos y barrios están poblados de personajes así. Es decir, que en el anonimato de un mundo globalizado, atado de pies y manos al designio de un mercado excluyente de los más débiles, lo cotidiano está llamado a ser lo esencial, por encima de los discursos, las grandes construcciones ideológicas y los planes para el futuro. Si en la cinta de Capra el mensaje principal era el de “conozca y sea amigo de su vecino”, hoy resulta cada vez más urgente lanzar reflexiones similares, como las de “usted vale por lo que es, no por lo que tiene o por el lugar que ocupa en el mundo”. También el de “sea una persona buena, aunque no se lleve la bondad y la sinceridad” o el de “no machaque al que tiene al lado, deje de mirarse el ombligo y dirija su mirada a los ojos de los otros, ya sean sus vecinos, sus amigos, sus compañeros de trabajo o a los de los millones de buenas gentes que pueblan el planeta”.
Se trata de no vivir en un estado permanente de cabreo, de no practicar la indiferencia ante lo que sucede a nuestro alrededor, trascender las meras fronteras que nos imponemos cada uno de los mortales y movilizar esas fuerzas de las que somos portadores. Los Juan Nadie no estamos solamente para acudir a la llamada de los cantos de sirena de un nuevo centro comercial, y luego no tenemos espacio ni para aparcar el coche. Sí para demostrar que nos importa lo que le pasa a cualquier ciudadano del mundo aunque viva a miles de kilómetros de nuestras casas, ya sea timorense, kosovar, turco o taiwanés. O a cualquier mujer africana que tiene que sobrevivir a diario recogiendo la leña y transportando el agua para sus hijos. También para acoger al que ha venido de fuera a nuestra tierra para trabajar y lo expulsan de la chabola que habita sin ofrecerle nada a cambio, o a los que se debaten con una enfermedad terrible y no somos capaces de estar cercanos a ellos.
Por todo ello, los Juan Nadie estamos llamados a salir de nuestro letargo. El invierno ha pasado y la vida tiene que ser una eterna primavera en permanente estado de ebullición. Sentir que por las venas corre sangre limpia y pura que conmueve nuestras entrañas. No miraremos los relojes cuando tengamos a cualquier Juan Nadie frente a nosotros, porque lo más importante será, precisamente, ese hombre o esa mujer, ese niño o ese anciano, y retozaremos a gusto compartiendo ilusiones, deseos, anhelos y esperanzas de diferente signo. Practicaremos la tolerancia, la serenidad frente a lo adverso, la templanza ante la ira contenida que provoca en ocasiones la injusticia, la paciencia y la capacidad para estar abierto a lo no establecido. En fin, que ejerceremos de verdad el papel de Juan Nadie sin creer por ello que pasamos inadvertidos por la vida, porque lo esencial es invisible a los ojos.
Ene 3, 2014 | Articulos
Los que trabajamos en el sector público, en las Administraciones Públicas, vivimos inmersos en un contexto sumamente complejo. De un lado, entendemos el servicio público como la manera de vincular nuestras capacidades profesionales con unos fines que van más allá del mero sustento económico. Esto es, entendemos que gracias a esfuerzos y cometidos como los que desarrollamos, la ciudadanía ve garantizada sus derechos y deberes mediante unas prestaciones conquistadas en las últimas décadas. Prestamos, en definitiva, unos servicios que nos facilitan la vida en comunidad, con la mirada especialmente puesta en el eslabón más débil de la cadena social.
En este comienzo de año, aprovecho las reflexiones que José Ignacio Criado ha hecho en su blog sobre las que, a su juicio, son las principales tendencias en las Administraciones Públicas para 2014, para reflexionar sobre los escenarios que vivo en la Administración Pública de la Región de Murcia. En concreto, en la Escuela de Formación e Innovación, que acaba de ver la luz con la fusión de las escuelas de Administración Pública, la de Administración Local y la de Policías Locales. Este ha sido un paso importante para armonizar y coordinar la formación y el aprendizaje colaborativo del personal empleado público, tal y como ya sucede en una buena parte de las comunidades autónomas. En las actuales circunstancias no parece de recibo mantener estructuras aisladas en los ámbitos de lo público, sino que el trabajo compartido y el desarrollo de estrategias y metodologías para el aprendizaje aconsejan establecer complicidades.
Cuando uno escarba en el interior de cualquiera de las administraciones públicas encuentra a mucha gente que no se conforma con lo que hace, de la manera que lo hace y con la perspectiva de permanecer impasible. El profesor Criado asegura que «la innovación no se detiene y los que nos desempeñamos en el sector público debemos seguir trabajando con intensidad para reforzar su papel, a la vez que se dimensiona adecuadamente para adaptarse a cada realidad nacional, regional o local». ¿Les suena, verdad, sobre lo que estamos hablando? Por eso, me permito reproducir y comentar algunos puntos que marcarán la pauta de los debates sobre lo público durante el próximo año.
- Intraemprendizaje. La palabra suena difícil pero es potente: emprender desde dentro, desde abajo, colaborando y reconociendo a los que son innovadores. Alberto Ortíz de Zárate lo describe bien para el sector público: “El propósito del intraemprendizaje es nombrar caballeros y caballeras a todas las personas que trabajan en el sector público. Darles libertad y responsabilidad para renovar lo público mediante las armas de la innovación”. En su libro lo cuenta con detalle. Las pequeñas teclas de cambio pueden desencadenar transformaciones grandes hasta en las organizaciones menos dinámicas.
- Big data. Este año ya se ha hablado sobre big data o datos masivos en las administraciones públicas de una manera incipiente. El término se ha popularizado gracias, entre otras cosas, al libro de Mayer-Schönberger y Cukier, para quienes “los datos masivos son el nuevo oro” para las organizaciones. Las administraciones públicas todavía están a la expectativa sobre cómo reaccionar, pero lo que no cabe duda es que este próximo año se va a hablar y mucho del poder de los datos y, sobre todo, de cómo las administraciones públicas se adentrarán en esta nueva era para las organizaciones. en la Región de Murcia tenemos investigadores de vanguardia en el campo de la eAdministración, especialmente en lo que tiene que ver el análisis y la reflexión sobre las implicaciones y desafíos que plantea este campo desde el punto de vista jurídico. Nuestras administraciones aún están a años luz de tener claro lo que quieren hacer, pero el debate está sobre la mesa.
- Gobierno abierto. Lo ola de lo abierto sigue ahí. El compromiso gubernamental a través de la Alianza para el Gobierno Abierto (Open Government Partnership) sigue creciendo en todo el mundo, aunque algunos de los resultados, así como la propia noción del concepto, sean variables, tal y como muestran algunas evaluaciones nacionales en España o México. En todo caso, lo importante es dar el primer paso hacia el Gobierno Abierto. Y el 2014 será el momento propicio para lograrlo. En la Región de Murcia hay algunos ayuntamientos que han empezado a dar los primeros pasos, como el de Molina de Segura, pionero en estas lides, pero esta tendencia será imparable. Estoy seguro. Al igual que más pronto que tarde hará lo propio la Administración regional.
- Ciudades inteligentes. José Ignacio Criado nos recuerda el interés por las smart cities se va a multiplicar de la misma manera que lo hacen los retos a los que enfrentan las ciudades contemporáneas, cada vez más diversas y complejas. Antonio Díaz y otros llevan trabajando en la idea desde la vertiente de la planificación a largo plazo, teniendo en cuenta la necesidad de crear administraciones inteligentes, para ciudades inteligentes. Subrayemos la importancia de los gobiernos y administraciones locales en el futuro de la gobernanza de nuestras sociedades.
- Redes sociales digitales. Las administraciones públicas están ya en ello, si bien en algunos casos, todavía no saben cómo hacer frente a la realidad de las redes sociales en la gestión y las políticas públicas. Como ha apuntado Mentxu Ramilo en más de una ocasión, más allá de estar en la red, es necesario estar en red, y por ahí sigue estando la clave para las administraciones públicas. Y no sólo en las grandes redes generalistas, como Twitter, Facebook, YouTube, sino que el futuro se decanta por potenciar la presencia, institucional o personal, en otras de carácter especializado. NovaGob desea ser la preferida de todos los empleados públicos en el ámbito de habla hispana, a la que invito a conocer y testar. Mi pequeña experiencia de participación es muy gratificante. Y en el caso de las redes sociales, aún deben producirse aperturas mentales entre nuestros directivos públicos para descubrir que no son una simple moda o tendencia social de entretenimiento, sino que el gobierno abierto y la transparencia no tienen sentido sin herramientas e instrumentos digitales para que nuestras administraciones pasen del mundo 1.0 al 2.0 de una vez. Porque hablar del 3.0 aún es una quimera.
- Mujeres en las administraciones públicas. El acento de las mujeres no se escucha lo suficiente en los ámbitos donde se adoptan las decisiones en las organizaciones. El papel de las mujeres directivas y emprendedoras en las administraciones públicas se reforzará en el nuevo año. Pero para ello es necesario reafirmar el compromiso, también por parte de los hombres, con el logro de una mayor equidad en cada esfera de lo público. Experiencias puestas en marcha en el ámbito universitario o en el de la Administración regional en Murcia apuntan en este sentido pero como supondrán, sobre todo, las lectoras, estamos en pañales en este terreno.
- Transparencia. Terminamos con un clásico, asegura Criado. A pesar de ello, la transparencia gana terreno en unas administraciones públicas necesitadas de apertura a la ciudadanía para reforzar su credibilidad. Ejemplos de ello pueden ser la recientemente aprobada ley de transparencia en España o los esfuerzos en México para reformar el IFAI. Al margen de valoraciones, la profundización en mecanismos, incentivos y prácticas para mejorar la transparencia de las organizaciones públicas va a ser una inquietud muy presente en el debate durante el próximo año. La ponencia creada en la Asamblea Regional de Murcia también es un paso más en este sentido.
En resumen, y pese a un contexto marcado por el cambio en la Presidencia del Gobierno regional, el 2014 se presenta como un año interesante en los cambios que vamos a vivir en el seno de las administraciones públicas de nuestra Comunidad. Unos cambios que viviremos en una situación económica muy complicada, porque el escenario presupuestario -en lo autonómico- y el que trae consigo la reforma local -en los ayuntamientos- auguran resistencias y dificultades que se suman a los propios frenos personales y administrativos que tienen muchos de los que rigen los destinos del sector público.
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Dic 31, 2013 | Articulos
Reclama Guillermo Fernández Vara, uno de los compañeros del PSOE y creyente comprometido en política que tengo por referencia, que no le pidamos nada al año 2014. Que salgamos a conquistarlo, porque los años no traen nada, sino que debe ser el compromiso, la pasión y la rebeldía los que cambien una realidad que a casi nadie gusta, aunque algunos vivan cómodamente instalados en ella. La brecha social que el paro y los recortes ha abierto hace necesario aunar muchas voluntades y unir muchos brazos y mucho talento. Que no vale cualquier salida sino la más justa.
Me sumo a este mensaje repleto de esperanza y cambio. Y aprovecho para compartir algunos deseos, sentimientos y experiencias en este tránsito de un año a otro muy especial para mi vida. Dentro de unas horas comienza 2014 y es el año en el que voy a cumplir los 50. Esta mañana hacía unas compras en el supermecado de mi pueblo y comprobaba la locura de los vecinos por las compras de última hora. Parece que el mundo se acaba, y compartía esta sensación con Pepe, el barrendero, que dice que nos hemos vuelto locos. Pero con una lógica irracional, puesto que pasado mañana volverá la calma, la rutina en la que nos instalaremos en medio de la realidad de cada día. a veces tengo la sensación de que no soy de este mundo. Que no encajo.
Compromiso. Gran sustantivo, expresión de cambio, de inconformismo, de mirar al de al lado. De no conformarse con lo establecido, lo fácil, lo cómodo, lo de siempre. En todos los ámbitos de la vida: el personal, el familiar, el profesional, el social y, por supuesto, el político. En el primero de ellos, tratando de buscar momentos de silencio, de encuentro con uno mismo, con una misma, escuchando el silencio que brota desde nuestro interior y que se funde con los ruidos cotidianos hasta que consigue silenciarlos.
En el segundo, intentando entender -y practicar la paciencia- a los adolescentes y jóvenes que hemos creado, lanzado al mundo y conviven junto a nosotros. Una paciencia que debe presidir la relación con nuestros mayores, aquellos que hicieron lo que supieron a la hora de educarnos (al igual que nosotros ahora) y a los que nadie enseñó. Que se movieron a partir de intuiciones y que hoy tratan de encajar en medio de tantos cambios y de contemplar un panorama del que se sentían orgullosos y que los mercaderes, la política sumisa y los poderes dominantes tratan de desmantelar. Y en este escenario familiar entran en juego, cómo no, las relaciones de pareja, las que ejercen de avanzadilla en cualquier escenario de conflicto y que hay que mimar, cuidar y cultivar… puesto que son uno de los soportes básicos que nos mantienen lúcidos. Con los pies en la tierra.
La precariedad preside el ámbito profesional, el deterioro de las relaciones laborales,con el paro como horizonte para muchos de quienes nos rodean. El trabajo sigue siendo ese factor esencial que marca el resto de relaciones humanas, pese a muchos se empeñen en hacernos creer que no es así. Y ese trabajo que debería ser para la vida se convierte cada vez más en un territorio para la muerte física y personal. Un ejemplo de compromiso en el trabajo que hoy nos reclama más energía que la que hasta ahora empleábamos.
Y puesto que no vivimos solos, aislados, el empeño en cambiar las cosas lo tenemos que seguir llevando a cabo en los tablaos de lo social y de la política. Allí donde coincidimos con otra gente que también está empeñada a resistirse frente a lo establecido, a lo que parece inevitable. Y además con la mirada puesta en los últimos, en los que más sufren, en los que no cuentan, los que no son capaces en ocasiones ni de mirar la vista para ver a quienes tienen enfrente. Ese compromiso es el que en el mundo de la política muchos tratamos de cambiar las cosas, al margen de los profesionales que viven de ella, los conformistas, los que se enrocan en las estructuras organizativas para justificar lo injustificable, y los que son incapaces de dar un paso atrás para que entren nuevas generaciones (no sólo de edad, sino de mente) que hasta ahora han/hemos permanecido al margen.
Rebeldía y pasión. Elementos inseparables para hacer posible lo imposible, lo real frente a lo imaginario. Algunos alimentamos la pasión de la fe en un Jesús de Nazaret rebelde, amoroso e incorformista. Que no vino a traer la paz de los muertos, de los cementerios, sino la de la revolución de los corazones. Qué mejor ejemplo que el que Francisco nos ha dejado este año que acaba. Compartimos esa pasión junto a mucha otra gente que la alimenta de fuentes distintas. Pues una pasión como esa, rebelde y alegre, con sentido del humor, con ráfagas de sonrisas y de buen ánimo, es la que me comprometo a cultivar, a alimentar y a ejercer, y a la que te invito, querido lector, querida lectora, a sumarte. Mis mejores deseos para este año que empieza a dar la cara.
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Dic 20, 2013 | Articulos
Cada vez que veo los telediarios me entra mal cuerpo. En especial cuando contemplo los acontecimientos en Oriente Medio, la masacre programada y selectiva del pueblo palestino, en una desigual lucha y ante la aparente -aunque real- indiferencia y/o supuesta incapacidad de Occidente. Indiferencia de los Estados Unidos de George Bush, cuyas televisiones no emiten imágenes duras de la intervención del ejército israelí, aunque sí de lo que cuestan las correas con explosivos de los atentados suicidas. Incapacidad de Europa, que ha empleado parte de sus recursos para la cooperación internacional en inversiones en Palestina y que ahora son arrasadas por los blindados de los militares de Ariel Sharon. Genocidio de una tierra, de sus gentes y de sus esperanzas, en medio de un discurso uniforme y homogéneo sobre lo que está bien y lo que está mal, sobre lo que es terrorismo y sobre lo que no lo es, sobre el poder y la gloria. Sobre la incapacidad de conmovernos ante el drama del 80 por ciento de las personas del planeta que sufren, mientras el 20 por ciento restante nos enfrascamos en disquisiciones sobre la mejor dieta, el lugar ideal de las próximas vacaciones o dónde comprar más barato.
Cuando nos preguntamos qué hacer ante situaciones como las que viven millares de seres humanos, en cualquier parte del mundo, la primera respuesta es la de contestar que nada o muy poco. Pero es que resulta que nuestros problemas no son sólo nuestros, sino que son una de las muchas caras de los problemas del mundo. Aún hay más. Podemos hacer, transformar, cambiar y ver más de lo que nos imaginamos, porque el primer triunfo de los que deciden en nuestro mundo es que el resto de los mortales caigamos en la desesperanza, una vez que nuestro sistema absorbe, asimila y neutraliza toda propuesta que cuestione el orden establecido.
A quien quiera sumarse al carro de rebelarse ante lo establecido, a unirse a gentes que no se conforman, que están dispuestas a la disidencia, al sano cabreo que no paraliza, a pedir cuentas al rey y a sumarse a nuevas formas de compromiso… van dirigidas estas letras. Ordenadas tras caer en mis manos un cuaderno de Cristianisme i Justicia, centro de estudios promovido por los jesuitas de Cataluña, y firmado por una disidente, Lourdes Zambrana. De malos tiempos para el compromiso hablábamos hace unos días. Ahora se trata de recoger propuestas y contenidos con los que llenar nuestra chaqueta para mirar al frente y tirar hacia delante.
En primer lugar, esta lid requiere de un descentramiento. Esto es, mirar y situarse en el mundo de una manera diferente, del lado de las víctimas, de esos ocho de cada diez ciudadanos terrícolas que lo pasan muy mal a diario. Y esto supone entrar en conflicto, porque comprar el décimo del débil supone posicionarse contra el fuerte y su manera de vivir. Y resulta que nos vamos a encontrar con muchos rostros conocidos, incluso el nuestro. Unida a esa nueva mirada está la de integrar en el proyecto de nuestra vida un estilo de solidaridad disidente, que cuestiona y transforma porque forma parte de nuestro ser.
Estos parámetros para el compromiso, para la acción y para la lucha requieren coherencia y no admiten departamentos estancos. Esto es, no podemos conmovernos con el drama palestino, con la miseria de los parias de la tierra, con la falta de futuro de los jóvenes en precario de nuestra Región, con los inmigrantes ofreciendo su fuerza de trabajo o con los niños sin hogar… mientras que en cada ámbito de la vida apliquemos unos valores y unas actitudes distintas. De ahí el hecho de cuidar la exigencia de personas integradas, con una sola lógica que anime toda la vida, los ámbitos y las relaciones con el mundo. Y partiendo de una situación de lucidez real, aunque esperanzada, que evite las autojustificaciones, porque no siempre podemos ser tan coherentes como nos gustaría. Dónde encontrar esa esperanza viene a ser para muchas personas un don –sobre todo para los que somos creyentes cristianos-, aunque también depende de la propia historia de vida de cada uno y de cada una.
A ese nuevo proyecto de vida hay que dotarlo de contenido, de un modelo de mundo y de relaciones humanas, de valores en los diferentes rincones de la vida, de opciones y situaciones para alcanzar un lugar más humano donde desenvolvernos. Y todo esto no es posible aquí, hoy y ahora, si no edificamos espacios de disidencia donde compartir y discutir todas estas cuestiones. Espacios que arrancan desde la familia, donde aprender y crecer en esta labor diminuta y cotidiana, en la calle, en la plaza pública, y en esos lugares donde van a parar las iniciativas que ya están en marcha y las que pueden inventarse. Ahí es poco.
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Publicado el 5 de abril de 2002
Dic 15, 2013 | Articulos
El Partido Popular de Murcia acaba de festejar los 18 años de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, o lo que es lo mismo, los casi cinco lustros en los que su presidente, Ramón Luis Valcárcel, ha sido capaz de liderar desde la derecha a una sociedad civil en una de las regiones españolas que más han sufrido el modelo económico del ‘boom inmobiliario’ (mano de obra barata, poco cualificada, amparada por un sector de la construcción coaligado con la especulación financiera). Frente a las ‘Razones’ que el discurso oficial ha querido ofrecer en torno a una Convención Regional coordinada por un personaje tan peculiar como es Vicente Martínez Pujante, me permito apuntar de manera resumida algunos de los motivos que pueden explicar el éxito electoral, personal y político de Valcárcel a lo largo de estos años.
Cara amable de la derecha murciana. Frente a Juan Ramón Calero, que era el líder de la derecha murciana Alianza Popular murciana, antes de la creación del Partido Popular, el profesor de Historia del Arte del colegio Ruiz Mendoza fue capaz de ganarse el apoyo de las juntas locales de las pedanías de Murcia y desbancar a quien fuera portavoz parlamentario en el Congreso de los Diputados en la etapa de Antonio Hernández Mancha. Apoyado por un grupo de dirigentes del PP conocidos como los ‘pata negra’ supo concitar en torno a su persona los apoyos necesarios de la burguesía de la ciudad de Murcia y dejar de lado a otros candidatos de su generación como Miguel Ángel Cámara, con el que establecería una especie de entente cordiale (o no tanto) que ha subsistido hasta hace relativas escasas fechas. Esos apoyos se extendieron a la mayoría del resto de la Región. Ese joven portavoz municipal en el ayuntamiento de la capital, amable y de sonrisa fácil, estaba llamado a convertirse en líder regional.
No cometer los errores del PSRM. Una de las grandes enseñanzas que aprendió muy pronto Valcárcel fue la de no cometer los mismos errores de los dirigentes que tenía enfrente cuando alcanzó el liderazo de su partido: la división interna en un partido genera rechazo en los electores. Sólo tuvo que permanecer a la espera mientras sus oponentes políticos del Partido Socialista de la Región de Murcia (PSRM-PSOE) se despedazaban entre ellos. La miopía política, las ambiciones personales, las peleas entre las familias ‘colladista’, ‘jumista’ o ‘enana’, con la moción de censura a Carlos Collado que dio paso a la efímera presidencia de María Antonia Martínez (en un contexto económico y social de crisis, con la quema del edificio de la Asamblea Regional como exponente), allanaron el camino para alcanzar el poder en la Comunidad y en los principales ayuntamientos de la Región, a excepción de Lorca. Lo de menos para conquistar el poder fue que él liderara al PP. El PSRM le había hecho casi todo el trabajo. Aprendió bien la lección y la ha mantenido hasta la fecha.
Representar el nacionalismo (hídrico) murciano. En una sociedad sin apenas identidad propia, donde han tenido que convivir realidades tan diferentes como la cartagenera, la yeclana, la lorquina o la caravaqueña, por citar tan solo algunas, Ramón Luis Valcárcel ha sido capaz de hacer creer que «antes que del PP, soy murciano». Vamos, casi nada. Y en un país que no ha sido capaz de cohesionar una identidad nacional, el dirigente murciano ha sido hábil para afianzar un sentimiento de víctima frente a enemigos externos que han querido nuestro aniquilamiento, especialmente por el asunto del agua. La imagen de vivir en una tierra amenazada por los manchegos -con el apoyo inequívoco de José Bono-, los aragoneses -ridiculizando al extremo a personajes de la izquierda como José Antonio Labordeta- o los catalanes (tierra con tantos vínculos con nuestros emigrantes de interior) le ha servido para afianzar una murcianía de la que apenas un tercio de la Región puede sentirse reflejada (el área metropolitana de la capital). Y frene a esa defensa de lo murciano, todos los que no pensabámos como ellos, éramos calificados como ‘antimurcianos’. O estás conmigo o contra mí, ¿no les suena de algo?
‘Víctimas’ del Agua para Todos. A ese nacionalismo murciano se ha unido el uso y abuso emotivo de la supuesta falta de agua para nuestra tierra. La razón ha quedado al margen, porque cuando interviene la emoción no valen los argumentos, por más racionales que sean. Apoyado por una potente maquinaria propagandística, para la que nunca han faltado recursos económicos y complicidades sociales (de las que hablaremos más adelante), una buena parte de la sociedad civil ha sido víctima y cómplice de un gran engaño: la supuesta falta de agua, apoyada en el icono de un intangible, como ha sido el Trasvase del Ebro. Sólo un hecho: si tanta agua nos ha faltado, no han robado, ¿por qué el sector primario, el agrícola, ha sido el único que ha visto crecer sus producción en todo este tiempo? El engaño, la mentira, el fraude y la estafa del ‘agua para todos’ ha sido el máximo exponente del victimismo del que ha hecho gala Valcárcel a lo largo de estos años. Excusas de mal pagador. Siempre han sido otros los responsables de los desaguisados. Me parece que hay poca hombría (si sirve de algo esta referencia sexista para quien hace gala de ella) cuando no se ha sido capaz de reconocer error alguno.
Complicidad de una sociedad caciquil. Es verdad que la mayoría de la actividad política que han desarrollado los gobiernos del PP no hubiera sido posible sin la complicidad de una sociedad que, en ocasiones, ha preferido mirar hacia otro lado. O cuando menos, ha respaldado directamente, sabiendo lo que pasaba y hacia dónde íbamos. Si no, no se explica que en los años en los que nos creíamos ricos y los presupuestos regionales y municipales eran elevados, las subvenciones llegaban a prácticamente todos los rincones de la sociedad más o menos organizada. Asociaciones que nombraban madrina de honor a la esposa de Valcárcel, otras que aplaudían por doquier cualquier iniciativa que viniera del Gobierno, pactos que firmaban las organizaciones sindicales, profesionales y empresariales y que luego quedaban en papel mojado… y no pasaba nada. Una complicidad que tuvo su máximo exponente en los múltiples casos de corrupción política, mientras los vecinos, los electores, las asociaciones… miraban hacia otro lado. Una complicidad que, en definitiva, han facilitado holgadas mayorías electorales, y lo que es más grave, mayorías sociales. Y en la que, desgraciadamente, y por diversas razones y gradaciones, han caído desde los sectores de la cultura, la política, el mundo sindical hasta el universitario, el religioso y la mayoría de los medios de comunicación. Ese contexto de la complicidad le ha venido estupendamente a los poderes empresariales, económicos y financieros para servirse de una clase política dócil con sus intereses.
Ausencia de un liderazgo progresista. A lo largo de estos años no ha sido posible construir una alternativa a la hegemonía social y política de la derecha, especialmente por la falta de un liderazgo desde el centro-izquierda político. En el caso del PSRM, la oposición política en la Asamblea Regional y en los principales ayuntamientos ha estado en buena parte empeñada en seguir despedazándose a sí misma o, cuando menos, más interesada en ganar procesos internos que en conquistar a una sociedad que le dio la espalda cuando comprobó que las miserias personales estaban por encima del proyecto colectivo. Ha faltado también un discurso coherente y mantenido en el tiempo. Es verdad que ha habido intentos loables de construir una cierta alternativa, y que hay muchos dirigentes y militantes que han pretendido superar el pasado, pero los vicios y los hábitos adquiridos de una cultura política acomplejada han sido un verdadero lastre. A la izquierda del PSRM tampoco ha crecido prácticamente nada, al menos de manera institucional, aunque sí es verdad que aún es pronto para evaluar qué pueden dar como resultado político los movimientos sociales como los del 15-M, las diversas plataformas sociales como la de Afectados por las Hipotecas, y otras iniciativas como la de las Mareas ciudadanas que han surgido como reacción a los recortes sociales. Y sobre todo ha sido imposible construir un discurso ilusionante y progresista con propuestas políticas diferentes.
Imagen de unidad en los intereses. De esa complicidad y de la falta de una alternativa progresista se han aprovechado reiteradamente Valcárcel y el PP, que han podido repartir espacios de poder entre sus seguidores y que han acallado las supuestas diferencias internas. Un ejemplo de ello es el reparto que al comienzo de su llegada al poder hizo con Miguel Ángel Cámara de ‘tú al Ayuntamiento y yo a la Comunidad’ (cual gemelas del ‘tú a Boston y yo a California’) que ha pervivido hasta la fecha y que, al parecer, es algo similar a lo que va a ocurrir con su sucesor al frente de la Presidencia de la Comunidad en los próximos meses. La lección aprendida de cómo se castiga la división interna siempre ha estado presente.
En resumen, las razones del éxito de Valcárcel (amén de su olfato político, que es innegable a la hora de interpretar esta sociedad caciquil y susceptible de ser benefactora) radican en representar lo murciano (que tendría innumerables interpretaciones), incentivar el victimismo frente a otras realidades nacionales o personales, consolidar su figura paterno-protectora-conseguidora (los médicos saben mucho de ello, cuando han querido defender sus privilegios frente a otros colectivos), convertirse en pieza imprescindible para ejecutar las políticas de los poderes regionales (y transmitir que es para beneficio de la sociedad) y, finalmente, no dejar que crezca la hierba sucesoria a su alrededor que no pase por lo que él decida. ¿No se ha preguntado nunca el lector que no haya crecido políticamente nadie a su lado, en sus sucesivos gobiernos? Ahora parece haber encontrado una salida personal, familiar y política después de regir los destinos de una Región durante casi los últimos veinte años. El Parlamento Europeo le espera, puesto como señala Ángel Montiel, uno de los periodistas que mejor lo conocen, «el síndrome internacional dicen que afecta a los políticos longevos».
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Imágenes de www.laverdad.es /AGM
Dic 14, 2013 | Al cabo de la calle, Articulos
Una de las mayores dificultades que tenemos el común de los mortales en la vida es la de no aterrizar en nuestros proyectos personales. Esto es, en no concretar las metas que nos disponemos a atravesar, las etapas para llevar a cabo nuestros propósitos y los medios posibles que nos permiten cumplir los objetivos. Y todo ello por algo tan sencillo como es el hecho de confundir el deseo que aspiramos con la voluntad de querer alcanzarlo. El deseo entra en el mundo de la fantasía, en el de las construcciones mentales que nos permiten dar gusto y placer a la parte más intelectual de nuestro ser. La voluntad, por el contrario, se presenta en el plano accesible y palpable de lo que se puede lograr o alcanzar. Es el ejercicio consciente que hace posible dar pasos poco a poco, sin quimeras inalcanzables, midiendo muy bien los tiempos, los esfuerzos, las posibilidades de errar y los recovecos hacia los que dirigir la mirada en el caso de que las cosas no salgan como estaban previstas.
Todo esto viene a cuento porque solemos emplear una estrategia en la manera de comportarnos que no conduce a casi ninguna salida. Es la estrategia llamada por algunos expertos como “gel”. Palabra cuyas siglas responden a “generalización”, “exageración” y “limitación”. Vayamos por partes. ¿No les ha pasado a ustedes que ante una adversidad tienen a considerarla como algo que afecta a todos los humanos, en todas las situaciones y frente a todas las circunstancias? Por ejemplo, frases como la de “todos los políticos son unos ladrones” no hacen justicia al hecho de que conozcamos algún caso de corrupción. A partir de un incidente, o incluso de algunos, convertimos en general unas situación particular. Estamos… generalizando.
En otras ocasiones nos situamos ante circunstancias contrarias a nuestros propósitos y una de nuestras reacciones más primarias es la de exagerar lo que sucede. Establecemos un paralelismo entre esa realidad puntual y momentánea con la extensión de todo lo que acontece a nuestro alrededor. De tal manera que nos salen expresiones como las de “es que nadie me escucha” o “es que nadie me entiende”, cuando en realidad tendríamos que circunscribirla a esa persona con nombre y apellidos que no nos dice lo que nosotros esperamos de ella. O esa otra que ya está cansada de nuestros “malos rollos”, y nosotros seguimos erre con erre con la afirmación de que “no hay nadie que me quiera un poco”.
Por si generalizar y exagerar no fuera suficiente, otro de los malos hábitos que desarrollamos en las relaciones humanas es el de negativizar todo escenario que se precie. Esto es, enlucir con una cera negra y espesa cualquier ámbito en el que nos desenvolvemos. Se trata de limitar cualquier posibilidad o circunstancia siempre en la alternativa más oscura. Seguro que usted conoce a más una persona que está afectada por el virus del pesimismo. La inoculación a algunos les llegó en el propio vientre de su madre y aún no han descubierto que hay vacunas y antibióticos para combatirlo. Estas personas se encuentran tan limitadas que desconocen las oportunidades que la vida les tiene reservadas, porque emanan negatividad allá donde vayan. Todos conocemos a gentes de estas características, y más pronto que tarde tendemos a huir de ellas por temor a contagiarnos. Incluso, en ocasiones, y por prescripción facultativa, tenemos que mantenernos alejados.
De lo que se trata, en definitiva, es de poner en marcha esa serie de mecanismos que nos permiten delimitar claramente cuál es nuestro plan de vida, nuestro proyecto personal, y sacar a flote los instrumentos que van a ponerlo en práctica. Instrumentos que deben tener en cuenta, de manera primordial, a la voluntad, frente a su principal enemiga: la pereza. Sí, sí, así como suena. Somos muy vagos a la hora de afrontar en serio nuestra vida. Somos tentados en mil y una ocasiones, porque tomar en consideración de una manera responsable un proyecto no es sencillo. Pero resulta que una vez iniciado ya no hay fuerza que pueda con él. Eso sí, siempre y cuando la mirada la tengamos puesta al frente y los cantos de sirena nos suenen a lo lejos cada vez más.
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Publicado el 20 de junio de 2002
Dic 13, 2013 | Al cabo de la calle, Articulos
…por las que dejo de fumar
Con este título publiqué el 23 de marzo de 2001 una declaración pública de abandono del tabaco. Lo hice animado por un texto similar de Terence Moix. El de hace más de doce años fue uno de los muchos intentos que he realizado para desechar una de las mayores tonterías que he cometido en mi vida: fumar. Llegué muy tarde, a los 22 años, pero caí de lleno. Estuve incluso casi seis años sin ponerme un cigarrillo entre los dedos, pero he ido sucumbiendo a esta adicción en diversas etapas de mi vida. Desde el pasado 1 de junio no he vuelto a fumar . Son más de seis meses, y estoy agradecido al Programa para Dejar de Fumar que lleva a cabo el Servicio de Prevención de la Administración donde trabajo. Un grupo de apoyo, con acompañamiento médico, es la clave para animarnos a abandonar esta terrible epidemia. así, como suena. En mi juventud fui un militante anti-tabaco. Luego me dejé llevar y viví diversas experiencia de autoengaño. Lo pero que nos pasa a los fumadores. Que vivimos al margen de la realidad. Ahora estoy feliz. Descubrí que fumar es una verdadera tontería. Y esta semana, que tuvimos sesión, cuatro compañeros y compañeras compartimos que se puede vivir sin tabaco. Que mejoramos nuestro estado de salud (físico y anímico) y nuestra economía. ¿Cuál es tu experiencia con el tabaco? Aquí te dejo el artículo en cuestión.
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85 razones por las que dejo de fumar
Porque esta mañana ya he comenzado a sentirme mejor. Porque quiero a mis hijos. Porque empecé a fumar muy tarde y cometí un gran error. Porque no quiero que me huela tan mal el aliento. Porque le he visto las orejas al lobo. Porque mi padre murió veinte años antes de la esperanza media de vida. Porque no deseo que me duela más la cabeza. Porque no quiero que las tabaqueras se enriquezcan más a mi cuenta. Porque me gustó la película “El dilema” de Al Pacino. Porque estoy cansado de pensar lo que me cuesta dejarlo. Porque quiero hablar por teléfono sin un pitillo entre los dedos. Porque sé que puedo escribir sin humos. Porque odio las dependencias. Porque un día me regalé una bicicleta la última vez que lo dejé. Porque la vida es maravillosa. Porque me gusta el vino. Porque quiero saborear la comida. Porque tengo más infecciones en la boca de lo normal. Porque me gusta mi colonia. Porque mi oficina está más limpia. Porque me siento mejor. Porque quiero ver crecer a mis hijos. Porque amo a mi mujer. Porque vi sufrir a mi suegro. Porque lloré con la muerte de José Luis a sus 37 años. Porque le tengo miedo al cáncer. Porque el tiempo tiene otro sabor. Porque haré feliz a mi amiga Consuelo. Porque estoy harto de que me pregunten cuándo me lo voy a dejar. Porque no me gustan los ceniceros. Porque soy capaz. Porque odio la pereza y la hipocresía. Porque el ecologismo comienza por uno mismo. Porque no me gusta la violencia. Porque amo la vida. Porque Bogart podía haber sido igual de duro sin un cigarro. Porque otros han sido capaces de dejarlo. Porque tengo una preocupación menos. Porque no me gusta ver en el espejo mis dientes amarillos. Porque un café se puede saborear sin un pitillo. Porque quiero respirar bien. Porque roncaré menos. Porque no me gusta la voz “cazallera”. Porque no tendré que preguntarle a un no fumador si le importe que yo fume. Porque ya lo he intentado varias veces y no he podido. Porque me gustaron los artículos de Terence Moix y de Muñoz Molina al respecto. Porque encontraré nuevos motivos para afianzar esta decisión. Porque quiero ser tolerante. Porque comprenderé mejor a los que fuman. Porque sólo visitaré un estanco para comprar sellos o saludar a mi cuñada o a Rafa. Porque mi hijo pequeño no verá un paquete de tabaco sobre la mesa. Porque no tendré que ir a buscar un pitillo a medianoche. Porque enjugaré mis frustraciones de otra manera. Porque trataré de buscar explicación a mi ansiedad. Porque podré mirar a los ojos de quien tenga enfrente. Porque perderé unos kilos aunque los gane al principio. Porque volveré a coger la bicicleta. Porque andaré más. Porque beberé más agua para limpiar y oxigenar el cuerpo. Porque cuando llegue la muerte la miraré sin rencor. Porque no quiero que otros decidan por mí. Porque cogeré entre mis dedos otros dedos cuando eche de menos un pitillo. Porque el gusto es mío. Porque no quiero toser más. Porque no quiero comprar más caramelos sin azúcar para disimular mi halitosis. Porque odio la acidez de estómago. Porque no quiero que mi dentista me vuelva a invitar a una limpieza de boca. Porque ganaré puntos a mi voluntad. Porque tengo la esperanza de que mi hermana también lo deje. Porque no quiero dar lecciones a nadie. Porque se puede vivir libre de drogas. Porque entiendo a los alcohólicos, ludópatas y otros toxicómanos. Porque no quiero que la ceniza vuelva caerse sobre el teclado. Porque mucha gente se ha perdido las oportunidades que les ofrecía la vida antes de tiempo. Porque no quiero vivir amargado pensando ‘si lo hubiera dejado antes…’. Porque dedicaré los casi cien duros diarios que me gasto en tabaco a otros fines. Porque no tendré que mendigar unos pitillos cuando me quede sin ellos. Porque no quiero pagar de este modo más impuestos al gobierno. Porque reduciré un poco el gasto sanitario. Porque me gustaría que los cardiólogos se dedicaran a investigar otras lesiones al margen de las que causa el tabaco. Porque no me gusta que los maestros fumen delante de los niños. Porque no tendré que salirme al balcón en casa de mis amigos. Porque seguiré luchando por el 0,7 y más y porque ninguna marca de tabaco tenga que apoderarse de esta reivindicación. Porque mañana participaré en la cadena contra la deuda externa y le añadiré la demanda de que las tabaqueras no exporten el negocio de fumar a los países del Sur. Porque lo light me parece superfluo. Porque nunca es tarde para dejarlo. Porque…
Dic 12, 2013 | Al cabo de la calle, Articulos
Han pasado más de ocho años, y a punto de llegar al verano de 2001 publiqué en La Opinión, en mi columna de entonces que llevaba por título el mismo que este blog, un nuevo artículo sobre la huelga, con el que finalizo esta serie al hilo de la próxima conmemoración del 14-D de 1988. El sindicato CCOO ha publicado un número especial de su Gaceta Sindical y ha organizado diversos actos para recordar este acontecimiento que pretenden servir para destacar la fortaleza de las razones sindicales que motivan el conflicto social en cada momento, con independencia del Gobierno del turno, y sobre todo la legitimidad del movimiento sindical como defensor de los intereses de la clase trabajadora y como vector de fuerza de los cambios sociales.
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Huelgas y ley de huelga
Las recientes huelgas del transporte discrecional en Mallorca, la de los basureros de Segovia y los paros de los pilotos de Iberia han vuelto a poner sobre el tapete uno de los pocos derechos que aún les quedan a los trabajadores. Mejor dicho, a los asalariados con un contrato digno, con representación sindical y sin miedo a las consecuencias que una acción de protesta como la que nos ocupa pueda entrañar. Lo que resulta paradójico es que cuando llegan situaciones como las enumeradas, o muchas otras, la carne que se coloca en el asador es la que tiene que ver con los ejercientes de la medida. Casi nunca en los causantes de la misma. Pero es que hay huelgas… y huelgas. Y en esto entenderán que siempre hay que establecer diferencias. No se puede situar al mismo nivel la que realizan determinados colectivos –como se les llama ahora- como el de los pilotos del sindicato SEPLA o el de los basureros segovianos. Las reivindicaciones son distintas y los puntos de partida muy diferentes. Por ello es por lo que hay que atinar muy fino cuando queremos emitir juicios al respecto.
Y siempre que se producen situaciones como estas nos damos cuenta de que no existe una regulación específica sobre la huelga. No voy a entrar en quién tiene la razón, pero sí quiero detenerme en una vuelta atrás, porque eso de la memoria histórica tiene sentido cuando intentemos entender el presente. Vayamos al año 1993. Quince años después de promulgada la Constitución el Gobierno socialista de entonces quiso regular el derecho de huelga, reconocido en el artículo 28.2 de la Carta Magna. El acuerdo que en noviembre de 1992 alcanzaron los sindicatos UGT y CC OO con el Grupo Parlamentario del PSOE desbloqueó una negociación que hacía peligrar un importante compromiso antes de concluir la tercera legislatura socialista.
Se pretendía resolver un vacío legal que resolvía el Constitucional, ya que éste dejó prácticamente en ‘fuera de juego’ al Real Decreto Ley 17/1977 de 4 de marzo sobre relaciones de trabajo, instrumento legal utilizado hasta la fecha para el desarrollo de la huelga. Un real decreto al que el propio PSOE presentó un recurso de inconstitucionalidad en octubre de 1980, y que fue estimado en parte por el alto tribunal. Ya fue paradójico, sin embargo, que el primer texto del Proyecto de Ley de Huelga aprobado por el Gobierno el 14 de mayo del 92 fuese calificado por los sindicatos como más restrictivo que la legislación vigente de entonces. Ese proyecto fue remitido a las Cortes en medio de la conflictividad desatada por la convocatoria de la huelga general de media jornada del 28 de mayo de ese año, y en contra de las propuestas sindicales aportadas en diversas reuniones mantenidas hasta entonces.
El enfrentamiento con UGT y CC OO se agudizó tras la publicación del texto gubernamental en el Boletín Oficial del Congreso de los Diputados del 1 de junio, y después de que fuesen discutidas en el Pleno -y rechazadas por los grupos mayoritarios de la Cámara- las enmiendas a la totalidad. El paréntesis veraniego no calmó los ánimos y una vez reanudada la actividad política y sindical se iniciaron unos contactos entre dirigentes del PSOE y de las centrales sindicales mayoritarias. Estos encuentros -con sus correspondientes declaraciones de buenas intenciones- culminaron en noviembre con el acuerdo del Grupo Parlamentario del PSOE en el Congreso y los dos sindicatos, ante la sorpresa de la patronal CEOE y del PP.
¿Qué había ocurrido desde la primavera al otoño para que el Gobierno, y en especial el sector liderado por el superministro Carlos Solchaga, hubiese modificado su actitud para alcanzar un compromiso con las organizaciones sindicales? Al parecer, la cesión de UGT y CC OO en algunos aspectos del texto -en especial en las atribuciones de los piquetes y en que, en el caso de no llegar a un acuerdo, la autoridad política fuese la última responsable en fijar los servicios mínimos en los sectores esenciales de la comunidad- y el triunfo de las tesis del sector guerrista en el seno del PSOE -que defendía la necesidad de atemperar el enfrentamiento con los sindicatos para recuperar el voto de la izquierda- fueron los elementos determinantes.
El texto de la Ley acordado desató las iras del PP, que aprovechó este asunto para sumarlo a la serie de ataques que dirigía al Gobierno y al PSOE en aquellos meses. De nada sirvieron los guiños lanzados a los dirigentes de UGT y CC OO en la primavera del 93, porque el objetivo final era el de derrotar en las urnas a Felipe González al precio que sea. Objetivo que no se logró hasta tres años después. De rebote, el presidente de la patronal CEOE, José María Cuevas, encontró a su natural aliado, José María Aznar, para de forma conjunta acusar al Gobierno de haber claudicado ante los sindicatos y achacar al proyecto de Ley de Huelga de ser un elemento determinante ante la grave crisis económica que padecía el país. Las críticas al texto llegaron hasta el extremo de olvidar resoluciones del Tribunal Constitucional referidas, por ejemplo, a la prohibición expresa de utilizar las facultades empresariales respecto de la movilidad funcional o geográfica de los trabajadores, al objeto de limitar o impedir el ejercicio del derecho de huelga.
Cuevas encontró en el propio PSOE unos aliados entre los seguidores de las tesis de Solchaga, que trataban de no ofrecer argumentos a los detractores de la política económica socialista con el fin de recuperar la inversión y, consiguientemente, el empleo, principal problema del Ejecutivo de Felipe González. Lo que sucedió después, es decir, en los siguientes ocho años, ya lo sabe el lector. Es decir, seguimos igual, pero mira lo que ha cambiado el mercado de trabajo.
Dic 11, 2013 | Al cabo de la calle, Articulos
Al artículo que escribí a comienzos de 1993 sobre la inminente aprobación de la Ley de Huelga en España le acompañaba una información complementaria, que reproduzco a continuación, sobre la regulación de este derecho en Europa. Precisamente, el debate surgido tras la huelga de la limpieza en Madrid, los medios de comunicación recopilaron cómo es la situación en Europa acerca de este asunto. El lector podrá comprobar que apenas ha habido cambios. Buena parte de la información de entonces la obtuve de los trabajos de Eduardo Rojo, colaborador de la revista Noticias Obreras, en la que yo trabajaba en esos momentos.
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Europa se debate entre la promoción y la restricción al derecho de huelga
Cada país seguirá con una legislación propia, ya que en materia de política social el Tratado de Maastricht excluye de las decisiones comunitarias este derecho
La regulación del derecho de huelga en Europa oscila entre modelos que promocionan este derecho fundamental -como en el caso italiano- a otros que tienden a una radical limitación, como en Gran Bretaña. De forma intermedia encontramos el modelo en el que predomina la influencia sindical -Alemania y países nórdicos- o donde son los trabajadores los que van fijando sus límites, tal como sucede en Francia y en cierta medida en Bélgica y Países Bajos.
La pluralidad de los modelos existentes en la Europa comunitaria seguirá existiendo durante los próximos años, puesto que en el Tratado de Maastricht del 7 de febrero de 1992 quedan expresamente excluidas de las decisiones comunitarias, en materia de política social, las cuestiones relativas a salarios, derecho sindical, derecho de huelga y cierre empresarial. No obstante, tal y como asegura el profesor de Derecho del Trabajo de la Universidad de Girona, Eduardo Rojo, «nada impide que se pueda alcanzar un acuerdo sobre la regulación comunitaria del derecho de huelga mediante convenios entre las organizaciones sindicales y empresariales europeas, que permitan después una armonización de las normas nacionales».
Gran Bretaña
Al margen de que esta última consideración no deja de ser una mera hipótesis, en el extremo de los modelos restrictivos del derecho de huelga encontramos el que se ha seguido desde 1979 en Gran Bretaña con un objetivo claro: la disminución del poder sindical por la vía de imponer técnicas de penalización económica por incumplimiento de la normativa. Así, se restringe el concepto de «conflicto laboral» por las leyes de Empleo de 1980 y 1982, y por la Ley Sindical de 1984, a [materias de salario y condiciones de trabajo], por lo que quedan excluidos los conflictos que no se ciñan a motivos económicos. Cuando un sindicato convoca una huelga esta decisión debe tener el respaldo de la mayoría de los afiliados en cada centro de trabajo y de manera independiente.
El afiliado, por tanto, no tiene por qué respetar las decisiones de los órganos directivos del sindicato y ello no puede llevar aparejada ninguna sanción estatutaria o económica. También se prohíbe expresamente la utilización de fondos sindicales para el abono de sanciones impuestas a los dirigentes o afiliados por conducta contraria a la legalidad. La Ley británica sobre el Empleo de 1990 limita la actuación legal de los sindicatos y los huelguistas cuando se lleven a cabo huelgas de solidaridad o convocadas al margen de la organización sindical.
El caso francés
En Francia, por su parte, no existe una regulación específica del derecho de huelga -reconocido en la Constitución de 1958- debido a la oposición del movimiento sindical, que ha defendido que su desarrollo podría ser utilizado para limitar su ejercicio. Por contra, sí existe una copiosa regulación de la huelga en los servicios públicos por medio de la Ley de 31 de julio de 1963 que establece unas determinadas limitaciones en cuanto a los sujetos convocantes -sindicatos más representativos-, obligatoriedad legal del preaviso de cinco días así como de una previa negociación, y prohibición de las huelgas no oficiales y de las «turnales o rotatorias» que pretenden desarticular el sistema productivo.
El vacío alemán
El derecho de huelga no encuentra acogida constitucional en Alemania, aunque en el artículo 9 de la Ley Fundamental de Bonn de 1949 se reconoce el derecho de sindicación y sólo se hace una mención genérica a los conflictos colectivos. Este derecho, sin embargo, está reconocido por numerosos pronunciamientos judiciales. La convocatoria de huelga, su dirección y finalización corresponde a las potentes, y bien surtidas económicamente, organizaciones sindicales.
La legislación alemana prohíbe el derecho de huelga a los funcionarios públicos, por cuanto se entiende que el deber de fidelidad hacia el empleador público es incompatible con ese otro derecho. De forma general, la mencionada prohibición, «harto más que criticable desde el punto de vista sindical y discutible desde la perspectiva jurídica», según el profesor Rojo, encuentra su razón de ser según los tribunales en motivos de orden público y seguridad del Estado.
Referencia italiana
El modelo italiano es el que más puntos de referencia encuentra con la regulación que está a punto de aprobarse en España, plasmado en la Ley de 12 de junio de 1990 del derecho de huelga en los servicios esenciales. La Ley los define como aquellos que garantizan el disfrute de los derechos constitucionales protegidos de la persona a la vida, salud, libertad y seguridad, medio ambiente y patrimonio artístico, tutela de la libertad de circulación, asistencia previsión social y educación, y deja después a la autonomía de las fuerzas sociales la concreción de los servicios mínimos en cada servicio esencial y las reglas que deban aplicarse.
El incumplimiento de los servicios mínimos comporta una sanción proporcional a la infracción cometida. Si es un sindicato el que incumple la norma quedará excluido temporalmente de recibir beneficios de orden patrimonial y será además apartado de las negociaciones colectivas por un período de dos meses tras el cese del comportamiento ilegal. Se fija un preaviso no inferior a diez días, debiendo las empresas afectadas suministrar a los usuarios del servicio una información adecuada del conflicto. También deben facilitarla los servicios públicos de radiodifusión y los medios de comunicación que disfruten de financiación o de facilidades tarifarias, crediticias o fiscales.
La Ley italiana, finalmente, instituye una Comisión de Garantía de actuación de la ley integrada por nueve juristas de prestigio. Entre sus funciones se encuentran las de examinar periódicamente el cumplimiento de la norma, así como la de intervenir en fase de conciliación e incluso de arbitraje en un conflicto si las partes conjuntamente lo solicitan. Por tanto, el modelo italiano pretende encauzar adecuadamente la actividad sindical y suprimir los conflictos salvajes en los sectores públicos.
Dic 10, 2013 | Al cabo de la calle, Articulos
La reciente huelga de la limpieza en Madrid, con las gloriosas intervenciones de su máxima regidora, Ana Botella, ha vuelto a poner sobre el tapete la conveniencia o no de regular el derecho de huelga en nuestro país. El próximo sábado 14 de diciembre se cumplen 25 años de la célebre huelga general del 14-D, convocada por los sindicatos CCOO y UGT (precisamente este acontecimiento culminó la fractura entre Nicolás Redondo y Felipe González, entre buena parte de la base social del socialismo y la gran mayoría de la izquierda). La razón principal era el rechazo a una importante reforma en el mercado laboral, que abarataba el despido e introducía los contratos temporales para los jóvenes trabajadores. ¿Suenan de algo esas razones?
Recuerdo ahora que aquella jornada la viví en Elche, donde trabajaba como periodista de información de sucesos y laboral para la delegación del diario La Verdad. Ese día trabajamos (los periodistas hicimos la huelga el día anterior) para dar cuenta de los acontecimientos que se iban produciendo, y viví en primera persona los piquetes en el puerto pesquero de Santa Pola y en los centros comerciales de la entonces cadena «Continente», así como la multitudinaria manifestación por las calles de la ciudad.
Más de un lustro después, hace ya veintiún años -¡uf, cómo pasa el tiempo!- la polémica sobre la regulación de la huelga ocupaba las portadas de los diarios y de los informativos de radio y televisión, ya que se había alcanzado un acuerdo en el Congreso entre el entonces Grupo Parlamentario Socialista (estábamos en noviembre de 1992, inicio de la etapa final de los gobiernos de Felipe González) y los sindicatos UGT y CCOO. Sinceramente no ha cambiado mucho el panorama en cuanto a legislar o no acerca de este derecho que tenemos los trabajadores y trabajadoras para expresar nuestras discrepancias y diferencias con quienes rigen los asuntos laborales. Por eso comparto contigo varios artículos que escribí entonces. El primero de ellos, en 1993, para el diario La Verdad, sobre la inminente aprobación de la Ley de Huelga (que no llegó a materializarse).
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La Ley de Huelga cubrirá un vacío que hasta ahora ha resuelto el TC
El Gobierno regulará el derecho de huelga después de casi quince años de promulgada la Constitución, tras el acuerdo alcanzado en noviembre con los sindicatos UGT y CC OO
Quince años después de promulgada la Constitución el Gobierno socialista regulará el derecho de huelga, con lo que se cubrirá un vacío legal que hasta ahora ha resuelto la jurisprudencia del Tribunal Constitucional. El acuerdo que en noviembre pasado alcanzaron los sindicatos UGT y CC OO con el Grupo Parlamentario del PSOE ha desbloqueado una negociación que hacía peligrar un importante compromiso antes de concluir la tercera legislatura socialista.
La discusión de las cuatro enmiendas al texto del proyecto de Ley de Huelga presentadas en el Senado darán paso, salvo improbables sorpresas de última hora, a una regulación específica de este derecho reconocido en el artículo 28.2 de la Carta Magna. Con este requisito se cubrirá un vacío legal que hasta ahora resolvía el Tribunal Constitucional (TC), ya que éste dejó prácticamente en [fuera de juego] al Real Decreto Ley 17/1977 de 4 de marzo sobre relaciones de trabajo, instrumento legal utilizado hasta la fecha para el desarrollo de la huelga. Un real decreto al que el propio PSOE presentó un recurso de inconstitucionalidad en octubre de 1980, y que fue estimado en parte por el alto tribunal.
Resulta paradójico, sin embargo, que el primer texto del Proyecto de Ley de Huelga aprobado por el Gobierno el 14 de mayo del pasado año fuese calificado por los sindicatos como más restrictivo que la legislación vigente, que proviene del referido real decreto. Ese proyecto fue remitido a las Cortes en medio de la conflictividad desatada por la convocatoria del huelga general de media jornada del 28 de mayo, y en contra de las propuestas sindicales aportadas en diversas reuniones mantenidas hasta entonces.
Cambio de actitud
El enfrentamiento con UGT y CC OO se agudizó tras la publicación del texto gubernamental en el Boletín Oficial del Congreso de los Diputados del 1 de junio, y después de que fuesen discutidas en el Pleno -y rechazadas por los grupos mayoritarios de la Cámara- las enmiendas a la totalidad. El paréntesis veraniego no calmó los ánimos y una vez reanudada la actividad política y sindical se iniciaron unos contactos entre dirigentes del PSOE y de las centrales sindicales mayoritarias. Estos encuentros -con sus correspondientes declaraciones de buenas intenciones- culminaron en noviembre con el ya conocido acuerdo del Grupo Parlamentario del PSOE en el Congreso y los dos sindicatos, ante la sorpresa de la patronal CEOE y del PP.
¿Qué había ocurrido desde la primavera al otoño para que el Gobierno, y en especial el sector liderado por el ministro Carlos Solchaga, hubiese modificado su actitud para alcanzar un compromiso con las organizaciones sindicales? Al parecer, la cesión de UGT y CC OO en algunos aspectos del texto -en especial en las atribuciones de los piquetes y en que, en el caso de no llegar a un acuerdo, la autoridad política sea la última responsable en fijar los servicios mínimos en los sectores esenciales de la comunidad- y el triunfo de las tesis del [sector guerrista] en el seno del PSOE -que defiende la necesidad de atemperar el enfrentamiento con los sindicatos para recuperar el voto de la izquierda- han sido los elementos determinantes.
Iras del PP y CEOE
El texto de la Ley acordado, al que se han presentado mínimas modificaciones en su trámite en el Congreso, tampoco sufrirá retoques de importante en la Cámara alta. Por ello ha desatado las iras del PP, que ha aprovechado este asunto para sumarlo a la serie de ataques que dirige al Gobierno y al PSOE en los últimos meses. De nada han servido los guiños lanzados a los dirigentes de UGT y CC OO no hace mucho tiempo, porque el objetivo final es el de derrotar en las urnas a Felipe González al precio que sea.
De rebote, el presidente de la patronal CEOE, José María Cuevas, ha encontrado a su natural aliado, José María Aznar, para de forma conjunta acusar al Gobierno de haber claudicado ante los sindicatos y achacar al proyecto de Ley de Huelga de ser un elemento determinante ante la grave crisis económica que padece el país. Las críticas al texto han llegado hasta el extremo de olvidar resoluciones del Tribunal Constitucional referidas, por ejemplo, a la prohibición expresa de utilizar las facultades empresariales respecto de la movilidad funcional o geográfica de los trabajadores, al objeto de limitar o impedir el ejercicio del derecho de huelga.
Similares críticas
Casi sin quererlo, Cuevas ha encontrado en el propio PSOE unos aliados entre los seguidores de las tesis de Solchaga, que tratan de no ofrecer argumentos a los detractores de la política económica socialista con el fin de recuperar la inversión y, consiguientemente, el empleo, principal problema del Ejecutivo de Felipe González.
Pero como han señalado el vocal de la ejecutiva de UGT, José María Zufiaur, y el propio secretario general de CC OO, Antonio Gutiérrez, las críticas han sido las mismas que cuando se alcanzó el acuerdo sobre la ley sobre derechos de información de los representantes de los trabajadores en materia de contratación. Los resultados, sin embargo, han sido muy distintos a los anunciados entonces.
Dic 8, 2013 | Articulos
Este año estoy viviendo de manera muy especial las Fiestas de la Virgen en mi pueblo, Yecla, ya que dos miembros de la familia asumen el protagonismo de dos figuras significativas de estos días: la Mayordomía de la Insignia de la Bandera, mi primo Juan Navarro Ibáñez, y el Clavario de la Bandera, su hermano José Francisco. Mi familia paterna es conocida en Yecla como «Los Luna», y una de las Escuadras de las fiestas lleva ese nombre, el apodo familiar, y fue fundada en el año 1905 por el abuelo de mi padre. Por tanto, estamos muy unidos a las tradiciones y a la devoción a la Virgen del Castillo, que es como se conoce en Yecla la advocación mariana de la Inmaculada Concepción.
Las Fiestas de la Virgen son una expresión de la religiosidad popular, que más o menos entendidas o aceptadas, son una muestra de la fe de un pueblo, tan respetable como otras. A mi juicio, esa manifestación de la religiosidad popular no debe quedarse limitada a lo puramente folclórico o externo, pero quién soy yo para juzgar los sentimientos, las emociones y, sobre todo, las motivaciones, que cada persona tiene acerca de las mismas. Este año todo son emociones y recuerdos familiares: desde la tarde del día 5, con la visita de los ‘tíos de las punchas’ a la casa de mi tía Paqui -donde les esperaba la familia del Clavario-, pasando por la Misa de los Pajes, la comida con mis primos y el resto de miembros de la Escuadra de Los Luna, el beso de la Bandera, la Alborada, la Bajada, la Ofrenda, la Misa del Día de la Virgen, la Proclamacion del Clavario y la procesión de la tarde.
Una cosa más. Comparto contigo el Pregón de las Fiestas del año 2008 que pronuncié con orgullo y con recuerdos muy sentidos a mi extirpe familiar.
Dic 3, 2013 | Articulos
El pasado verano se cumplieron diez años de la ausencia de Celia Cruz. Un día después de su fallecimiento publiqué estos recuerdos en las páginas del diario La Verdad de Murcia, que hoy recupero como guiño nostálgico a la reina de la salsa.
Te has marchado sin dejar de lado esa amplia sonrisa, de oreja a oreja, que siempre nos has ofrecido a tus incondicionales. Qué más da que nacieras en un año o en otro, o que comenzaras de tapadillo en La Sonora Matancera. Lo importante es que has sido fiel a la guaracha, la rumba, el merengue, el bolero o el son. Que tus siete decenas de discos son la muestra evidente de que la salsa supera los meros objetivos de mercadotecnia que los ejecutivos de las discográficas programan cada temporada.
Entraste en mi vida de la mano y el buen hacer de Caco Senante, en su programa de Radiocadena Española a comienzos de los 80, y de otros grandes periodistas musicales de Radio 3, como Juan Pablo Silvestre y su Escápate mi amor. Fuiste fiel a tu adscripción anticastrista, pero sin hacer de ello tu grito de guerra. Razones no te faltaban, como cuando el régimen te impidió acceder a la isla para atender a tu papá en sus últimos días de vida.
Allá en el paraíso has tenido oportunidad de encontrarte con La Voz, Héctor Lavoe, o el percusionista Tito Puente, ese timbalero con el que tanto compartiste en vida. Una complicidad de la que fuimos testigos en julio del 92 en San Javier, en un memorable concierto a dos bandas que no tenía fin. Como dos años antes, en agosto del 90, cuando catorce mil personas vibramos en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid, junto al resto de estrellas de Fania All Star, ese sello discográfico creado en 1968 de la mano de Johnny Pacheco y que triunfó en Nueva York en el 73.
En el patio de caballerizas del coso madrileño y frente a una nube de periodistas, al término del concierto uno de provincias como yo se alzó y te preguntó tu opinión sobre la salsa erótica o pornosalsa, que comenzaba a estar de moda entonces con Lalo Rodríguez como primer exponente. Las miradas de desprecio de los colegas de la Corte dieron paso a la sorpresa cuando afirmaste que “la salsa es mi vida y nuestra música defiende el sentido del humor, el ‘relajo’ para el pueblo, y no quiere ser soez ni ofender a la mujer”. Palabras que fueron ratificadas por el propio Pacheco, Ismael Miranda y Cheo Feliciano.
Tu Bolita de Nieve, ese trompetista de La sonora con el que te casaste hace cuarenta años llorará por tu aquí en la tierra, como muchos otros, mientras esperamos encontrarnos contigo en ese gran concierto celestial en el que volverás a gritar, con desgarro: ¡Asúuuuuu… car!
Dic 1, 2013 | Articulos, Mis lecturas
No paguéis vuestras deudas con los bancos, no paguéis las tarjetas de crédito, no paguéis los plazos de las hipotecas. No paguéis los créditos al consumo ni los préstamos personales, no paguéis a los que nos han hundido.
¡No paguéis! No debéis nada a los bancos que os han expoliado y sumido en deudas. Que os lleven a los tribunales para embargaros vuestros bienes. Los jueves tardarán cinco años en fallar a su favor. Si es que los bancos no han quebrado antes. Pero no irán a los tribunales, buscarán un acuerdo, que será a vuestro favor. Vuestra deuda será menor y los plazos más largos.
¡No paguéis! Hace dos años el gobierno repartió 28.000 millones entre los bancos. Un dinero que ellos no necesitaban para nada. Que resten vuestras deudas de esos 28.000 millones, porque los recibieron de vuestros impuestos, es decir, de vuestro bolsillo. Los que entendemos un poco de balances no tenemos más que echar un vistazo a las cuentas bancarias para ver los beneficios astronómicos que han obtenido sólo en la última década.
¡No paguéis! ¡No pueden haceros nada!

Petros Márkaris / FOTO: www.uimp.es
Una invitación a la desobediencia civil. A la insurrección que puede llevar a que tiemblen de verdad los cimientos del sistema financiero que nos atenaza. Un alegato que podemos leer en la novela Con el agua al cuello, la primera de la trilogía que refleja la crisis griega, junto a Liquidación final y Pan, Educación, Libertad, del escritor nacido en Turquía y de padre armenio Petros Márkaris, uno de los grandes descubrimientos recientes del género negro actual. Descubrimiento para quien esto escribe, porque Márkaris es un veterano traductor, dramaturgo, guionista y narrador. Padre literario del comisario Kostas Jaritos, protagonista de nueve novelas que no tienen desperdicio y en las que los españoles de la mayoría absoluta del PP y de la estafa económica que sirve de excusa para las políticas neoliberales nos sentiremos muy identificados.
La trastienda de cada una de las tramas de esta trilogía de la crisis es real como la vida misma. Precisamente hace unos días escuchaba el relato de uno de los activistas de las Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) que contaba muchas circunstancias que aparecen en estas obras literarias. Los fondos buitres que gestionan las hipotecas que los bancos dan casi por perdidas o los dramas personales que aparecen ligados a los impagos. La corrupción política y económica, de la que no se salvan los líderes políticos y sindicales que antaño protagonizaron la transición democrática tras la Dictadura de los Coroneles, tiene un reflejo en la España de hoy en acontecimientos que nos son muy familiares.
Te invito, querido lector, querida lectora, a sumergirte en las historias del comisario Jaritos, a entrar en su vida, en la de su mujer Adrianí, en la de su hija Katerina, en las relaciones con sus subordinados que le apoyan en las investigaciones y en las que establece con su superior, su jefe Guikas, al que siempre debe dar cuentas.
Novela negra, bisturí de la sociedad
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