Ene 12, 2020 | Al cabo de la calle, Articulos
La derecha lo borda y cuando se pone a repartir carnés de patriotismo no hay quien le gane. Carnés de españoles auténticos, de defensores de la hispanidad, de los valores cristianos del mundo civilizado. A lanzar en un tono impostado y agudo los vivas al Rey, a España y a la madre que nos parió no la supera nadie. A la Constitución, ya es otro cantar, porque la Carta Magna es un libro gordo de Petete de quita y pon. Una vez me interesa, otra no. Y que no se le recuerde, por favor, acabáramos, qué votó cuando hubo que hacerlo allá por el año 78 del siglo pasado. La derecha entonces no se expresaba como tal. Formaba parte del cascarón del propio Régimen, de donde viene y va, querría ir… y a mucha honra. (más…)
Ene 5, 2020 | Al cabo de la calle, Articulos
Queridos Reyes Magos: Me dirijo a Sus Majestades a unas
pocas horas de que comiencen sus cabalgatas e inicien ese reparto de presentes,
alegrías y sueños especialmente entre los más pequeños de nuestras casas. Hoy
volvéis a tener un día muy complicado. No en balde, tratar de responder y
atinar con las ilusiones de infantes y mayores es una tarea ardua para
concentrarla en tan poco tiempo. Cada año que pasa os lo ponemos más difícil. Lo queremos todo y lo queremos ya. Sin espacio
para la reflexión, para pensar en lo deseado, sino para explotar el instante
sin contemplaciones. Ay, Señor, dame paciencia… ¡pero ya!
Os recuerdo que el pasado
año os pedí, en primer lugar, un poco de magia con mala leche, con más
genio, para actuar con menos complacencias, agrados o deleites con los
caraduras que nos rodean. Tengo que agradeceros que ese deseo se haya cumplido en
una buena parte. Resulta que cuando uno se suelta ya no hay vuelta atrás. Es
una sensación tan agradable que cualquier obstáculo que antes aparecía como un
muro infranqueable ahora queda invisibilizado al abordarlo de frente. Las
barreras se esfuman cual azucarillo en el fondo de la taza. No ha hecho falta
enfadarse con alguien en particular. El conflicto, como casi siempre, está en
uno mismo y andaba equivocado. El punto de mira lo tenía en un lugar erróneo y
sólo ha bastado enfocar un poco el objetivo para ver más claro.
Siempre estáis ahí y habéis vuelto a acertar portándonos todo aquello con lo que seguir alimentando nuestra sensibilidad por conocer
También os reclamé fortaleza con el fin de no mirar hacia
otro lado ante los hechos que acontecen a nuestro alrededor. Ni en el mundo de
la política, ese que anda tan revuelto por el engaño, las noticias falsas o los
discursos identitarios tan faltos de sensibilidad ante la desigualdad. De ahí
que la precariedad, la exclusión y la vulnerabilidad en la que viven grandes
cantidades de personas en nuestras ciudades y pueblos son los factores sobre
los que hay que cargar las tintas. Como las consecuencias de este sistema económico injusto que nos zampa
cual Saturno devorando a sus hijos, que agota los recursos del planeta mientras
que hay quienes niegan lo evidente y nos entretienen con milongas sobre la
ruptura de España y las traiciones de no se sabe muy bien ante qué o frente a quiénes.
Queridos Magos de Oriente. Siempre estáis ahí y habéis
vuelto a acertar portándonos todo aquello con lo que seguir alimentando nuestra
sensibilidad por conocer, por saborear el arte, la literatura, la música, la
poesía, el cine y el teatro, la pintura y la escultura… En definitiva, cualquier expresión de la
riqueza simbólica manifestada por los seres humanos desde que nos sentimos como
tales y que nos facilitan, como seres vivos, que nos entendamos y nos
expliquemos un poco más. Sobre todo, para querernos y respetarnos. Aunque pueda
sonar un tanto cursi, bienvenidos sean todos esos gestos de los que estamos tan
faltos, como los besos, los abrazos, los agradecimientos, las tiernas miradas cómplices
y el propio roce de los cuerpos estrechados en cálida muestra de
afectividad.
Concluyo ya. Junto a la sonrisa que nos brindaréis esta noche y a las preguntas acerca de si hemos sido buenas personas, cuando lleguéis no os reprimáis con algún estirón de orejas o collejas, mismamente, para despertarnos a la realidad. Porque seguimos aplatanados, entretenidos en batallas que no son nuestras o adormecidos por el pan y circo que muchos practican desde que el mundo es mundo. Tenéis carta blanca porque sois así, Reyes Magos, y podéis lograrlo todo a través de la magia. Continuamos necesitados de un buen conjuro con el que desplegar la energía para el resto del año, con la mirada del niño que nunca dejó de serlo y con la ingenuidad necesaria para contemplar la compleja realidad en la que deambulamos. Os prometo que no faltaremos a la cita.
Dic 29, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos, Mis lecturas
El año pasado acabó con El dolor de los demás, esa terrible historia de Miguel Ángel Hernández, con ese regreso al pasado que no cesa de volver y que fue capaz de conmover hasta la más recóndita de las entrañas ancladas en la infancia y la adolescencia. Caminos cruzados de experiencias y escenarios comunes en la huerta, la iglesia y los dramas cercanos dieron paso a una guía de lectura que ha sido lo más reconfortante en un año repleto de vivencias circulares. Delphine de Vigan, en Nada se opone a la noche, fue la encargada de clavar, quizá sin pretenderlo, la primera herida en un corazón cansado de soportar la oquedad resultante entre el deseo y la realidad, la expectativa y el presente. París, los años 60, la familia numerosa y la reconstrucción de una historia familiar que pretendía pasar desapercibida entre el nacimiento de los hijos, sus avances profesionales y el vendaval que atraviesa la vida de quienes tratan de construir sus edificios vitales sin socavar los cimientos de los ancestros. (más…)
Dic 22, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos
La escritora Amy Michael Homes nos recuerda que todas las familias tienen una historia que se cuenta a sí misma: que pasa de hijos a nietos. La historia crece a lo largo de los años, muta; algunas partes se pulen, otras se eliminan y a menudo se discute sobre lo que ocurrió de verdad. Pero aun existiendo estas divergencias en la misma historia, sigue habiendo acuerdo respecto a que se trata de la historia familiar. Y a falta de otros relatos se convierte en la asta del que la familia cuelga su identidad.
Esa historia familiar es la que se expone sobremanera en los
días que se avecinan. Aquel Niño nacido en Belén también tuvo la suya, marcada
por la falta de vivienda donde recalar sus huesos en sus primeros instantes de
vida. Qué fragilidad. Menuda vulnerabilidad. Qué imagen para ser un rey, un
mesías, un salvador. Pero de ahí viene lo bueno, lo increíble de una historia que
arranca casi en mitad de la nada, desde donde contempla con humildad en qué lugar
le tocado nacer, con quién le tocará vivir y a qué está destinado.
En La hija de la amante, A. M. Homes insiste en que de niños todos somos crédulos por naturaleza. No se nos ocurre cuestionar el relato familiar: lo aceptamos como un hecho, sin reconocer que es una historia, una ficción colectiva de múltiples capas. Piensen en las variaciones, las consecuencias en lo relativo del tiempo, el lugar, la posición y la estructura sociales.
Ella fue adoptada. El reencuentro con su madre biológica y
con un padre del que ni siquiera tuvo constancia de su nacimiento marcan esa
novela, un recorrido vital en el que necesita indagar sus orígenes para poder
entender su presente. Y lo hace de manera minuciosa, tratando de explorar su
genealogía a través de sus antepasados, bien fuera de esa pareja biológica
condenada a no se sabe bien qué (madre joven que vivió su aventura con un
hombre casado, mayor que ella, o de la familia adoptiva, de procedencia
europea, como buena parte de la inmensa mayoría de familias norteamericanas que
carecen de una ligazón más estrecha que la que limitan dos generaciones.
Seguro que a veces usted piensa que su historia no es más
singular que otra. Pero es la suya, mía, la nuestra. En mi caso, la que me
nutre. La que me configura. La que me ha convertido en lo que soy, en lo que
fui y en lo que seré. La que construye su identidad a partir del drama de los
abuelos, de sus hijos y de los hijos de sus hijos. De donde vengo y en lo que
me he convertido. Un personaje sin rostro, en permanente construcción, en busca
de un lugar en el que habitar lo inabarcable.
En Navidad es tiempo de arañar las emociones más tapadas, instantes en los que hay quienes huyen de cualquier sensiblería barata.
Quizá a usted le pase como a mí, que comparto con Homes ese
deseo incendiario de querer escrutar mi procedencia. No porque trate de hallar
esos vínculos que trazan la primera línea de consanguinidad, sino por escarbar parte
de los porqués y no dejar de lado el lugar de donde proceden quienes han
marcado las vidas de esta familia melancólica y dulce a la vez, cálida en el encuentro,
pero con secretos escondidos más de allá de las cuatro paredes de la epidermis
sentimental.
En Navidad es tiempo de arañar las emociones más tapadas, instantes
en los que hay quienes huyen de cualquier sensiblería barata. De ausencias que
golpean. De recuerdos heridos y también, por qué no, de encuentros donde vale
todo. En especial si vienen acompañadas de etapas en el camino de la madurez personal.
Nadie puede con nosotros. Ninguna circunstancia no esclaviza. Es tiempo en el
que reclamar la omnipotencia vital. No lo olvide. No se distraiga. Está en su
mano. ¡Feliz Navidad!
Dic 14, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos, La Opinión
La escena sucede en la sala de estar de una vivienda cualquiera. Ella tiene la pierna extendida sobre un pequeño taburete acolchado, puesto que le han ordenado guardar reposo por un problema muscular. Él pasa a su lado dispuesto a sentarse en el sofá, porque el partido de la Champion está a punto de comenzar. Absorto en sus cosas, sin percibir que hay alguien en la estancia golpea la extremidad de la susodicha y ésta, de manera instintiva, lanza un exabrupto y reclama que tenga cuidado por donde pasa. Él, ni corto ni perezoso, le responde con un improperio y reclama que es ella quien debe tener cuidado y advertir de la situación. Ya está el lío montado. Así empiezan las guerras, las domésticas, las políticas y las mundiales. Qué se le va a hacer. Este es el género humano. Así somos nosotros.
El poeta irlandés William Butler Yeats escribió que “en los
sueños comienzan las responsabilidades”, y yo sueño con ese día en el que
asumamos las nuestras, desde las personales y familiares hasta las sociales,
políticas o económicas. Un día en el que no miremos hacia otro lado. En el que
dejemos de escupir al otro sus culpas o fracasos, mientras que desviamos la
mirada cuando alguien nos recuerda que el tiempo corre a nuestro lado. No a
nuestra contra, porque esa es una visión cortoplacista, sino en paralelo con lo
que decimos y hacemos. Con lo que proclamamos.
El Mar Menor se muere, y los principales causantes de esa muerte tienen nombres y apellidos e identificaciones fiscales
Parece que estamos condenados a vivir en un mundo
infantilizado, en un mundo temeroso en el que somos cómplices de escoger a
personas inmaduras, dotadas de un caparazón inasequible a cualquier estímulo
que les pueda provocar un movimiento de cambio. Creemos que si cerramos los
ojos las cosas no suceden. Que si ocultamos la pobreza a base de luces y
árboles de Navidad la exclusión no existe, que los números son eso, números sin
rostro. Pero resulta que por mucho que elevemos el volumen de la música los
lamentos no quedan enmudecidos. La realidad de la desigualdad es la que es y el
Informe Foessa de Cáritas nos la ha recordado esta semana. Bueno, nos la viene
recordando desde hace décadas, pero parece que da igual. Total, como resulta
que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pues ya están las
responsabilidades compartidas, y aquí paz y después gloria.
El Mar Menor se muere, y los principales causantes de esa
muerte tienen nombres y apellidos e identificaciones fiscales. Forman parte de
consejos de administración, ejecutivas de partidos políticos y organizaciones
profesionales y empresariales. Los encuentras en el organigrama de las
administraciones públicas, están en despachos o en sus casas disfrutando de un
supuesto y apacible retiro. Menos mal que la Fiscalía ha hecho su trabajo. Sin
medios, eso sí, pero con dignidad. Y ahora resulta que la responsabilidad es de
todos. Que todos tenemos culpa. O lo que es lo mismo, que indultemos a los que
están arriba, en los gobiernos, en las cúpulas de las empresas agrícolas o
urbanísticas. Los que han derogado leyes protectoras del medio ambiente, los
que han mirado hacia otro lado, los que han impulsado desarrollos urbanísticos
y agrícolas, los ejecutores de los proyectos y planes, todos ellos, pobrecitos,
son muy sensibles y no pueden ser blanco de las críticas y d campañas de
descrédito. De los ataques, de los reproches. Qué impresionables son. Animalicos,
si todo lo hacían por nuestro bien. Y además los votábamos, les dábamos premios
y más premios. Todos ganábamos, vendíamos y comprábamos por doquier.
Pues miren ustedes. Resulta que yo no he sido. Si golpeo la
pierna de mi parienta sentada en el sofá de casa voy y le pido perdón. La
siguiente vez prestaré más atención y trataré de ser más consciente de donde
estoy y lo que tengo a mi alrededor. Dejen de tratarme como un pelele. Yo no
les voté ni les votaré. No especulé con mi segunda vivienda, porque no la tengo.
Si un día meé en el agua, de eso no viene una anoxia. La falta de oxígeno es la
que noto cuando pretenden engatusarme con su relato de las responsabilidades
compartidas, ese relato que le compran muchos. Yo no. A mí suena a eso de la
obediencia debida, cómplice de genocidios y masacres en muchas partes del
mundo. Olvídenme con discurso del ‘y tú más’. Hagan su trabajo, el de la
mayoría silenciada, no el de convertirse en lo que son: títeres de quien rige
los destinos mirando al personal como monederos andantes. Y al menos, si no son
capaces de asumir su responsabilidad, cállense y siéntese en un sofá, con la
pierna extendida.
Dic 8, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos, La Opinión
¡Aleluya, aleluya! La COP25
(Conferencia de las Partes), conocida como la Cumbre del Clima de Chile
(pero que se celebra en Madrid), ha puesto en la agenda del día los problemas
medioambientales de nuestros barrios y ciudades, de nuestras regiones y países,
de nuestros continentes, mares y océanos. Una agenda que nos afecta a todos,
que niegan algunos y que delegan otros en instancias super superiores como si
con ellos no fuera la cosa. Pero resulta que lo inevitable es eso, inevitable.
Que nos jugamos todo lo que somos, lo que fuimos y lo que dejaremos a nuestros
hijos y nietos, a quienes nos sucederán en este leve tránsito de existencia que
es el de una vida humana, pese a que nos comportamos como si no hubiera otro ser
supremo más que el hemos configurado en estas últimas horas de la humanidad.
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Dic 1, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos
Si 10.034 personas continúan con las protestas de la campaña #SOSMarMenor de forma prolongada, conseguirán el objetivo de salvar este espacio natural. O al menos recuperar una gran parte del ecosistema de la laguna y de su entorno. Solo tienen que seguir el ejemplo de lo conseguido por 15.651 vecinos y vecinas de Murcia capital en su lucha por el soterramiento de las vías del tren a su paso por la ciudad. De forma constante, de forma pacífica y, sobre todo, de forma activa.
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Nov 24, 2019 | Articulos, Mis lecturas
Todas las familias tienen una historia que se cuenta a sí misma: que pasa de hijos a nietos. La historia crece a lo largo de los años, muta; algunas partes se pulen, otras se eliminan y a menudo se discute sobre lo que ocurrió de verdad. Pero aun existiendo estas divergencias en la misma historia, sigue habiendo acuerdo respecto a que se trata de la historia familiar. Y a falta de otros relatos se convierte en el asta del que la familia cuelga su identidad.
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Nov 24, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos, La Opinión
Noviembre es un mes jodido. Comienza con el recuerdo a los
santos, que confundimos con difuntos, y recorremos sus semanas hasta llegar a
esa explosión del consumo irracional que es el viernes negro importado del imperio USA tras la resaca de su Día de
Acción de Gracias. Un mes gris por excelencia en el que perdí a un hermano por
su corazón dañado y que, como un tintineo de la memoria, me recuerda el mensaje
de la fragilidad del ser humano. Cuatro meses antes también se había ido
nuestro padre. Tiempo después supimos con detalle que la causa de las muertes no
fue otra que compartir una enfermedad genética del músculo cardíaco denominada
Miocardiopatía Arritmogénica de Ventrículo Izquierdo (MAVI). Un gen cortado que
ha seguido pululando a sus anchas entre otros miembros de la familia y que, en
mi caso, y en el de mi descendencia, no ha sido así.
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Nov 17, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos, La Opinión
De la despedida
de Alberto Carlos Rivera Díaz del pasado lunes me quedo con la última parte
de su intervención. Anunció su dimisión como presidente de Ciudadanos, que no
ocupaba su escaño y su abandono de la vida política. Sin autocrítica, porque
eso parece que no va con los macho-alfa aspirantes a presidente, pero con un
argumento que me sonó falso: su confianza en la nueva etapa de que ahora será
mejor hijo, mejor padre, mejor pareja y mejor amigo. Todo porque había llegado
el momento de dedicarse a su familia. ¿Qué había hecho hasta entonces? ¿De
dónde alimentaba su visión del mundo real?
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Nov 10, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos
Confieso que caigo a menudo en la tentación. No lo puedo
evitar. Mira que lo intento, pero es más fuerte que mi voluntad. La pulsión es intensa,
mayor que la intención de ejercer un control y alejarme del ruido que hay en el
mundo de las redes sociales, los grupos de whatsApp y demás zarandajas
virtuales que nos tienen comido el seso. Y lo hago hasta tal punto que llega un
momento en el que pierdo el sentido de la realidad. Que no miro el reloj y se
pasan los minutos, las horas, los días, las semanas y los meses. Sin darme
cuenta se pasa hasta la vida, la mía y la de quienes viven a nuestro alrededor.
Eso sin exagerar, porque si exagerase un poco podría decir que ya no estoy
aquí, que he sido transportado a otra dimensión, una a la que no alcanzo a
vislumbrar, a la que soy incapaz de describir o representar.
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Nov 3, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos
Imaginen la escena: Alberto Carlos Rivera, disfrazado de
fantasma; Cayetana Álvarez de Toledo, con negro satén vestida de bruja,
acompañada de Pablo Casado con un tornillo lateral en la cabeza, cual
Frankenstein; Pablo Manuel Iglesias, de zombi; Santiago Abascal, de jinete sin
cabeza; Íñigo Errejón, de bebé ataviado con traje de murciélago, con alitas y
todo, y Pedro Sánchez, con disfraz de esqueleto superviviente de mil batallas.
Todos ellos, de recorrido casa por casa, con la cantinela del “¿truco o voto?”.
La respuesta no se hace esperar: “¡truco, truco…!”. Porque del voto, mejor no
hablar. Un voto que ha vuelto como un búmeran, recordemos, por la incapacidad
de llegar a acuerdos. De dialogar. De mirar un poco más allá de la estrategia
de supervivencia y el tacticismo. Amén de construir eso que los politólogos de
cabecera llaman ‘el relato’ con el que justificar lo injustificable.
Lo grave del truco o trato tiene que ver con la
lección que nos han dado quienes, en teoría, están embarcados en acoger y
albergar la representatividad de la ciudadanía. Porque no olvidemos que estamos
aquí porque ellos no han sido capaces de sentarse en serio, mirarse cara a
cara, a los ojos, no a los plasmas o a los timelines (cronologías) de las redes
sociales, y abordar con sentido común que las estrategias son papel mojado
cuando las necesidades son tantas, especialmente de quienes peor parte se han
llevado de esta etapa de los sacrificios impuestos, en forma de precariedad y
desigualdad.
No me negarán que en este mundo del espectáculo las ramas de
los eslóganes emocionales y las frases de laboratorio no nos dejan ver el
bosque de la realidad política. Lo alejado que están los temas de las
maquinarias electorales de aquellos que afectan a la vida de las trabajadoras y los trabajadores, en especial
los más vulnerables, que deberían ser el objetivo principal de una acción
política a la altura de la dignidad humana. No descubrimos nada si se los
recuerdo: la pobreza y exclusión, el empleo insuficiente y precario; la
insostenible deuda pública y privada, la orientación económica hacia el
crecimiento que no resuelve la desigualdad entre sectores de la población, ni
entre comunidades autónomas, ni atiende las necesidades de las personas; la
débil solidaridad y cooperación internacional al tiempo que aumenta el gasto
militar; y el fracaso de las políticas contra el calentamiento global basadas
en la mercantilización del entorno.
No todo vale. Bien es verdad que los gurús que mueven los
hilos de las campañas electorales tratan de banalizar la política. Y que en
ocasiones los propios medios de comunicación, convertidos en actores
principales de la vida pública, promueven una visión de las campañas
electorales como una competencia descarnada por el poder, sin mayor vocación de
servicio, sustituyendo el debate de ideas y propuestas por el espectáculo y el
escándalo.
De ahí que sea deseable acabar con la práctica del insulto,
la falacia y la crítica indiscriminada a la clase política para no contribuir
al envilecimiento de la vida social y al deterioro de la conciencia cívica. Y
ahí entramos todos, porque depende también del papel de cada persona y
colectivo en las redes sociales y de los medios elegidos para informarnos.
Frente al truco o trato es el momento para renovar
nuestra cultura política. No se resuelve en una semana, pero este período es
una oportunidad extraordinaria para promover otra manera de entender la política,
a través de un mayor grado de participación y compromiso personal que va más
allá del voto. Incorporando la dimensión política a nuestras vidas podemos
exigir que se atienda a las verdaderas necesidades del pueblo, buscando el bien
común y priorizando a los más empobrecidos, y que los programas reflejen la
acción de gobierno que efectivamente se quiere llevar a cabo. Movilizaciones ciudadanas
como las de #SOSMarMenor o como la del soterramiento de las vías, las mareas,
los pensionistas… son ejemplos de ello. La política sigue siendo importante. Y
votar, también. Tomen nota y recibiremos un dulce por recompensa. ¡Voto, voto…!
Oct 27, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos, Mis lecturas
La exhumación del Caudillo, la precampaña electoral, los
datos de la EPA, la marcha de Mario Draghi, la nueva oportunidad para el
Brexit, los disturbios en Chile, la segunda vuelta en las elecciones
bolivianas, la aparición de 39 cadáveres de inmigrantes chinos en un camión
frigorífico en Essex (Reino Unido) o el serial del procès… Sí, sí, todo eso
está muy bien, pero no me negarán que lo que de verdad mueve a las mujeres y a los
hombres es la mirada ante la vida, ante las relaciones humanas. El juego de
pareceres, de sucesos cotidianos, de pequeñas decisiones que son capaces de hacernos
reír o llorar, soñar o poner los pies en la tierra, avanzar o quedarnos parados
el resto de la existencia, odiar o amar con la misma intensidad y volumen. Los
acontecimientos son importantes. Las noticias, también. Sean locales o
mundiales. Provoquen reacciones o simplemente deambulen en las parrillas sin
pena ni gloria… y a otra cosa, mariposa.
En lo de las relaciones humanas, cada maestrillo tiene su librillo.
Maestros hay muchos. Recetas, no digamos. Y librillos, lo que se dice
librillos, para todos los gustos. Desde el Cómo ganar amigos e influir
sobre las personas, hasta El monje que vendió su Ferrari,
pasando por Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, Padre
rico padre pobre, Los cuatro acuerdos o el clásico Los
hombres son de Marte, las mujeres de Venus. Y no me digan que no les
llama la atención un perfecto manual de autoayuda de un bloguero de éxito
titulado El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda,
que viene a tirar por tierra todo lo que el resto de super ventas nos venían a
decir, como aquello de empoderarnos (¡Jo, qué tiempo verbal más moderno de un
verbo tan antiguo!) y alimentarnos de positividad. Su autor, Mark Manson,
viene a desmontar esas tesis con el siguiente argumento: pues mira, resulta que
no, que las expectativas sobre nosotros mismos carecen de sentido hasta que no
sepamos gestionar (otro verbo de moda) la adversidad.
Pero cuando creíamos saberlo casi todo resulta que andábamos
equivocados. O entretenidos. O engatusados, quién lo sabe. Que antes de que
vinieran a contarnos y describirnos, por ejemplo, las características de las
personas tóxicas, esas que su vida carece de sentido si no expelen a todas
horas veneno a su alrededor, ya teníamos modelos clásicos para identificarlas.
Es lo que William Shakespeare nos cuenta en el drama de Otelo con un
personaje que es el arquetipo o modelo original y primario en el arte de amargarle
la vida al más pintado. Hablamos de Yago, el alférez del moro, el general al
servicio de Venecia, que da nombre a la obra escrita, sin ir más lejos, en
1604, casi ayer. Su venganza por no haber sido elegido oficial frente al otro
candidato, Casio, le lleva a resarcirse construyendo una falsa historia de cama
de Desdémona, la prometida de Otelo, y que conduce al desenlace de… No, no, no
voy a hacerles un spoiler para quienes aún no hayan tenido la fortuna
de leer esta obra.
Si tienen la oportunidad y, por
supuesto, la dicha, de sumergirse en la trama, quizá descubran en Yago a esos
personajes que habitan a nuestro alrededor. A esos tránsfugas que destilan odio
y resentimiento a raudales por no haber sido elegidos para la gloria, para ocupar
un cargo o liderar determinadas organizaciones. A mí me vienen varias a la
mente, como quienes pierden unas primarias en un partido político o quienes han
depositada tantas expectativas en el logro de un objetivo para el que han
empleado toda su energía que no saben gestionar (¿les suena?) que todo no salga
como esperaban. O aquellos que tratan de ocultar sus complejos, frustraciones y
fracasos contaminando todo lo que encuentran a su paso. Personas falsas, sin vida interior, incapaces
de querer a nadie, que odian con el mismo ahínco que en algún momento han
podido amar. Y frente a ellas, un
consejo: miren hacia otro lado. Dejen que el veneno siga su curso y la
toxicidad encontrará un antídoto que todo lo vence: la indiferencia. Vamos, si
se puede.
Ilustración basada en el cuadro «Othello et
Desdémone» de Théodore Chassériau
Oct 20, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos
“El mar es el lugar de donde venimos y a donde, gracias al cambio climático, vamos”. John Banville, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014, así lo afirmaba cuando vino a recoger el galardón hace un lustro. No en balde, abre y cierra una de sus grandes novelas, El mar, con referencias a ese personaje animado que preside esta historia sobre la memoria. “Se marcharon, los dioses, el día de la extraña marea”, escribe al comienzo, y termina el último párrafo con “una enfermera vino a buscarme. Me di la vuelta y la seguí hacia el interior del hospital, y fue como si me adentrara en el mar”.
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Oct 13, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos
Entre las innumerables escenas que hace un mes se vivieron con
motivo de la gota fría en nuestros vulnerables pueblos, barrios y campos, hay
una que me dejó pasmado y, lamentablemente, es posible que les haya pasado
desapercibida. Mientras caía la tromba de agua, en muchas de nuestras calles, se
jugaban la vida esos grandes emprendedores y agentes de la nueva economía, de la
economía circular, llevando a casa la cena a bordo de una bici. Cena que
habíamos pedido, pese a todo. No nos sorprendemos, porque es verdad que hace ya
tiempo que la precariedad viaja en bicicleta, moto o furgoneta de reparto con un
carné de falso autónomo para ganarse la vida. También se mancha en la cocina de
un restaurante o sirviendo mesas, cuidando a nuestros viejos, limpiando
nuestras viviendas y oficinas o recogiendo las frutas o verduras en las
explotaciones agrícolas.
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Oct 6, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos, La Opinión
En el día de hoy no sé a ciencia cierta si las tropas
nacionales han alcanzado los últimos objetivos militares. De lo que sí estoy
seguro es de que han conseguido adentrarse por los recovecos que la democracia
permite a todo el mundo. Están en las instituciones, presiden comisiones
parlamentarias, se les escucha, se les permite que hayan marcado la agenda y se
han convertido en fundamentales para aprobar presupuestos tras constituir
gobiernos que venían arrastrando la enfermedad de la corrupción. Eso sí, con la
complicidad necesaria, de una parte, de quienes hasta la fecha se mostraban
como adalides de la regeneración y de la nueva política. De otra, la que jamás
había ocultado que albergaba en su seno a esa milicia siempre dispuesta a
volver a sus orígenes. Eso de los cordones sanitarios es muy europeo, pero aquí,
en las esencias patrias, no se lleva.
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Ago 10, 2019 | Al Cabo de la Playa, Articulos
Verano de 1970. La escena tiene lugar en el barrio de La
Dulzura, en Ibi, a la sombra de una pequeña arboleda al caer del campo de
fútbol del colegio de los Salesianos. Un grupo de chavales, ninguno supera los
diez años, ata una cuerda a los troncos de cuatro de los árboles e improvisan
un ring. En mitad del cuadrilátero (por llamarlo de alguna manera), Pedro Carrasco
se enfrenta a José Manuel Urtain, animados por los gritos del
respetable que incitan a no eludir los golpes. No hay árbitro. El combate es
hasta que uno de los contendientes resista. El bautizo de los púgiles se
corresponde con su nombre de pila. Así nos divertíamos los críos de esa época
durante las vacaciones. En la calle. A golpes que no dolían y disfrutando
alejados de los mayores. Yo estaba orgulloso de ser aquel Pedro, vitoreado por
un público fiel.
Verano de 2019. La geolocalización de los teléfonos móviles
(inteligentes, les llamamos) nos permite tener siempre controlados a los críos.
Gritan, pero siempre pueden callar, porque ya los hemos acostumbrado a que
miren a una pequeña pantalla y queden imbuidos de su encanto digital. Ya no
pintan, ni leen tebeos, ni juegan a las chapas, a las bolas o a las cartas de
las parejas. No se separan de los adultos, o cuando lo hacen, previamente han
sido teletransportados a los destinos previstos, no vaya a ser que descubran su
autonomía y no nos echen de menos.
En este verano del calentamiento global, del calentamiento
postelectoral y de las mentes calenturientas que tratan de irritar a las del
resto, ha muerto un boxeador de los de verdad. Un joven Hugo Dinamita
Santillán, argentino e hijo de boxeador -que a la sazón era su entrenador-
no ha podido resistir las consecuencias de los golpes que le asestó un armenio el
15 de junio en Hamburgo, y poco más de un mes después, el 20 de julio, los fatales
del combate que apuntaba a empate contra el uruguayo Eduardo Abreu. Cuatro
días después de desplomarse en la lona no se despertó del coma al que entró
mientras iba en la ambulancia camino del hospital.
Recuerdo veladas veraniegas de boxeo en mi pueblo, la patria
de El Tigre de Yecla y compañero de generación, José Ortega
Chumilla. Pero sobre todo la nobleza y la seriedad con la que vivía
este deporte una saga familiar, la de los hermanos y sobrinos del escultor
yeclano Manolo Puche. Pese a los múltiples detractores que ha tenido y
tiene esta disciplina, siempre he creído que ha estado por encima de los
intereses cruzados de quienes solo han visto billetes e influencia en su
entorno. El escritor Sergio del
Molino entendía “su juego de seducción literaria” en Lo que a nadie le
importa al rememorar a un púgil en declive que llegó a ser campeón del mundo
en 1974, aquel hombre también llamado Pedro, aquel Perico Fernández, que
acabó sus días aquejado de alzhéimer y que había pasado de la gloria al
ostracismo social en la capital aragonesa que le había visto nacer.
Las únicas refriegas que quedan en la canícula son las de
echar unas palas en la orilla de la playa. Pero cualquier parecido con un
cuadrilátero y la rivalidad es pura coincidencia. Más golpes da la vida.
Ago 9, 2019 | Al Cabo de la Playa, Articulos
Uno es mortal y también tiene derecho a llegar al estado
natural de las personas humanas que tienen vacaciones. Desde hace años no las
ansiaba tanto. Estoy como Pedro Sánchez, que no sé lo que va a pasar desde
hace meses. Y lo que te rondaré, morena. Aquí nadie da un paso, porque el
contrario nos puede pillar desprevenidos. Moverse, lo que se dice moverse, sólo
avanzan un poco las estrellas de los diferentes Sálvame, porque con las
conexiones con Cantora y los reencuentros amargos de amistades pasadas y
vueltas a empezar, nos enfrentamos a un bucle que amenaza con no dejar títere
con cabeza.
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Jul 28, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos
Carlos Alberto Rivera debe de estar que se sube por las paredes. ¿Cómo se les ha escapado a mi gente de Murcia una iniciativa sin igual?, se pregunta contrariado estos días. ¿De qué me sirve hacer un Consejo de Administración de la franquicia a mi imagen y semejanza si luego nos perdemos las mejores? Está claro que el autodenominado líder de la oposición, se empeñen Casado y Teo de hacérselo ver, no le va a perdonar a su portavoz Mario Gómez, enjugascado como está con la cartera de Fomento y adalid de las antiredes clientelares de los contratos menores, que una iniciativa como la de Vox se les haya ido de las manos en el Ayuntamiento de Murcia
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Jul 20, 2019 | Al cabo de la calle, Articulos
Este fin de semana voy a
dormir más tranquilo. La altura de miras de Vox, Ciudadanos y, lógicamente, del
PP, han desbloqueado el acuerdo de investidura en la Región de Murcia. A la
Comunidad de Madrid le quedan horas. Ya hay garantes contra el adoctrinamiento político
en las aulas. Mis sobrinos y sus compañeros y compañeras de clase serán
formados en aquellos valores patrios que ansían, bajo la supervisión de la
Inspección educativa. Qué grandes son. Si es que no puedo evitarlo. Me
emocionan. Sinceramente era lo que todo el mundo quería. Lo que reclamábamos en
las calles, en los talleres, en los hospitales y en nuestras casas. Lo acordado
en los hoteles va a misa, porque la derecha, cuando dice de ponerse de acuerdo,
lo hace hasta en la cama.
Permítaseme, sin embargo, que
visto lo visto en las últimas semanas, pueda desear enviar al rincón de pensar
a mucha gente de distinto pelaje y condición. No solamente por el espectáculo político
vivido aquí, en esta tierra, sino en otros lugares del país y, si me apuran,
del mundo mundial. Al rincón de pensar para eso, para pensar, reflexionar,
meditar, rezar, hacer mindfulness… lo que quieran según sus creencias.
En primer lugar, por la
inmediatez del momento, quiero remitir a ese espacio a quienes han venido
diciendo en campaña electoral que harían unas cosas y han hecho otras. Por
coherencia de la buena. Por el valor de su palabra y porque no se inmutan y
creen que la cosa no va con ellos. Modelo de virtud y virtuosismo.
Expido a ese retiro a quienes
no hablan de la precariedad, del valor de la negociación colectiva, de la
pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades o la transmisión
intergeneracional de la exclusión social. Pero eso sí, son todos muy
emprendedores y quieren aligerar las trabas administrativas para el dinero porque
han redescubierto que el liberalismo es lo mejor de lo mejor. Vamos, anda.
Se trata de despachar al rincón de pensar, en definitiva, a toda esa tribu de individuos que precisan un alto en el camino para comprobar que sus vidas las controlan realmente ellos.
Deseo facturar a ese
escondite a quienes solo tienen ojitos para su ombligo, los del yo, mí, me,
conmigo… y si queda algún hueco, pues vuelta a empezar. Aquellos que miran con
soberbia por encima del hombro, que son clasistas y que, por tanto, son sumisos
con los poderosos y crueles con los débiles. Quienes se creen sus propias
mentiras y viven en un permanente dualismo entre lo que dicen creer, lo que
realmente profesan y lo que hacen. Personas con creencias delirantes y
comportamientos confusos. Patologías más comunes de lo que cabría pensar.
Se trata de despachar al
rincón de pensar, en definitiva, a toda esa tribu de individuos que precisan un
alto en el camino para comprobar que sus vidas las controlan realmente ellos.
Con sus luces y sus sombras y, lógicamente, con sus certezas y contradicciones.
En un habitáculo en el que no está excluido nadie que tenga dos dedos de frente
y sepa mirar a los ojos y afrontar las consecuencias de sus actos. Yo me apunto
el primero, sin dudarlo. No vaya a ser que lo esté necesitando sin falta y aún
no me haya dado cuenta. Allí aguardo a quienes estén dispuestos, permítaseme de
nuevo, a un examen de conciencia ciudadano y laico. Pero eso sí, absténganse de
tomarnos el pelo más de lo que ya lo han hecho.